Contaré mi
vida antes que la parca se anticipe
(Todos los
capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)
El primer
pezón que vi en una pantalla fue el de MARÍA FÉLIX (María de los Ángeles Félix Güereña n.
1914), en Los Héroes están cansados.
Ella cautivó al famoso cantante y compositor compatriota,
AGUSTÍN LARA (n. 1897), quien no
solamente fue su esposo sino que también le dedicó bellas canciones como: María
Bonita, Aquel
amor y Noche de ronda.
En
cuanto a contemplar un par de senos en
toda su dimensión, ningunos como los de
mi coterránea ISABEL COCA SARLI (Hilda
Isabel Gorrindo n. 1933), en El trueno
entre las hojas, basado en un cuento del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos (n.1917.)
·
Hubo películas clase B, aptas para todo público, que me calentaron más que si las minas
hubiesen aparecido en bolas. Sus protagonistas eran actrices mediocres
pero con unos físicos impresionantes.
·
Dos iconos de esa época, portadoras de un tremendo depósito
mamario fueron las
·
Cuando el presupuesto me apretaba me compraba la llamada “entrada
de prensa”, que tenía un descuento del cincuenta por ciento.
·
La única vez que entré en un cine sin pagar
en Mendoza fue cuando me presenté a un programa de radio para responder quién era el autor del libro que dio lugar al film Historia de dos
ciudades.
A
medida que pasaba el tiempo se iban
produciendo grandes cambios
tecnológicos en el séptimo arte. Quedé
maravillado cuando apareció el cinemascope: pantalla ancha y mucho color. En sus comienzos se filmaron películas que
estaban inspiradas en temas religiosos e históricos, con grandes movimientos de masas: El Manto
Sagrado, Demetrio, el gladiador, El Cáliz de Plata, ¿Quo Vadis?, Ben Hur (la
historia ficticia de Judah Ben-Hur, un aristócrata de Judea); Espartaco
(esclavo tracio que dirigió la más grandiosa rebelión contra la Antigua
república romana, n. 113 adC), Los Diez Mandamientos, Helena de Troya y Ulises, entre otras.
Siendo la vida amarga no sé por qué me interesan películas que tratan sobre el lado oscuro del ser humano. Era un adolescente cuando vi Las
Diabólicas: planificación de un asesinato;
El salario del miedo, el trabajo miserable y peligroso; Rififí,
el robo a una joyería; Semilla de maldad, la violencia escolar; o Nido de ratas el
mundo mafioso de los estibadores yanquis.
En
Semilla de maldad la banda de sonido estaba a cargo de Bill Halley (n.1925) y sus Cometas interpretando el ultra famoso Rock alrededor del reloj,
que marcó el nacimiento del rock and
roll.
Cuando
yo estaba viviendo en Mendoza Mi Padre me vino a visitar. Tratamos de recuperar en algo, el irrecuperable tiempo perdido.
Lamentamos que el asma nos hubiese separado definitivamente.
Una
noche fuimos a ver el documental NOCHE Y NIEBLA, (Nacht und
Nebel), dirigido por el cineasta
francés, Alain Resnais (n. 1922),
contando para ello con un
material inédito incautado a los
nazis.
Mi Padre
lloró a moco tendido. Y a los pocos días volvió a desarmarse al tener que separarse de mí. Con los años lo comprendí: lo viví en carne propia.
YO LE TENGO UN ODIO VISCERAL AL PUEBLO
POLACO, por su conducta pestilente hacia
nosotros. Sin embargo, nunca
desdeñé las películas del director Andrzej Wajda (n.1926 f.2016),
un cronista sensible y comprometido de la evolución política y social de
su país.
Cuando
yo tenía dieciocho años vi dos de sus películas memorables: Kanal y Cenizas y Diamantes.
Y en el 2009
KATYN, un film testimonial de la SGM que fue
nominada al Oscar como mejor película extranjera.
Cuando en 1957 me trasplanté a localidad cordobesa de Capilla del Monte, no
tuve más remedio que conformarme con una
sola sala: la Enrique Muiño en homenaje al
notable actor coruñés nacido en
1881 que solía pasarse largas
temporadas en estas sierras. El cine
era mi único pasatiempo. Bailar no me gustaba, mejor
dicho no quería pasar vergüenza.
Un
día jueves, después de clase, conseguí
eludir el control porque no me quería perder
Ricardo III, protagonizada y dirigida por el inglés Laurence Olivier (n. 1907.)
Habitualmente
en la primera función de los días de semana la sala estaba semivacía.
Apenas
me senté el acomodador, reconocido
homosexual, se ubicó a mi lado con todas las intenciones de cobrarme
peaje.
El
Dueño de la Linterna, era un morocho alto y fiero, fanático de los pendejos.
Como me conocía no se anduvo con vueltas. Me pidió que me dejara mamar
la pichula. Le dije que: “Ni en pedo”. Entonces me dio entender
que se conformaba con acariciarme la bragueta.
Acepté
con tal que no me echara de la sala.
El manoseo me produjo una lógica
erección. El maricón se entusiasmó y me apretó
el nabo. Entonces comenzó a
bufar como si fuera un dragón.
Pensé que en cualquier momento lanzaba fuego por sus
fauces.
Me
suplicó que fuésemos al gallinero
para que lo
culeara. Me garantizaba un pase
gratuito para el resto del año. Por supuesto que no
acepté.
El
sodomita se puso como loco. Entonces lo amenacé con alborotar el avispero si me
seguía molestando. No pensé que se iba
asustar. Sin embargo se fue a la calle para aflojar sus tensiones hormonales.
Durante
un tiempo dejé de ir al cine, porque el
Dueño de la Linterna me tenía controlado, se quería vengar de mí a toda
costa. Y yo pagar no podía.
Dejó
de odiarme cuando encontró un chongo
que aceptó darle con la matraca.
Un
día me lo encontré en la calle y derecho
viejo lo encaré. Le dije que yo no me
colaba por turro sino porque no tenía plata. Que vivía solo. Que era poco el dinero que Mis Padres me enviaban. Hicimos las paces y volví a entrar sin
pagar.
La
primera película argentina que vi en el Muiño
fue LA EDAD DIFÍCIL, con Bárbara Mujica (1944) y Oscar Rovito (n.
1940), quienes en la vida real fueron marido y mujer.
No
soy de apasionarme por los cortometrajes, sin embargo, rescato uno que lo
considero de antología. En veintiocho minutos el director galo
Robert Enrico (n. 1931), consigue
plasmar una obra impactante: LA RIVIÈRE DU HIBOU, basándose
en un
cuento del estadounidense Ambrose
Bierce (n. 1842.) “Un hombre inocente es
condenado a morir ahorcado. En el
momento de la ejecución, la cuerda se
parte, y el convicto huye para refugiarse en
su hogar.”
Cuando
me radiqué en Arad pueblo ubicado al
Sur de Israel, mantuve mi fanatismo por el cine. No dejaba pasar semana sin ir a ese galpón, frío en invierno y caluroso en
verano, donde funcionaba la sala y cuyo
propietario era un austriaco que para ahorrarse un peso hacía de boletero y de
acomodador al mismo tiempo. Quebró en
1980 cuando el municipio
construyó uno más que confortable con capacidad para ochocientos
espectadores y con proyectores de última generación.
En los siete años que viví en Israel, nunca supe de la existencia
de la censura. Ni siquiera los sectores
religiosos más recalcitrantes se metían con todo aquello que tuviera que ver
con la libertad de expresión. Vi las versiones completas de Las Monjas, del inglés Ken Russel (n.
1927), La Naranja Mecánica, dirigida por el neoyorquino Stanley Kubrick
(n. 1928) y El Expreso de medianoche,
del inglés Alan Parker (n. 1944.)
Mi departamento de Arad,
fue durante una hora una
sala cinematográfica. Un
muchacho, conocido mío, que proyectaba películas a los
soldados que estaban en un
campamento militar cerca al pueblo trajo a casa EMANUELLE,
protagonizada por la holandesa Silvia Kristel (n. 1952.)
A mis hijos la idea les encantó. Era como estar en una tercera dimensión. Cuando las imágenes subieron de tono corrí a los dos más chicos de la pieza. No
hubiese hecho falta, porque a los pocos
minutos la función quedó inconclusa
cuando saltó el tapón de la luz: no pudo soportar tan alto consumo de
energía.
A Mi Madre le encantaba llevarnos al CIRCO,
tuviera o no animales. Lo consideraba como algo instructivo e importante para nuestro
desarrollo cultural.
Yo no comprendía lo mucho que sufrían los animales
enjaulados.
Muchas veces, antes de
ingresar a la carpa iluminada como en un mundo de fantasía, me iba a ver
los monos, que representaban
el deseo mío, insatisfecho,
de tener uno en mi propia
casa.
Hubo un circo cuya
principal atracción era unos perros jugando al Fútbol. Era increíble ver a los canes correr detrás de un globo.
La primera vez que presencié un espectáculo teatral fue en un circo: el clásico
JUAN MOREIRA, que cuenta la vida de
un gaucho bonaerense asesinado por la policía y que le sirvió de
inspiración al escritor Eduardo Gutiérrez (n.1851.)
Fui a muchos circos. No
solamente en mi infancia, sino también,
ya casado, llevándolos a mis tres hijos varones.
Quizá el más importante circo que conocí, por su magnificencia fue
el SARRASANI fundado en 1912 en Alemania.
A lo largo de los años tuvo momentos difíciles, especialmente durante la SGM: el
régimen nazi acusó a su propietario de cobijar a muchos hebreos.
Sus instalaciones fueron
destruidas por la fuerza aérea
británica, cuando ésta arrasó la ciudad de Dresde durante la SGM.
Al fallecer el hijo del fundador, su viuda,
Gertrude Helene Kunz, se encargó de levantar el circo desde su base
misma. Luego aceptó la invitación de
Perón para convertir la Argentina en su centro de operaciones.
En 1964 yo estaba viviendo en la Capital Federal. Se me
presentó la oportunidad de ver la
actuación, en Luna Park, de la compañía estadounidense, Hollydays on Ice, un espectáculo que mezclaba ballet y circo.
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CINE. El séptimo arte fue un invento (1895), de los
hermanos Lumiere: Louis (n.1864) y
Augusto (n. 1862.)
El premio Oscar, se entrega anualmente desde 1927. Las
películas que acumularon la mayor
cantidad de estatuillas, once,
fueron Ben Hur (1959) y Amor
sin Barreras (1961.)
La actriz estadounidense Katherine Hepburn. (n. 1907), hasta su fallecimiento,
en el año 2003, había logrado cuatro distinciones.
CIRCO. Su historia
se remonta el legado cultural dejado por algunas de las civilizaciones
antiguas, desde el lejano oriente (China, Mongolia, India), hasta el
occidente próximo (Grecia, Roma, Egipto, etc.)
Actividades
como la acrobacia, el contorsionismo o el equilibrismo,
se utilizaban en el adiestramiento de
los guerreros, en los rituales
religiosos y en las festividades.
En octubre del año 2001 estuve en Praga en el propio hábitat del Teatro Negro, creado en 1961 por Jiri Srnec, es
un tipo de representación escénica muda que se caracteriza por llevarse a cabo
en un escenario negro a oscuras, con una iluminación
estratégica que da lugar a un fantástico juego de luz y
de sombras.
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DÍAS
MUSICALES. Mi Padre tenía un mejor oído musical que Mi Madre. Cantaba en idish los temas relacionados a la brutal
diáspora europea.
Para Mi Padre fue una gran desilusión cuando dejé mis estudios de violín.
Él me había conseguido el mejor
profesor que había en Concordia.
No
sabía sostener el arco y
ya me sentía un prodigio
al estilo del lituano Yasha
Heifetz (n. 1899.)
Para
que yo no tuviera la excusa de decir “No puedo practicar”, Mi Padre me compró el instrumento, que si bien era
usado, estaba impecable.
Mi
primer mini concierto familiar lo hice ejecutando el Himno Nacional
hebreo---Hatikvá. Mis Padres, a pesar
de mi penosa actuación, me aplaudieron a rabiar.
Empecé
a flaquear cuando me di cuenta que el solfeo me resultaba
difícil y la teoría me embolaba.
El
quiebre definitivo se produjo cuando oí tocar a un chico vecino nuestro.
Cuando
volví a casa le dije a Mi Padre que
lo lamentaba: no tenía sentido que yo
siguiera estudiando y que él gastara la plata inútilmente.
Mi
violín no se murió de viejo, sino por desuso. Cuando me fui de mi casa nadie se
acordó de él, ni siquiera para quitarle el polvo.
Mi interés por el folklore argentino comenzó en la Primaria. Me sedujeron las
letras de tres de las notables creaciones del cantautor y guitarrista Atahualpa Yupanqui,
(Héctor Roberto Chavero n. 1908): El
arriero, Los Ejes de mi Carreta
y El alazán.
En
tercer grado se incorporó a nuestra clase un chico
correntino. Su familia era ultra
peronista, y el padre había conseguido
un importante conchabo en la
Aduana de Concordia.
Para
mantener una buena relación con Rodolfo M.,
yo eludía cualquier conversación
que tuviera que ver con el peronismo.
Con
él fui el viernes 17 de Octubre de 1952 al acto organizado en Concordia con
motivo del Día de la Lealtad Popular. El Líder
hacía su primera gran aparición después de enviudar. Una
muchedumbre se había agolpado en la plaza San Martín para escuchar al General a
través de los parlantes que se habían colocado alrededor de la plaza. Cuando
Perón empezó a hablar la gente vociferaba
loas hacia su persona. Un tipo a
mi lado estaba muy entretenido
leyendo un diario y, de tanto en
tanto, de manera espasmódica aullaba: “Viva Perón.”
Rodolfo
M., era un brillante intérprete del acordeón a piano y figurita repetida en los
actos oficiales del colegio. Fue él
quien me hizo conocer el Chamamé, estilo musical mesopotámico, que se
popularizó a partir de 1870, cuando el acordeón, conocido
popularmente como “verdulera”, llegó a Corrientes de la mano de inmigrantes europeos.
El
folklore tuvo para mí otra dimensión cuando me convertí en un fanático del grupo salteño Los Fronterizos, creado por
Gerardo López en 1953. No solamente estuve en algunas de sus
presentaciones en vivo, sino que también coleccioné varios de sus más logrados
long play.
Cuando
me casé, alquilé un departamento en el
mismo edificio que G.L rentó el suyo, en la temporada estival de 1965.
Nunca fui un fanático
del Tango; sin embargo, me gustaban
aquellas canciones que tuvieran un ritmo armonioso.
Mis
Padres bailaban el tango cuando
coincidían en alguna reunión de la Unión Israelita. Se complementaban bastante
bien. Aarón se notaba más diestro en sus
movimientos que su mujer.
En
mi genética no hubo ni siquiera una mísera célula de ese don paterno.
Entre mis
cantantes de tango, mis preferidos fueron: el
franco-argentino, Carlos Gardel (n. 1890), muerto trágicamente en
accidente aeronáutico cerca de Medellín (Colombia); y el uruguayo Julio Sosa
(n. 1926), quien en el apogeo de su carrera profesional tronchó su vida al
estrellarse con su coche, contra un árbol en los Parques de Palermo.
Fue
en la madrugada del 26 de noviembre de
1964. Justo esa noche yo estaba en la metrópoli participando de la
despedida de soltera de una prima de Mi Mujer. De regreso al hotel me encontré
con unos noctámbulos quienes tenían un solo tema: la muerte de Sosa. Sentí una
pena enorme.
(Todos los
capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)
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