Wednesday, April 1, 2020

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE DECIR (16)


 



Contaré mi vida antes que la parca se anticipe

(Todos los capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)

     El   primer pezón que vi en una pantalla fue el de MARÍA FÉLIX (María de los Ángeles Félix Güereña n. 1914), en Los Héroes están cansados.   Ella cautivó  al  famoso  cantante y compositor  compatriota,  AGUSTÍN LARA (n. 1897), quien no solamente fue su esposo sino que también le dedicó bellas canciones como: María Bonita,   Aquel amor y Noche de ronda.

En cuanto a contemplar  un par de senos en toda su dimensión, ningunos como los de  mi coterránea  ISABEL COCA SARLI (Hilda Isabel Gorrindo  n. 1933), en El trueno entre las hojas, basado en un cuento del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos (n.1917.)
·                     Hubo películas clase B, aptas para todo público,  que me calentaron más que si las minas hubiesen aparecido   en bolas.  Sus protagonistas eran actrices mediocres pero con unos físicos impresionantes.  
·                     Dos iconos de esa época, portadoras de un tremendo depósito mamario fueron las
estadounidenses  MAMIE VAN DOREN (Joan Lucile Olander n. 1931) y JANE MANSFIELD (Vera Jane Palmer  n. 1933.)
·                     Cuando el presupuesto me apretaba me compraba la llamada  “entrada  de prensa”, que tenía un descuento del cincuenta por ciento.
·                     La única vez que entré en un cine sin pagar en Mendoza  fue cuando me presenté a  un programa de radio para  responder quién era el autor del libro  que dio lugar al film Historia de dos ciudades. 
A medida que pasaba  el tiempo se iban produciendo grandes  cambios tecnológicos  en el séptimo arte. Quedé maravillado cuando apareció el cinemascope: pantalla ancha y mucho color.  En sus comienzos se filmaron películas que estaban inspiradas en temas religiosos e históricos, con   grandes movimientos de masas: El Manto Sagrado, Demetrio,  el gladiador,  El Cáliz de Plata, ¿Quo Vadis?, Ben Hur (la historia ficticia de Judah Ben-Hur, un aristócrata de Judea); Espartaco (esclavo tracio que dirigió la más grandiosa rebelión contra la Antigua república romana, n.  113 adC),  Los Diez Mandamientos,  Helena de Troya y  Ulises, entre otras.
Siendo  la vida     amarga no sé por qué me interesan   películas que tratan sobre el lado  oscuro del ser humano. Era un adolescente cuando vi Las Diabólicas: planificación de un asesinato;  El salario del miedo, el trabajo miserable y peligroso;  Rififí,  el robo a una joyería; Semilla de maldad,    la violencia escolar; o Nido de ratas el mundo mafioso de los estibadores yanquis.
En Semilla de maldad  la   banda de sonido estaba a cargo  de Bill Halley (n.1925)  y sus Cometas interpretando el   ultra famoso Rock alrededor del reloj, que  marcó el nacimiento del rock and roll.
Cuando yo estaba viviendo en  Mendoza  Mi Padre me vino a visitar.  Tratamos de recuperar  en algo, el irrecuperable tiempo perdido. Lamentamos  que  el asma nos hubiese separado definitivamente.
Una noche fuimos  a ver el documental NOCHE Y NIEBLA, (Nacht und Nebel),  dirigido por el cineasta francés, Alain Resnais (n. 1922),  contando para ello con un  material inédito  incautado a los nazis.  
 Mi Padre  lloró a moco tendido. Y a los pocos días volvió a desarmarse  al tener que separarse de mí. Con los años  lo comprendí: lo viví en carne propia. 
     YO LE TENGO UN ODIO VISCERAL AL PUEBLO POLACO, por su conducta pestilente  hacia nosotros.  Sin embargo, nunca desdeñé   las películas del director  Andrzej Wajda (n.1926  f.2016),  un cronista sensible y comprometido de la evolución política y social de su país.
Cuando yo tenía dieciocho años vi dos de sus películas memorables: Kanal  y Cenizas y Diamantes.
Y en el 2009    KATYN, un film testimonial de la SGM  que fue  nominada al   Oscar como  mejor película extranjera.
 Cuando en 1957 me trasplanté a  localidad cordobesa de Capilla del Monte, no tuve más remedio que conformarme  con una sola sala: la  Enrique Muiño en homenaje al   notable  actor coruñés nacido en 1881   que solía pasarse  largas  temporadas en estas sierras. El cine  era mi  único  pasatiempo. Bailar no me gustaba, mejor dicho  no quería pasar vergüenza.  
Un día jueves, después de clase,  conseguí eludir el control porque no me quería perder   Ricardo III, protagonizada y dirigida por el inglés  Laurence Olivier (n. 1907.)
Habitualmente en la primera función de los días de semana la sala estaba semivacía. 
Apenas me  senté el acomodador,  reconocido    homosexual, se ubicó a  mi lado  con todas las intenciones de cobrarme peaje. 
El Dueño de la Linterna, era un morocho alto y fiero, fanático de  los pendejos.  Como me conocía no se anduvo con vueltas. Me pidió que me dejara mamar la pichula. Le dije que: “Ni en pedo”. Entonces me dio  entender  que se conformaba con acariciarme la bragueta.
Acepté con tal  que no me echara de la sala. El  manoseo me produjo una lógica erección. El maricón se entusiasmó y me apretó  el nabo. Entonces comenzó a  bufar como si fuera  un dragón. Pensé que  en cualquier momento lanzaba fuego por sus fauces. 
Me suplicó   que fuésemos   al gallinero  para  que   lo culeara. Me garantizaba  un pase gratuito  para  el resto del año. Por supuesto que no acepté.  
El sodomita se puso como loco. Entonces lo amenacé con alborotar el avispero si me seguía molestando. No pensé  que se iba asustar. Sin embargo se fue  a la calle  para aflojar sus  tensiones hormonales. 
Durante un tiempo  dejé de ir al cine, porque el Dueño de la Linterna me tenía controlado, se quería vengar de mí a toda costa.  Y yo pagar no podía.  
Dejó de odiarme cuando   encontró un chongo que aceptó darle  con la matraca.
Un día  me lo encontré en la calle y derecho viejo lo  encaré. Le dije que yo no me colaba por turro sino porque no tenía plata. Que vivía solo.  Que era poco el dinero que Mis Padres me  enviaban. Hicimos las paces y volví  a entrar sin  pagar.
La primera película argentina que vi en el Muiño  fue  LA EDAD DIFÍCIL, con  Bárbara Mujica (1944) y Oscar Rovito (n. 1940), quienes  en la vida real   fueron marido y mujer.   
No soy de apasionarme por los cortometrajes, sin embargo, rescato uno que lo considero    de antología.   En veintiocho minutos el director galo Robert Enrico (n. 1931), consigue  plasmar  una obra   impactante: LA RIVIÈRE DU HIBOU, basándose en  un  cuento del estadounidense  Ambrose Bierce (n. 1842.)  “Un hombre inocente es condenado a morir ahorcado.  En el momento de la ejecución, la cuerda   se parte, y el convicto huye para refugiarse en  su  hogar.”
Cuando me radiqué en   Arad pueblo ubicado al Sur de Israel, mantuve   mi  fanatismo por el cine.  No dejaba pasar semana sin ir a ese  galpón, frío en invierno y caluroso en verano, donde funcionaba la sala  y cuyo propietario era un austriaco que para ahorrarse un peso hacía de boletero y de acomodador al mismo tiempo. Quebró en  1980 cuando el municipio  construyó uno más que confortable con capacidad para ochocientos espectadores y con proyectores de última generación.
Mi departamento de Arad,  fue durante una hora una   sala  cinematográfica. Un
muchacho, conocido mío, que proyectaba películas a los soldados que estaban en un
campamento militar cerca al pueblo trajo a casa   EMANUELLE,  protagonizada por la holandesa Silvia Kristel (n. 1952.)
A mis hijos la idea les encantó. Era como estar en una  tercera dimensión. Cuando las imágenes  subieron de tono  corrí a los dos más chicos de la pieza. No hubiese hecho falta, porque a los  pocos minutos la función  quedó inconclusa cuando saltó el tapón de la luz: no pudo soportar tan alto consumo de energía. 
  A Mi Madre   le encantaba   llevarnos al  CIRCO,  tuviera o no animales. Lo consideraba como  algo instructivo e importante para nuestro desarrollo cultural. 
Yo no comprendía lo mucho que sufrían los animales enjaulados.  
Muchas veces,  antes de ingresar a la  carpa  iluminada como en un mundo de fantasía,  me iba a ver   los monos, que representaban  el  deseo mío,  insatisfecho,  de tener uno en   mi propia casa. 
Hubo un circo cuya  principal atracción era unos perros jugando al   Fútbol. Era increíble ver  a los canes correr detrás de un globo.  
La primera vez que presencié un espectáculo teatral  fue en un circo: el  clásico    JUAN MOREIRA, que cuenta la vida de  un  gaucho bonaerense    asesinado por la policía y que le sirvió de inspiración al escritor Eduardo Gutiérrez (n.1851.)  
Fui a  muchos circos. No solamente en mi infancia,  sino también, ya casado,  llevándolos   a mis tres hijos varones.    
Quizá el más importante circo que conocí, por su  magnificencia    fue   el  SARRASANI   fundado en 1912 en Alemania.
A lo largo de los años tuvo momentos  difíciles, especialmente durante la SGM: el régimen nazi acusó a su propietario de cobijar a muchos hebreos.
Sus instalaciones fueron   destruidas por  la fuerza aérea británica, cuando ésta arrasó la ciudad de Dresde durante la SGM.
Al fallecer el hijo del fundador, su  viuda,  Gertrude Helene Kunz, se encargó de levantar el circo desde su base misma. Luego aceptó  la invitación de Perón  para convertir  la Argentina en su centro de operaciones.
En 1964 yo estaba viviendo en la Capital Federal. Se me presentó la oportunidad de ver  la actuación, en Luna Park, de la compañía estadounidense, Hollydays  on Ice, un espectáculo que mezclaba  ballet y circo.   
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CINE. El séptimo arte fue un invento (1895), de los hermanos  Lumiere: Louis (n.1864) y Augusto (n. 1862.)
El premio Oscar, se entrega anualmente desde 1927.  Las  películas que acumularon la  mayor cantidad de estatuillas, once,  fueron  Ben Hur (1959) y  Amor  sin Barreras  (1961.) 
La actriz estadounidense Katherine  Hepburn. (n. 1907), hasta su fallecimiento, en el año 2003, había logrado cuatro distinciones.
CIRCO.     Su  historia   se remonta el legado cultural dejado por algunas de las civilizaciones antiguas, desde el lejano oriente (China, Mongolia, India),  hasta el occidente próximo (Grecia, Roma, Egipto, etc.)
 Actividades   como la acrobacia, el contorsionismo o el equilibrismo, se utilizaban  en el adiestramiento de los guerreros, en  los rituales religiosos y en las festividades.
En octubre del año 2001 estuve en Praga en el  propio hábitat  del   Teatro Negro,  creado en 1961 por Jiri Srnec,  es un tipo de representación escénica muda que se caracteriza por llevarse a cabo en un escenario negro a oscuras, con una iluminación estratégica que da lugar a un fantástico juego de luz y de sombras. 
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DÍAS MUSICALES.  Mi Padre tenía un mejor  oído musical que  Mi Madre. Cantaba en idish los  temas relacionados a  la brutal  diáspora europea.   
Para  Mi Padre fue una gran  desilusión cuando dejé mis estudios de  violín.  Él me había conseguido  el mejor profesor que había en Concordia.
No sabía sostener  el  arco y  ya me sentía  un  prodigio  al estilo del lituano  Yasha Heifetz (n. 1899.)
Para que yo  no  tuviera la excusa   de decir “No puedo practicar”, Mi Padre  me compró el instrumento, que si bien era usado, estaba impecable.
Mi primer mini concierto familiar lo hice ejecutando el Himno Nacional hebreo---Hatikvá.   Mis Padres, a pesar de mi  penosa actuación,  me aplaudieron  a rabiar.
Empecé a flaquear   cuando   me di cuenta que el solfeo me resultaba difícil  y la teoría  me embolaba. 
El quiebre definitivo se produjo cuando oí tocar a un chico vecino nuestro. 
Cuando volví a casa   le dije a Mi Padre que lo  lamentaba: no tenía sentido que yo siguiera  estudiando y  que él gastara la plata inútilmente. 
Mi violín no se murió de viejo, sino por desuso. Cuando me fui de mi casa nadie se acordó de él, ni siquiera para quitarle el polvo.  
 Mi interés por el folklore argentino   comenzó en la Primaria. Me sedujeron las letras de  tres de las  notables creaciones del  cantautor y guitarrista Atahualpa Yupanqui, (Héctor Roberto Chavero n. 1908): El arriero, Los Ejes de mi Carreta y El alazán.
En tercer  grado  se incorporó a nuestra clase un chico correntino.  Su familia era ultra peronista, y el padre había conseguido  un importante conchabo en  la Aduana de   Concordia.
Para mantener  una buena relación con  Rodolfo M.,  yo eludía cualquier conversación  que tuviera que ver con el peronismo.
Con él fui el viernes 17 de Octubre de 1952 al acto organizado en Concordia con motivo del Día de la Lealtad Popular. El Líder  hacía  su primera gran  aparición después de enviudar. Una muchedumbre se había agolpado en la plaza San Martín para escuchar al General a través de los parlantes que se habían colocado alrededor de la plaza. Cuando Perón empezó a hablar la gente vociferaba  loas  hacia su persona. Un tipo a mi lado   estaba muy  entretenido  leyendo un  diario y, de tanto en tanto, de manera espasmódica aullaba: “Viva Perón.”
Rodolfo M., era un brillante intérprete del acordeón a piano y figurita repetida en los actos oficiales  del colegio. Fue él quien me hizo conocer el  Chamamé,  estilo musical mesopotámico, que se popularizó a  partir de  1870, cuando el acordeón, conocido popularmente como “verdulera”, llegó a Corrientes de la mano de   inmigrantes europeos.
El folklore tuvo para mí otra dimensión cuando me convertí  en un fanático   del grupo salteño  Los Fronterizos,  creado por  Gerardo López en 1953. No solamente estuve en algunas de sus presentaciones en vivo, sino que también coleccioné varios de sus  más logrados  long play.
Cuando me casé,  alquilé un departamento en el mismo edificio que  G.L rentó   el suyo, en la temporada estival de 1965.
Nunca  fui un fanático del Tango; sin embargo,  me gustaban aquellas canciones que tuvieran un ritmo armonioso.  
Mis Padres  bailaban el tango cuando coincidían en alguna reunión de la Unión Israelita. Se complementaban bastante bien. Aarón se notaba más  diestro en sus movimientos que su mujer.
En mi genética no hubo ni siquiera una mísera célula   de ese don paterno.
    Entre mis  cantantes de tango, mis preferidos fueron:  el  franco-argentino, Carlos Gardel (n. 1890), muerto trágicamente en accidente aeronáutico cerca de Medellín (Colombia); y el uruguayo Julio Sosa (n. 1926), quien en el apogeo de su carrera profesional tronchó su vida al estrellarse con su coche, contra un árbol en los Parques de Palermo. 
Fue en  la madrugada del 26 de noviembre de 1964.  Justo esa noche yo  estaba en la metrópoli participando de la despedida de soltera de una prima de Mi Mujer. De regreso al hotel me encontré con unos noctámbulos quienes tenían un solo tema: la muerte de Sosa. Sentí una pena enorme.
(Todos los capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)

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