Sunday, April 26, 2020

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE DECIR (17)


MI VIDA Y SUS INFIERNOS.

Contaré mi vida antes que la parca se anticipe


En  la  pensión mendocina donde yo vivía alejado de mi familia por el asma,   los  cafishios y  las meretrices   eran  tangueros  fanáticos.
De todos ellos   sobresalía   Raúl Rodríguez quien  llegó a ser cantor profesional, hasta que el pucho acabó con su voz.
Compuso dos canciones que una vez   publicó la  revista El Alma que Canta.
Rodríguez  me  llevó  a escuchar a su  amigo  el porteño HÉCTOR MAURÉ (Vicente José Falivene n. 1920), durante su actuación  en el club Andes Talleres.
Gracias  al tanguero de la pensión pude conocer  al eximio guitarrista oriundo de Zárate, Adolfo Berón (n. 1915), integrante de una prolífica familia de artistas: las cancionistas Elba y Rosita y   los cantores Raúl y José.
En el año 1982,  Adolfo  actuó en Mar del Plata. Fui a escucharlo  acompañado por otro tanguero de ley,   Paco Martínez, que era vecino mío y mi  jefe en la edición  vespertina   del diario El  Atlántico, en una época  que yo  estaba dedicado de lleno al Periodismo.
  Una noche de verano de 1960 fui por  las mías   al club   Pacífico de Mendoza   a escuchar a la  gran orquesta típica de Juan D’Arienzo  (n. 1900),   popularmente conocido como el “Rey del Compás”. Su vocalista era el fenomenal   Mario Bustos  (Nazareno Álvarez n.1924.)
En marzo de 1995, en el cierre de mi  actividad como periodista gráfico,  entrevisté
en Mar del Plata al pianista, compositor y director  de orquesta, el fabuloso OSVALDO PUGLIESE (n. 1905).  Creo que fue la última entrevista que concedió, unos meses antes de morir,  a los noventa años de  edad.
Entre las cancionistas,  mi preferida fue  la bellísima y prematuramente fallecida  santafesina ROSANNA FALASCA (n. 1953), dueña de una voz fantástica.  Un cáncer terminó con su promisoria carrera cuando recién había cumplido   veintinueve  años de edad.

Era un niño cuando me sentí cautivado por  “El Rey del falsete”, el  mejicano MIGUEL ACEVES MEJÍA (n. 1915).  Sus canciones tuvieron una   enorme difusión, lo mismo que su vida privada: se casó con una argentina  y desarrolló una gran amistad con el expresidente Perón.
De su cancionero quedaron impresas en mi memoria para siempre: La malagueña, El jinete,  Ella y El preso número nueve.
Después vinieron  otras voces que formaron parte de mi vida romántica, cuando  el amor estaba por descubrirse:   los mexicanos Pedro Infante (n. 1917)  y  Javier Solís (n. 1931); el cubano Fernando Albuerne (n. 1920); el chileno Lucho Gatica (Luis Enrique Gatica García n.1928) y   el argentino Mario Clavell, (n. 1922.),  conocido como  “El Chansonnier de América.”
EL  BOLERO es una  expresión musical surgida en  Cuba.   En 1886   se conoció la primera canción escrita en este ritmo: “Tristezas”, compuesta por el  guitarrista y  compositor  José Pepe Sánchez (n.1856), quien además, es considerado el padre de los trovadores cubanos.
Entre mis boleros preferidos  están los que  compuso el  mexicano  Roberto Cantoral, (n. 1935): La Barca, Regálame esta noche y El Reloj.
En Mar del Plata, presencié   un show de ese grupo conocido como  LOS CINCO LATINOS, donde gravitaba la increíble voz de la única mujer del grupo: Estela Raval (Palma Nicolina Ravallo n.1935);  pero, en materia de preferencias me inclino  con la   formación estadounidense, Los Plateros, surgida en 1951. Todos sus integrantes eran negros: cuatro varones y una mujer (Zola Taylor), quienes lograron  dominar el mercado discográfico gracias a melodías tales  como:    Sólo Tú,  Mi Oración, El Gran Impostor  y Dieciséis Toneladas.
 En el rango de voces foráneas rescato, entre otros,  al cantante  pop, pianista y compositor  estadounidense de origen hebreo NEIL SEDAKA (n. 1939);  al cantante, compositor y actor canadiense de origen libanés, Paul Anka (n. 1941), quien  revolucionó el mercado discográfico con: Corazón estúpido,  ¡Oh! Carol y Diana,   dedicado a una antigua niñera.

Mi gran ídolo fue,  sin lugar a dudas, ELVIS AARÓN PRESLEY (n. 1935),   [el elelconocido como el  “Rey del Rock.”
En el año 1958 en el cine Ópera de Mendoza vi una de las películas  que protagonizó  el oriundo del Estado de Misisipi: El Rock de la cárcel.
Leí una pequeña biografía  suya que  comienza cuando estando bajo bandera  es enviado  a una base  militar estadounidense en Alemania, donde  conoce  a su futura esposa  PRISCILLA ANN-BEAULIEU (n. 1945),   y madre de su única hija.

Nunca me gustó  amontonarme   para presenciar un espectáculo musical. Sin embargo,  tuve algunas experiencias  casuales que   me resultan  imposibles de olvidar.
Un día a la salida del Colegio  decidí dar una vuelta por el centro mendocino  antes de regresar a la pensión.  Al pasar por los estudios de la radio    LV10,  vi un  enorme afiche  que anunciaba la presencia en vivo de  un  cantante chileno: un  tal HÉCTOR ROSAMEL ARAYA (n. 1936),  acompañado por el grupo Los Playeritos.  Entré. Éramos un puñado de curiosos   que ocupaba el pequeño auditorio.
La voz de Rosamel era   aflautada.  Vestía lastimosamente: el  saco y el  pantalón, parecían   destinados a distintos cuerpos: la prenda de arriba le iba muy chica y a la  de abajo le sobraba por todos lados.
Me sentí identificado con él. Yo también me vestía como un zaparrastroso.
En este mismo auditorio   escuché  al eximio   ejecutante de armónica el santiagueño HUGO DÍAZ (n. 1927). No había que ser un entendido parasensibilizarse con su  música.   Tocaba como  los dioses.   A  los veintidós años formó su primer conjunto  siendo su vocalista su esposa Victoria, hermana, del  famoso percusionista, el también santiagueño Domingo Cura (n.1929.)
A una semana de la Navidad de 1959 en Mendoza  diluviaba como si se avecinara el fin del mundo. Las acequias se habían desbordado.   Daba miedo salir a la calle. Sin embargo, no me iba a perder la presentación del al legendario  TRÍO LOS PANCHOS quienes con su formación original iban a  actuar en Radio Libertador.
Tomé coraje y salí a la calle. A poco de caminar le erré a una cuneta y me hundí  en una acequia.  Cuando entré a la emisora chorreaba de arriba y de abajo. Y así me pasé casi dos horas   escuchando al mexicano José de Jesús Chucho Navarro  (n. 1913),  al puertorriqueño   Hernando Avilés (n. 1914) y al otro azteca Alfredo Güero Gil, (n. 1915.)
De la alegría que tenía la mojadura no me afectó, como si me hubiera inmunizado.
En el idioma de los galos me coparon   tres cantantes   hasta el fanatismo: EDITH  PIAF (Edith Giovanna Gassion n. 1915);  GEORGES BRASSENS (n. 1921) que nació mi  mismo día   solo que  veinte años antes; y JACQUES BREL  (n. 1929.)
De   la Piaf, coleccioné  discos, vi dos películas biográficas y una obra de teatro.
A Brassens  lo descubrí  en el film Las puertas lilas (1957), dirigida por el cineasta y escritor francés René Clair (René Chomette n.  1898.)
En  1998 vi un programa    dedicado totalmente  a Brel. Esto   renovó   mí interés   por este cantante y compositor muerto antes de cumplir los cincuenta años de edad a causa de un cáncer de pulmón.
Está  enterrado en la Polinesia Francesa, a pocos metros de la tumba del pintor parisino Paul Gauguin (n. 1848.)

En el Tercer año de la Secundaria,   me  amisté con el traga de la clase.  Yo iba a su casa para que me ayudara en Física y Matemáticas, mi Talón  de Aquiles durante el Bachillerato.
En vez de estudiar me  pasaba escuchando su  colección  sobre la historia del  jazz que había editado  Reader's Digest.
Unos  años más tarde me compré  de la misma editorial colecciones   del    clarinetista estadounidense de origen hebreo, Benny Goodman,  (Benjamín David  n. 1909); y  del compositor y director de orquesta, el también estadounidense,

GLENN MILLER (n. 1904),  autor de la canción más reproducida en la historia de los EE.UU.: Serenata a la luz de la luna.
No declina mi emoción   cada vez que escucho ¡Qué Mundo Maravilloso--What a wonderful world!, un himno y un antídoto contra el racismo de los autores  Bob Thiele y George David Weiss,    para el lucimiento del trompetista  LOUIS  ARMSTRONG (n.1901), conocido como  “El gigante de News Orleans.” Esta canción forma  parte de   la banda de sonido de la película  Buenos Días Vietnam.
En mi infancia no todo era música culta.  Vale como  ejemplo  el  yanqui descendiente de sicilianos NICOLA PAONE  (n. 1915), quien trascendió a escala mundial y  particularmente   en la  Argentina con solo   tres composiciones muy livianas: Ué  paisano (la más popular), La cafetera y Señora maestra.
Paone se retiró muy joven de la actividad musical para dedicarse de lleno a la gastronomía: abrió  un restaurante de comidas italianas  en la Gran Manzana.
Hubo otras canciones que se fueron con mi   adolescencia: La Adelita, La Cucaracha  o  Mambrú se fue a la guerra.
Mi Padre   me hablaba con admiración  de dos cantantes italianos  de una enorme calidad vocal: el  tenor  ENRICO CARUSO (n. 1873)  y  el barítono BENIAMINO GIGLI (n.
1890.)
Yo vi en el cine la   vida de Enrico, El Gran Caruso,   protagonizada  por el tenor yanqui Mario Lanza (Alfredo Arnoldo Cocozza n. 1921.)
Caruso murió a los 48 años de edad a causa de una pleuresía (inflamación pulmonar); y  Lanza se fue a los 38  por  un infarto cardíaco.
Un enorme placer  me producía  la lectura de cualquier   biografía. Esto  me permitió    estrechar lazos de amistad virtual con el alemán LUDWIG VAN BEETHOVEN,  (n. 1770),  un increíble compositor que tuvo que luchar entre su creciente sordera y su bipolaridad; con el austriaco WOLFANG AMADEUS MOZART (n. 1756),  de una
precocidad increíble y de una muerte prematura;  con el polaco  FEDERICO CHOPIN  (n. 1810),  tan talentoso como físicamente debilucho; y con  el alemán ROBERT SCHUMANN, (n. 1810),  un loco de aquellos, creador del lied y uno de los más famosos  compositores de la mitad del siglo XIX. Después de un fracasado intento de suicidio, murió víctima de un colapso neurocirculatorio. Según otras fuentes aseguran que fue por una sífilis.
A pesar de tener  mis oídos tapiados, fue el violinista y compositor veneciano ANTONIO VIVALDI (n. 1678), quien pudo llegar con su música hasta la profundidad de  mis tímpanos  y   deleitarme con su magistral: Las Cuatro Estaciones.
En el año 2011  escuché la  versión  completa  en una realización de la Orquesta de Cámara de Berlín.
Dos  óperas escuché en toda mi vida:   una fue El Mesías de GEORGES FRIEDRICH HAENDEL (n. 1685), en un anfiteatro de la ciudad de Haifa; y la segunda,   Don Juan, de Mozart,   en el  teatro  Bolshói  de Moscú. De esta última obra apenas si alcancé a oír la primera parte. Después me  sumí en un profundo sueño. En mi defensa debo decir  que había caminado todo el día.
En 1962  viviendo en Jerusalém,  los días martes iba los conciertos gratuitos que se ofrecían gratuitamente  en el auditorio de Radio Nacional.
Un compañero del Majón, el instituto para líderes juveniles,  me explicó que  la mejor  manera   de  apreciar  la melodía era cerrando los ojos para no distraerse. Yo hice  lo mismo y me quedé profundamente dormido.
En ese mismo 1962  me di el gusto de encontrarme cara a cara con  el incomparable,    para mí gusto, dúo israelí   HA DUDAÍM, integrado por los jerosolimitanos  Benny Amdurski e Israel Gurión.  Eran dos voces que parecían multiplicarse en cada canción.
Yo me conocía de memoria muchos de sus grandes éxitos.
Todo  joven  israelí que poseía  una  buena voz muchas veces alcanzaba  notoriedad   durante la colimba. No solamente  surgían los solistas sino también se conformaban los   grupos corales.
Cuando me radiqué en Israel en el  1972,  me volví fan de  ILANIT (Jana Drezner n. 1947), poseedora de una voz cautivamente. Ella representó a Israel en   Eurovisión en dos oportunidades: en 1973 logró el  cuarto puesto   en   Luxemburgo donde  y cuatro años después,  obtuvo el undécimo puesto  en Londres.
Entre las voces masculinas,  la que me atrapó hasta el fanatismo fue la de  YORAM GAÓN (n.  1939 ). En su vasto repertorio hay  bellísimas canciones  en español antiguo.
Jerusalém. Es probable que su nombre se refiera  el lugar donde habitaba el dios pagano Salem.  En el siglo XIV adC, aparecen  los hebreos quienes   confunden Salem –Paz--- Shalom.
En 1963 estuve en  LA SCALA DE MILÁN, uno de los grandes  escenarios mundiales  de la música culta  que fuera   inaugurado el 3 de agosto de 1778,  con la ópera La Europa reconocida  de Antonio Salieri (n. 1750.)
Serían las diez de la mañana cuando llegué a la Scala.  Vi  una puerta abierta y sin   custodios a la vista. Sin pensarlo dos veces me mandé por una escalera que me llevó directamente a un palco desde donde seguí, como un espectador de lujo, parte de un  ensayo de  Nabucodonosor la obra coral de Giuseppe Verdi, (n. 1813.)
Tan pancho como entré, del mismo modo  me fui sin que nadie reparara mi presencia. Por lo visto no doy el perfil de un terrorista urbano.
BOLSHÓI (“Grande" en ruso).  El teatro como la compañía fueron  fundadas  en 1776 por el príncipe ruso Piotr Urúsov y el empresario  inglés Michael Maddox.    Es el mayor escenario  de Europa después de la Scala de Milán,
Raíces del jazz.  Comenzó en los  cánticos religiosos de los esclavos africanos. Y de los  liberados iban a surgir las primeras bandas (1890.)
Tango. “Surgió de los suburbios de la ciudad de Buenos Aires a fines del siglo XIX, producto cultural que resalta en éll todas las características de sus habitantes.”
Violín.  ANTONIO STRADIVARIUS (n.1644) y sus hijos construyeron unos instrumentos tan perfectos, que con el tiempo alcanzaron precios siderales.
    (Todos los capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)





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