MI VIDA Y SUS INFIERNOS.
MI VIDA COMO COLONO Cuando terminó la
etapa teórica en el Instituto de Jerusalém marché hacia
mi nuevo objetivo: un kibutz que
se hallaba al Norte del país.
Me detuve un día en la casa de Mi Tía Débora. Coincidió con el suicidio
(el 5 de agosto) de la actriz norteamericana Marilyn Monroe (n. 1926.)
Según la escritora estadounidense Joyce Carol Oates (n. 1938),
en su libro BLONDE a MM:
“La mató una mano mercenaria y no
una sobredosis de somníferos.”
MATZUVA
era una colonia próspera
fundada en 1940 por jóvenes alemanes.
Durante el mes y medio que estuve en este lugar supe lo que es trabajar duro bajo
un sol abrasador:
cargaba bolsas de cereales, cosechaba
plátanos y aceitunas.
Cuando dejé el kibutz
mi cuerpo era un palo con los
músculos abdominales bien marcados como si me hubiese pasado todo el
tiempo metido en un gimnasio.
En Matzuva
conocí a un joven abogado
nigeriano que estaba realizando un máster en la Universidad de
Jerusalém. También, estaba experimentando
la vida en una colonia por
dentro. Nos entendíamos en inglés.
Una vez compartimos la misma ducha. Pasé vergüenza. Preferí bañarme solo.
Nos carteamos durante un tiempo hasta que la distancia
hizo lo suyo.
Lo tuve en mi mente cuando se desató la guerra
secesionista (1967—70) en su país, en ocasión de intentar Biafra
independizarse del Gobierno central.
A la provincia
independentista la primavera le
duró tres años hasta que fue sometida, con un millón de muertos.
Durante buena parte de la década del sesenta
Israel tenía consenso entre los países
africanos. Lo
desacreditó su mala política exterior después de la Guerra de los Seis
Días.
En aquel entonces
no pasaba un día sin que
dirigentes o políticos del Continente
negro no visitaran el país. Una mañana, aún estando en el
Majón oí un movimiento inusual de
vehículos y personas. Me asomé y vi a un grupo de extranjeros todos
vestidos con su ropa
tradicional. Se inauguraba la
sede diplomática de GABÓN. En el acto estaban presentes las figuras claves del partido Laborista
gobernante: el presidente Yitzhak Ben Tzvi (n.1884), David Ben Gurión; de Agricultura, Moshé Dayán: la ministro de Relaciones
Exteriores Golda Meir; ministro Moshé Sharett.
Yo me
aclimaté de mil maravillas a
Matzuva. Una lástima que el
clima no se llevara bien con mis
bronquios. Mi familia adoptiva se
mostraba a gusto conmigo. Todas las
tardes merendaba con ellos. El
matrimonio tenía tres hijos chicos a quienes yo los entretenía contándoles mi vida. Yo era un extraño que despertaba
curiosidad.
Muy pocos becarios se sintieron a gusto en Matzuva. Hubo quienes
propusieron irnos antes del tiempo establecido por la Organización.
Finalmente los disconformes fueron convencidos y nos
quedamos hasta terminar la experiencia que iba a durar mes y medio.
Fue muy duro para todos cuando nos enteramos
que entre nosotros HABÍA UNA
CLEPTÓMANA. Una mujer de Matzuva,
denunció la desaparición de una pollera que había dejado colgada en el patio de
su casa.
Nos quisimos morir cuando durante la cena la dueña de la
prenda pegó un grito: “Esta es mi pollera”. La vestía la joven representante de la comunidad
alemana de Buenos Aires.
Al día siguiente la becaria viajó a
Jerusalém y dos días después regresaba
a la Argentina.
Me dio mucha tristeza
ver el sufrimiento de Zulema. Era una piba buenísima, muy comunicativa
y solidaria con el grupo.
La bahiense, a
quien le habían tocado el traste en el tren, me
contó que en Lisboa la cleptómana
se había llevado una prenda tejida de un
supermercado que estaba cerca del
puerto. Tuvo suerte que nadie la pescó y
los que estaban con ella ocultaron su delito.
Antes de dejar Matzuva, tuvimos otra deserción. Aarón, el
sudafricano, que nunca supe a qué
Movimiento representaba se quedó en la colonia: se había enamorado de una las
más bellas gurisas del meshek. Como se había pagado el pasaje supongo que podía
hacer lo que se le antojara.
Después viajé a conocer al único kibutz
que tenía mi Movimiento: BAJAN,
fundado en 1954 por un grupo de
Najal e inmigrantes de América del Sur.
Sería mi hogar cuando volviera al país. Su ubicación geográfica era
privilegiada. En el centro del país en una zona sumamente fértil
Por su cercanía
con la antigua frontera jordana, de noche era posible ver las luces de los
poblados árabes de Tulkarem y Kalkilia.
Con el correr de
los años estas localidades
pasaron a ser parte de la Autoridad Nacional Palestina (ANP.)
BAJAN tenía una exigua
población. Más de una vez hizo falta
contratar mano de obra externa
para cumplir con determinadas tareas.
Tantos
sudamericanos juntos conspiraba para el
normal desarrollo del kibutz: esta gente trabajaba mucho pero sin orden
y sin horario. Su actividad económica se circunscribía a los cítricos, a un tambo, a un enorme
gallinero y a una modesta fábrica de caños plásticos (mamterot), que se
utilizan para regar los campos.
En Bajan me encontré con un grupo de VOLUNTARIOS ALEMANES, todos
universitarios, quienes querían
sacudirse el estigma de sus padres, demostrando
que no todo lo alemán era malo.
Muchos becarios no quisieron saber nada de ellos. Yo, en cambio, anudé una
linda amistad con dos de ellos: ambos
berlineses: Christa y Hans. Me entendía
con ellos mezclando el idish con el inglés.
CHRISTA se había enamorado del tesorero del
kibutz y trataba de convencerlo para que
se fuera a vivir con ella a Alemania.
Moshé no quería saber nada con dejar la colonia.
Ellos estaban en eso cuando regresé a la Argentina
Con HANS nos prometimos reencontrarnos para el verano boreal de 1964. Hasta me dijo
que me iba costear parte del pasaje. Fue
un deseo que quedó inconcluso.
En setiembre de
1963 recibí una carta de Christa: me anoticiaba de la muerte de Hans
en un accidente de ruta al estrellarse con su moto contra un camión.
Con Christa perdí todo contacto: Mi Madre me incautó
todas las cartas que ella me había enviado.
Corrieron la misma suerte que las
misivas de la Rosarina.
EN BAJAN yugué más
duro que en Matzuva. Me pasaba metido
entre los estiércoles
del tambo y del gallinero.
El asma fue
bastante tolerante conmigo a pesar del
clima húmedo que imperaba aquí.
Mi turno comenzaba
antes de medianoche y se extendía
hasta las ocho de la mañana. A
las tres de la mañana yo hacía un parate y me preparaba un
suculento desayuno.
A veces comía solo y, en otras ocasiones, con los policías fronterizos de origen druso, que recorrían la zona y se detenían en el
kibutz para tomarse un café o un té.
Eran tipos hoscos pero leales. Apenas si se hablaban entre ellos. Y mucho menos conmigo. Y eso que yo era capaz
de hacer hablar hasta las piedras.
En el año 2011 estuve en la capital germana. Fui a visitar a Mi Hijo, el
menor. Contra todas mis aprensiones debo
reconocer que me gustó la ciudad y lo que
hicieron de ella los alemanes, teniendo en cuenta que al
finalizar la SGM, lo único que había quedado en pie había sido el edificio de la Embajada de Suiza.
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BERLÍN. Fundada en 1237 como “Cölln”, fue sucesivamente
capital del Reino de Prusia (1701-1918), del Imperio Alemán (1871–1918), de la
República de Weimar (1919–1933) y del Tercer Reich (1933–1945.)
DRUSOS. Su origen está a finales del siglo X y principios
del XI cuando algunos de sus seguidores consideraron al califa fatimí Al-Hakim
como una manifestación de Dios, apartándose
de los otros ismailíes. Cumplen con el servicio militar. Babismo.
Sistema religioso fundado en Persia en el siglo XIX por MIRZA ALÍ MOHAMED, que
pretendió la renovación y abolición de ciertas leyes sociales de Mahoma.
Una tarde
fui a ver si todos los grifos que regaban los cítricos--pardés funcionaban
en su totalidad. En medio de unos árboles estaba un
primo robando naranjas.
El árabe al verse
sorprendido con las manos en la masa se
puso de rodillas implorando mi perdón.
Yo era nuevito en esto de tratar con mis parientes:
me parecía una exageración teniendo en cuenta la magnitud del delito cometido.
A duras penas conseguí
que se levantara. Dejé que se
llevara lo que había recogido, y le
dije que
una próxima vez pidiera permiso,
nadie se lo iba a negar.
Yo, de curioso nomás, me quedé mirando como
el ladrón se alejaba con su bolsa de tapuzim. De pronto se detuvo, se agachó
y comenzó a tirarme piedras. Un
modo sutil de decirme “Gracias.”
La paz con los árabes es difícil: no es una cuestión de
tierras, es la idiosincrasia del musulmán, es la que conspira porque asfixiado
por sus gobernantes canaliza la falta de
libertad tratando de aniquilar a todo aquel que cae obstruye el
camino delineado por sus políticos.
YO, UN COLIMBA
Un par de semanas antes de dejar el país
estuve en un campamento militar, sin tener
que pasar por el rigor a que eran sometidos
los auténticos colimbas.
Uno de los responsables de los becarios, no quería que yo
pasara por esta experiencia por mi asma.
Fui igual.
Una noche
corrí más de siete kilómetros
cargando pertrechos sobre mis espaldas. En una mano llevaba un fusil descargado y en la otra un candil.
Llegué al campamento
largando los bofes, pero dándome el gusto de terminar la prueba.
Dormíamos en
carpas. Cada uno de nosotros
montaba guardia con una
carabina que yo solamente había
visto en fotos, a la que tenía que limpiar permanentemente.
En el tiempo que estuve en el Majané tzvaí aprendí a armar y desarmar un revólver y
recibí unas breves lecciones de defensa personal, que nunca apliqué.
El campamento era mixto.
Había pendejas que rajaban la
tierra. Muchas de ellas caían en las
redes amatorias de sus superiores. Las
jevas vestían polleras, salvo cuando salían de fajina. El trayecto para llegar
al coito era muy corto.
En una mishmeret (guardia) vi como un mefaked
se fornicaba a una jaielet (a una soldadita) de paradito
y contra un árbol. Se dieron
hasta el cansancio, sin importarles
que tuvieran un público que seguía con
ojos envidiosos, el vaivén de sus respectivas pelvis.
Antes de abandonar el cuartel todos los becarios le dimos
una alegre bienvenida a la nueva
promoción de colimbas. Marchamos
cantando como para hacerles creer que la cosa no era tan brava. Los pobres
críos se iban a comer los tres mejores años de sus vidas
(Continuará)
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