Sunday, August 16, 2020

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE DECIR (XXII)

 

 

Antes que la parca me alcance


LAS AMONESTACIONES DE LA REBELDÍA….EN EL SECUNDARIO DE   CAPILLA DEL MONTE aprobé todas las materias. Aunque  me compliqué la vida cuando lo mandé a freír churros al profesor de Educación Física, un militar retirado, sin título para ejercer la Docencia, quien me llenó de amonestaciones y no quedé  libre porque me  salvó el Director del colegio,  un farmacéutico de origen hebreo. Igualmente quedé con la cara mirando el abismo.

El profesor de Educación Física  por ser un militar yo lo definía como a un antisemita crónico. Y si bien yo estuve mal, él se comportó peor  porque a un grupo de alumnos  nos había prometido  el libre  uso del gimnasio si le ayudábamos a colocar un piso de mosaico, que por entonces era de tierra.  El tunante  no cumplió. Mis compañeros,  que lo conocían del año anterior,  cerraron el pico. Yo fui el único que se desbocó.

EN MI CURSO DE TERCER AÑO, EN MENDOZA,  hubo amonestaciones colectivas porque un alumno primero le pegó un chicle en el cabello a la profesora de francés, que era una mujer mayor y de baja estatura;  y  después alguien arrojó en el aula  una bombita de mal olor.

La docente  al preceptor. Además de la sanción, nos dejaron encerrados en  la sala, padeciendo la hediondez.

MI PADRE  ESTABA  OBSESIONADO  POR EL INGLÉS.  Con toda lógica decía  que era la llave que abría las puertas del mundo. Yo hablé con mi profesora del segundo año para que me diera clases particulares.   Me aceptó enseguida. Su materia la aprobé sin estudiar.

La mujer había nacido en los EEUU. Nunca me contó cómo fue que  aterrizó en Capilla del Monte. Quizá porque vino a buscar   marido. No le fue bien porque seguía siendo una solterona. Tenía  la   fisonomía de esas mujeres que están abonadas a las misas, por no tener mejor ámbito de distracción que ir  a una  iglesia.

Mi romance académico con ella terminó cuando me enteré que esta bazofia blanca odiaba a los negros. Entre sus comentarios racistas resaltaba:   “El olor apestoso, que tienen los negros”. Yo no podía rebatirle porque nunca había estado cerca de un hombre negro. De  cualquier manera yo estaba seguro que la miss mientras vivió en su país había  sido una conspicua  integrante del Ku  Klux Klan, (Confraternidad reservada a los blancos nacida al momento de producirse la Guerra de Secesión en 1865.)Yo sabía muy bien lo que es sentirse discriminado.  Dejé su clase diciéndole que Mis Padres  me habían dejado de mandar  el dinero de la cuota y no tenía forma de pagarle.

UN PINTOR INESPERADO. Durante  mi año  en Capilla del Monte, fui  protagonista de algo insólito: obtuve  el tercer premio en un intercolegial de Dibujo que organizó una institución católica del Valle de Punilla.  Mi  trabajo,  fue la  parra que estaba en el jardín del colegio,  conté con el asesoramiento  de la profesora de  la  materia.

Las distinciones se entregaron en el salón de actos  de un monasterio. Yo recibí: un  diploma, un  kit de pinturas y  un par  de lienzos, que bien podían  haberme motivado a seguir  pintando. Pero nada de esto ocurrió.

La primera vez que alguien me felicitó por un dibujo fue Mi Tía la menor; no sé si le gustó la manzana que pinté o simplemente  trató de estimularme. Todo fue en vano.

MI ÚNICA  RELACIÓN CON LA PINTURA fueron mis  visitas a importantes museos de Europa y los EEUU, tales como  El Prado, de Madrid, el Louvre francés y los   de Arte Moderno  (MOMA), de Nueva York y de San Francisco.

Me familiaricé  con muchos  pintores   leyendo   sus biografías.

Supe que el contrahecho noble francés,  TOULOUSE-LAUTREC (Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa, n. 1864), a los catorce años  sufrió dos fracturas en los fémures de ambas piernas que le impidieron crecer más. Medía  un metro y medio. Los burdeles parisinos recibieron la  magia de sus colores.

Que el iniciador de la pintura moderna habìa sido  el español  Francisco de Goya y Lucientes, (n. 1746).  Famoso por  La Maja desnuda.

Que el alterado  holandés Vincent Van Gogh  (n. 1853), era un genio total, un loco macanudo que no le alcanzó con cortarse una oreja sino que también se suicidó. Que LAS MENINAS representaba la  familia de Felipe IV y que habían  sido pintadas  por  el   sevillano  Diego Velázquez de Silva Rodríguez (n.  1599.)

En 1989 mientras recorría el museo de  El Prado,  quedé  extasiado  frente a esta   obra.

MUSEO  DEL LOUVRE.  Su origen se remonta al siglo XII y fue embellecido con ampliaciones renacentistas y otras más tardías.

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MUSEO DEL PRADO. El proyecto arquitectónico de la actual pinacoteca fue aprobado por Carlos III en 1786. Supuso la culminación de la carrera del arquitecto Juan  Villanueva (m. 1739.)

MI PRIMERA CURDA.  Fue en Capilla del Monte. La Dueña de la pensión llevaba luto en su  ropa y en su corazón.  Para ella no existían las fiestas.

Por eso acepté la invitación de una compañera de mi curso de compartir la Nochebuena con su familia. La reunión consistió en comer y beber. No había pesebre  y  la Misa de Gallo, no estaba en los planes de nadie.

A medianoche, después de brindar,  los padres de la gurisa se fueron  a dormir. Yo me quedé con ella un rato charlando hasta que noté que el bostezo pugnaba por salir y los ojos se le estaban llenando de lágrimas.  Le di un beso ceremonioso y me fui caminando hasta el centro. No había un alma en la calle. Recién en la plaza principal  me  encontré  con  el primer  ser viviente:   un muchacho que estaba tan solo como yo. No era de Capilla sino de un pueblo cercano.  Era  mozo en la confitería de un hotel que  durante la temporada estival  se  reforzaba con personal temporario.

Este ser viviente había decidido combatir la soledad  abrazándose  a una botella de ginebra, (bebida alcohólica  de origen holandés, que se obtiene de la cebada y es  aromatizada con   bayas del enebro.)

Yo me senté a su lado y mientras compartíamos las penas, nos alternábamos en los tragos  hundiendo nuestras bocas en el pico.

No recuerdo cómo hice para llegar  a la pensión. Todo ese 25 de diciembre dejé    mi alma en el inodoro.  Recién noté una cierta mejoría al día siguiente.  Me juré una y mil veces  que no volvería  a cometer semejante desatino.

En  1976 Reincidí. Un carpintero  rumano, a quien yo conocía de mi trabajo en la intendencia del pueblo israelí de  Arad,  me convidó con un una  especie de pisco (aguardiente de uva).  El convite fue a eso de la media tarde,  cuando  mi estómago esperaba otra cosa.

No alcancé  llegar a casa, que ya había largado mi primer chanchito. Después hubo una seguidilla, pero bajo techo. Afortunadamente no tardé en recuperarme

MI  PASIÓN POR EL BOXEO.  Yo me definía como  un tipo pacífico, para muchos un cagón.  Sin embargo  desde  chico me gustó el boxeo.

En Concordia las peleas se hacían en el club Ferrocarril, a unas  pocas cuadras de casa, pero no podía  ir, porque no era del gusto de Mis Padres.

En una   las  contadas oportunidades que me pude comprar una revista deportiva

descubrí a quien sería  uno de mis ídolos el zurdo ALFREDO LAUSSE (n. 1927.)

Tuve una especial admiración por mi coterráneo,  el excampeón argentino y sudamericano ESTEBAN   OSUNA (n. 1940.)

Una de las historias que más veces escuché  de una pelea y su protagonista, estaba referida a aquel 23 de setiembre de 1923, cuando el argentino LUIS ÁNGEL FIRPO, el Toro Salvaje de las Pampas (n. n. 1894),

Cuando en el primer round tiró por fuera del ring al   campeón mundial del pesado Jack Dempsey (n.1895), del Polo Grounds de Nueva York,

El árbitro, presionado  por los ochenta mil yanquis  se demoró en el conteo y Dempsey reaccionó para luego noquear al retador en segundo asalto.

Con los años  seguí la trayectoria deportiva  de los talentosos  mendocinos:   CIRILO GIL (n. 1931), PASCUAL PÉREZ (n. 1926) y NICOLINO LOCCHE (n. 1939);  de   los notables púgiles estadounidenses: Ray Sugar  Robinson (Walker Smith Jr  (n.1921) y  Archie Moore (Archibald Wright n. 1913);  y del cubano Kid Gavilán (Gerardo González n. 1926.)

En la pensión mendocina donde recalé en 1958  conocí personalmente  a  PASCUAL PÉREZ, que venía  a   buscar a una prostituta cordobesa, con quien volcaba su libido y su bronca después que su mujer lo abandonara, para irse con su exmanager, el albanés Lázaro Koci.

Cuando entré en confianza con Pérez   le conté lo mucho que   me alegré cuando  en aquel  viernes  26 de noviembre de 1954, se apoderó   la corona mundial minimosca,  batiendo  por puntos en Tokio a quien era el titular de la categoría,   Yoshio Shirai.

El derrotado, se justificó diciendo que el poderío del argentino radicaba que comía carne vacuna.

A  LOCCHE lo vi boxear en Mar del Plata, el 10 de diciembre de 1968, en un galpón, que en nada se parecía a un estadio,  y en donde a la hora de la pelea, no cabía ni siquiera un alfiler.

A  Nico lo seguían  las mujeres por su manera tan prolija e incruenta de pelear.  A pesar de no tener pegada,  sabía escabullirse y replicar.  Lo llamaban “El Intocable.”

Esa noche tuvo un duro adversario en el balcarceño Aníbal Jabalí  Di Lella (n.1942). El jurado falló empate.

Al  peso pesado argentino OSCAR NATALIO  RINGO BONAVENA (n. 1942), me lo encontré   en Mar del Plata, en una mañana fría de julio, cuando ingresó a un  negocio de artículos importados. Llevaba  puesta una camisa natural de mangas cortas y a medio abrochar, dejando al descubierto un enorme crucifijo de oro.

Ringo fue un auténtico showman.  De puro audaz, llegó a cantar en un programa de televisión.  En 1963,  siendo  amateur,   enfrentó en San Pablo al norteamericano  Lee Carr.

Era tal la golpiza que estaba recibiendo, que decidió cortar por lo sano: le  mordió   un hombro a su rival. Fue el fin de su carrera como aficionado. En el profesionalismo el argentino noqueó a Carr.

BONAVENA FUE  ASESINADO en 1976 por un   guardaespaldas del  mafioso de Reno,  Joe Conforte, porque se decía que el argentino se trincaba a la mujer del boss.

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EN  CAPILLA DEL MONTE yo concurría a las reuniones sabatinas, donde peleaban aficionados locales con sus similares de la zona.

Todo comenzó cuando me hice amigo de un grupo de fotógrafos que curraban con un par de guanacos, enganchando a los turistas para que se sacaran  fotos  al lado de esas bestias.  Los niños  se enloquecían por montarlos.

Cuando los fotógrafos estaban  excedidos de trabajo,  me daban   una máquina para que yo también sacara fotos. Me las ingeniaba bastante bien.

Fue mi primer trabajo, de una sucesión  de tareas, donde nunca vi  una moneda.

Entre los fotógrafos había un español  que había  huido del franquismo, y  en la Argentina  llegó a pelear profesionalmente. Ahora era el manager de un  hijo suyo.    Yo estaba entre los que lo iban a alentar.  Lamentablemente mi crédito  tuvo  un corto recorrido: se cansó que lo noquearan.

En 1957 Capilla se conmocionó con los   éxitos deportivos de su ídolo, EL PUMA JUAN CARLOS   RIVERO. Cuando venía al pueblo los adolescentes lo seguíamos  cuando se paseaba por el centro acompañado  de   minas que estaban físicamente para el infarto.

Manejaba unos automóviles últimos modelos.

La ilusión de los capillenses por  un Puma campeón     duró muy poco.   Los promotores del  Luna Park decidieron  no  enfrentarlo más con paquetes. Le pusieron sobre el ring al soberbio estilista   panameño FEDERICO THOMPSON (n. 1927). Rivero perdió   por paliza.  Esta derrota le significó el principio del  fin. Murió relativamente joven a causa de  una cirrosis hepática.

En esa misma época, yo me había encariñado con otro oriundo de Capilla del Monte: JOSÉ MANZUR, un verdadero  obrero del cuadrilátero. No solamente lo iba a ver entrenar, sino también a pelear.

Yo vuelto a Mendoza, lo fui a ver en una presentación suya que hizo en el ring de la Federación.

El  20 de noviembre de 1961 Manzur fue proclamado campeón medio pesado, título que había sido dejado vacante Mario Díaz, cuando se fue a vivir  a los  EEUU.

Leyendo  en la formidable publicación  que fue  HECHOS MUNDIALES, en lo referente al boxeo   descubrí el valor humano del   púgil  alemán de  peso pesado, MAX SCHMELING (n. 1905), quien  durante la SGM no dudó en arriesgar su vida  escondiendo a una familia hebrea   en el cuarto de un hotel, para luego ayudarles a huir de Alemania. Schmeling demostró  su enorme generosidad  cuando socorrió económicamente a quien fuera su encarnizado rival,   el estadounidense JOE LOUIS (Joseph Louis Barrows, n. 1914) quien se hallaba en la más absoluta miseria.    Pagó los gastos que demandó  su enfermedad (una afección cardiaca) y   su posterior entierro.

Schmeling  durante la SGM sirvió como paracaidista en el Ejército de su país. Finalizada la contienda se convirtió en el representante de una importante gaseosa estadounidense.

Ya de casado  llevé  a Mi Mujer a varios  festivales de boxeo  que se realizaban los días sábados, en el estadio  Bristol de  Mar del Plata.

En una de esas reuniones, en el combate de fondo,  se  presentó el peso pesado José Saro Giorgetti conocido como “Kid Tutara o el   Gigante de Quequén” quien pesó  ciento diecisiete quilos. Su rival en esa reunión fue  un  cordobés de apellido Oliva, creo que estaba en los ochenta y seis.  Era moneda  corriente no respetar las  equivalencias o combatir sin estar en forma.

La primera piña que el bonaerense le aplicó en el rostro a su  oponente, le produjo semejante herida que   prácticamente llenó de sangre un  amplio  sector de la platea. Y de un segundo golpe lo durmió. Después de esta sangría boxística Mi Mujer no volvió a acompañarme.

Para mí también fue más que  suficiente, sobre todo,   después de ver  cómo eran maltratados  los púgiles que estaban a cargo  del organizador de los festivales marplatenses un   tal JUAN BAUTISTA PATENAY (n.1905), que  en su juventud también había sido boxeador.