Thursday, March 21, 2019

NO SOY FAMOSO PERO TENGO COSAS QUE DECIR (6)


 Contaré mi vida antes que la parca se anticipe.
******
 
 UN AMOR ENTRE PRIMOS.  Muchas veces he oído decir a muchos chicos  que fueron sus  primas las primeras en aleccionarlos  en los primeros pasos sexuales.
  Mi Hermano, el mediano,  fue uno de ellos. Lo mío con otra prima,  fue apenas un despertar a la vida.
Para  MIS TÍOS, Mi Hermano, el mediano,   era el sobrino preferido, a pesar que lo sabían  un tipo mal llevado. Decidieron darle techo y comida para que pudiera  terminar la Secundaria en un  instituto politécnico que tuviera mayor nivel que el  Industrial de  Concordia. Le veían todas las condiciones para que fuera un ingeniero   electrónico exitoso.
MI TÍO   había tenido varios choques con Mi Hermano. El más fuerte fue aquella vez que quiso darle un escarmiento  porque se había soliviantado con nuestra Madre. Lo arrastró de un  brazo hasta el baño. Lo metió en la ducha y lo bañó con agua fría. Cuando mi Tío creyó que su sobrino se había sosegado, lo soltó. Fue en ese momento que su sobrino   le tiró un manotazo con tal violencia, arrancándole  medio bigote.
El tío nunca más se entrometió con él. 
Unos años después, Mi Hermano se vengó del Tío enamorando a su  hija mayor  y en su propia casa. 
LA PRIMA se había enamorado de él. Ella lo buscaba hasta la desesperación. El encuentro carnal se produjo en el  altillo donde dormía su primo. 
MI HERMANO, por lo visto,  le había  prometido amor eterno.  Y  la niña agarró viaje entregándose  con todas las fantasías propias  de una adolescente  decidida a dejar de ser virgen. 
En una de las tantas noches de pasión, los tortolitos se quedaron dormidos. Cuando Marcos fue a despertar a su hija, como lo hacía habitualmente, para que no llegara tarde al colegio,  se encontró que   no estaba en su cama.
EL TÍO puso a su sobrino patitas a la calle. La seducida fue estigmatizada  por toda su familia.  Lo que más le dolió a la seducida  fue la  traición de su primo: no solo no hizo nada para volver a verla, sino que se fue del país  sin tomarse el trabajo de despedirse.  
 EL TÍO pasados unos años, perdonó al seductor. Y mi hermano recuperó el sitial del  sobrino preferido.
LA PRIMA, la seducida,  nunca se arrepintió de lo que hizo.  Lo suyo fue por amor, y el amor que uno da  no siempre es correspondido. Ella tuvo   algunas experiencias sexuales  que  no superaron las contingencias del momento. Cuando llegó a Israel, encontró marido. El matrimonio duró muy poco. Lo precipitó el hecho que Mi Prima no podía embarazarse. 
La chica  fue deambulando de cucheta en cucheta. Nunca volvió a enamorarse, quizá porque se pasó el resto de su  vida  en las alturas (azafata en una línea aérea francesa), y se sentía   incapaz de aterrizar. 
Las hijas de MI TÍA, la hermana menor de Mi Madre,   se mantuvieron vírgenes hasta el día de   la boda.
La mayor de ellas  se divorció unos años después, aburrida de que su marido fuera incapaz de satisfacerla materialmente.  Pienso que envidiaba  a su hermanita  la que   se había   casado   con el  hijo de un joyero que sabia darle todos los gustos. 
Automáticamente la hija menor pasó a ser la preferida  y  la que siempre socorría  sus padres  cuando les faltaba el mango.
Yo fui testigo de un caso anterior  de seducción entre primos.
 Yo estaba viviendo en una pensión en Mendoza. El hijo del dueño, con quien yo  había cursado el primer año de la Secundaria,   también sedujo  a una prima cuando  ella  se vino a vivir a la capital.  La joven  era oriunda de San Rafael.   Hacia tiempo que se había enamorado de  Miguel.
Jazmín  tenía diecinueve años. Era alta, delgada, cabello enrulado, nariz pequeña y achatada. Un cuerpo  bastante potable tanto vestida como desnuda, al decir de su primo. 
Durante un tiempo los encuentros sexuales se tuvieron  una cierta continuidad  como correspondía a dos cuerpos jóvenes.  Jazmín estaba feliz,  le parecía que tenía asido al  toro  por  las astas.  Ella nunca se imaginó   que su amorcito    no  entendía de fidelidades.
Miguel  se había encajetado  con una vecinita cometiendo  la locura de pasearse con ella por las inmediaciones de la  casa de   Jazmín. Ésta  lo pescó infraganti y armó tal escándalo  que terminó involucrando en el conflicto a las dos familias. 
Los padres de Miguel le echaron la culpa de todo a la sobrina. Los padres de Jazmín querían que el sobrino respondiera por  haber mancillado el honor de la hija. 
Cuando  me fui de Mendoza, dos años después,  las dos familias seguían disgustadas. 
La  rantifusa,  por creer en el amor, quedó destrozada.   Cada vez que nos encontrábamos   lloraba a moco tendido.
Su hermana Marina, dos años menor,  pasó a ser la preferida de los papis. Ella no los iba a desilusionar: iba a  llegar virgen  al altar.
****
 EL NIÑO QUE FUI. . Yo llegué a este mundo, sin haberlo solicitado,  el miércoles  22 de octubre de 1941, pesando algo más de los  cuatro quilos.  Mis Padres me recibieron llorando.
 Nunca supe si fue de felicidad o por las malas noticias que llegaban del infierno europeo, en  un   año en el  que   los hornos de  los campos de concentración trabajaban a destajo. Fui el segundo Rabín: MI PRIMO MARCOS, el  colorado,   había nacido dos años antes.
MI MADRE  prácticamente no gozó de su sexualidad. MI PADRE no necesitó más que una eyaculación para embarazarla. 
Yo  no quería salir, estaba más que confortable en la panza de Mi Madre. La  partera  utilizó unos fórceps  con tan poca ductilidad que me hundió el  parietal  derecho  y la parte posterior de  la croqueta del mismo lado. El mío fue un parto tóxico que derivó en un asma crónico.  Después   tuve una infección intrahospitalaria: mi cabeza se llenó  de furúnculos.  Me llevaron  al  afamado  pediatra  mendocino Florencio Escardó (n. 1904) quien con una serie de microcirugías me  limpió los abscesos.
¡Pobre de mí!  Me volvían  a acuchillar mientras me estaba reponiendo de la  circuncisión. 
MIS PADRES me inscribieron en el Registro Civil, como Jacobo Saúl, por  el  hermano de Aarón que había  fallecido meses  antes que yo llegara a este mundo. Es una manera que tienen los hebreos de honrar a sus muertos. 
Con  JACOBO,  no necesité averiguar quién era un antisemita: se ponían en fila  para hacérmelo saber.   En  la Escuela Primaria  me  fue muy duro.    Mis compañeros  me gritaban: “Jacoibo, judío de mierda,  pija recortada; asesino  de  Cristo, ándate  del país.”
Yo no entendía por qué  tanta agresión;   por esta misma razón yo sufría mucho más.  
En los países anglosajones y en muchos de Latinoamérica  Jacobo es un nombre sumamente popular entre los cristianos.
En la Secundaria  la pasé mejor, quizá porque  dejó de importarme que  se me imputaran  delitos que yo no había cometido.
Yo me  sentía muy feliz cuando descubría que había alguien que llevaba  mi mismo nombre. Quizá por eso admiré al  militar guatemalteco Jacobo Arbenz, (n. 1913), quien fue un  iluso cuando trató de  terminar con los monopolios que agobiaban a su país.  
Fue depuesto por un grupo castrense que favorecía a multinacionales. Los ideales siempre marchan en sentido contrario al gran capital.
Yo nunca   entendí por qué era  tanta la alegría que había en una familia cuando  llegaba EL  PRIMOGÉNITO. No era lo mismo cuando venía la  chancleta. 
 Para mí no fue ninguna  ganga llegar primero. Mucho menos teniendo en cuenta que me siguieron  otros dos varones, que fueron una especie de esbirros, unidos contra mí, especialmente el mediano.
Muy pocas veces se compadecieron de mí, aun sabiendo que era un  asmático crónico.
MI HERMANO, el mediano,  interpretaba el rol del nene  desvalido. Vivía acusándome de pegarle  cuando era él quien me agredía, Mis Padres me pedían que le tuviera  paciencia.  EL  MENOR,   se dejaba  dominar por el mediano. Con dos tipos en contra,   yo   llevaba las de perder.
Algo que generaba discordia entre nosotros  era cuando había que hacer un mandado. Mis Hermanos se borraban y yo quedaba expuesto a ser  el che pibe. 
A media que fui creciendo fui comprendiendo que con EL  PRIMOGÉNITO se  experimenta.  Los padres  compran cualquier   literatura que les  prometa  una crianza feliz. Cuando creen que  lo tienen   todo  bajo control, el crio se les dispara.  Y vuelven las discusiones entre los cónyuges.  Cada uno  culpa al otro del fracaso.  Y al final  la criatura es   condenada: “Está intratable.”
Hay padres que son abiertos y aceptan los  consejos de otros como el de las  abuelas. Por sus  experiencias ellas se sienten dueñas de la  verdad.
Cuando no hay abuela,  es la madrina la que aparece en escena para hacer las correspondientes correcciones. Y al final, los padres  cansados de tantas chácharas  toman una decisión salomónica: consultar al Pediatra que se supone que es el que más sabe del asunto.  Pero tampoco es cuestión de molestarlo cada vez que el borrego chilla. Y las consultas no son gratuitas. 
Las familias que son medianamente pudientes contratan una nana. Y los más pobres se libran del mayor, llevándolo  gateando a un jardín maternal.
 MI HERMANO, el mediano,  (llevaba el nombre  del abuelo materno que había  fallecido ese año),  nació el 5 de julio de 1944, cuando a mí me faltaban tres meses para cumplir los tres años.  Mi Madre lo tuvo en una clínica. No quiso volver al hospital Felipe Las Heras por lo mal que lo había pasado conmigo.
Mi relación con este hermano fue  de permanente conflictividad. No  está escrito en ningún lado que tiene que ser de otra manera.  Quizá, inconscientemente, evocamos aquellas  diferencias    bíblicas que existieron entre el rey Saúl y el profeta Samuel.                              
 “Nacemos sin una finalidad, vivimos sin comprender y morimos anonadados.” Ingmar Bergman.
“Mi cuerpo muy temprano se acostumbró a alimentarse del dolor.” Jacobo Fijman
******
Yo no me había terminado de acostumbrar a uno  cuando nació  el tercero. Fue el 9 de septiembre de 1945.  MI MADRE que no se sentía  contenida por su marido, se tomó  el  buque que  unía Concepción del Uruguay  con la Capital Federal y se fue a parir al  Hospital Durand.
Con él Mis Padres cerraron el negocio. Nunca supe si hubo algún embrión que se quedó pegado a algún bisturí.   
Carlos Durand. Médico  salteño  (n. 1826), una vez doctorado se dedicó  a la Obstetricia, continuando con una de las especialidades de su padre  Jean André Charles,   que fuera  estrecho colaborador de Rivadavia y miembro fundador de la Academia Nacional de Medicina.
Con EL TERCERO, Mis Padres creyeron que  lo iban a criar de taquito teniendo en cuenta  la experiencia acumulada.  Librado al azar,  terminó siendo un tipo tímido, carente de ambiciones, e incapaz de afrontar situaciones complicadas.  Le costó horrores cortar el cordón umbilical con su madre. Fue  el último de dejar la casa. Creo  que inconscientemente se casó con su madre, por eso se adhirió al club de los solteros. 
*****
MIS PADRES vivían  con los tiempos cambiados y  nunca se ponían de acuerdo.  Cuando Mi Padre asumió el rol de pendeviejo, Mi Madre se declaró fuera de concurso.    Se encerró entre cuatro paredes  y se dejó estar. Vestía horrible: siempre andaba con el mismo batón.  Se ponía en la cara unos afeites de fabricación casera, que ahuyentaban  a los mosquitos  a diez cuadras a la redonda. A mí  me revolvía  el estómago.  A ella no le importaba. 
La única  foto que conservo  de MI MADRE, medianamente   presentable, es una que nos tomamos cuando vino a visitarnos un  tío suyo  que residía  en Montevideo.    Mi Padre  faltó a la cita, según él, por exceso de  de trabajo. Una cantilena harto conocida.
El tío  uruguayo tenía una hija a la que conocí  en el  casamiento de Mi Prima FLORINDA. Ella vivía  en la ciudad uruguaya de Paysandú (fundada en 1749). Fue un parentesco de apenas un par de  horas. Nunca más pude  contactarme  con ella  ni con su padre. Tampoco  me buscaron.
El comedor   no cumplía con su función específica porque  eran pocas las  visitas y los que venían eran atendidos  en el hall o en la cocina. Su mobiliario consistía en  una mesa que se desplegó  en contadas oportunidades; una cómoda donde se guardaban  manteles y libros;  y una vitrina  donde estaban las  copas, platos y cubiertos que solamente se utilizaban en los  días festivos.
AARÓN,  que  era friolento,  dormía con una boina negra y se tapaba con un  cobertor  de dos plazas (relleno de pluma de ganso), que era muy abrigado.                                                          
El dormitorio tenía dos puertas: una, que nunca se cerraba,  era la que comunicaba con el  salón comedor. La otra, daba al jardín. Había  un enorme ventanal  hacia la  calle. El lecho  matrimonial tenía a ambos lados   sus respectivas   mesitas de luz. Además, estaban las camas de los hijos: tenían una  estructura de hierro.  Un enorme  ropero completaba el  moblaje. 
Sobre la puerta que daba al jardín había una banderola que filtraba la luz solar la  que se reflejaba sobre una pared. De acuerdo a  su  trayectoria yo sabía cuando podía llamar a MI MADRE  para que liberara de la tan indeseada siesta.  Todas las piezas tenían pisos de  parquet. Más de una vez me imaginé que levantando algunos  listones  me iba a encontrar con un fabuloso tesoro.
Yo siempre me consideré una buena persona. Yo me daba cuenta cuando obraba mal, Yo mismo trataba de corregirme. Creo que viví de los arrepentimientos más de lo debido. 
Una sola vez fui malo de verdad, pero fue porque se me mezclaron varias sensaciones al mismo tiempo. Mi primo MARCOS me vino  a buscar para irnos juntos a la Sociedad hebrea aprovechando que  nuestras respectivas familias  habían acordado en tomar parte de la cena comunitaria con motivo de festejarse las 
Pascuas-Pesaj. Nos íbamos a adelantar  para darnos tiempo para  jugar con otros chicos.
Yo estaba en el dormitorio  a medio vestir. Marcos me pidió que le abriera el  ventanal del balcón. Cuando pegó el salto para entrar se  me cruzó el diablo y  empujé una de sus  hojas.  Con una de sus rodillas reventó un  vidrio. Se hizo  un tremendo  desgarro que de pura casualidad no le afectó  los tendones.    
No  alcanzaban los trapos para detener la hemorragia. Mi Padre lo llevó de urgencia a una clínica donde tuvo que comerse un  largo zurcido.
Él  nunca se imaginó que semejante herida no fue un accidente sino producto de un acto artero de mi parte. Lo peor de todo que no sentí  remordimiento alguno. Quizá porque me estaba vengando por  todos los  juguetes que yo le prestaba y él  me los rompía. O  aquella  vez que me dio de  comer un ají que me quemó hasta la garganta; o cuando me dio de tocar una plantita de ortiga. Yo saltaba del ardor  y  él gozaba con mi sufrimiento.
Un año después  tuve mi propio castigo: me caí en la vereda de casa y  con mi rodilla golpeé sobre una baldosa rota. Me hice un  tajo enorme; solo que no hizo falta suturar.   
Me quedó  una  marca que me recuerda todo  lo malo que fui con Marcos.
VIOLENCIA DOMÉSTICA.  Las discusiones entre  Mis Padres  era moneda  corriente.  Para los hijos, un ambiente familiar  hostil no  resulta para nada agradable. El único desborde con signos de violencia física que yo presencié fue cuando Mi Padre  le lanzó un plato de loza a Mi Madre: afortunadamente  no dio en el blanco. 
EMMA estaba enyesada de una pierna. Se la había  fracturado  cuando se le cayó   un banco de piedra que había en el  Balneario Municipal.    
Mi Madre se movilizaba con mucha dificultad. Mi Padre, como muchos hombres, se volvía  loco por  tener que ayudar a su mujer en los quehaceres doméstico.  Estaba  tan  desquiciado que cualquier cosa lo irritaba.  
Y un mediodía a Aarón  se le saltó la térmica y le arrojó  el plato a Emma. 
Mi Madre, con toda la rabia acumulada tomó una navaja, no para matar a su marido, sino para quitarse el  yeso. Como no  hay  mal que por bien no venga,  la zona de la fractura se  le  había infectado.  Tuvo que someterse a un largo y doloroso proceso  para curar la parte necrosada. 
La única vez que vi  Mi Padre llorar por Mi Madre, fue cuando ella viajó a la Capital Federal, para  operarse de la vesícula. La cirugía estuvo a cargo  del eminente cirujano  y político socialista Enrique Dickman (n. 1874 en los EE.UU.)  Me sorprendió  lo sensible que estaba Mi Viejo. Puede ser que se quebró al imaginarse viudo y cargando con sus tres purretes. Por suerte Mi Madre volvió sana y salva. 
En ausencia de Mi Madre,   para  evitar todo conflicto familiar,  me apunté para ser el cocinero  de   los mediodías. Mi Padre se encargaría de  la cena.
En  mi debut preparé unos fideos moños. Creo que me comí la mitad de la olla probando para que no se me pasaran. El problema se me presentó cuando los colé: los moños  se me cayeron a la pileta. Los junté lo mejor que pude  y los recalenté.  Le agregué aceite de oliva  y queso de rallar.  Mis Hermanos comieron los fideos bajo protesta. Se le quejaron a  Mi Padre porque habían encontrado  ciertos  cuerpos extraños. Seguramente eran   residuos de otros alimentos  que estaban en la pileta y se habían  pegado  a los moños. 
De inmediato fui cesanteado. Esa misma tarde  Aarón fue a buscar a Ángela,  la  Sorda. Ni bien ella llegó la jauría se calmó. Y a Mi Padre le vino bien porque se salvó de prepararnos la cena.
 Cuando  Mi Madre volvió de la operación,  Mi Padre le compró un lavarropas Bendix que tenía  dos rodillos escurridores en su parte superior. El aparato tenía tal potencia que para evitar que se fuera a pasear se lo atornilló  al piso.  
Después le trajo   una licuadora Osterizer (se comenzó a fabricar en los EEUU a partir de 1946), que tenía su  base de acero y el vaso era de un material irrompible. Cuando se lo encendía daba  la sensación que en cualquier momento tomaría vuelo.
Mi Madre, para llevarle la contra su marido,  siguió lavando la ropa a mano.
Yo era el que más jugo le sacaba a la licuadora con mis licuados de leche con  banana.
*****
LAVARROPAS. En 1782, H. Sidgier diseñó un artefacto operado a mano, compuesto por un tonel de madera y una manivela. En 1851 el norteamericano James King   patentó el lavarropas con tambor y, en 1858, Hamilton Smith añadió al tambor la rotación en ambos sentidos. En 1880 aparecen los primeros lavarropas que calientan el agua mediante gas o carbón.

NO SOY FAMOSO PERO TENGO COSAS QUE DECIR (5)


  Contaré mi vida antes que la parca se anticipe.
********
MI MADRE Y SUS HERMANAS (continuación).
MI TÍA LA MENOR no se distinguía tanto por su físico (era ancha de caderas), sino por la belleza de su rostro, donde relumbraban sus tremendos ojos violetas. Tenía un cierto parecido a la actriz inglesa Elizabeth Taylor (n. 1932), aunque nada que ver con la niña prodigio de Hollywood que vivió coleccionando maridos.
Esta TÍA era muy pegada a Mi Madre. Vivió un tiempo en Concordia ayudándola en mi crianza. Según Mi Tía, yo era tremendamente caprichoso a la hora de comer.
ROSITA, aburrida de mis berrinches diseñó una estrategia: ella había notado que yo le ponía toda mi atención a una canción que se oía todos los mediodías a través de una emisora uruguaya. Era una especie de separador previo al informativo de las doce. La música en cuestión era DIOS BENDIGA AMÉRICA, del compositor ruso de origen hebreo Irving Berlin (Israel Baline n. 1888): “Dios bendiga a América, la tierra que amo,/ Estar al lado de ella y su guía/ A través de la noche con una luz desde arriba .”
BERLIN también compuso una de las canciones emblemáticas de los cristianos: La Navidad Blanca.
MI TÍA simulaba que le hablaba al receptor. Pedía por mi canción favorita y yo consentía de comer sin chistar.
MI TÍA estuvo deambulando un tiempo entre nuestra casa y la de su hermana mayor. Después se alquiló un departamento en el barrio de Congreso, compartiendo el piso con la actriz LAURA HIDALGO (Pesea Fieman, n. 1927 en la ciudad moldava de Besarabia). Finalmente pescó marido en un encuentro de solos y solas que organizaba el club Hebraica.
El ESPOSO DE MI TÍA ROSITA, había nacido en la ciudad entrerriana Basavilbaso (en homenaje a un ex gobernador entrerriano Clemente B., n .1841). Había enviudado cinco años después de casarse. Tenía una niña de tres años. Daba toda la apariencia de ser un porteño de ley. Iba siempre trajeado.
Él tenía un hermano que se había recibido de Odontólogo en Córdoba. Y dos hermanas, a mi gusto, feúchas quienes lograrían casarse después de una intensa búsqueda.
Yo estaba en la casa de MI TÍA LA MAYOR, cuando su hermana le presentó a su futuro esposo.
La novia, que era una loca de la limpieza, le sacó brillo al viejo caserón como para que se viera medianamente presentable a los ojos del novio.
MI PRIMA y yo apenas si alcanzamos a saludar a nuestro futuro tío. Enseguida nos mandaron a jugar al patio. No era cuestión que dijéramos algo impropio y quemáramos el asado. Nos podían llegar a matar.
EL FUTURO TÍO era un tipo fornido, bigotudo, una abundante cabellera que mantenía ordenada a fuerza de gomina. Usaba lentes de manera permanente porque era chicato. Trabajaba en una empresa textil. Era el encargado de las
ventas al por mayor. A veces viajaba por la Provincia de Buenos Aires para visitar a los clientes que merecían ser distinguidos por el volumen de sus compras.
El dinero que ganaba no daba como para tirar manteca al techo, pero lo
suficiente como para mantener a cinco mujeres: esposa, tres hijas y a la suegra materna que se había ido a vivir con ellos.
Se casaron el viernes 5 de enero de 1951. Esta fecha fue elegida para que el
hermano del novio, MATIAS, el odontólogo, pudiera asistir a la boda ya que dos semanas después hacía aliá (emigraba) a Israel: estaría entre los fundadores del KIBUTZ MEFALSIM, y el primer odontólogo del Neguev.
La noche del casorio el cielo estaba totalmente estrellado. Fue una reunión íntima en el patio del caserón. Yo estuve en representación de mi familia de Concordia.
Me senté en una mesa aparte con mi prima FLORINDA y VIRGINIA, la hija del flamante tío.
Como la heladera de MI TÍA era un pequeño cajón que apenas si enfriaba, las bebidas fueron colocadas en la bañera, recubriéndolas con barras de hielo.
En marzo de ese mismo año Mi PADRE revolucionó nuestra casa cuando compró una heladera eléctrica Westinghouse. Nuestro repartidor de hielo de tantos años, perdía un cliente.
Sin embargo, MI PADRE nunca se pudo desprender de su vieja vasija de arcilla. Decía que la frescura y el sabor del agua que se almacenaba en ella, eran irremplazables.
--------
HELADERA. “En 1912 mientras trabajaba como labrador, Clarence Birdseye, fue el primero en usar el frío para conservar los alimentos rociándolos con un líquido que circulaba a unos 40 grados bajo cero.” Yo acompañé a MI TIO a despedir a su hermano la noche que éste viajó a Israel.
La Dársena de Puerto Nuevo reventaba de amigos y familiares de los distintos grupos que hacían emigraban.
El trasatlántico Conde Biancamano, construido en 1925, más que un buque de ultramar se parecía a un crucero turístico, de esos que se veían en las películas: estaba totalmente adornado con luces y cintas multicolores.
Cinco años después, este mismo barco de bandera italiana transportaría el cadáver de EVA PERÓN a Italia. Un secuestro ordenado por el Gobierno militar que había derrocado a su esposo
A Evita hasta muerta le temían.
El abrazo entre Mis Tíos fue realmente conmovedor, tanto así que yo lloré a la par de ellos. Como ambos tenían ojos saltones, más que lágrimas me pareció hallarme en medio de una lluvia tropical.
Ellos presentían que jamás se volverían a ver. Y así fue: al Odontólogo murió en 1963 como consecuencia de una distrofia muscular. Ocurrió un año después que yo lo fuera a visitar y dos antes que Marcos hiciera aliá.
En el mes de setiembre de 1962 vine por un día para estar con el Odontólogo en su kibutz.
A pesar de su enfermedad hizo un enorme esfuerzo como para demostrarme que aún era una persona útil. Me llevó a su consultorio para tratarme una muela cariada.
Cuando me puso el torno, más allá de mi natural pavura, sentí un mazazo en la boca: el mandril se le había escapado, raspándome la lengua. Me las aguanté con tal de no herir su orgullo. Y él se mostró muy feliz cuando dio por terminado el tratamiento.
MATIAS, se había casado con una chaqueña. Tenían una nena y un varón de cortas edades.
Su esposa me ignoró totalmente. Pienso que la futura viuda no tenía ganas de conocer a alguien que no vivía en el país y que nunca más lo volvería a ver.
Cuando murió su esposo ella guardó luto durante dos años y después se volvió a casar. La soledad en el kibutz pesaba mucho más que en la ciudad.
MIS TÍOS, recién casados, fijaron su residencia en una casa alquilada de cuatro ambientes, (tenía un pequeño en el altillo), que estaba en la calle Concordia (vaya casualidad), a metros de la avenida Mosconi, en pleno barrio de Devoto.
MI TÍA era muy hábil en el manejo de la casa. Ella cocinaba, lavaba, planchaba y cosía. Su marido se cambiaba todos los días la camisa, la ropa interior y las medias.
Ella nunca necesitó de la ayuda de nadie. Aunque contaba con la colaboración de la Bobe que se había ido a vivir con ella.
MI TÍO, el entrerriano, se levantaba a las cinco y media de la mañana para cumplir con su ritual diario: ducharse, afeitarse y ojear el diario La Nación (fundado en 1870), que lo recibía en su casa. Mientras tanto su mujer le servía el desayuno, Luego se cepillaba los dientes sin mezquinarle a la pasta dentífrica. No podía permitirse tener mal aliento. Después de mirarse por última vez en el espejo, se iba a tomar el bondi. Tenía un largo trecho hasta el laburo.
GILLETTE. En 1903 apareció la primera hojita. King Camp Gillette, creó una máquina de afeitar cuya cuchilla no necesitó ser afilaba, porque era descartable
****
A mí me gustaba ver cuando Mi Tío y Mi Padre se afeitaban. Cuando a mí me tocó rasurarme lo mío fue un calvario: el acné había convertido a mi rostro en un campo de batalla lleno de víctimas. Debía tener siempre a mano un lápiz coagulante para detener los sangrados.
En 1967 un médico marplatense la embocó: de mis propias supuraciones me preparó unas autovacunas. En un mes estuve totalmente curado. Del doloroso pasado me quedaron algunos unos baches que no se pudieron tapar.
****
Cada vez que íbamos a visitarlos (un año viví con ellos), y Mi Tío se iba al laburo, yo bajaba del altillo donde me destinaban una cama, y me apropiaba de La Nación al que literalmente lo desguazaba. Solamente no leía sus clasificados.
MI TÍO volvía del laburo después de la siete de la tarde con el vespertino, La Razón sexta (fundado en 1905), bajo el brazo. Lo hojeaba durante el viaje y con él se quedaba dormido.
MI TÍA se quejaba, sin éxito, del poco diálogo que tenía con su esposo. Sexualmente se mostrse mostró como una mujer insatisfecha. Un karma que aquejó a las tres hermanas.
Cuando MARCOS empezaba a roncar yo entraba al dormitorio y me llevaba el diario. Y lo largaba cuando MI TÍA terminaba de limpiar la cocina: era su turno e inamovible.
MI TÍO, el entrerriano, era un niño grande: se alimentaba de revistas, de libros de aventuras y de suspenso. Él fue quien me prestó EL SABUESO DE LOS BASKERVILLE la tercera novela del escritor escocés Arthur Conan Doyle (n. 1859). A pesar de no ser un aficionado a este tipo de lectura, su historia me atrapó y lo leí hasta el final.
MARCOS nunca llegaba a su casa no sin antes pasar por la rosticería. Para mí era un festín, teniendo en cuenta que Mi Madre me tenía cortito con las comidas: yo recibía una estricta dieta ovo lacto vegetariana. Ella estaba convencida que así podía disminuir mis ataques de asma.
MI TÍO podía ser cualquier cosa menos tacaño. Se brindaba por entero por sus sobrinos. Él y su esposa, coincidían en que Mis Hermanos y yo,
vestíamos como verdaderos pordioseros. Siempre nos compraban alguna prenda. Mis Padres no se daban por aludidos.
MI TÍO me llevaba a la peluquería para que me hicieran un corte moderno, que saliera de esa costumbre que tenía Mi Madre de pelarme a cero.
Para mí fue toda una novedad el día que llamó a un lustrabotas para que le diera
brillo a mis estropeados tamangos.
MI TÍO fue quien me regaló mi primer vaquero, antes de que yo viajara a Israel en el año 1962. Se había dado cuenta que mi valija estaba muy liviana para un viaje de un año.
MIS TÍOS esperaban mucho de mí, me creían un chico capaz de hacerse una carrera universitaria. Con el tiempo los desilusioné.
En 1959 yo estaba viviendo en Mendoza porque el asma me había destrozado los pulmones. Yo le habìa escrito a VIRGINIA contándole que había robado unas hojas de carpeta de una librería, para no ir al colegio sin haber hecho los deberes. También le conté de mi arrepentimiento.
MARCOS, enterado de mi precaria situación económica, me envió un paquete con prendas tejidas para que tratara de venderlas al por mayor. El yeite era bueno. El problema era yo: nunca tuve pasta de vendedor. Se lo devolví sin siquiera abrirlo. Nunca pude superar mi miedo al “No.”
El matrimonio de MIS TÍOS tuvo un triste final. Él demostró ser un verdadero huevón. Viviendo en Israel su mujer había sido internada para extraerle un pequeño tumor cerebral. Su marido no se apartaba de su lado. Un día MI HERMANO, el mediano, también radicado en Israel, fue a visitar a la enferma al hospital. En un momento de aburrimiento el Tío se puso a alardear frente a su sobrino de sus aventuras extramatrimoniales, pensando que su mujer estaba sedada. Sin embargo, MI TÍA, dentro de su estado comatoso, lo oyó todo.
Ella mantuvo los ojos y el pico cerrados por varios meses. Los médicos estaban confundidos porque las señales cerebrales mostraban una total recuperación.
El milagro se produjo cuando su esposo falleció. MI TÍA se recuperó de inmediato. Todos coincidieron que ella se había vengado del bocón.
*****
MI ABUELA MATERNA. Era una persona de una fortaleza anímica increíble. Los dolores físicos no la doblegaban. En Europa había llevado una vida muy dura y perdió toda esperanza de ser feliz cuando llegó a la Argentina, porque no tuvo la
vida soñada. Esto no era Estados Unidos de Norteamérica. Su único consuelo fue el haber podido escapar antes que los nazis comenzaran con la limpieza étnica.
La bobe LEA, era de mediana estatura, delgada, nariz aguileña y pequeños ojos grises. Tenía una cabellera que le llegaba hasta la cintura. Su pelo entrecano se lo cepillaba meticulosamente todas las mañanas. Después, con un hábil movimiento de manos lo transformaba en un rodete. Caminaba encorvada mirando el piso, como si tratara de ocultar su rostro a la vista de los demás.
Una noche del mes de marzo de 1964 la Bobe iba a la terraza llevando una palangana con ropa sucia que pensaba lavar a mano. Trastabilló a mitad de la escalera rodando hasta el descanso. Del porrazo que se dio se lastimó un codo. Ocultó lo ocurrido hasta que el dolor la superó: se le había infectado la herida. Cuando MIS TÍOS decidieron radicarse en Israel le dijeron a Mi Madre que cuidara de la Abuela. Consideraban que no estaba física ni sicológicamente en condiciones de hacer un viaje tan largo. Lea, que no tenía un pelo de zonza, se dio cuenta que su Rosita no quería cargar con ella. Se le frustraba un sueño tan largamente acariciado: reencontrarse con sus familiares que habían escapado antes y durante la SGM. Y de un momento a otro plantó bandera: se instaló en el pasado e ignoro totalmente el presente.
Mi Padre me contó que su suegra antes de morir le dijo que él había sido el mejor de todos sus yernos. Dudo que haya sido así: ella sabía muy bien que su hija no había tenido un matrimonio feliz.
Mis Padres nacieron en Europa, se casaron en la Argentina, aquí tuvieron sus hijos y, se separaron a la vejez.

NO SOY FAMOSO PERO TENGO COSAS QUE DECIR ( 4 )


 Contaré mi vida antes que la parca se anticipe.
********
MI MADRE Y SUS HERMANAS.
EMMA ETHEL SURAWICZ, (n. 1918 en Bialystok, Polonia), fue la segunda de cuatro hermanas y la última en llegar a la ciudad de Buenos Aires donde ya residía toda su familia. Dejó Europa vía Londres cuando todo el continente apestaba a pólvora.
Viajó en el trasatlántico Conte Grande. Me contó que el buque no pudo reabastecerse en Barcelona porque en la ciudad condal se estaban librando duros combates entre nacionalistas y republicanos. Hasta le pareció que las aguas del Mediterráneo estaban teñidas de rojo.
---------
BARCELONA. “Los primeros testimonios de población humana se remontan a unos 4000 años atrás, a fines del neolítico (2000 a 1500 a.C.). De los siglos VII a VI adC. Existen relatos que citan la existencia de poblados de las tribus layetanas (iberos). De esta misma época se habla de la existencia de una colonia griega (Kallipolis.)”
--------
Mi Madre era muy bonita. Tenía ojos oscuros, nariz pequeña, buenos pechos y mejores gambas. En su adolescencia había integrado el equipo de gimnastas de su colegio.
Mi Abuelo GODOLIA era profundamente religioso, o sumamente vago, como me lo describió su sobrina Lea a quien conocí en Israel: “En Polonia se la pasaba todo el día rezando mientras mi tía ( también Mi Abuela se llamaba Lea), se deslomaba criando a sus hijas y atendiendo el pequeño almacén que tenía en su propia casa.”
A Mi Abuelo lo vi un par de veces. Tenía la barba blanca, caminaba mirando el suelo. Quizá le pesaba la frustración de haberse equivocado de continente. Aquí no estaba la América soñada. Murió cuando yo tenía dos años y medio de edad.
GODOLIA curraba en un centro religioso del barrio de Caballito, donde controlaba la Kashrut: (conjunto de leyes dietéticas judías que constan en el Levítico uno de los cinco libros de la Biblia), de las aves, el pescado y la carne vacuna que debían ser sacrificados de acuerdo al ritual que establece la fe judía. Lo que él ganaba apenas si alcanzaba para alimentar a la familia.
La abuela Lea estaba inmersa en los quehaceres domésticos. Sin idioma y sin profesión no podía aspirar a ningún trabajo.
Ante este panorama desolador, económicamente hablando, Mi Madre salió a buscar el mango. Lo consiguió en una fábrica de chocolate.
Un día, alguien forzó su taquilla y le robó el quitasol, regalo de su intima amiga polaca. Cuando denunció el despojo la despidieron. Se sintió humillada.
MI MADRE, si bien nunca tuvo participación alguna en política, estimaba a Evita (n. 1919), por defender a las trabajadoras.
YO CONOCÍ A EVITA. Fue durante el acto conmemorativo que por el segundo aniversario de la Independencia de Israel que se realizó en el teatro Gran Rex de la Capital Federal.
Yo había ido con Mi Tía Rosita. Había conseguido dos entradas de protocolo por ser administrativa del club Hebraica (fundado en 1926.)
La Primera Dama, en el momento que caminaba hacia el escenario con su amplió vestido me rozó el brazo izquierdo.
Evita se ubicó al lado del gran rabino de la comunidad ABRAHAM BLUM, quien era su maestro de Tanaj. A ella estaba interesada en el Antiguo Testamento. Cuando Perón fue derrocado, el sacerdote se exilió en Francia.
Mi Madre estaba enamorada de un estudiante de Abogacía. El muchacho le correspondía, solo que no pensaba casarse hasta tanto no terminara sus estudios. Emma no podía esperarlo. Las necesidades básicas apretaban
Siguiendo el ejemplo de su hermana mayor que había conseguido marido a través de una agencia matrimonial, Mi Madre dejó sus datos en el mismo lugar.
Era muy común vincularse sentimentalmente de esta manera.
Los hombres que recurrían a la casamentera—shadjente, eran aquellos que no se sentían capaces de levantarse una mina; los viudos que habían perdido el training de la conquista y querían reincidir; y los divorciados según la ley judaica.
A Mi PADRE le agarró el síndrome del viejazo cuando cumplió los treinta cuatro años de edad. Nunca le habían faltado mujeres, el tema que todas eran católicas. Casarse con una goiá era tirarse a la familia en contra. La colectividad estaba muy sensible: Europa estaba en llamas y en la Argentina sobraban los antisemitas. Mi Padre, que había descartado a todas las paisanas de Concordia, decidió buscar esposa en Buenos Aires.
Al mes de conocer a Mi Madre se casaron. No hubo traje de novia y mucho menos, luna de miel. Sólo un ágape en el caserón de Mi Tía Susana. De la familia de Concordia no vino nadie. Acompañaron al novio las primas que vivían en Buenos Aires.
Los recién casados se radicaron en Concordia, donde a Mi Madre la vida se le iría fregando y criando hijos. Nunca salió a trabajar. Tampoco a Mi Padre le interesaba que lo hiciera. Le era más cómodo tenerla cautiva en el hogar.
Mis Padres vivieron un año en una casa muy bonita de dos ambientes que habían alquilado cerca del centro. Poco antes que yo naciera les salió la oportunidad de comprar el caserón de la calle Almirante Brown. Aquí pasé mi infancia. La vivienda tenía cinco habitaciones, dos baños, un depósito y un enorme jardín. Vivíamos a una cuadra y media de Mis Tíos, los colorados, y a seis de Mi Madrina.
Entre Mis Padres había, catorce años de diferencia, también los separaba lo cultural. No era lo mismo ser de Bialistok que de Volinia. Mi Madre contaba con un inocultable orgullo: un tío suyo había convertido en museo la casa que había pertenecido al lingüista LÁZARO ZAMENHOF (n. 1859), el creador del Esperanto, un idioma que pretendió ser universal para unir a todos los pueblos.
A Mi Padre le llevó mucho tiempo darse cuenta de la inteligencia natural de su mujer. Cuando intentó remediarlo ya no había marcha atrás. Mi Madre se había ido a vivir a otro planeta. Ya no le importaba nada de lo que sucedía en su derredor.
MI PADRE, tenia una formación empírica: se jactaba de ser parte de la elite que hablaba hebreo a la perfección en Concordia.
En casa conversábamos en idish. Mis Padres habían decidido olvidar sus orígenes, siempre tenebrosos, mucho más durante la SGM.
LA MAYOR DE LAS HERMANAS DE MI MADRE era físicamente la menos agraciada de todas ellas. Siendo joven parecía una vieja. Era alta, algo flaca, encorvada, quizá por el peso de sus grandes pechos; tenía el traste chato y unas piernas como las de Olivia, la esposa de Popeye, el marino. Su pelo enrulado lo domaba haciéndose un rodete. Sus ojos eran pequeños y oscuros, opacados por la tristeza. Tenía la boca grande que la deformaba por el uso desmesurado del lápiz labial. Era como un buzón sin cartas.
En Polonia sus docentes le habían augurado un gran porvenir en las Matemáticas. El destino ignoró su talento.
Mi tía SUSANA fue la primera en saltar el cerco al aceptar al primer hombre que golpeó a su puerta. En medio de un mar de lágrimas le dio el “Sí.”
Su marido era un señor rumano, un cuarto de siglo mayor que ella. Corpulento, pelado y cojo (utilizaba un zapato especial para igualar las gambas). No debo ser tan drástico con él. Era un tipo agradable en el trato y solícito como buen comerciante. Llevaba una vida muy simple dedicada enteramente al trabajo. Una vez al año se iba por dos semanas a las termas de Carhué, (un poblado de la provincia de Buenos Aires, fundado en 1887), en cuyas aguas encontraba una cierta mejoría a su reuma crónico.
Mi Tío tenía un negocio de autopartes en el barrio porteño de Once, que lo atendía junto a su hermano Isidoro, un soltero irrecuperable que hacía una doble función: de vendedor y sereno
MI TÍO tenía una prima, a la que vi en muy contadas ocasiones. El resto de su familia pereció en los campos de concentración.
Mis Tíos vivían en un caserón que habían alquilado en la calle Franklin, entre Acoyte y Campichuelo, en el barrio de Caballito, de donde Mi Tío no se iría nunca más.
La vivienda se prestaba para ser la locación de una película de terror.
Todo se veía viejo. Las paredes tenían más parches que ropa de payaso. Tenía un altillo que parecía desmoronarse en cualquier momento. Lo mismo pasaba con su escalera metálica que estaba totalmente oxidada. El lugar más confortable de la casa era la cocina, especialmente en invierno.
Al igual que Mi Madre no se casó de blanco. Después del acto religioso a cargo de Mi abuelo Godolia (también casó a Mi Madre), hubo un almuerzo íntimo y nada más.
Desde un primer momento no compartieron la cama matrimonial, que quedó para uso exclusivo de Mi Tía.
Mi tío HERMAN tenía para sí una pequeña habitación sin ventana. Se aireaba a través de una banderola. Tenía dos puertas: una que daba a un patio enorme, totalmente descubierto, y otra que se comunicaba con el dormitorio.
Él cenaba en su pieza, nunca comía con la familia. Y también aquí recibía a Mi Tía en sus encuentros higiénicos.
Había que pedirle permiso para entrar. Su mobiliario se limitaba a un escritorio, una cama de una plaza y un sillón reclinable que le permitía descansar cuando volvía del trabajo.
Marido y mujer hablaban en idish. En cambio, con la hija lo hacían en un perfecto castellano.
HERMAN regresaba temprano del trabajo tanto en invierno como en verano.
Cuando hacía calor sacaba su sillón al patio y nos convocaba, a su hija y a mí, para que nos sentáramos a su lado. Compartía con nosotros las noticias del día y, a su vez, quería que le contáramos en qué habíamos ocupado nuestro tiempo.
Él estaba abonado al diario LA PRENSA (fundado en 1869 por el periodista y diplomático José Clemente Paz n.1842). A pesar de ser expropiado por Perón, no dejó de ser un bien cultural, ampliamente reconocido en todo el mundo.
En los años ochenta del siglo XX, fue declinando como expresión periodística para convertirse en un mamotreto que hasta el tacho de basura se sentía asqueado de verlo.
Su nuevo dueño era un tipo que se había establecido en Mar del Plata, desde donde manejaba sus múltiples empresas.
Se llamaba ALDREY IGLESIAS, a pesar de ser un analfabeto estructural, era muy lúcido a la hora de manejar sus chanchullos.
En una Feria del Libro, realizada en el Hotel Provincial de Mar del Plata, que gerenciaba el impresentable empresario coruñés, en una mesa de saldos se encontraron textos pertenecientes a la centenaria colección de La Prensa. Hubo denuncias pero nadie se dio por enterado. Era ilimitado el poder de este patrón de estancia. ,
Mis Tios tuvieron una hija. Mi prima FLORINDA sufría por no tener un hermanito Yo la consolaba diciéndole que su situación era envidiable. Que yo conocía a muchos chicos que se lamentaban por tener hermanos
MI PRIMA era una chica con mucho cerebro. No le conocí muchos amiguitos. Fue educada para ser la mejor en todo. Desde pequeña fue una ávida lectora. Tenía una biblioteca fantástica. Ella me hizo conocer a los clásicos de la literatura infantil. Mientras yo me fantaseaba con la lectura, ella analizaba un texto hasta la extenuación.
Yo pasé varios veranos en el caserón de la calle Franklin. La última vez fue en 1951.
A MI TÍA yo la volvía loca: no me podía mantener quieto en un solo lugar, todo el tiempo quería salir a pasear. No me importaba si llovía o cayeran piedras. MI PRIMA era mi aliada.
En los días desapacibles nos gustaba ir al Museo de Ciencias Naturales, fundado por el arqueólogo entrerriano Juan de Ambrosetti (n. 1865). En un hall enorme se alineaban varios esqueletos de dinosaurios hallados en suelo patagónico.
Otro museo que me fascinaba era el que estaba en el Parque Saavedra. En diferentes habitaciones se exponían distintos objetos que habían pertenecido a la Buenos Aires colonial. Había una calesita que se podía subír sin pagar. Era lenta pero estaba decorada con los medios de transportes que se habían utilizado a principios del siglo XIX.
EL PARQUE CENTENARIO estaba a pocas cuadras del caserón. Era un sitio donde se podía corretear a gusto. Aquí me sacaron mi primera foto de bebé. Yo aparecía sentado en el regazo de Mi Madre.
El JARDÍN ZOOLÓGICO, (fundado en 1888) me fascinaba porque era un lugar donde un niño podía gastar sus energías corriendo de jaula en jaula y dándole de comer a los bichos galletitas y maníes. Me atraían los monos. Soñaba con tener uno. Me tuve que conformar con el sueño.
A MI TÍA le encantaba ir al Balneario Municipal de la Costanera, por más que le significaba no poder dormir la siesta y cargar con dos diablillos. El Río de la Plata en aquel entonces no contenía las inmundicias de hoy. No había riesgo de contaminación.
El tranvía nos dejaba a algunas pocas cuadras de la playa. En el camino yo me detenía a observar LAS NEREIDAS, una de las grandes esculturas de la tucumana LOLA MORA (n. 1862); y la estatua que recordaba “al comerciante italiano LUIS VIALE (n. 1815) quien, en un acto de extrema generosidad, cedió su salvavidas a una pasajera que estaba embarazada, durante el hundimiento del vapor América, donde perecieron quince del total de sus doscientos pasajeros.”
Esta tragedia náutica ocurrió en la madrugada del 24 de diciembre de1871. Los viajeros iban a festejar la Nochebuena y la Navidad a Montevideo.
Viale fue cofundador del Banco de Italia y el Hospital Italiano.
A mí me encantaba viajar en tranvía y sentarme junto a una ventana. Me daba la sensación que la calle era una larga cinta asfáltica que corría a mi lado.
Con MI PRIMA nos peleábamos para ver quien aventajaba al otro, buscando un lugar junto a la ventana cuando el vehículo venía atestado de pasajeros.
Una vez le gané de mano e hice valer mis derechos a pesar de su furia y sus pucheros. Su madre, que le admitía todos sus caprichos, me obligó a cederle el lugar. La maldije por lo bajo y mi insulto fue escuchado por alguna fuerza poderosa.
Habían transcurrido escasos minutos cuando oí un estallido y después el grito desgarrador de Florinda. Se había desprendido la traba del ventanal y la hoja había impactado de lleno en uno de sus codos.
MI TÍA se la agarró conmigo. No me sentí afectado. Ya estaba acostumbrado que a uno le echaran la culpa de un delito que no había cometido. Millones de inocentes perdieron sus vidas a lo largo de la historia.
Nos bajamos en el HOSPITAL DURAND que no estaba lejos del caserón. El médico de Guardia le diagnosticó traumatismo y le recetó un antiinflamatorio.
En el Hospital Durand nació Mi Hermano, el menor, Y aquí me extrajeron mi primer diente de leche. Esa misma noche se lo vendí por unas pocas monedas al Ratoncito Pérez.
--------
CARLOS DURAND. Médico salteño (n. 1826), una vez doctorado se dedicó a la Obstetricia, continuando con una de las especialidades de su padre Jean André Charles, que fuera estrecho colaborador de Rivadavia y miembro fundador de la Academia Nacional de Medicina.
RATONCITO PÉREZ. Este personaje se creó a finales del siglo XIX (posiblemente 1894) y su autor fue el padre Luis Coloma (n. 1851), a quien la realeza española le pidió que le escribiera un cuento al futuro Alfonso XIII, que entonces tenía ocho años, y a quien se le había caído un diente.
---------
Siempre me gustó caminar. Me encantaba acompañar a MI TÍA a la feria callejera que se extendía por varias cuadras no lejos del caserón. Todo olía a fresco y los productos se adquirían a mitad de precio de lo que habitualmente se comerciaban en los sitios tradicionales
Mi compañía no era gratuita y Mi Tía lo sabía: el madrugón me lo gratificaba con churros (una herencia española)crocantes rellenos de dulce de leche y una taza de chocolate bien caliente. Era un placer que Mi Madre no me lo permitía porque decía que perjudicaba mi salud.
MI TÍA no era una buena cocinera. Sus menús se reducían a una sopa, un churrasco, un puré de papa, batata y zapallo; y una ensalada. El postre era una fruta de estación. En cambio, era una maestra CEBANDO MATE. Mayormente lo tomábamos cortado con leche. Este brebaje circulaba antes del mediodía y después de la siesta.
Al mate lo endulzábamos con azúcar o poniéndonos en la boca una cucharadita de dulce de leche.
Yo me desvivía por CHIMBOTE un producto de origen marplatense que comenzó a fabricarse en 1937.
MI PRIMA era la loca de los helados. Mi Madre me lo había prohibido terminantemente por mi asma. Susana no lo tomaba en cuenta. Me llevaba a la heladería que estaba a dos cuadras del caserón, cruzando la avenida Díaz Vélez. Era un local enorme, con paredes revestidas de azulejos blancos. Se parecía a una sala de hospital. Lo único que tenía de color era la lista de precios y la descripción de los gustos.
Yo era fanático del sándwich (tapas de oblea) relleno de frutilla, crema rusa y chocolate con nueces. Me cargaba servilletas de papel para no chorrearme la ropa, y me sentaba en una de las banquetas que había frente al comercio, y no me movía del lugar hasta no haber acabado con el helado.
No tomo helado desde que me fui a vivir a Mar del Plata en el año 1963. Su clima inestable no se lleva bien con mi asma; trato de evitar cualquier enfriamiento.
Una de las más extrañas experiencias que me tocó vivir en la casa de Mi Tía fue cuando vi como una víbora se deslizaba por las piernas de Florinda.
Empecé a los gritos pensando que el ofidio la iba a picar. Susana vino corriendo. Me tranquilizó diciéndome que su hija estaba largando una lombriz solitaria. Se sintió desencantada cuando vio que al parásito le faltaba la cabeza. Equivalía a que volvería a crecer.
Yo había regresado a Concordia cuando Mi Prima largó la solitaria con la cabeza incluida.
-------------
DULCE DE LECHE. Sobre sus orígenes existen varias hipótesis. Una de la más difundida que una de las esclavas de Rosas descuidó la lechada (leche azucarada que se tomaba caliente y que el Dictador acompañaba sus mates), y al pasarse en el hervor se transformó en dulce de leche.\
HELADERÍA. En el país, las primeras surgieron por iniciativa de inmigrantes italianos, transformándose, desde principio el siglo XX, en populares centros de reunión. En 1902 abrió sus puertas El Vesubio y en 1909 le siguió la tradicional Saverio.
HELADO. En su viaje por Oriente, el veneciano Marco Polo conoció una bebida congelada china.
---------
En la casa de MI TÍA yo dormía en el salón comedor donde había un sofá cama. Siendo tan miedoso alucinaba con una invasión extraterrestre. También me sugestionaban los gritos desgarradores del joven apopléjico que vivía pared de por medio. De mañana lo sacaban a la calle para que tomara aire. Un día desapareció.
Unas vecinas maliciosas decían que una hermana suya lo había envenenado para que ninguno de los dos siguiera sufriendo, aunque fuera de distinta manera.
Para ir al baño había que cruzar todo el patio cuyo techo era el cielo. Me conseguí una bacinilla para ahorrarme las caminatas nocturnas. Una vez me olvidé de esconder el orinal debajo de la cama. Cuando me levanté metí un pie en la escupidera y derramé el pis sobre el parquet. Me gané el reto de Mi Tía por haber lavado el piso con un líquido inapropiado.
No quiero exculparme, pero había que haber matado al infeliz que diseñó el caserón: poner el baño al lado de la cocina y lejos de las habitaciones.
El duchador era eléctrico. Primero se dejaba correr el agua y después se encendía el calentador. Una vez, de atropellado nomás, lo hice al revés y quemé la resistencia. Mi Tía estuvo a punto de rajarme de su casa. Reflexionó y me perdonó. En mi casa se utilizaba un termotanque. El encendido era un recipiente que se llenaba de kerosén. Más de una vez me tuve que bañar con agua fría. Esta es otra historia.
MI TÍA no podía creer que yo no utilizara champú para lavarme la cabeza y que tampoco me perfumara. Mi Madre nos enjabonaba con el jabón Sunlight, que cumplía tres funciones básicas: de desinfectante, para combatir las liendres y de anticaspa.
---------
CHAMPÚ. Deriva del inglés shampoo, palabra que data de 1762, y significaba originalmente "masajear.”
DENTÍFRICO. A fines del siglo XIX se inició su fabricación. Se le atribuye al doctor Washington Sheffield, de Connecticut, EE.UU., la idea de colocar el dentífrico en tubos flexibles.
Era tan irritante que cuando me entraba en los ojos yo aullaba como un perro maltratado.
Mi cabeza nunca necesitaba de un gran lavado. Nuestro peluquero sabía que tenía que rapar a los Tres Hermanos Rabín. Nos pasaba una maquinita glotona como si fuéramos colimbas.
A MI TÍA no le importaba si me lavaba los dientes o no. En cambio Mi Madre me marcaba de cerca, porque me sabía vago.
No sé si fue por el asma o la medicación, lo cierto que mis piezas dentarias se dañaron prematuramente.
FLORINDA se casó con un ingeniero civil. Cuando la Argentina se les puso pesada, ella y su marido levantaron campamento y se fueron a vivir a Jerusalém.
Tuvieron un casal. La última vez que vi a Mi Prima fue en 1998, en el casamiento del varón. Ella enviudó diez años después. Un tumor cerebral terminó con la vida de su marido, un flor de tipo.
En el año 1946, la tercera de las hermanas de Mi Madre, que pudo darse el gusto de casarse enamorada, murió prematuramente afectada de leucemia.
Tengo un vago recuerdo de ella. En cambio al viudo lo visité varias veces. La última vez que estuve con el TÍO JUAN fue en enero de 1950.
Después él rearmó su vida y la relación con nuestra familia se cortó definitivamente