MI VIDA Y SUS INFIERNOS.
Contaré mi vida antes que la parca se anticipe
En la pensión mendocina donde yo vivía alejado de
mi familia por el asma, los cafishios y
las meretrices eran tangueros
fanáticos.
De
todos ellos sobresalía Raúl Rodríguez quien llegó a ser cantor profesional, hasta que el
pucho acabó con su voz.
Compuso
dos canciones que una vez publicó
la revista El Alma que Canta.
Rodríguez me
llevó a escuchar a su amigo
el porteño HÉCTOR MAURÉ (Vicente José Falivene
n. 1920), durante su actuación en el
club Andes Talleres.
Gracias al tanguero de la pensión pude conocer al eximio guitarrista
oriundo de Zárate, Adolfo Berón (n. 1915), integrante de una prolífica familia de artistas: las cancionistas Elba y Rosita y los cantores Raúl y José.
En el año 1982, Adolfo
actuó en Mar del Plata. Fui a escucharlo
acompañado por otro tanguero de ley,
Paco Martínez, que era vecino mío y mi
jefe en la edición
vespertina del diario El Atlántico, en una época que yo
estaba dedicado de lleno al Periodismo.
Una noche de verano de
1960 fui por las mías al club
Pacífico de Mendoza a escuchar a
la gran orquesta típica de Juan
D’Arienzo (n. 1900), popularmente conocido como el “Rey del
Compás”. Su vocalista era el fenomenal Mario
Bustos (Nazareno Álvarez n.1924.)
En
marzo de 1995, en el cierre de mi
actividad como periodista gráfico,
entrevisté
en
Mar del Plata al pianista, compositor y director de orquesta, el fabuloso OSVALDO PUGLIESE (n.
1905). Creo que fue la última entrevista
que concedió, unos meses antes de morir,
a los noventa años de edad.
Entre
las cancionistas, mi preferida fue la bellísima y prematuramente fallecida santafesina ROSANNA FALASCA (n. 1953), dueña
de una voz fantástica. Un cáncer terminó
con su promisoria carrera cuando recién había cumplido veintinueve
años de edad.
Era un niño cuando me
sentí cautivado por “El Rey del
falsete”, el mejicano MIGUEL ACEVES MEJÍA (n. 1915). Sus canciones tuvieron una enorme difusión, lo mismo que su vida
privada: se casó con una argentina y
desarrolló una gran amistad con el expresidente Perón.
De
su cancionero quedaron impresas en mi memoria para siempre: La malagueña, El
jinete, Ella y El preso número nueve.
Después
vinieron otras voces que formaron parte
de mi vida romántica, cuando el amor
estaba por descubrirse: los mexicanos Pedro Infante (n.
1917) y
Javier Solís (n. 1931); el
cubano Fernando Albuerne (n. 1920); el chileno Lucho Gatica (Luis Enrique Gatica
García n.1928) y el argentino
Mario Clavell, (n. 1922.), conocido
como “El Chansonnier de América.”
EL BOLERO es una
expresión musical surgida en
Cuba. En 1886
se conoció la primera canción escrita en
este ritmo: “Tristezas”, compuesta por el guitarrista y compositor
José Pepe Sánchez (n.1856), quien además, es considerado el
padre de los trovadores cubanos.
Entre
mis boleros preferidos están los
que compuso el mexicano Roberto Cantoral, (n. 1935): La Barca,
Regálame esta noche y El Reloj.
En
Mar del Plata, presencié un show de ese
grupo conocido como LOS CINCO LATINOS,
donde gravitaba la increíble voz de la única mujer del grupo: Estela Raval
(Palma Nicolina Ravallo n.1935);
pero, en materia de preferencias me inclino con la
formación estadounidense, Los Plateros, surgida en 1951. Todos sus
integrantes eran negros: cuatro varones y una mujer (Zola Taylor), quienes lograron dominar el mercado discográfico gracias a
melodías tales como: Sólo Tú,
Mi Oración, El Gran Impostor y
Dieciséis Toneladas.
En el rango de voces foráneas rescato, entre
otros, al
cantante pop, pianista y compositor estadounidense de origen hebreo NEIL SEDAKA (n. 1939); al cantante, compositor y actor
canadiense de origen libanés, Paul Anka (n. 1941), quien
revolucionó el mercado discográfico con: Corazón estúpido, ¡Oh! Carol y Diana, dedicado a una
antigua niñera.
Mi
gran ídolo fue, sin lugar a dudas, ELVIS AARÓN
PRESLEY (n. 1935), conocido como el “Rey del
Rock.”
En
el año 1958 en el cine Ópera de Mendoza vi una de las películas que protagonizó el oriundo del Estado de Misisipi: El Rock de
la cárcel.
Leí
una pequeña biografía suya que comienza cuando estando bajo bandera es enviado
a una base militar estadounidense
en Alemania, donde conoce a su futura esposa PRISCILLA ANN-BEAULIEU (n. 1945), y madre de su única hija.
Nunca
me gustó amontonarme para presenciar un espectáculo musical. Sin
embargo, tuve algunas experiencias casuales que
me resultan imposibles de
olvidar.
Un
día a la salida del Colegio decidí dar
una vuelta por el centro mendocino antes
de regresar a la pensión. Al pasar por
los estudios de la radio LV10, vi un
enorme afiche que anunciaba la
presencia en vivo de un cantante chileno: un tal HÉCTOR ROSAMEL ARAYA (n. 1936), acompañado por el grupo Los Playeritos. Entré. Éramos un puñado de curiosos que ocupaba el pequeño auditorio.
La
voz de Rosamel era aflautada. Vestía lastimosamente: el saco y el
pantalón, parecían destinados a
distintos cuerpos: la prenda de arriba le iba muy chica y a la de abajo le sobraba por todos lados.
Me
sentí identificado con él. Yo también me vestía como un zaparrastroso.
En
este mismo auditorio escuché al eximio
ejecutante de armónica el santiagueño HUGO DÍAZ (n. 1927). No había que
ser un entendido parasensibilizarse con su
música. Tocaba como los dioses.
A los veintidós años formó su
primer conjunto siendo su vocalista su
esposa Victoria, hermana, del famoso
percusionista, el también santiagueño Domingo Cura (n.1929.)
A
una semana de la Navidad de 1959 en Mendoza
diluviaba como si se avecinara el fin del mundo. Las acequias se habían
desbordado. Daba miedo salir a la
calle. Sin embargo, no me
iba a perder la presentación del al legendario
TRÍO LOS PANCHOS quienes con su formación original iban a actuar en Radio Libertador.
Tomé
coraje y salí a la calle. A poco de caminar le erré a una cuneta y me
hundí en una acequia. Cuando entré a la emisora chorreaba de arriba
y de abajo. Y así me pasé casi dos horas
escuchando al mexicano José de Jesús Chucho Navarro (n. 1913),
al puertorriqueño Hernando
Avilés (n. 1914) y al otro azteca Alfredo Güero Gil, (n. 1915.)
De la alegría que tenía la mojadura no me afectó, como si me
hubiera inmunizado.
El
francés es el idioma que siempre
me ha gustado. Lo estudié en la Secundaria y en un instituto privado un par de
meses. Tropecé con
los verbos y con mi poca
concentración al estudio.
En
el idioma de los galos me coparon tres
cantantes hasta el fanatismo: EDITH PIAF (Edith Giovanna Gassion n. 1915); GEORGES BRASSENS (n. 1921) que nació mi mismo día
solo que veinte años antes; y JACQUES
BREL (n. 1929.)
De la Piaf, coleccioné discos, vi dos películas biográficas y una
obra de teatro.
A
Brassens lo descubrí en el film Las puertas lilas (1957), dirigida
por el cineasta y escritor francés René Clair (René Chomette n. 1898.)
En 1998 vi un programa dedicado totalmente a Brel. Esto
renovó mí interés por este cantante y compositor muerto antes
de cumplir los cincuenta años de edad a causa
de un cáncer de pulmón.
Está enterrado en la Polinesia Francesa, a pocos
metros de la tumba del pintor parisino Paul Gauguin (n. 1848.)
En el Tercer año de la Secundaria, me
amisté con el traga de la clase.
Yo iba a su casa para que me ayudara en Física y Matemáticas, mi Talón de Aquiles durante el Bachillerato.
En vez de estudiar me
pasaba escuchando su
colección sobre la historia
del jazz que había editado Reader's Digest.
Unos años más tarde me
compré de la misma editorial
colecciones del clarinetista estadounidense de origen hebreo,
Benny Goodman, (Benjamín David n. 1909); y
del compositor y director de orquesta, el también estadounidense,
GLENN
MILLER (n. 1904), autor de la canción
más reproducida en la historia de los EE.UU.: Serenata a la luz de la luna.
No
declina mi emoción cada vez que escucho
¡Qué Mundo Maravilloso--What a wonderful world!, un himno y un antídoto contra
el racismo de los autores Bob Thiele y George David Weiss, para el lucimiento del trompetista LOUIS
ARMSTRONG (n.1901), conocido como “El gigante
de News Orleans.” Esta canción forma
parte de la banda de sonido de la película Buenos Días Vietnam.
En
mi infancia no todo
era música culta. Vale como ejemplo
el yanqui descendiente de
sicilianos NICOLA PAONE (n. 1915), quien
trascendió a escala mundial y
particularmente en la Argentina con solo tres composiciones muy livianas: Ué paisano (la más popular), La cafetera y
Señora maestra.
Paone
se retiró muy joven de la actividad musical para dedicarse de lleno a la
gastronomía: abrió un restaurante de
comidas italianas en la Gran Manzana.
Hubo
otras canciones que se fueron con mi
adolescencia: La Adelita, La Cucaracha
o Mambrú se fue a la guerra.
Mi
Padre me hablaba con admiración de dos cantantes italianos de una enorme calidad vocal: el tenor ENRICO
CARUSO (n. 1873) y el barítono BENIAMINO GIGLI (n.
1890.)
Yo
vi en el cine la vida de Enrico, El
Gran Caruso, protagonizada por el tenor yanqui Mario Lanza (Alfredo
Arnoldo Cocozza n. 1921.)
Caruso murió a los 48 años de edad a causa de una pleuresía
(inflamación pulmonar); y Lanza se fue a
los 38 por un infarto cardíaco.
Un
enorme placer me producía la lectura de cualquier biografía. Esto me permitió
estrechar lazos de amistad virtual con el alemán LUDWIG VAN BEETHOVEN, (n. 1770),
un increíble compositor que tuvo que luchar entre su creciente sordera y
su bipolaridad; con el austriaco WOLFANG AMADEUS MOZART (n. 1756), de una
precocidad
increíble y de una muerte prematura; con
el polaco FEDERICO CHOPIN (n. 1810),
tan talentoso como físicamente debilucho; y con el alemán ROBERT SCHUMANN, (n. 1810), un loco de aquellos, creador del lied y uno
de los más famosos compositores de la
mitad del siglo XIX. Después de un fracasado intento de suicidio, murió víctima
de un colapso neurocirculatorio. Según otras fuentes aseguran que fue por una
sífilis.
A
pesar de tener mis oídos tapiados, fue
el violinista y compositor veneciano ANTONIO VIVALDI (n. 1678), quien pudo
llegar con su música hasta la profundidad de
mis tímpanos y deleitarme con su magistral: Las Cuatro
Estaciones.
En
el año 2011 escuché la versión
completa en una realización de la
Orquesta de Cámara de Berlín.
Dos óperas escuché en toda mi vida: una fue El Mesías de GEORGES FRIEDRICH
HAENDEL (n. 1685), en un anfiteatro de la ciudad de Haifa; y la segunda, Don Juan, de Mozart, en el
teatro Bolshói de Moscú. De esta última obra apenas si
alcancé a oír la primera parte. Después me
sumí en un profundo sueño. En mi defensa debo decir que había caminado todo el día.
En
1962 viviendo en Jerusalém, los días martes iba los conciertos gratuitos
que se ofrecían gratuitamente en el
auditorio de Radio Nacional.
Un
compañero del Majón, el instituto para líderes juveniles, me explicó que la mejor
manera de apreciar
la melodía era cerrando los ojos para no distraerse. Yo hice lo mismo y me quedé profundamente dormido.
En
ese mismo 1962 me di el gusto de
encontrarme cara a cara con el
incomparable, para mí gusto, dúo
israelí HA DUDAÍM, integrado por los
jerosolimitanos Benny Amdurski e Israel
Gurión. Eran dos voces que parecían
multiplicarse en cada canción.
Yo
me conocía de memoria muchos de sus grandes éxitos.
Todo joven
israelí que poseía una buena voz muchas veces alcanzaba notoriedad
durante la colimba. No solamente
surgían los solistas sino también se conformaban los grupos corales.
Cuando
me radiqué en Israel en el 1972, me volví fan de ILANIT (Jana Drezner n. 1947), poseedora de
una voz cautivamente. Ella representó a Israel en Eurovisión en
dos oportunidades: en 1973 logró el cuarto puesto en
Luxemburgo donde y cuatro años
después, obtuvo el undécimo puesto en Londres.
Entre
las voces masculinas, la que me atrapó
hasta el fanatismo fue la de YORAM GAÓN (n. 1939 ). En su vasto repertorio hay bellísimas canciones en español antiguo.
Jerusalém.
Es probable que su nombre se refiera el
lugar donde habitaba el dios pagano Salem.
En el siglo XIV adC, aparecen los
hebreos quienes confunden Salem –Paz---
Shalom.
En
1963 estuve en LA SCALA DE MILÁN, uno de
los grandes escenarios mundiales de la música culta que fuera
inaugurado el 3 de agosto de 1778,
con la ópera La Europa reconocida
de Antonio Salieri (n. 1750.)
Serían
las diez de la mañana cuando llegué a la Scala.
Vi una puerta abierta y sin custodios a la vista. Sin pensarlo dos veces
me mandé por una escalera que me llevó directamente a un palco desde donde
seguí, como un espectador de lujo, parte de un
ensayo de Nabucodonosor la obra
coral de Giuseppe Verdi, (n. 1813.)
Tan
pancho como entré, del mismo modo me fui
sin que nadie reparara mi presencia. Por lo visto no doy el perfil de un
terrorista urbano.
BOLSHÓI
(“Grande" en ruso). El teatro como
la compañía fueron fundadas en 1776 por el príncipe ruso Piotr Urúsov y el empresario inglés Michael Maddox.
Es el mayor escenario de Europa
después de la Scala de Milán,
Raíces del jazz. Comenzó en
los cánticos religiosos de los esclavos
africanos. Y de los liberados iban a surgir
las primeras bandas (1890.)
Tango.
“Surgió de los suburbios de la ciudad de Buenos Aires a fines del siglo XIX,
producto cultural que resalta en éll todas las características de sus
habitantes.”
Violín. ANTONIO STRADIVARIUS (n.1644) y sus hijos
construyeron unos instrumentos tan perfectos, que con el tiempo alcanzaron
precios siderales.
(Todos los capítulos
en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)
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