Sunday, April 26, 2020

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE DECIR (17)


MI VIDA Y SUS INFIERNOS.

Contaré mi vida antes que la parca se anticipe


En  la  pensión mendocina donde yo vivía alejado de mi familia por el asma,   los  cafishios y  las meretrices   eran  tangueros  fanáticos.
De todos ellos   sobresalía   Raúl Rodríguez quien  llegó a ser cantor profesional, hasta que el pucho acabó con su voz.
Compuso dos canciones que una vez   publicó la  revista El Alma que Canta.
Rodríguez  me  llevó  a escuchar a su  amigo  el porteño HÉCTOR MAURÉ (Vicente José Falivene n. 1920), durante su actuación  en el club Andes Talleres.
Gracias  al tanguero de la pensión pude conocer  al eximio guitarrista oriundo de Zárate, Adolfo Berón (n. 1915), integrante de una prolífica familia de artistas: las cancionistas Elba y Rosita y   los cantores Raúl y José.
En el año 1982,  Adolfo  actuó en Mar del Plata. Fui a escucharlo  acompañado por otro tanguero de ley,   Paco Martínez, que era vecino mío y mi  jefe en la edición  vespertina   del diario El  Atlántico, en una época  que yo  estaba dedicado de lleno al Periodismo.
  Una noche de verano de 1960 fui por  las mías   al club   Pacífico de Mendoza   a escuchar a la  gran orquesta típica de Juan D’Arienzo  (n. 1900),   popularmente conocido como el “Rey del Compás”. Su vocalista era el fenomenal   Mario Bustos  (Nazareno Álvarez n.1924.)
En marzo de 1995, en el cierre de mi  actividad como periodista gráfico,  entrevisté
en Mar del Plata al pianista, compositor y director  de orquesta, el fabuloso OSVALDO PUGLIESE (n. 1905).  Creo que fue la última entrevista que concedió, unos meses antes de morir,  a los noventa años de  edad.
Entre las cancionistas,  mi preferida fue  la bellísima y prematuramente fallecida  santafesina ROSANNA FALASCA (n. 1953), dueña de una voz fantástica.  Un cáncer terminó con su promisoria carrera cuando recién había cumplido   veintinueve  años de edad.

Era un niño cuando me sentí cautivado por  “El Rey del falsete”, el  mejicano MIGUEL ACEVES MEJÍA (n. 1915).  Sus canciones tuvieron una   enorme difusión, lo mismo que su vida privada: se casó con una argentina  y desarrolló una gran amistad con el expresidente Perón.
De su cancionero quedaron impresas en mi memoria para siempre: La malagueña, El jinete,  Ella y El preso número nueve.
Después vinieron  otras voces que formaron parte de mi vida romántica, cuando  el amor estaba por descubrirse:   los mexicanos Pedro Infante (n. 1917)  y  Javier Solís (n. 1931); el cubano Fernando Albuerne (n. 1920); el chileno Lucho Gatica (Luis Enrique Gatica García n.1928) y   el argentino Mario Clavell, (n. 1922.),  conocido como  “El Chansonnier de América.”
EL  BOLERO es una  expresión musical surgida en  Cuba.   En 1886   se conoció la primera canción escrita en este ritmo: “Tristezas”, compuesta por el  guitarrista y  compositor  José Pepe Sánchez (n.1856), quien además, es considerado el padre de los trovadores cubanos.
Entre mis boleros preferidos  están los que  compuso el  mexicano  Roberto Cantoral, (n. 1935): La Barca, Regálame esta noche y El Reloj.
En Mar del Plata, presencié   un show de ese grupo conocido como  LOS CINCO LATINOS, donde gravitaba la increíble voz de la única mujer del grupo: Estela Raval (Palma Nicolina Ravallo n.1935);  pero, en materia de preferencias me inclino  con la   formación estadounidense, Los Plateros, surgida en 1951. Todos sus integrantes eran negros: cuatro varones y una mujer (Zola Taylor), quienes lograron  dominar el mercado discográfico gracias a melodías tales  como:    Sólo Tú,  Mi Oración, El Gran Impostor  y Dieciséis Toneladas.
 En el rango de voces foráneas rescato, entre otros,  al cantante  pop, pianista y compositor  estadounidense de origen hebreo NEIL SEDAKA (n. 1939);  al cantante, compositor y actor canadiense de origen libanés, Paul Anka (n. 1941), quien  revolucionó el mercado discográfico con: Corazón estúpido,  ¡Oh! Carol y Diana,   dedicado a una antigua niñera.

Mi gran ídolo fue,  sin lugar a dudas, ELVIS AARÓN PRESLEY (n. 1935),   [el elelconocido como el  “Rey del Rock.”
En el año 1958 en el cine Ópera de Mendoza vi una de las películas  que protagonizó  el oriundo del Estado de Misisipi: El Rock de la cárcel.
Leí una pequeña biografía  suya que  comienza cuando estando bajo bandera  es enviado  a una base  militar estadounidense en Alemania, donde  conoce  a su futura esposa  PRISCILLA ANN-BEAULIEU (n. 1945),   y madre de su única hija.

Nunca me gustó  amontonarme   para presenciar un espectáculo musical. Sin embargo,  tuve algunas experiencias  casuales que   me resultan  imposibles de olvidar.
Un día a la salida del Colegio  decidí dar una vuelta por el centro mendocino  antes de regresar a la pensión.  Al pasar por los estudios de la radio    LV10,  vi un  enorme afiche  que anunciaba la presencia en vivo de  un  cantante chileno: un  tal HÉCTOR ROSAMEL ARAYA (n. 1936),  acompañado por el grupo Los Playeritos.  Entré. Éramos un puñado de curiosos   que ocupaba el pequeño auditorio.
La voz de Rosamel era   aflautada.  Vestía lastimosamente: el  saco y el  pantalón, parecían   destinados a distintos cuerpos: la prenda de arriba le iba muy chica y a la  de abajo le sobraba por todos lados.
Me sentí identificado con él. Yo también me vestía como un zaparrastroso.
En este mismo auditorio   escuché  al eximio   ejecutante de armónica el santiagueño HUGO DÍAZ (n. 1927). No había que ser un entendido parasensibilizarse con su  música.   Tocaba como  los dioses.   A  los veintidós años formó su primer conjunto  siendo su vocalista su esposa Victoria, hermana, del  famoso percusionista, el también santiagueño Domingo Cura (n.1929.)
A una semana de la Navidad de 1959 en Mendoza  diluviaba como si se avecinara el fin del mundo. Las acequias se habían desbordado.   Daba miedo salir a la calle. Sin embargo, no me iba a perder la presentación del al legendario  TRÍO LOS PANCHOS quienes con su formación original iban a  actuar en Radio Libertador.
Tomé coraje y salí a la calle. A poco de caminar le erré a una cuneta y me hundí  en una acequia.  Cuando entré a la emisora chorreaba de arriba y de abajo. Y así me pasé casi dos horas   escuchando al mexicano José de Jesús Chucho Navarro  (n. 1913),  al puertorriqueño   Hernando Avilés (n. 1914) y al otro azteca Alfredo Güero Gil, (n. 1915.)
De la alegría que tenía la mojadura no me afectó, como si me hubiera inmunizado.
En el idioma de los galos me coparon   tres cantantes   hasta el fanatismo: EDITH  PIAF (Edith Giovanna Gassion n. 1915);  GEORGES BRASSENS (n. 1921) que nació mi  mismo día   solo que  veinte años antes; y JACQUES BREL  (n. 1929.)
De   la Piaf, coleccioné  discos, vi dos películas biográficas y una obra de teatro.
A Brassens  lo descubrí  en el film Las puertas lilas (1957), dirigida por el cineasta y escritor francés René Clair (René Chomette n.  1898.)
En  1998 vi un programa    dedicado totalmente  a Brel. Esto   renovó   mí interés   por este cantante y compositor muerto antes de cumplir los cincuenta años de edad a causa de un cáncer de pulmón.
Está  enterrado en la Polinesia Francesa, a pocos metros de la tumba del pintor parisino Paul Gauguin (n. 1848.)

En el Tercer año de la Secundaria,   me  amisté con el traga de la clase.  Yo iba a su casa para que me ayudara en Física y Matemáticas, mi Talón  de Aquiles durante el Bachillerato.
En vez de estudiar me  pasaba escuchando su  colección  sobre la historia del  jazz que había editado  Reader's Digest.
Unos  años más tarde me compré  de la misma editorial colecciones   del    clarinetista estadounidense de origen hebreo, Benny Goodman,  (Benjamín David  n. 1909); y  del compositor y director de orquesta, el también estadounidense,

GLENN MILLER (n. 1904),  autor de la canción más reproducida en la historia de los EE.UU.: Serenata a la luz de la luna.
No declina mi emoción   cada vez que escucho ¡Qué Mundo Maravilloso--What a wonderful world!, un himno y un antídoto contra el racismo de los autores  Bob Thiele y George David Weiss,    para el lucimiento del trompetista  LOUIS  ARMSTRONG (n.1901), conocido como  “El gigante de News Orleans.” Esta canción forma  parte de   la banda de sonido de la película  Buenos Días Vietnam.
En mi infancia no todo era música culta.  Vale como  ejemplo  el  yanqui descendiente de sicilianos NICOLA PAONE  (n. 1915), quien trascendió a escala mundial y  particularmente   en la  Argentina con solo   tres composiciones muy livianas: Ué  paisano (la más popular), La cafetera y Señora maestra.
Paone se retiró muy joven de la actividad musical para dedicarse de lleno a la gastronomía: abrió  un restaurante de comidas italianas  en la Gran Manzana.
Hubo otras canciones que se fueron con mi   adolescencia: La Adelita, La Cucaracha  o  Mambrú se fue a la guerra.
Mi Padre   me hablaba con admiración  de dos cantantes italianos  de una enorme calidad vocal: el  tenor  ENRICO CARUSO (n. 1873)  y  el barítono BENIAMINO GIGLI (n.
1890.)
Yo vi en el cine la   vida de Enrico, El Gran Caruso,   protagonizada  por el tenor yanqui Mario Lanza (Alfredo Arnoldo Cocozza n. 1921.)
Caruso murió a los 48 años de edad a causa de una pleuresía (inflamación pulmonar); y  Lanza se fue a los 38  por  un infarto cardíaco.
Un enorme placer  me producía  la lectura de cualquier   biografía. Esto  me permitió    estrechar lazos de amistad virtual con el alemán LUDWIG VAN BEETHOVEN,  (n. 1770),  un increíble compositor que tuvo que luchar entre su creciente sordera y su bipolaridad; con el austriaco WOLFANG AMADEUS MOZART (n. 1756),  de una
precocidad increíble y de una muerte prematura;  con el polaco  FEDERICO CHOPIN  (n. 1810),  tan talentoso como físicamente debilucho; y con  el alemán ROBERT SCHUMANN, (n. 1810),  un loco de aquellos, creador del lied y uno de los más famosos  compositores de la mitad del siglo XIX. Después de un fracasado intento de suicidio, murió víctima de un colapso neurocirculatorio. Según otras fuentes aseguran que fue por una sífilis.
A pesar de tener  mis oídos tapiados, fue el violinista y compositor veneciano ANTONIO VIVALDI (n. 1678), quien pudo llegar con su música hasta la profundidad de  mis tímpanos  y   deleitarme con su magistral: Las Cuatro Estaciones.
En el año 2011  escuché la  versión  completa  en una realización de la Orquesta de Cámara de Berlín.
Dos  óperas escuché en toda mi vida:   una fue El Mesías de GEORGES FRIEDRICH HAENDEL (n. 1685), en un anfiteatro de la ciudad de Haifa; y la segunda,   Don Juan, de Mozart,   en el  teatro  Bolshói  de Moscú. De esta última obra apenas si alcancé a oír la primera parte. Después me  sumí en un profundo sueño. En mi defensa debo decir  que había caminado todo el día.
En 1962  viviendo en Jerusalém,  los días martes iba los conciertos gratuitos que se ofrecían gratuitamente  en el auditorio de Radio Nacional.
Un compañero del Majón, el instituto para líderes juveniles,  me explicó que  la mejor  manera   de  apreciar  la melodía era cerrando los ojos para no distraerse. Yo hice  lo mismo y me quedé profundamente dormido.
En ese mismo 1962  me di el gusto de encontrarme cara a cara con  el incomparable,    para mí gusto, dúo israelí   HA DUDAÍM, integrado por los jerosolimitanos  Benny Amdurski e Israel Gurión.  Eran dos voces que parecían multiplicarse en cada canción.
Yo me conocía de memoria muchos de sus grandes éxitos.
Todo  joven  israelí que poseía  una  buena voz muchas veces alcanzaba  notoriedad   durante la colimba. No solamente  surgían los solistas sino también se conformaban los   grupos corales.
Cuando me radiqué en Israel en el  1972,  me volví fan de  ILANIT (Jana Drezner n. 1947), poseedora de una voz cautivamente. Ella representó a Israel en   Eurovisión en dos oportunidades: en 1973 logró el  cuarto puesto   en   Luxemburgo donde  y cuatro años después,  obtuvo el undécimo puesto  en Londres.
Entre las voces masculinas,  la que me atrapó hasta el fanatismo fue la de  YORAM GAÓN (n.  1939 ). En su vasto repertorio hay  bellísimas canciones  en español antiguo.
Jerusalém. Es probable que su nombre se refiera  el lugar donde habitaba el dios pagano Salem.  En el siglo XIV adC, aparecen  los hebreos quienes   confunden Salem –Paz--- Shalom.
En 1963 estuve en  LA SCALA DE MILÁN, uno de los grandes  escenarios mundiales  de la música culta  que fuera   inaugurado el 3 de agosto de 1778,  con la ópera La Europa reconocida  de Antonio Salieri (n. 1750.)
Serían las diez de la mañana cuando llegué a la Scala.  Vi  una puerta abierta y sin   custodios a la vista. Sin pensarlo dos veces me mandé por una escalera que me llevó directamente a un palco desde donde seguí, como un espectador de lujo, parte de un  ensayo de  Nabucodonosor la obra coral de Giuseppe Verdi, (n. 1813.)
Tan pancho como entré, del mismo modo  me fui sin que nadie reparara mi presencia. Por lo visto no doy el perfil de un terrorista urbano.
BOLSHÓI (“Grande" en ruso).  El teatro como la compañía fueron  fundadas  en 1776 por el príncipe ruso Piotr Urúsov y el empresario  inglés Michael Maddox.    Es el mayor escenario  de Europa después de la Scala de Milán,
Raíces del jazz.  Comenzó en los  cánticos religiosos de los esclavos africanos. Y de los  liberados iban a surgir las primeras bandas (1890.)
Tango. “Surgió de los suburbios de la ciudad de Buenos Aires a fines del siglo XIX, producto cultural que resalta en éll todas las características de sus habitantes.”
Violín.  ANTONIO STRADIVARIUS (n.1644) y sus hijos construyeron unos instrumentos tan perfectos, que con el tiempo alcanzaron precios siderales.
    (Todos los capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)





Wednesday, April 1, 2020

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE DECIR (16)


 



Contaré mi vida antes que la parca se anticipe

(Todos los capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)

     El   primer pezón que vi en una pantalla fue el de MARÍA FÉLIX (María de los Ángeles Félix Güereña n. 1914), en Los Héroes están cansados.   Ella cautivó  al  famoso  cantante y compositor  compatriota,  AGUSTÍN LARA (n. 1897), quien no solamente fue su esposo sino que también le dedicó bellas canciones como: María Bonita,   Aquel amor y Noche de ronda.

En cuanto a contemplar  un par de senos en toda su dimensión, ningunos como los de  mi coterránea  ISABEL COCA SARLI (Hilda Isabel Gorrindo  n. 1933), en El trueno entre las hojas, basado en un cuento del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos (n.1917.)
·                     Hubo películas clase B, aptas para todo público,  que me calentaron más que si las minas hubiesen aparecido   en bolas.  Sus protagonistas eran actrices mediocres pero con unos físicos impresionantes.  
·                     Dos iconos de esa época, portadoras de un tremendo depósito mamario fueron las
estadounidenses  MAMIE VAN DOREN (Joan Lucile Olander n. 1931) y JANE MANSFIELD (Vera Jane Palmer  n. 1933.)
·                     Cuando el presupuesto me apretaba me compraba la llamada  “entrada  de prensa”, que tenía un descuento del cincuenta por ciento.
·                     La única vez que entré en un cine sin pagar en Mendoza  fue cuando me presenté a  un programa de radio para  responder quién era el autor del libro  que dio lugar al film Historia de dos ciudades. 
A medida que pasaba  el tiempo se iban produciendo grandes  cambios tecnológicos  en el séptimo arte. Quedé maravillado cuando apareció el cinemascope: pantalla ancha y mucho color.  En sus comienzos se filmaron películas que estaban inspiradas en temas religiosos e históricos, con   grandes movimientos de masas: El Manto Sagrado, Demetrio,  el gladiador,  El Cáliz de Plata, ¿Quo Vadis?, Ben Hur (la historia ficticia de Judah Ben-Hur, un aristócrata de Judea); Espartaco (esclavo tracio que dirigió la más grandiosa rebelión contra la Antigua república romana, n.  113 adC),  Los Diez Mandamientos,  Helena de Troya y  Ulises, entre otras.
Siendo  la vida     amarga no sé por qué me interesan   películas que tratan sobre el lado  oscuro del ser humano. Era un adolescente cuando vi Las Diabólicas: planificación de un asesinato;  El salario del miedo, el trabajo miserable y peligroso;  Rififí,  el robo a una joyería; Semilla de maldad,    la violencia escolar; o Nido de ratas el mundo mafioso de los estibadores yanquis.
En Semilla de maldad  la   banda de sonido estaba a cargo  de Bill Halley (n.1925)  y sus Cometas interpretando el   ultra famoso Rock alrededor del reloj, que  marcó el nacimiento del rock and roll.
Cuando yo estaba viviendo en  Mendoza  Mi Padre me vino a visitar.  Tratamos de recuperar  en algo, el irrecuperable tiempo perdido. Lamentamos  que  el asma nos hubiese separado definitivamente.
Una noche fuimos  a ver el documental NOCHE Y NIEBLA, (Nacht und Nebel),  dirigido por el cineasta francés, Alain Resnais (n. 1922),  contando para ello con un  material inédito  incautado a los nazis.  
 Mi Padre  lloró a moco tendido. Y a los pocos días volvió a desarmarse  al tener que separarse de mí. Con los años  lo comprendí: lo viví en carne propia. 
     YO LE TENGO UN ODIO VISCERAL AL PUEBLO POLACO, por su conducta pestilente  hacia nosotros.  Sin embargo, nunca desdeñé   las películas del director  Andrzej Wajda (n.1926  f.2016),  un cronista sensible y comprometido de la evolución política y social de su país.
Cuando yo tenía dieciocho años vi dos de sus películas memorables: Kanal  y Cenizas y Diamantes.
Y en el 2009    KATYN, un film testimonial de la SGM  que fue  nominada al   Oscar como  mejor película extranjera.
 Cuando en 1957 me trasplanté a  localidad cordobesa de Capilla del Monte, no tuve más remedio que conformarme  con una sola sala: la  Enrique Muiño en homenaje al   notable  actor coruñés nacido en 1881   que solía pasarse  largas  temporadas en estas sierras. El cine  era mi  único  pasatiempo. Bailar no me gustaba, mejor dicho  no quería pasar vergüenza.  
Un día jueves, después de clase,  conseguí eludir el control porque no me quería perder   Ricardo III, protagonizada y dirigida por el inglés  Laurence Olivier (n. 1907.)
Habitualmente en la primera función de los días de semana la sala estaba semivacía. 
Apenas me  senté el acomodador,  reconocido    homosexual, se ubicó a  mi lado  con todas las intenciones de cobrarme peaje. 
El Dueño de la Linterna, era un morocho alto y fiero, fanático de  los pendejos.  Como me conocía no se anduvo con vueltas. Me pidió que me dejara mamar la pichula. Le dije que: “Ni en pedo”. Entonces me dio  entender  que se conformaba con acariciarme la bragueta.
Acepté con tal  que no me echara de la sala. El  manoseo me produjo una lógica erección. El maricón se entusiasmó y me apretó  el nabo. Entonces comenzó a  bufar como si fuera  un dragón. Pensé que  en cualquier momento lanzaba fuego por sus fauces. 
Me suplicó   que fuésemos   al gallinero  para  que   lo culeara. Me garantizaba  un pase gratuito  para  el resto del año. Por supuesto que no acepté.  
El sodomita se puso como loco. Entonces lo amenacé con alborotar el avispero si me seguía molestando. No pensé  que se iba asustar. Sin embargo se fue  a la calle  para aflojar sus  tensiones hormonales. 
Durante un tiempo  dejé de ir al cine, porque el Dueño de la Linterna me tenía controlado, se quería vengar de mí a toda costa.  Y yo pagar no podía.  
Dejó de odiarme cuando   encontró un chongo que aceptó darle  con la matraca.
Un día  me lo encontré en la calle y derecho viejo lo  encaré. Le dije que yo no me colaba por turro sino porque no tenía plata. Que vivía solo.  Que era poco el dinero que Mis Padres me  enviaban. Hicimos las paces y volví  a entrar sin  pagar.
La primera película argentina que vi en el Muiño  fue  LA EDAD DIFÍCIL, con  Bárbara Mujica (1944) y Oscar Rovito (n. 1940), quienes  en la vida real   fueron marido y mujer.   
No soy de apasionarme por los cortometrajes, sin embargo, rescato uno que lo considero    de antología.   En veintiocho minutos el director galo Robert Enrico (n. 1931), consigue  plasmar  una obra   impactante: LA RIVIÈRE DU HIBOU, basándose en  un  cuento del estadounidense  Ambrose Bierce (n. 1842.)  “Un hombre inocente es condenado a morir ahorcado.  En el momento de la ejecución, la cuerda   se parte, y el convicto huye para refugiarse en  su  hogar.”
Cuando me radiqué en   Arad pueblo ubicado al Sur de Israel, mantuve   mi  fanatismo por el cine.  No dejaba pasar semana sin ir a ese  galpón, frío en invierno y caluroso en verano, donde funcionaba la sala  y cuyo propietario era un austriaco que para ahorrarse un peso hacía de boletero y de acomodador al mismo tiempo. Quebró en  1980 cuando el municipio  construyó uno más que confortable con capacidad para ochocientos espectadores y con proyectores de última generación.
Mi departamento de Arad,  fue durante una hora una   sala  cinematográfica. Un
muchacho, conocido mío, que proyectaba películas a los soldados que estaban en un
campamento militar cerca al pueblo trajo a casa   EMANUELLE,  protagonizada por la holandesa Silvia Kristel (n. 1952.)
A mis hijos la idea les encantó. Era como estar en una  tercera dimensión. Cuando las imágenes  subieron de tono  corrí a los dos más chicos de la pieza. No hubiese hecho falta, porque a los  pocos minutos la función  quedó inconclusa cuando saltó el tapón de la luz: no pudo soportar tan alto consumo de energía. 
  A Mi Madre   le encantaba   llevarnos al  CIRCO,  tuviera o no animales. Lo consideraba como  algo instructivo e importante para nuestro desarrollo cultural. 
Yo no comprendía lo mucho que sufrían los animales enjaulados.  
Muchas veces,  antes de ingresar a la  carpa  iluminada como en un mundo de fantasía,  me iba a ver   los monos, que representaban  el  deseo mío,  insatisfecho,  de tener uno en   mi propia casa. 
Hubo un circo cuya  principal atracción era unos perros jugando al   Fútbol. Era increíble ver  a los canes correr detrás de un globo.  
La primera vez que presencié un espectáculo teatral  fue en un circo: el  clásico    JUAN MOREIRA, que cuenta la vida de  un  gaucho bonaerense    asesinado por la policía y que le sirvió de inspiración al escritor Eduardo Gutiérrez (n.1851.)  
Fui a  muchos circos. No solamente en mi infancia,  sino también, ya casado,  llevándolos   a mis tres hijos varones.    
Quizá el más importante circo que conocí, por su  magnificencia    fue   el  SARRASANI   fundado en 1912 en Alemania.
A lo largo de los años tuvo momentos  difíciles, especialmente durante la SGM: el régimen nazi acusó a su propietario de cobijar a muchos hebreos.
Sus instalaciones fueron   destruidas por  la fuerza aérea británica, cuando ésta arrasó la ciudad de Dresde durante la SGM.
Al fallecer el hijo del fundador, su  viuda,  Gertrude Helene Kunz, se encargó de levantar el circo desde su base misma. Luego aceptó  la invitación de Perón  para convertir  la Argentina en su centro de operaciones.
En 1964 yo estaba viviendo en la Capital Federal. Se me presentó la oportunidad de ver  la actuación, en Luna Park, de la compañía estadounidense, Hollydays  on Ice, un espectáculo que mezclaba  ballet y circo.   
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CINE. El séptimo arte fue un invento (1895), de los hermanos  Lumiere: Louis (n.1864) y Augusto (n. 1862.)
El premio Oscar, se entrega anualmente desde 1927.  Las  películas que acumularon la  mayor cantidad de estatuillas, once,  fueron  Ben Hur (1959) y  Amor  sin Barreras  (1961.) 
La actriz estadounidense Katherine  Hepburn. (n. 1907), hasta su fallecimiento, en el año 2003, había logrado cuatro distinciones.
CIRCO.     Su  historia   se remonta el legado cultural dejado por algunas de las civilizaciones antiguas, desde el lejano oriente (China, Mongolia, India),  hasta el occidente próximo (Grecia, Roma, Egipto, etc.)
 Actividades   como la acrobacia, el contorsionismo o el equilibrismo, se utilizaban  en el adiestramiento de los guerreros, en  los rituales religiosos y en las festividades.
En octubre del año 2001 estuve en Praga en el  propio hábitat  del   Teatro Negro,  creado en 1961 por Jiri Srnec,  es un tipo de representación escénica muda que se caracteriza por llevarse a cabo en un escenario negro a oscuras, con una iluminación estratégica que da lugar a un fantástico juego de luz y de sombras. 
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DÍAS MUSICALES.  Mi Padre tenía un mejor  oído musical que  Mi Madre. Cantaba en idish los  temas relacionados a  la brutal  diáspora europea.   
Para  Mi Padre fue una gran  desilusión cuando dejé mis estudios de  violín.  Él me había conseguido  el mejor profesor que había en Concordia.
No sabía sostener  el  arco y  ya me sentía  un  prodigio  al estilo del lituano  Yasha Heifetz (n. 1899.)
Para que yo  no  tuviera la excusa   de decir “No puedo practicar”, Mi Padre  me compró el instrumento, que si bien era usado, estaba impecable.
Mi primer mini concierto familiar lo hice ejecutando el Himno Nacional hebreo---Hatikvá.   Mis Padres, a pesar de mi  penosa actuación,  me aplaudieron  a rabiar.
Empecé a flaquear   cuando   me di cuenta que el solfeo me resultaba difícil  y la teoría  me embolaba. 
El quiebre definitivo se produjo cuando oí tocar a un chico vecino nuestro. 
Cuando volví a casa   le dije a Mi Padre que lo  lamentaba: no tenía sentido que yo siguiera  estudiando y  que él gastara la plata inútilmente. 
Mi violín no se murió de viejo, sino por desuso. Cuando me fui de mi casa nadie se acordó de él, ni siquiera para quitarle el polvo.  
 Mi interés por el folklore argentino   comenzó en la Primaria. Me sedujeron las letras de  tres de las  notables creaciones del  cantautor y guitarrista Atahualpa Yupanqui, (Héctor Roberto Chavero n. 1908): El arriero, Los Ejes de mi Carreta y El alazán.
En tercer  grado  se incorporó a nuestra clase un chico correntino.  Su familia era ultra peronista, y el padre había conseguido  un importante conchabo en  la Aduana de   Concordia.
Para mantener  una buena relación con  Rodolfo M.,  yo eludía cualquier conversación  que tuviera que ver con el peronismo.
Con él fui el viernes 17 de Octubre de 1952 al acto organizado en Concordia con motivo del Día de la Lealtad Popular. El Líder  hacía  su primera gran  aparición después de enviudar. Una muchedumbre se había agolpado en la plaza San Martín para escuchar al General a través de los parlantes que se habían colocado alrededor de la plaza. Cuando Perón empezó a hablar la gente vociferaba  loas  hacia su persona. Un tipo a mi lado   estaba muy  entretenido  leyendo un  diario y, de tanto en tanto, de manera espasmódica aullaba: “Viva Perón.”
Rodolfo M., era un brillante intérprete del acordeón a piano y figurita repetida en los actos oficiales  del colegio. Fue él quien me hizo conocer el  Chamamé,  estilo musical mesopotámico, que se popularizó a  partir de  1870, cuando el acordeón, conocido popularmente como “verdulera”, llegó a Corrientes de la mano de   inmigrantes europeos.
El folklore tuvo para mí otra dimensión cuando me convertí  en un fanático   del grupo salteño  Los Fronterizos,  creado por  Gerardo López en 1953. No solamente estuve en algunas de sus presentaciones en vivo, sino que también coleccioné varios de sus  más logrados  long play.
Cuando me casé,  alquilé un departamento en el mismo edificio que  G.L rentó   el suyo, en la temporada estival de 1965.
Nunca  fui un fanático del Tango; sin embargo,  me gustaban aquellas canciones que tuvieran un ritmo armonioso.  
Mis Padres  bailaban el tango cuando coincidían en alguna reunión de la Unión Israelita. Se complementaban bastante bien. Aarón se notaba más  diestro en sus movimientos que su mujer.
En mi genética no hubo ni siquiera una mísera célula   de ese don paterno.
    Entre mis  cantantes de tango, mis preferidos fueron:  el  franco-argentino, Carlos Gardel (n. 1890), muerto trágicamente en accidente aeronáutico cerca de Medellín (Colombia); y el uruguayo Julio Sosa (n. 1926), quien en el apogeo de su carrera profesional tronchó su vida al estrellarse con su coche, contra un árbol en los Parques de Palermo. 
Fue en  la madrugada del 26 de noviembre de 1964.  Justo esa noche yo  estaba en la metrópoli participando de la despedida de soltera de una prima de Mi Mujer. De regreso al hotel me encontré con unos noctámbulos quienes tenían un solo tema: la muerte de Sosa. Sentí una pena enorme.
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