Saturday, February 27, 2021

NO SOY FAMOSO, PERO TENGO ALGO QUE DECIR (33)

 MI VIDA Y SUS INFIERNOS.

PUNTO FINAL A UN AÑO INOLVIDABLE. Cuando llegué al puerto napolitano y vi las caras de mis javerím (compañeros), me di cuenta que ya todos extrañábamos ese año que habíamos vivido en Israel. Quedaba atrás una increíble experiencia.

El regreso fue en el AUGUSTUS,  un barco de mayor porte que el Anna C. La travesía no tuvo sobresaltos. Ninguno de nosotros   mostró  el menor interés  de pasear por las ciudades donde el barco se detenía para abastecerse. Eran  los mismos puertos  que  se atracaron  en el viaje de ida. Yo sólo  bajaba  para poder  estirar las piernas.

El novelista y dramaturgo español  ENRIQUE JARDIEL PONCELA (n. 1901), escribió: “La experiencia es una cadena de errores.” 

El uruguayo, el mismo que nos anticipó que íbamos a tener problemas para  descender   del Pan de Azúcar, perdió el barco.  

A último momento  se enteró que había un negocio que vendía tocadiscos muy baratos. Encontró el lugar pero erró la vuelta. Cuando llegó al puerto el Augustus, estaba lejos de la costa. El muchacho viajó a Roma. La Embajada de su país le dio un préstamo para que tomara un  tren que lo depositaria en Lisboa, donde finalmente pudo unirse al grupo.

El gramófono le salió un poco caro.

UN CONTRABANDISTA FRUSTRADO.  El  Comisario de Primera Clase   era un tipo tan bueno y servicial como lo había sido su colega del Anna C.  Como nos tenía confianza, antes de llegar a Montevideo, reunió a  un grupo de becarios entre los que me contaba: quería que   le pasáramos   por la Aduana unos  cincuenta  pilotines de nylon convencido que no nos iban a revisar por  ser   pasajeros en tránsito. Esa mañana la  ciudad capital uruguaya ardía de tanto calor.

Muchos de los noveles traficantes queriendo disimular la mercadería se vistieron como para ir a la Antártida.

Inmediatamente quedamos al descubierto. Los inspectores nos decomisaron toda la mercadería. Ninguno  de nosotros se salvó  de la requisa.

Mi comportamiento fue el de un delincuente común, porque actué al margen de la ley. De todos modos  sentí  pena por haberle fallado  al Comisario.

Mi  bronca fue mayúscula,  cuando  vi como los empleados de la Aduana se llevaban la mercadería secuestrada a  un auto particular  que estaba   estacionado en un playón cercano  a la dársena. A las nueve de la mañana del  21 de marzo de 1963 el Augustus atracó en el Puerto de la ciudad de Buenos Aires.

“EL CARÁCTER DE CADA HOMBRE ES EL ÁRBITRO DE SU FORTUNA.  EL IDEAL ES UNA MENTIRA PAGANA.”

 Yo  fui uno de  los primeros en desembarcar. Pasé el control aduanero sin inconvenientes. No  tenía nada que declarar. El permiso de importación era de ciento cincuenta dólares. Mi pasaporte quedó intacto.  

Me vinieron a recibir  dos capos de la Coordinadora Apartidaria.  A modo de saludo me pidieron el   documento. Según ellos,   lo iban a vender a un importador y con lo recaudado  podían  solventar algunos  gastos institucionales. La actitud de los tipos me enojó muchísimo. Fue el inicio de mi desilusión con el Movimiento.

La gran  mayoría de mis colegas  había agotado el cupo  con las compras que habían hecho en Europa. Vi como    untaban a los vistas de la Aduana para que se hicieran los distraídos.

 La segunda decepción  fue cuando  me comunicaron  que no iba ir a trabajar  a Concordia,  como habíamos acordado. Mi destino era  Mar del Plata, la ciudad que a principios del siglo XX  se la conocía como la “Biarritz argentina”.  Su rápido  desarrollo como  centro turístico se debió a que gozaba de la preferencia de  los porteños teniendo en cuenta que se halla a cuatrocientos kilómetros de la metrópoli.

En ese momento tenía  buenas playas y  contaba con un atractivo único en el país: el imponente  Casino provincial  inaugurado en 1939. En los últimos años del siglo XX,  la también  llamada  “Perla del Atlántico”, fue perdiendo sus encantos y aumentando sus   miserias.

Para  finales de marzo  viajé  a Concordia para pasar  Pesaj  con Mi Familia. Los   días que estuve  en mi ciudad de nacimiento  no quería salir a la calle para no encontrarme con la gente a quien se le había prometido que yo  iba a trabajar en su comunidad. Tampoco no tenía ningún argumento  como para explicar por qué la cúpula Apartidaria había cambiado de parecer.

EL 15 DE ABRIL LLEGUÉ  A MAR DEL PLATA. En la Terminal  de Ómnibus   me estaba esperando el  joven, que según me habían dicho, era el que había  gestionado mi  llegada para que organizara  el Departamento  de  la juventud hebrea  local.  Los  jóvenes  que   venían a   la Sociedad Israelita Marplatense (SUIM),  eran aquellos que no sabían qué hacer de sus vidas; o los  que eran  obligados por sus padres para que no se asimilaran.

El número de asociados que tenía SUIM era  exiguo.  Y no se tenía idea de cuántos hebreos   vivían en Mar del Plata.

 Cuando dejé SUIM, un año después, me desconecté definitivamente, de la vida comunitaria.

En la sede social de SUIM funcionaba una  escuelita primaria   subvencionada  por el departamento de Educación  de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).   No era serio lo que se enseñaba porque no tenía un plan de estudio  ni había un control sobre su funcionamiento.

Durante un mes viví en la casa de Eduardo. Él era  el único  de su casa   que intentaba salvaguardar  la tradición judía.   Sus padres (médico y docente respectivamente), estaban en otra. Más cerca de Cristo que de Jehová.  El  hermano mayor era un tiro al aire y su hermana, una chicuela en la edad de la inocencia. 

Todos los tíos de Eduardo   estaban casados con católicas.  

 En la casa de Eduardo vivía la abuela materna. Ni bien me conoció se me puso en mi contra. Le  aterrorizaba la idea que sus nietos se fueran a vivir a Israel.  

Eduardo iba a cumplir quince años,  pero aparentaba tener  mucho  más. Era   alto,  robusto, rubio, de  ojos celestes saltones y  voz gruesa.

Era un líder natural.  A pesar de la diferencia de edad  que nos separaba  enseguida congeniamos y  mantuvimos una larga   amistad, que se fue deteriorando a partir del momento que se casó. Lo dejé de ver definitivamente en el año 2005.

Eduardo siguió los pasos de su padre: estudió Medicina. No se especializó en Gastroenterología como su progenitor,  sino que eligió la Psiquiatría.  Se casó con una católica,  Beatriz, una psicóloga marplatense. Apenas la conocí me di cuenta que era una  mala persona

Cuando los militares tomaron el poder en 1976,  se fueron a Israel. A su esposa le costó adaptarse a la vida de Jerusalém. Terminaron en Madrid.  Tuvieron tres hijas y el tiempo suficiente como para divorciarse.                                           

En el mes de mayo me fui de la   casa de Eduardo, después de   presenciar un incidente doméstico. Yo volvía de la Sociedad. Era casi medianoche.  En la puerta de calle una mujer estaba  pidiendo a  gritos que quería  hablar con el dueño de casa.

Era su secretaria y amante  que le estaba  reclamando un  lugar en el equipo titular. En el dormitorio   la esposa se estaba deshidratando de tanto llorar.

Los padres de Eduardo se reconciliaron, o mejor dicho: el infiel fue perdonado. De todos modos  estaba clarísimo  que  la  separación era irreversible. Dos años después Ernesto   abandonó a su mujer  y también   se  radicó  en Madrid. Dejó la Medicina para dedicarse a la promoción de libros médicos  que publicaba la editorial Panamericana de la Salud, propiedad de su único hermano.

En el año 1965 se me dio la oportunidad de vender los libros médicos en Mar del Plata. No tuve agallas de dejar todo y meterme de lleno en  este laburo. 

Una ocasión desperdiciada teniendo en cuenta la expansión que tuvo la  editorial   en América Latina  y España.

MI PRESENTACIÓN en SUIM  se hizo un  viernes, durante  un Kabalat Shabat (se le da la bienvenida anticipada al sábado). Había más gente de lo habitual. Eduardo se había encargado de difundir que iba a estar presente el nuevo conductor ---madrij.  Yo era  toda una novedad.       

Cuando  comencé a delinear lo que pensaba realizar institucionalmente   se apareció una patota  encabezada por dos hermanos que  no estaban  dispuestos  a perder su poder en el grupo.  Eran tipos  acostumbrados a hacer lo que se les antojaba sin que nadie se animara a contradecirlos. Además,  tenían de su lado a las únicas pendejas que merecían algo más que un piropo.

No me quedó  otra  que enfrentarlos. Como primera medida   les quité la organización de la  colecta anual  destinada  a juntar fondos para el Estado de Israel. Eduardo me había dicho  que los muchachitos forzaban las alcancías y se quedaban con parte de lo recaudado.   

El padre de los cabecillas  era de manotear  cosas que  pertenecían a SUIM.   El tipo, muchos años después,  integró el  directorio del banco de la colectividad que se vio involucrado en una  quiebra fraudulenta.

 Eduardo, de a poco,  me fue marcando la gente que podía serme  útil  en el armado del Departamento de la  Juventud. Entre los leales  estaba SALVADOR (q.e.p.d) que había sido compañero mío en aquel  campamento de verano en la  Laguna de los Padres, a principios de los cincuenta. Estaba  hecho un paquidermo: alto, cabezón  y gordo.

Era un tipo muy simplote, pero de buen corazón. No tuvo suerte en el amor. Su esposa lo dejó cuando  se dio cuenta que nunca lo había amado. Se había casado con él, solo para  darles el gusto a sus padres que no admitían un  yerno que no fuera de la colectividad.        

Día a día se iba  arrimando más gente a SUIM. Llegó un momento que me sentí   desbordado. Entonces decidí dividir a la gente por edades poniendo al  frente de cada grupo a un mayor ---boguer, que yo sabía que me iba a responder.

Yo daba  clases de hebreo y charlas de Historia.  Por mi condición de  sordo y patadura, le  encargué  a una piba muy talentosa la enseñanza de  canto  -- shir  y danza  ---rikud. Siendo una adolescente ya  era profesora de piano.

Marisa   organizó el  cuerpo de baile y el coro, lo que nos  permitió salir de nuestro propio gueto,  y presentarnos   en  programas de  televisión y  en centros comunitarios.

Marisa,  físicamente no aprobaba el más mínimo examen.   Era petisa, nariz gancho, poco pecho, caderas  anchas y  patona.

En un principio la tuve de  la vereda de enfrente. Le gustaba uno de los patoteros.  Como el  tipo la ninguneó, despechada se  cambió de bando.

La actividad de los viernes era  obligatoria. En cambio, los fines de  semana,  cada uno podía hacer lo que se le  antojara. La mayoría optaba por ir  a los boliches. A mí no me molestaba. Yo consideraba que  no era cuestión de  intoxicarlos hablándoles solamente de judaísmo y sionismo. Eran jóvenes que necesitaban otro tipo de expansión.

Con el tiempo mis dirigidos organizaron  sus propios asaltos. Siempre había una casa disponible para milonguear.

Yo me quedaba  con aquellos que no tenían nada programado para el weekend.   Habitualmente nos  metíamos en un café y siempre teníamos un tema para discutir.

Se vivía  una época donde muchos pensábamos  que era  posible hacer de este mundo un poco mejor.  

  YO  NUNCA ME LLEVÉ BIEN CON EL DINERO. Cuando me parecía que  tenía al mango agarrado se me escurría entre los dedos.   

Yo  era  el único culpable  de no  saber exigir lo que me correspondía. Era de esperar, de dar por sentado, que las deudas había que pagarlas. Algo imposible en un país donde siempre se forrea al trabajador.

Para la COORDINADORA   APARTIDARIA, Mar del Plata y yo no existíamos. Era  como si sus popes se  hubiesen  arrepentido de haberme enviado al Majón.  Quizá  les  molestaba mi independencia, haber aprendido a manejarme solo. Eran  mediocres  que   sufrían del  éxito ajeno.

Mi situación de guacho fue aprovechado por la directiva de  SUIM: me daban  el sueldo cuando se le antojaba. La cosa se agravó cuando me mudé a un hotel. Tuve la suerte que sus dueños (dos hermanos solterones que llegaron de España en 1950), no me apuraban con la mensualidad porque  se habían encariñado conmigo.

LA GALLEGA DEL SAN ANDRÉS, tenía un niño de un  padre que dejó la  semilla pero nunca  quiso ver  crecer el árbol. El hijo compensó el sacrificio de su madre recibiéndose  de abogado.  

 

 

(Continuará. ///Todos los capítulos, en: el hombredelamemoriacorta,blogspot.com )

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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