Thursday, March 21, 2019

NO SOY FAMOSO PERO TENGO COSAS QUE DECIR (5)


  Contaré mi vida antes que la parca se anticipe.
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MI MADRE Y SUS HERMANAS (continuación).
MI TÍA LA MENOR no se distinguía tanto por su físico (era ancha de caderas), sino por la belleza de su rostro, donde relumbraban sus tremendos ojos violetas. Tenía un cierto parecido a la actriz inglesa Elizabeth Taylor (n. 1932), aunque nada que ver con la niña prodigio de Hollywood que vivió coleccionando maridos.
Esta TÍA era muy pegada a Mi Madre. Vivió un tiempo en Concordia ayudándola en mi crianza. Según Mi Tía, yo era tremendamente caprichoso a la hora de comer.
ROSITA, aburrida de mis berrinches diseñó una estrategia: ella había notado que yo le ponía toda mi atención a una canción que se oía todos los mediodías a través de una emisora uruguaya. Era una especie de separador previo al informativo de las doce. La música en cuestión era DIOS BENDIGA AMÉRICA, del compositor ruso de origen hebreo Irving Berlin (Israel Baline n. 1888): “Dios bendiga a América, la tierra que amo,/ Estar al lado de ella y su guía/ A través de la noche con una luz desde arriba .”
BERLIN también compuso una de las canciones emblemáticas de los cristianos: La Navidad Blanca.
MI TÍA simulaba que le hablaba al receptor. Pedía por mi canción favorita y yo consentía de comer sin chistar.
MI TÍA estuvo deambulando un tiempo entre nuestra casa y la de su hermana mayor. Después se alquiló un departamento en el barrio de Congreso, compartiendo el piso con la actriz LAURA HIDALGO (Pesea Fieman, n. 1927 en la ciudad moldava de Besarabia). Finalmente pescó marido en un encuentro de solos y solas que organizaba el club Hebraica.
El ESPOSO DE MI TÍA ROSITA, había nacido en la ciudad entrerriana Basavilbaso (en homenaje a un ex gobernador entrerriano Clemente B., n .1841). Había enviudado cinco años después de casarse. Tenía una niña de tres años. Daba toda la apariencia de ser un porteño de ley. Iba siempre trajeado.
Él tenía un hermano que se había recibido de Odontólogo en Córdoba. Y dos hermanas, a mi gusto, feúchas quienes lograrían casarse después de una intensa búsqueda.
Yo estaba en la casa de MI TÍA LA MAYOR, cuando su hermana le presentó a su futuro esposo.
La novia, que era una loca de la limpieza, le sacó brillo al viejo caserón como para que se viera medianamente presentable a los ojos del novio.
MI PRIMA y yo apenas si alcanzamos a saludar a nuestro futuro tío. Enseguida nos mandaron a jugar al patio. No era cuestión que dijéramos algo impropio y quemáramos el asado. Nos podían llegar a matar.
EL FUTURO TÍO era un tipo fornido, bigotudo, una abundante cabellera que mantenía ordenada a fuerza de gomina. Usaba lentes de manera permanente porque era chicato. Trabajaba en una empresa textil. Era el encargado de las
ventas al por mayor. A veces viajaba por la Provincia de Buenos Aires para visitar a los clientes que merecían ser distinguidos por el volumen de sus compras.
El dinero que ganaba no daba como para tirar manteca al techo, pero lo
suficiente como para mantener a cinco mujeres: esposa, tres hijas y a la suegra materna que se había ido a vivir con ellos.
Se casaron el viernes 5 de enero de 1951. Esta fecha fue elegida para que el
hermano del novio, MATIAS, el odontólogo, pudiera asistir a la boda ya que dos semanas después hacía aliá (emigraba) a Israel: estaría entre los fundadores del KIBUTZ MEFALSIM, y el primer odontólogo del Neguev.
La noche del casorio el cielo estaba totalmente estrellado. Fue una reunión íntima en el patio del caserón. Yo estuve en representación de mi familia de Concordia.
Me senté en una mesa aparte con mi prima FLORINDA y VIRGINIA, la hija del flamante tío.
Como la heladera de MI TÍA era un pequeño cajón que apenas si enfriaba, las bebidas fueron colocadas en la bañera, recubriéndolas con barras de hielo.
En marzo de ese mismo año Mi PADRE revolucionó nuestra casa cuando compró una heladera eléctrica Westinghouse. Nuestro repartidor de hielo de tantos años, perdía un cliente.
Sin embargo, MI PADRE nunca se pudo desprender de su vieja vasija de arcilla. Decía que la frescura y el sabor del agua que se almacenaba en ella, eran irremplazables.
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HELADERA. “En 1912 mientras trabajaba como labrador, Clarence Birdseye, fue el primero en usar el frío para conservar los alimentos rociándolos con un líquido que circulaba a unos 40 grados bajo cero.” Yo acompañé a MI TIO a despedir a su hermano la noche que éste viajó a Israel.
La Dársena de Puerto Nuevo reventaba de amigos y familiares de los distintos grupos que hacían emigraban.
El trasatlántico Conde Biancamano, construido en 1925, más que un buque de ultramar se parecía a un crucero turístico, de esos que se veían en las películas: estaba totalmente adornado con luces y cintas multicolores.
Cinco años después, este mismo barco de bandera italiana transportaría el cadáver de EVA PERÓN a Italia. Un secuestro ordenado por el Gobierno militar que había derrocado a su esposo
A Evita hasta muerta le temían.
El abrazo entre Mis Tíos fue realmente conmovedor, tanto así que yo lloré a la par de ellos. Como ambos tenían ojos saltones, más que lágrimas me pareció hallarme en medio de una lluvia tropical.
Ellos presentían que jamás se volverían a ver. Y así fue: al Odontólogo murió en 1963 como consecuencia de una distrofia muscular. Ocurrió un año después que yo lo fuera a visitar y dos antes que Marcos hiciera aliá.
En el mes de setiembre de 1962 vine por un día para estar con el Odontólogo en su kibutz.
A pesar de su enfermedad hizo un enorme esfuerzo como para demostrarme que aún era una persona útil. Me llevó a su consultorio para tratarme una muela cariada.
Cuando me puso el torno, más allá de mi natural pavura, sentí un mazazo en la boca: el mandril se le había escapado, raspándome la lengua. Me las aguanté con tal de no herir su orgullo. Y él se mostró muy feliz cuando dio por terminado el tratamiento.
MATIAS, se había casado con una chaqueña. Tenían una nena y un varón de cortas edades.
Su esposa me ignoró totalmente. Pienso que la futura viuda no tenía ganas de conocer a alguien que no vivía en el país y que nunca más lo volvería a ver.
Cuando murió su esposo ella guardó luto durante dos años y después se volvió a casar. La soledad en el kibutz pesaba mucho más que en la ciudad.
MIS TÍOS, recién casados, fijaron su residencia en una casa alquilada de cuatro ambientes, (tenía un pequeño en el altillo), que estaba en la calle Concordia (vaya casualidad), a metros de la avenida Mosconi, en pleno barrio de Devoto.
MI TÍA era muy hábil en el manejo de la casa. Ella cocinaba, lavaba, planchaba y cosía. Su marido se cambiaba todos los días la camisa, la ropa interior y las medias.
Ella nunca necesitó de la ayuda de nadie. Aunque contaba con la colaboración de la Bobe que se había ido a vivir con ella.
MI TÍO, el entrerriano, se levantaba a las cinco y media de la mañana para cumplir con su ritual diario: ducharse, afeitarse y ojear el diario La Nación (fundado en 1870), que lo recibía en su casa. Mientras tanto su mujer le servía el desayuno, Luego se cepillaba los dientes sin mezquinarle a la pasta dentífrica. No podía permitirse tener mal aliento. Después de mirarse por última vez en el espejo, se iba a tomar el bondi. Tenía un largo trecho hasta el laburo.
GILLETTE. En 1903 apareció la primera hojita. King Camp Gillette, creó una máquina de afeitar cuya cuchilla no necesitó ser afilaba, porque era descartable
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A mí me gustaba ver cuando Mi Tío y Mi Padre se afeitaban. Cuando a mí me tocó rasurarme lo mío fue un calvario: el acné había convertido a mi rostro en un campo de batalla lleno de víctimas. Debía tener siempre a mano un lápiz coagulante para detener los sangrados.
En 1967 un médico marplatense la embocó: de mis propias supuraciones me preparó unas autovacunas. En un mes estuve totalmente curado. Del doloroso pasado me quedaron algunos unos baches que no se pudieron tapar.
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Cada vez que íbamos a visitarlos (un año viví con ellos), y Mi Tío se iba al laburo, yo bajaba del altillo donde me destinaban una cama, y me apropiaba de La Nación al que literalmente lo desguazaba. Solamente no leía sus clasificados.
MI TÍO volvía del laburo después de la siete de la tarde con el vespertino, La Razón sexta (fundado en 1905), bajo el brazo. Lo hojeaba durante el viaje y con él se quedaba dormido.
MI TÍA se quejaba, sin éxito, del poco diálogo que tenía con su esposo. Sexualmente se mostrse mostró como una mujer insatisfecha. Un karma que aquejó a las tres hermanas.
Cuando MARCOS empezaba a roncar yo entraba al dormitorio y me llevaba el diario. Y lo largaba cuando MI TÍA terminaba de limpiar la cocina: era su turno e inamovible.
MI TÍO, el entrerriano, era un niño grande: se alimentaba de revistas, de libros de aventuras y de suspenso. Él fue quien me prestó EL SABUESO DE LOS BASKERVILLE la tercera novela del escritor escocés Arthur Conan Doyle (n. 1859). A pesar de no ser un aficionado a este tipo de lectura, su historia me atrapó y lo leí hasta el final.
MARCOS nunca llegaba a su casa no sin antes pasar por la rosticería. Para mí era un festín, teniendo en cuenta que Mi Madre me tenía cortito con las comidas: yo recibía una estricta dieta ovo lacto vegetariana. Ella estaba convencida que así podía disminuir mis ataques de asma.
MI TÍO podía ser cualquier cosa menos tacaño. Se brindaba por entero por sus sobrinos. Él y su esposa, coincidían en que Mis Hermanos y yo,
vestíamos como verdaderos pordioseros. Siempre nos compraban alguna prenda. Mis Padres no se daban por aludidos.
MI TÍO me llevaba a la peluquería para que me hicieran un corte moderno, que saliera de esa costumbre que tenía Mi Madre de pelarme a cero.
Para mí fue toda una novedad el día que llamó a un lustrabotas para que le diera
brillo a mis estropeados tamangos.
MI TÍO fue quien me regaló mi primer vaquero, antes de que yo viajara a Israel en el año 1962. Se había dado cuenta que mi valija estaba muy liviana para un viaje de un año.
MIS TÍOS esperaban mucho de mí, me creían un chico capaz de hacerse una carrera universitaria. Con el tiempo los desilusioné.
En 1959 yo estaba viviendo en Mendoza porque el asma me había destrozado los pulmones. Yo le habìa escrito a VIRGINIA contándole que había robado unas hojas de carpeta de una librería, para no ir al colegio sin haber hecho los deberes. También le conté de mi arrepentimiento.
MARCOS, enterado de mi precaria situación económica, me envió un paquete con prendas tejidas para que tratara de venderlas al por mayor. El yeite era bueno. El problema era yo: nunca tuve pasta de vendedor. Se lo devolví sin siquiera abrirlo. Nunca pude superar mi miedo al “No.”
El matrimonio de MIS TÍOS tuvo un triste final. Él demostró ser un verdadero huevón. Viviendo en Israel su mujer había sido internada para extraerle un pequeño tumor cerebral. Su marido no se apartaba de su lado. Un día MI HERMANO, el mediano, también radicado en Israel, fue a visitar a la enferma al hospital. En un momento de aburrimiento el Tío se puso a alardear frente a su sobrino de sus aventuras extramatrimoniales, pensando que su mujer estaba sedada. Sin embargo, MI TÍA, dentro de su estado comatoso, lo oyó todo.
Ella mantuvo los ojos y el pico cerrados por varios meses. Los médicos estaban confundidos porque las señales cerebrales mostraban una total recuperación.
El milagro se produjo cuando su esposo falleció. MI TÍA se recuperó de inmediato. Todos coincidieron que ella se había vengado del bocón.
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MI ABUELA MATERNA. Era una persona de una fortaleza anímica increíble. Los dolores físicos no la doblegaban. En Europa había llevado una vida muy dura y perdió toda esperanza de ser feliz cuando llegó a la Argentina, porque no tuvo la
vida soñada. Esto no era Estados Unidos de Norteamérica. Su único consuelo fue el haber podido escapar antes que los nazis comenzaran con la limpieza étnica.
La bobe LEA, era de mediana estatura, delgada, nariz aguileña y pequeños ojos grises. Tenía una cabellera que le llegaba hasta la cintura. Su pelo entrecano se lo cepillaba meticulosamente todas las mañanas. Después, con un hábil movimiento de manos lo transformaba en un rodete. Caminaba encorvada mirando el piso, como si tratara de ocultar su rostro a la vista de los demás.
Una noche del mes de marzo de 1964 la Bobe iba a la terraza llevando una palangana con ropa sucia que pensaba lavar a mano. Trastabilló a mitad de la escalera rodando hasta el descanso. Del porrazo que se dio se lastimó un codo. Ocultó lo ocurrido hasta que el dolor la superó: se le había infectado la herida. Cuando MIS TÍOS decidieron radicarse en Israel le dijeron a Mi Madre que cuidara de la Abuela. Consideraban que no estaba física ni sicológicamente en condiciones de hacer un viaje tan largo. Lea, que no tenía un pelo de zonza, se dio cuenta que su Rosita no quería cargar con ella. Se le frustraba un sueño tan largamente acariciado: reencontrarse con sus familiares que habían escapado antes y durante la SGM. Y de un momento a otro plantó bandera: se instaló en el pasado e ignoro totalmente el presente.
Mi Padre me contó que su suegra antes de morir le dijo que él había sido el mejor de todos sus yernos. Dudo que haya sido así: ella sabía muy bien que su hija no había tenido un matrimonio feliz.
Mis Padres nacieron en Europa, se casaron en la Argentina, aquí tuvieron sus hijos y, se separaron a la vejez.

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