Sunday, January 22, 2023

LOCO POR EL FUTBOL (3)

 

Asociarme a INDEPENDIENTE RIVADAVIA de Mendoza, fue un hecho fortuito.  Practicamente tenia acceso a todas las instalaciones por cifra simbólica. Tenia quince años. El asma me habia llevdo a la capital cuyana

    RAIMUNDO ORSI tenía entonces cuatro años. Había nacido en Argentina pero sus padres eran italianos, por lo que cuando en 1927 recibió la oferta de la Juventus, pensó que, después de haber triunfado durante diez temporadas vistiendo la camiseta del equipo de sus amores, Independiente, había llegado la hora de brillar en el país de sus padres.

Su ingreso en el calcio encontró muchos obstáculos, pues la Carta de Viareggio, promulgada en 1926, cerraba las puertas del fútbol italiano a todos los extranjeros. Sólo los oriundos podían encontrar una pequeña grieta por la que deslizarse hasta los terrenos de juego sin violar ninguna ley. Hasta entonces, en Italia jugaban unos ochenta futbolistas foráneos, la mayoría austríacos y húngaros, que tuvieron que marcharse a otro sitio a buscarse la vida después del decreto que promulgó el régimen fascista. Orsi, por su parte, tuvo que esperar a tener su pasaporte listo, por lo que se pasó un año entero sin jugar. Finalmente pudo debutar en 1928.

EL DELANTERO FUE FELIZ EN LA JUVENTUS. Vistió de bianconero durante siete temporadas y se convirtió en el goleador del primer equipo que consiguió cinco scudetti consecutivos. Por las noches se engominaba y disfrutaba acompañando con la guitarra el acordeón de su compañero en la Juve, Renato Cesarini. Pasó poco tiempo hasta que se convirtió en un italiano más. Almenos es lo que se podría pensar de alguien que fue protagonista destacado de la Copa del Mundo de 1934 que culminó con la azzurra levantando su primera Jules Rimet después de derrotar a Checoslovaquia. Pero resultó que Orsi y los también oriundos Enrique Guaita y Luis Monti nunca serían italianos de derecho pleno. Fueron los únicos tres integrantes de la selección que no recibieron la medalla de oro que les acreditaba como campeones.

Esta decisión no habría sido tan grave si los futbolistas no hubieran sido repudiados en sus países de origen. Los tres se convirtieron en traidores en su patria natal, Orsi y Monti en Argentina, y Guaita en Brasil, y fueron amenazados con no volver a vestir la albiceleste y la canarinha a menos que abandonaran Italia. Pero era en Italia donde todos ellos habían echado raíces. Al final, las circunstancias precipitaron los acontecimientos. Y ninguno de ellos tuvo que decidir nada.

En octubre de 1935 las tropas de Mussolini entraron en Etiopía y el ejército reclamó la presencia de los oriundos pero no la del resto de futbolistas que sí habían nacido y crecido en Italia. Fue entonces cuando Orsi y los futbolistas en su misma situación TOMARON LA DECISIÓN DE LARGARSE. El primero en huir fue Enrique Guaita, acompañado por los también romanistas Alejandro Scopelli y Andrés Stagnari, que se refugiaron en París. Pocas semanas después, se les uniría el propio Orsi.

Sunday, January 15, 2023

LOCO POR EL FUTBOL (2)


En  1958  me hice socio del club mendocino INDEPENDIENTE  RIVADAVIA (fundado en 1913.)

A mí me  tocó  vivir una época de expansión institucional y la remodelación de su estadio, con la construcción de nuevas tribunas,   gracias a la gestión de ese gran dirigente que fue Salvador  Iúdica. Él me permitió pagar   una  cuota mensual mínima que me posibilitaba tener  libre acceso a todas sus instalaciones y a los partidos  cuando los azules  eran locales.  De visitante me colaba con los jugadores.

En esta etapa de mi vida, lejos de mi casa, el fútbol era   un sentimiento de pertenencia, era huir de la soledad y  compartir  con otros miles de ojos   un espectáculo deportivo. Era la  revancha de tantos años de no haber podido ir  una cancha   como lo hacían muchos  chicos de mi edad.

Yo iba a los entrenamientos de Independiente  y  fraternizaba con los jugadores.  Sabía de antemano cómo iba a formar el equipo  para  su próximo compromiso.  

Andaba metido en el vestuario, como si fuera parte del cuerpo técnico.  

El director técnico leproso era el  mítico  RAIMUNDO BIBIAN MUMO ORSI (n. 1901),  a quien   recuerdo vistiendo un jogging  azul el que no se lo quitaba ni siquiera para

dormir. Su blanca cabellera, la raya partida  al medio,  su rostro patriarcal, le concedía una autoridad natural sobre sus dirigidos.  

Con él di la vuelta olímpica en aquel inolvidable 1960 después de una larga sequía.

ORSI TOCABA  EL VIOLÍN  en una orquesta de tango cuando el fútbol lo atrapó para hacer de él un autentico crack.   Club del retir{{{clubre 

EN EL AÑO 1920 DEBUTÓ EN  LA PRIMERA  DIVISIÓN DE INDEPENDIENTE de Avellaneda.  Fue medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam de 1928. Después se marchó a Italia contratado por la Juventus,  integrando la escuadra azurra, campeona mundial de 1934.        

El clásico rival de Independiente era Gimnasia y Esgrima (fundado en 1908), que también tenía su estadio en el Parque Gral. San Martín.  Yo era  un leproso de ley  pero sabía reconocer   la calidad de los jugadores de la contra. Yo admiraba al tripero, VÍCTOR LEGROTTAGLIE, dueño de una zurda incomparable, un futbolista de otro planeta.

En  1959 jugó una corta temporada primera de Chacarita Juniors, pero no se adaptó.

No aceptó ofertas  del  Inter (Italia), del Real Madrid, del Cosmos (Estados Unidos), de Perú y de Chile. Era un mens sana de alma, en una época en el que muchos jugadores se mantenían fieles a sus orígenes.

Mi locura futbolera se exteriorizó cuando le aposté a un residente de la pensión donde me alojaba que yo era de capaz de tomarme un litro  de aceite hígado de bacalao.

Necesitaba plata para    presenciar  la apertura del Campeonato Argentino de fútbol de selecciones  provinciales.

El  encuentro inaugural   lo vi entrecortado por mis continuas corridas al baño.  

El inodoro pasó a ser   parte de la  tribuna.

Cuando terminó  la competencia, Independiente compró el pase del defensor  entrerriano AMADEO GÁNDOLA, Con quien tuve una especial relación  por ser coprovinciano.  Era alto y flaco. Comenzó jugando al hockey sobre patines hasta que lo sedujo la número cinco.

Puso fin a su vida arrojándose de un quinto piso. Tenía setenta y ocho años de edad.

BOCA JUNIORS. “Fue fundado en 1905. La reunión constitutiva tuvo lugar en la casa del  joven l  Esteban Baglietto, quien fue su primer presidente.    

Los colores azul y  amarillo  se  tomaron de la bandera sueca que enarbolaba un barco amarrado  en el puerto  de la Boca.                                                              

MILÁN. La ciudad  fue fundada por los celtas y  quienes le dieron su actual nombre (600 adC).  Fue conquistada  por los romanos alrededor del año 222 adC.    

INTER. Fundado en 1908 por disidentes del Milán y del  Cricket Club.

AC MILÁN. Se fundó en el año 1899, impulsado por la alta burguesía italiana que dominaba el panorama social a finales del siglo XIX.  Su presidente Piero Pirelli,  mandó a construir el San Siro (en homenaje a un santo), inaugurándolo el 19 de septiembre de 1926.  

EL ACCIDENTE DE SUPERGA.   El 4 de mayo de 1949, el plantel de “Torino regresaba de Lisboa, donde había disputado un amistoso con el Benfica.  La neblina y la lluvia se complotaron para que el vuelo  se trocara en el peor infierno. La nave chocó contra la colina de Superga.

River  fue el único equipo del mundo que se ofreció para jugar un amistoso a beneficio de los familiares de las víctimas.”

El club turinés utilizó la casaca de la banda roja cuando cumplió los cien años de vida.

 

Tuesday, January 10, 2023

LOCO POR EL FÚTBOL. (1)


MIS PADRES me agobiaban con sus prevenciones en cuanto al asma. Decían que por correr y transpirar afectaba, aún más, mi salud.
Toda mi energía deportiva se convirtió en un fanatismo por Boca Juniors.
Cuando el equipo ganaba yo sabía que tenía una semana de tranquilidad. La derrota me transformaba en un chico irascible, que no quería ver a nadie, sabiendo que me tenía que bancar las cargadas de los contras.
El jueves 11 de noviembre de 1954, Boca tenía la chance de salir campeón después de una sequía de diez años.
Me fui a la Portería del colegio a escuchar el partido. El equipo de la Ribera sumó otra estrella al ganarle a Tigre, uno a cero, con el gol convertido por el exdelantero de Estudiantes de la Plata, MIGUEL ÁNGEL BAIOCCO (1930-2004).
En el auriazul jugaba mi coterráneo, llamado “El patrón del área”: Juan Carlos Colman (n. 1922 -1999). Y el arquero era el correntino Julio Elías Musimessi (n. 1924-1996), quien también era un destacado chamamecero.
Él popularizó una canción dedicada a los boquenses: “Dale Boca, viva Boca, el cuadrito de mi amor..."
Esa tarde no pude dar la vuelta olímpica porque la regente Inchausti me pilló y me puso en penitencia.
MI PADRE no me dejaba escuchar los partidos de fútbol porque, desde su óptica, menoscaba mi personalidad. Los domingos el barrio era un enorme parlante. Yo trataba de escaparme de casa y pegar mi oído a algún paredón donde alguien tenía su radio puesta a full para escuchar el partido de Boca.
Y si algún fin de semana me iba al campo con la familia no tenía paz hasta no enterarme como habían salido los bosteros.
En la única ocasión que logré eludir el control de Mi Padre fue durante el Mundial de Suiza de 1954. En los horarios de los partidos Aarón estaba trabajando. Y Mi Madre no tenía ganas de discutir ARGENTINA se había quedado en las eliminatorias. Yo cinché por Uruguay que defendía el título después del batacazo del 50’ en el mismísimo estadio Maracaná cuando venció al local, Brasil.
La escuadra Celeste ocupó el tercer lugar. El campeonato lo ganó Alemania reventando a patadas al conjunto húngaro, que era un equipazo al que se lo denominaba “las libélulas blancas.”
Cuando conocí el rostro corrupto del fútbol quise disculparme con Mi Padre, pero ya era demasiado tarde: había fallecido.
El mejor estadio de fútbol de Concordia era el del CLUB LIBERTAD. Su campo de juego estaba camino al Puerto, a metros del Parque de la ciudad. Un par de veces me escapé de casa, para ir a ver un partido por el torneo oficial de primera división.
Yo entraba sin pagar por ser menor de edad. Iba y volvía caminando.
Después tenía que encontrar algún pretexto para justificar mi ausencia.
La única vez que tomé un colectivo me lo pagó Pepe, el rengo de la esquina de casa, un fanático de Independiente de Avellaneda.
A veces me escondía en su garaje para escuchar el juego de los rojos, no lo podía obligar a que cambiara de dial.
La cancha de Libertad fue el escenario de un HECHO INSÓLITO que figura en el libro Guinness de los records. El equipo visitante entró al campo de juego decidido a no jugar en disconformidad con el árbitro designado quien, al parecer, los había bombeado en la fecha anterior. Los jugadores se sentaron en el césped ocupando cada uno de ellos sus respectivos puestos.
Después de cada gol, los delanteros hacían el saque de salida y enseguida todo el plantel se volvía a sentar en el campo de juego. El encuentro—no encuentro, terminó setenta y nueve a cero, a favor de Libertad. Menos mal que el cuestionado juez no dio tiempo de descuento.
Mi relator preferido fue el uruguayo FIORAVANTI (Joaquín Carballo Serantes n. 1911), un maestro de la descripción y del lenguaje, a quien conocí personalmente durante el homenaje que le rindió el Círculo de Periodistas Deportivos de Mar del Plata en 1986.
Mi locura bostera quedó en evidencia ese domingo de agosto de 1959. Yo vivía en una pensión en Mendoza. Dos chilenas, la Tía y su Sobrina, habían venido por asuntos de negocio.
El hijo del dueño de la pensión concertó con las chicas una salida. Ellas querían conocer la ciudad.
Miguel no tenía freno alguno cuando de mujeres se trataba. Me sumó a mí para conformar el cuarteto. Nos fuimos en colectivo hasta el Parque San Martín, uno de los lugares preferidos tanto para los locales como para los visitantes.
Con su cancha para el levante Miguel se apropió de la Tía que tenía treinta y dos años de edad, estaba separada y no tenía hijos. Era flaca y alta, con pocos atractivos físicos. En eso sí, con vasta experiencia en la catrera. Miguel y la Tía se metieron en unos yuyales y se dieron de paraditos nomás.
La Sobrina se calentó con la imaginación. Quiso violarme, yo me negué: no estaba de humor. Me había enterado que San Lorenzo había goleado a Boca. Fue una de las tantas oportunidades que desperdicié para terminar con mi celibato. La piba no ocultó su odio hacia mí tildándome de “macaquero”. Me lo tenía bien merecido.
Mi condición de boquense fanático, me llevó a vivir una experiencia singular. A principios de 1963 estuve un mes en Milán. Y tuve la oportunidad de darme cuenta cuán grande es Boca Juniors.
Yo había llegado esta ciudad para conocer a un primo de Mi Padre. Un mañana, caminando por el centro de la gran ciudad, me llamó la atención ver unos afiches que promocionaban el clásico de la ciudad.
Entré a un bar y le pregunté al camarero dónde podía adquirir una entrada para el Derby. El tipo me miró entre asombrado e incrédulo, como si yo me hubiese descolgado con una rareza. Cuando se dio cuenta de mi acento cocoliche, mezcla de español e italiano, se mostró indulgente.
Me explicó que las entradas ya se habían agotado. La única chance que tenía era caer en manos de los revendedores. No podía: pedían cifras siderales por una popular.
Durante la cena del día sábado le comenté al primo de Mi Padre, que me dolería en el alma perderme el clásico. No hizo falta estrujarme la sesera para darme cuenta que el hombre no cazaba una. No le interesaba el Calcio, igual que a Mi Padre.
El domingo del superclásico le pedí a la hija única del primo de Mi Padre que me indicara cómo llegar hasta el Estadio. Estaba decidido a mandarme una patriada.
Yo estaba en la explanada del San Siro (hoy Giuseppe Meazza), cuando un grito ensordecedor conmovió el cemento hasta sus bases: el Inter había madrugado a su rival. El gol lo había convertido su cannoniere SANDRO MAZZOLA (n. 1942.)
Su padre fue un mítico jugador del Torino. Murió en un accidente aéreo, con el resto del plantel en Superga.
Me habìa perdido un gol, no quería perderme otro. Me entró la desesperación: corrí hacia uno de los puntos de ingreso al estadio. Un portero me preguntó (muy amablemente), qué deseaba. Le dije que quería hablar con alguna autoridad. A los pocos minutos yo estaba ante un señor, impecablemente trajeado, que se identificó como el director del complejo deportivo. No me achiqué, raro en mí: le conté que yo estaba de paso por la ciudad, que era fanático de Boca Juniors, y quería ver el partido, aunque fuera por algunos minutos. Deseaba reencontrarme con exbosteros que ahora militaban en ambos equipos.
No lo podía creer cuando el funcionario municipal me autorizó a pasar con la condición que me fuera, una vez terminado el primer tiempo porque estaba prohibido permanecer de pie. Las gradas estaban todas completas.
Al buen hombre le fallé: me quedé hasta la finalización del partido.
No festejé el empate del Milán porque yo quería que ganara la escuadra que conducía el argentino HELENIO HERRERA (n. 1910), quien se había hecho famoso por crear un sistema defensivo, conocido como “El cerrojo-- catenaccio.”
En la escuadra interista jugaban Humberto Maschio (ex Rácing n. 1933), y Antonio Angelillo (ex Boca n. 1937). Una de las figuras del Inter era un español: Luis Suarez (n. 1935), quien durante una década participó de los mayores halagos futbolísticos de la institución.
Entre los milanistas estaban dos exboquenses: el brasileño DINO SANI (autor del gol del empate n. 1932) y el peruano Víctor Benítez Morales (n. 1932.)
Su figura estelar era Gianni Rivera (n. 1943), conocido como el “Bambino de oro.”
Abandoné el estadio sin sentir culpa y enormemente feliz.
Llegué a la casa del primo de Mi Padre justo a tiempo para cenar. Conté una y mil veces cómo había logrado entrar al estadio y el espectáculo que había presenciado. Los habitantes de la casa no comprendían por qué tanto alboroto de mi parte si sólo se trataba de un partido de fútbol.