Tuesday, February 2, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE CONTAR. (31)

MI VIDA Y SUS INFIERNOS.


 MI VIDA COMO COLONO  Cuando terminó la etapa  teórica  en el Instituto de Jerusalém marché   hacia  mi  nuevo objetivo: un kibutz que se hallaba  al Norte del país.   

Me detuve un día en la casa de  Mi Tía Débora.  Coincidió con el  suicidio  (el 5 de agosto) de la actriz norteamericana Marilyn Monroe (n. 1926.)

 Según la escritora  estadounidense Joyce Carol Oates (n. 1938), en su libro  BLONDE  a  MM: “La mató una mano mercenaria  y no una  sobredosis de somníferos.”  

 MATZUVA  era    una colonia próspera fundada en 1940  por jóvenes   alemanes.

Durante el mes y medio que estuve en este lugar  supe lo que es trabajar duro  bajo

un sol abrasador:   cargaba  bolsas de cereales,   cosechaba   plátanos y aceitunas.

Cuando dejé el kibutz  mi cuerpo era un palo con los  músculos abdominales bien marcados como si me hubiese pasado todo el tiempo metido  en un gimnasio.

   En Matzuva  conocí a un joven abogado  nigeriano que estaba realizando un máster en la Universidad de Jerusalém. También, estaba experimentando  la vida en una colonia  por dentro.   Nos entendíamos en inglés.

Una vez compartimos la misma ducha. Pasé  vergüenza. Preferí bañarme solo.

Nos carteamos durante un tiempo hasta que la distancia hizo lo suyo.

Lo tuve en mi mente cuando se desató la guerra secesionista  (1967—70) en su  país, en ocasión de intentar   Biafra  independizarse del Gobierno central.

A la  provincia independentista la  primavera le duró  tres años  hasta que fue sometida, con un millón   de muertos.

  Durante buena parte de la década del sesenta Israel tenía consenso entre los países

africanos. Lo  desacreditó su mala política exterior después de la Guerra de los Seis Días. 

En aquel entonces  no pasaba un  día sin que dirigentes  o políticos del Continente negro   no visitaran  el país. Una mañana, aún estando en el Majón   oí un movimiento inusual de vehículos y personas. Me asomé y vi a un grupo de extranjeros todos vestidos  con su  ropa  tradicional. Se inauguraba  la sede diplomática de GABÓN. En el acto estaban presentes las  figuras claves del partido Laborista gobernante: el presidente Yitzhak Ben Tzvi (n.1884),  David Ben Gurión; de Agricultura,  Moshé Dayán: la ministro de Relaciones Exteriores Golda Meir;  ministro  Moshé Sharett.  

 Yo me  aclimaté de mil  maravillas a Matzuva. Una  lástima que  el  clima no se llevara  bien con mis bronquios. Mi  familia adoptiva se mostraba a gusto conmigo.  Todas las tardes  merendaba con ellos. El matrimonio tenía tres hijos chicos a quienes yo los entretenía contándoles   mi vida. Yo era un extraño que despertaba curiosidad.    

Muy pocos becarios se sintieron  a gusto en Matzuva. Hubo quienes propusieron   irnos antes del tiempo  establecido por la Organización. 

Finalmente los disconformes fueron convencidos y nos quedamos hasta terminar la experiencia que iba a durar mes y medio.                                             

 Fue muy duro para todos cuando nos enteramos que entre nosotros     HABÍA  UNA    CLEPTÓMANA.  Una mujer de Matzuva, denunció la desaparición de una pollera que había dejado colgada en el patio de su casa. 

Nos quisimos morir cuando durante la cena la dueña de la prenda pegó un grito: “Esta es mi pollera”. La vestía  la joven representante de la comunidad alemana de Buenos Aires.

Al día siguiente la becaria   viajó a  Jerusalém y dos días después regresaba  a la Argentina.

Me dio mucha tristeza  ver el sufrimiento de Zulema. Era una piba buenísima, muy comunicativa y  solidaria con el grupo. 

La bahiense,  a quien le habían tocado el traste en el tren, me  contó que en  Lisboa la cleptómana se había llevado una prenda tejida  de un supermercado  que estaba cerca del puerto. Tuvo suerte que nadie  la pescó y los que estaban con ella ocultaron su delito.

Antes de dejar Matzuva, tuvimos  otra deserción.  Aarón, el  sudafricano,  que nunca supe a qué Movimiento representaba se quedó en la colonia: se había enamorado de una las más bellas gurisas del meshek. Como se había pagado el pasaje supongo que podía hacer lo que se le antojara.

Después viajé a conocer al  único kibutz  que tenía mi Movimiento: BAJAN,  fundado  en 1954 por un grupo  de Najal  e inmigrantes de América del Sur. Sería mi hogar cuando volviera al país. Su ubicación geográfica era privilegiada. En el centro del país en una zona sumamente fértil

 Por su cercanía con la  antigua frontera jordana, de  noche era posible ver las luces de los poblados árabes de Tulkarem y  Kalkilia.

Con el correr de  los años estas localidades  pasaron  a ser parte de la  Autoridad Nacional Palestina (ANP.)     

BAJAN tenía una exigua  población. Más de una vez hizo falta  contratar  mano de obra externa para cumplir con determinadas tareas. 

Tantos  sudamericanos juntos conspiraba para el  normal desarrollo del kibutz: esta gente trabajaba mucho pero sin orden y sin horario. Su actividad económica se circunscribía  a los cítricos, a un tambo, a un enorme gallinero y a una modesta fábrica de caños plásticos (mamterot), que se utilizan para regar  los campos.

  En Bajan me encontré con un grupo de  VOLUNTARIOS ALEMANES, todos universitarios,  quienes querían sacudirse el estigma de sus padres, demostrando  que no todo lo   alemán era malo.

Muchos becarios no quisieron  saber nada de ellos. Yo, en cambio, anudé una linda amistad  con dos de ellos: ambos berlineses: Christa y  Hans. Me entendía con ellos mezclando  el idish con el  inglés.

 CHRISTA  se había enamorado del tesorero del kibutz  y trataba de convencerlo para que se fuera  a vivir con ella a Alemania. Moshé  no quería  saber nada con  dejar la colonia.

Ellos estaban en eso cuando   regresé a la Argentina

  Con HANS nos prometimos reencontrarnos  para el verano boreal de 1964. Hasta me dijo que me iba costear  parte del pasaje. Fue un deseo que quedó inconcluso.

En setiembre  de 1963  recibí una carta de  Christa: me anoticiaba de la muerte de Hans en un accidente de ruta al estrellarse con su moto contra un camión.

Con Christa perdí todo contacto: Mi Madre me incautó todas las cartas que ella me había enviado.  Corrieron  la misma suerte que las misivas de la Rosarina.

 EN BAJAN yugué más duro que en Matzuva. Me pasaba  metido entre  los  estiércoles  del tambo y del gallinero.

El asma  fue bastante tolerante conmigo   a pesar del clima húmedo que imperaba  aquí.

Mi  turno  comenzaba  antes de medianoche y se extendía  hasta las ocho de la mañana.   A las tres   de la mañana yo  hacía un parate y me preparaba un suculento  desayuno.

  A veces comía solo y,  en otras ocasiones,  con los policías fronterizos  de origen druso,  que recorrían la zona y se detenían en el kibutz para  tomarse un café o un té. Eran tipos hoscos pero leales. Apenas si se hablaban entre ellos.  Y mucho menos conmigo. Y eso que yo era capaz de hacer hablar  hasta  las piedras.

En el año 2011 estuve en la  capital germana. Fui a visitar a Mi Hijo, el menor. Contra todas mis aprensiones  debo reconocer que me gustó la ciudad y lo que

hicieron de ella los alemanes, teniendo en cuenta que al finalizar la SGM, lo único que había quedado en pie había sido el edificio  de la Embajada de Suiza.

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BERLÍN. Fundada en 1237 como “Cölln”, fue sucesivamente capital del Reino de Prusia (1701-1918), del Imperio Alemán (1871–1918), de la República de Weimar (1919–1933) y del Tercer Reich (1933–1945.)

DRUSOS. Su origen está a finales del siglo X y principios del XI cuando algunos de sus seguidores consideraron al califa fatimí Al-Hakim como una manifestación de Dios, apartándose   de los otros ismailíes. Cumplen con el servicio militar. Babismo. Sistema religioso fundado en Persia en el siglo XIX por MIRZA ALÍ MOHAMED, que pretendió la renovación y abolición de ciertas leyes sociales de Mahoma.

  Una tarde  fui a ver si todos los grifos que regaban los  cítricos--pardés  funcionaban

en su totalidad. En medio de unos árboles estaba  un  primo  robando naranjas.  

El árabe  al verse sorprendido con las manos en la masa  se puso de rodillas  implorando  mi perdón.

Yo era nuevito en esto de tratar con mis parientes: me  parecía una exageración teniendo  en cuenta la magnitud del delito  cometido. 

A duras penas conseguí  que se levantara. Dejé  que se llevara  lo que había recogido, y le dije  que  una próxima vez pidiera permiso,  nadie se lo iba a negar. 

Yo, de curioso nomás, me quedé mirando  como  el ladrón  se alejaba  con su bolsa de tapuzim.  De pronto se detuvo,  se agachó  y comenzó  a tirarme piedras. Un modo sutil de decirme “Gracias.”

La paz con los árabes es difícil: no es una cuestión de tierras, es la idiosincrasia del musulmán, es la que conspira porque asfixiado por sus gobernantes  canaliza la falta de libertad  tratando de  aniquilar a todo aquel que cae obstruye el camino delineado por sus políticos.    

 

YO, UN COLIMBA Un par de  semanas antes de dejar el país estuve en un campamento militar, sin  tener que pasar por el rigor a que eran sometidos  los auténticos  colimbas.

Uno de los responsables de los becarios, no quería que yo pasara por esta experiencia por mi asma.  Fui igual.

Una noche  corrí  más de siete kilómetros cargando  pertrechos sobre mis espaldas.  En una mano llevaba  un fusil descargado y en la otra un candil.

Llegué al campamento  largando los bofes, pero dándome el gusto de terminar la prueba.

Dormíamos  en carpas.  Cada uno de nosotros montaba  guardia  con una  carabina  que yo solamente había visto en fotos, a la que tenía que limpiar permanentemente.        

En el tiempo que estuve en el Majané tzvaí  aprendí a armar y desarmar un revólver y recibí unas breves lecciones de defensa personal, que nunca apliqué.

El campamento era mixto.   Había  pendejas que rajaban la tierra. Muchas de ellas caían   en las redes amatorias de sus superiores.  Las jevas vestían polleras, salvo cuando salían de fajina. El trayecto para llegar al coito era muy corto.

En una mishmeret (guardia) vi como un  mefaked  se fornicaba a una jaielet (a una soldadita)  de paradito  y contra un árbol. Se dieron  hasta el cansancio, sin importarles  que tuvieran un público que seguía con  ojos envidiosos, el vaivén de sus respectivas  pelvis.

Antes de abandonar el cuartel todos los becarios le dimos una alegre bienvenida a la  nueva promoción de colimbas. Marchamos  cantando como  para hacerles creer   que la cosa no era tan brava. Los pobres críos se iban a comer los tres mejores años de sus vidas

(Continuará)

 

 

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