Mi vida y sus infiernos.
MI APROXIMACIÓN AL PERIODISMO. En Mar
del Plata, cuando mi actividad en la Sociedad hebrea estaba organizada decidí
utilizar mi tiempo libre: Comencé un curso de PERIODISMO escrito. Quería capitalizar el placer que me daba
escribir. Claro que no era lo mismo garabatear una carta que redactar una
noticia. En ese momento no me imaginaba que lo que era un hobby alguna vez me daría de comer.
De este curso, corto por cierto, tuve
la oportunidad de conocer a un profesor
multifacético, una verdadera biblioteca humana, que se ganaba el puchero
dándoles clases particulares a alumnos
rezagados y a repetidores crónicos. El
que caía en las manos de ROBERTO DEL VALLE aprendía a estudiar.
El que se hacía el
piola lo recluía en una buhardilla
conocida como la “Torre Blanca”, en
alusión a una prisión inglesa. Liberaba
al vago cuando demostraba que sabía la
lección al dedillo.
CICATRICES DEL CORAZÓN. Me he considerado una persona que ha sabido escuchar a propios y extraños, a
pesar de ser un charlatán crónico.
Muchas de las adolescentes que venían a SUIM (sociedad
israelita), tenían sus corazones
latiendo en sentido contrario a lo querían
sus padres: muchas de ellas tenían a su
príncipe azul fuera de la Sociedad.
Yo era el paño de lágrimas y de las confesiones de varias
de esas gurisas las que venían a mí para que le desatara sus embrollos amorosos.
A los dueños del San Andrés (donde residía) yo los tenía
repodrido. El teléfono sonaba a cualquier hora del día. Unas me
pedían un turno para verme personalmente
y a otras les
alcanzaba la línea telefónica para largar el rollo.
En ese ir y venir algunas de esas borregas se terminaron
enamorando de mí. La más obstinada
era Lucy, piernas largas. No me daba
tregua. Tal era su camote que, con tal de tenerme cerca, hasta se apuntó un seminario que se realizaba en Bahía Blanca.
Lucy se resignó a perderme cuando se enteró que yo me había
enamorado, pero no de ella.
Liliana, patas de tero, era una chica buenísima, muy
compenetrada con el grupo. Sergio el jetón se había enamorado de ella. El muchacho
era un destacado intérprete de la flauta traversa y muy
parecido físicamente al actor de origen austriaco Klaus María Brandauer
(n. 1944.)
Ella lo consideraba un estorbo. La convencí que lo tomara
a prueba. Salieron un par de veces pero la cosa no marchó. Decía que al Jetón solamente le importaba
tocarles sus enormes tetas, pero que era
incapaz de interesarse sobre su persona. La realidad era otra: Liliana estaba
enamorada de un porteño a quien había conocido en el verano de 1962. Y a
pesar que se veían esporádicamente le duraba el metejón.
A fines del año 1967 Patas de tero, se radicó en la Capital Federal. Como la mayoría de las paisanas solteras
comenzó a frecuentar el Club Hebraica. Agarró viaje con el primer candidato que
se le presentó.
Singularidades del destino: un cáncer de mamas terminó
con su vida cuando tenía cuarenta años de edad.
Ningún chico de SUIM tenía interés en Luisa,
la feúcha. Tenía diecinueve años y
la materia prima intacta. Yo hacía lo indecible por
contenerla. Sin embargo, no lograba evitar sus
pronunciados bajones anímicos y un intento de suicidio.
En 1965 sus padres
tomaron una sabia decisión: hicieron aliá. Ocho años después la visité en su casa de
Rishon LeZion. Era otra persona: toda sonrisa, conversadora
y feliz. Estaba casada y tenía dos hijos. El pasado había quedado atrás. Tierra
Santa seguía haciendo milagros.
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RISHON LEZION.
Fundado el 31 de julio de 1882 por un grupo de diez jóvenes provenientes de Járkov, Ucrania (por
entonces parte del Imperio Ruso). Y Su
nombre se deriva de un versículo bíblico: “El primero en Sion”. Fue el segundo
asentamiento en Palestina, después de Petaj Tikva.
UNA LOLITA EN MI VIDA. Una verdadera multitud había concurrido a
SUIM para el espectáculo de canto y
danza, que Marisa había preparado. Se pagaba una módica suma en concepto de entrada.
En los intervalos se sorteaban distintos artículos que nos habían donado
empresas y padres de mis dirigidos-- janijim.
Yo quería que la gente tomara conocimiento de nuestras
actividades. De lo recaudado me llevé un
pedazo para achicar la deuda que SUIM mantenía conmigo.
Cuando terminó la reunión, haciendo uso de mis
prerrogativas de líder , me acerqué a
esa cara nueva que había provocado tanto
revuelo entre los varones. Después de la
presentación de rigor, la invité a concurrir a nuestras reuniones. Estaba
acompañada de su hermano. Pensé: “¡Qué bueno! Dos pájaros de un
tiro.”
Por su
contundencia física me pareció que tenía más de los años que declaró:
“En un mes y medio cumplo quince.”
Medía un metro sesenta y cinco, llevaba su pelo lacio
recogido, ojos marrones muy expresivos,
labios finos, poco busto, cola chata y
una distinción: sus piernas eran
perfectas.
Su hermano era mayor de ella en dos años. El chico tenía
lindos rasgos. Una estatura que no superaba el metro setenta y cinco y una contextura física maciza.
Su voz era ronca, quizá por su adicción al tabaco.
Antes de despedirlos les dije que los esperaba para la
reunión del viernes 5 de Julio de 1963. Yo
iba a hablar de la sexualidad en los adolescentes.
Tenía un muy buen
material que había traído de Israel.
La nueva janijá se apareció sin su hermano. Él se había quedado a ayudar a
sus padres en el negocio textil. Mar del
Plata, en los años 60’, aún en temporada baja,
tenía un movimiento turístico apreciable los fines de semana. Venían
los mieleros, los infieles y los
fanáticos del Casino.
La familia de mi nueva discípula se había radicado en Mar
del Plata después de sufrir un duro traspié económico en su lugar de origen: la
Capital Federal.
Mi nueva janijá cursaba el segundo año del Bachillerato,
turno mañana. De tarde era la up air de su hermano menor, un chico asmático,
mientras sus padres estaban en el negocio.
Había una hermana mayor que estudiaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires
(UBA.)
Mi nueva janijá no necesitó mucho tiempo para darme
vuelta como un zoquete.
Yo me había
enamorado de esta pendejita. No sé si me quería como novio o como padre
sustituto. No era la primera vez que se me pegaba una borreguita. En Concordia
hubo una que no había salido del cascarón y ya revoloteaba a mi derredor.
Cuando viajé a Israel me regaló un estuche de cuero para
lustrar zapatos.
El 11 de julio me encontré con Mi Lolita en la casa de
Eduardo quien intermedio en mi venida Mar del Plata, que cumplía años. Después
me acompañó a la Terminal de Ómnibus. Yo
viajaba a Bahía Blanca para el Seminario. Estaríamos separados unos diez
días. Cuando nos besamos nadie podía
creer que el duro madrij se había dejado
conquistar.
Durante el Seminario una lugareña se fijó en mí. Venía puntualmente, al igual que Lucy, a mis
charlas que versaban sobre las batallas que habían decidido la creación del
Estado de Israel.
Por más que eran vacaciones de invierno había que tener
ganas de madrugar. Me habían asignado el
horario de ocho a diez, como para espantar. in embargo tenia buena audiencia.
Una gran mayoría de los jóvenes se acostaba al alba: unos
remataban la noche en una confitería y otros en un boliche bailable.
Silvia, la bahiense, era una morocha agradable, un físico
interesante, donde relucían unos bien diseñados cerros.. Le faltaba un año para graduarse de abogada.
Ella se había
convertido en mi guía turística. Me llevaba a conocer los lugares más
pintorescos de Bahía Blanca, siempre en
son de amigos.
Al mes de habernos
separado, me envió una carta escrita en un papel color rosa perfumado: me
confesó que se había enamorado de mí. No le contesté. Yo había apostado todas mis fichas a Mi
Lolita.
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BAHÍA BLANCA. El 22 de marzo de 1828 sale un expedición
de Fuerte Independencia (Tandil) a cargo de Ramón Estomba, llega hasta aquí
donde levanta la Fortaleza Protectora Argentina. El día de mi cumpleaños, pero
de 1895, era declarada ciudad.
(continuará)