Wednesday, July 28, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO DECIR (47)

Mi VIDA Y SUS INFIERNOS

MI HERMANO EL  MISERABLE.   Yo sabia que era una misión imposible buscar su comprensión. De todos modos en mi confusión   me decidí por la heroica: le telefoneé a Carmiel  donde se había ido a vivir con su familia cuando regresó de  

México. Había permanecido seis años en la capital azteca  donde, bancado por su suegro, se había recibido  de ingeniero.  En Israel, ni por las tapas, se hubiese recibido, teniendo en cuenta lo difícil que resultaba estudiar a determinada edad.

A Mi Hermano le expliqué que necesitaba urgente una cama, que me mandara algo de dinero como para salir de Madrid, y buscar algún trabajo en el interior de España. Él no me escuchó, no le interesaba  mi problema.  

Sin consultarme  me mandó un  pasaje de avión porque  quería que   los tres hermanos nos reuniéramos en una mesa familiar para las Pascuas—Pesaj, algo que no ocurría desde hacía más de un cuarto de siglo.

Yo no sabía que el farsante se había vuelto místico.

La noche del seder, Mi Hermano   se sentó  en la cabecera como un padre de familia y se puso a rezar. Sentí  asco.  Lo veía como a esos típicos cagadores que viven encomendándose a Dios.    

Yo le recordé que  le había firmado, sin preguntar,   los  papeles  que me envió a Mar del Plata para poder efectivizar lo mucho o poco que había dejado nuestro fallecido padre.  Me respondió que yo  había sido desheredado. Entonces: ¿por qué necesitó de mi firma? No me respondió

Mi  Hermano, el menor,  que se había venido a Israel poco tiempo después del ascenso de la Dictadura en la Argentina, no pinchaba ni cortaba: influía menos que   un espantapájaros. Creo que le tenía miedo al farsante  Y, a la vez,  era su cómplice en la reparto del bacalao.   

Para  lo único que me valió el viaje a Israel, fue para poner mi cuerpo en una cama.

Me quedé una semana  en Carmiel. Después visité a Lea, la prima de Mi Madre;  a los amigos de Arad, que se habían mudado a Ramat Gan;  al hermano menor de  Mi Mujer, que se había  casado con una católica  y emigrado; y  a Mi Prima,  la mayor,  que vivía en Jerusalém.

Cuando Mi Hermano, el farsante,  se iba a trabajar  Mi Cuñada, la colorada, me contaba de  lo infeliz que era   en su matrimonio. Terminó dándome  tanta pena que dejé de lado la bronca que le guardaba  desde aquella  vez que ella nos maltrató cuando la  fuimos a visitar a Tel Aviv, a pocos días de haber llegado al país.   

Mi Hermano y su mujer se separaron durante un tiempo en 1990. Él   se vino a

Mar del Plata a visitar a Nuestra Madre, que estaba residiendo en un geriátrico.

Mi Hermano y su mujer, antes del año, dieron marcha atrás y volvieron a juntarse. La tacañería de  Mi Hermano, había contagiado  a su mujer. Fui con ellos a pasear  a Tel Aviv. Al  mediodía entramos a un modesto patio de comidas. Mi Cuñada, después de mirar la cartilla del menú, pidió una sopa. Hasta acá todo normal menos cuando   vi que  madre e hijos (dos varones y una nena), compartían el mismo plato.

Ya que había venido a Israel para nada  al menos debía sacarle algún provecho. Como a Mi Hijo, el mediano, le gustaba el deporte, logré entrevistarme con un   

familiar lejano de Mi Padre, que  administraba  el renombrado  Instituto de Educación Física “Charles Orde Wingate.”     

La primera impresión que tuve de ella fue como verme ante la actriz estadounidense Jane Fonda (n. 1937),   en  su momento de mayor esplendor.  

El esposo de la Administradora era socio de la cooperativa de autotransporte  

Egued. Tenían dos hijos: una nena y un varón.

A la Administradora le pedí que le  facilitara el ingreso de Mi  Hijo  al Instituto. Los requisitos eran más que exigentes. Ella se comprometió  a darle una mano.  

En febrero de 1990 Mi Hijo, con la palanca que tenía  no  tuvo  ningún inconveniente en iniciar  el Profesorado de Educación Física.   Su entusiasmo fue enorme y exigua su   paciencia.

Mi Hijo, el mediano, abandonó Israel  cuando estalló la  guerra del Golfo. No soportó el olor a pólvora y mucho menos tener que  pasarse día entero metido en un refugio. Desde entonces deambula por el mundo buscando su destino. Lamentablemente dilapidó su buena cabeza: podía haber aspirado a mucho con solo proponérselo.

CARMIEL.  Fundado  en  1964. Está situada a cuarenta y cinco  kilómetros de Haifa. 

RAMAT GAN. Fue fundado en 1921 como colonia comunitaria--- moshav centrada en la producción agrícola.   

EL FIN DE LA AVENTURA ESPAÑOLA. Regresé a Madrid dolido por haber fracasado miserablemente.  No estaba en mí seguir engañando a  Mi Familia.

Los pocos días que permanecí en la capital española me alquilé una habitación en un hotel de mala muerte  en la calle Montera,  a pocas cuadras de la más importante arteria madrileña: la Gran Vía, que fuera  inaugurada en 1924.   

MI HERMANO., el menor, llegó a Madrid, en escala rumbo a la Argentina.  Compartimos   el mismo hotel.

Se iba a quedar en  mi casa un año.  Además de querer ver a Nuestra Madre, iba a   poner su boca en orden: tenía todos los dientes podridos. Él  no tenía obra social y cualquier arreglo que se hiciera en Israel era una hipoteca.  

Yo no sabía si algún día volvería a Madrid. Pateé por  la Gran Vía de  punta a punta: desde la Fuente  Cibeles (diosa de la Madre Tierra) hasta la  Plaza España.  Después  me  detuve en la  plaza Tirso de Molina, viendo como jóvenes curraban, a la vista de todos,  con los adminículos  utilizados en el  consumo de la cocaína,   

También   caminé por  la calle Lavapiés, que  tristes recuerdos le traen  a la comunidad hebrea  memoriosa.

Volví al  Museo del Prado, para despedirme de LAS MENINAS esas criaturas principescas.

Cuando ya tenía fecha de regreso a la Argentina, tomé un tren y fui a visitar    Toledo, un lugar que me interesaba conocer porque estaba emparentado con la cultura hebrea en la Península.   

Quizá  por  no querer  escuchar  más mentiras, nunca  le pregunté a Mi Hermano  de dónde había sacado  la plata para semejante viaje, teniendo en cuenta que hacía  varios años que no trabajaba.  

Es un país donde proliferan los explotadores, los evasores  y los corruptos, no debía sorprenderme algunas de las  situaciones que se produjeron durante mi corta permanencia en España.

Yo estaba tomando  café en un boliche cercano al  Estadio Santiago Bernabéu del Real Madrid (fundado en 1902). De pronto un  grupo de jóvenes universitarios, escuchaban sonrientes las guarradas que decía ese escorpión del Opus Dei,  JOSÉ MARÍA RUIZ MATEOS, creador del  holding Rumasa (Ruiz Mateos Sociedad Anónima.)

El delincuente de guantes  blancos trataba de recuperar sus empresas  después que se las  expropiara   el gobierno socialista  español (PSOE) el 23 de febrero de 1983, cuando  iba camino a una quiebra fraudulenta.  

La intervención estatal  significó  un fuerte quebranto para el  erario.  El Gobierno se deshizo de Rumasa, a menos  de su valor.  

España   siempre tapó  sus  agujeros negros  robando las riquezas de sus colonias en América.

Ahora no enviaba carabelas sino que mandaba  a  sus cuervos para que volvieran con los tesoros ajenos  y dejaran su carroña.

No sé por  qué  a los ricos y a los  famosos les duele en el alma tener que pagar los impuestos.   

En ese  1989    el fisco español  ordenó   encarcelar a la famosa bailadora, cancionista y actriz LOLA, LA FARAONA, FLORES (n. 1923) por no cumplir con sus obligaciones tributarias.  

Me acuerdo que   la actriz italiana  SOFÍA LOREN (n. 1934),  por el mismo motivo se pasó en prisión algunos meses.  

La diva napolitana le echó la culpa a su contador.  Un argumento que utilizó  la ex funcionaria argentina,  María Julia Alsogaray (n. 1942), cuando fue descubierta  camuflando sus obligaciones impositivas.

En una de las revistas del corazón, de las tantas  que proliferan en España, salió a la  luz las  desavenencias conyugales de las multimillonarias hermanas KOPLOWITZ, corneadas por sus respectivos maridos, que eran primos entre sí.

Alicia (n. 1952) y Esther (n. 1953),  habían heredado un imperio inmobiliario, bancos y muchas otras empresas de su  padre, Ernesto Koplowitz Sternberg,  un alemán de origen hebreo.

Koplowitz Sternberg, llegó a España  con una mano atrás y otra adelante. En poco tiempo  supo amasar una verdadera fortuna a pesar de tener que soportar los vaivenes económicos   producidos durante  la SGM.

Alicia sabía que su esposo le era infiel pero no podía sorprenderlo con su  pito en otra vagina que  no fuera la suya.  La deslealtad de Alberto Cortina  quedó al descubierto cuando apareció   en el  semanario Diez Minutos  saliendo de un hotel de Viena con su amante Marta Chávarri (n. 1960), hija de un embajador.  

Y si algo le faltaba a este affaire, en unas de las tomas fotográficas para vengarse del infiel su esposa apareció    sin bragas y  lampiña.  Despumes de este hecho Alicia se divorció de inmediato y unos meses después la  siguió   su hermana   quien no dudó de patear a su marido Alberto Alcocer, por el hipotético de tal palo tal astilla.Los primos, con el correr de los años supieron cómo enriquecerse.  Y como buenos   españoles tuvieron sus quebrantos fraudulentos.  Y como es común en  la Argentina,   a la Justicia le llevó muchos años hasta que fueron condenados.  

MADRID.  El origen de la villa de Madrid data de mediados del siglo IX, cuando el emir Mohamed I levantó un castro árabe en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real. En los alrededores de este alcázar  se desarrolló una ciudadela amurallada de carácter eminentemente militar, conocida con el nombre de “al-Mudaina.”

MUSEO DEL PRADO. El edificio  fue concebido inicialmente por Carlos III (n. 1716).   Fue inaugurado oficialmente en 1819.

TOLEDO.   Existen hallazgos arqueológicos que prueban la existencia de población humana en las terrazas del río Manzanares desde el Paleolítico.   El rey Alfonso X instala aquí la Escuela de Traductores y a la que concurren muchos intelectuales de origen hebreo.

LAVAPIÉS.   Fue un  barrio de la comunidad hebrea.   La actual Iglesia de San Lorenzo ocupa el solar que antaño estaba  la sinagoga. En  el año e 1391 la comunidad     sufrió un pogromo, que produjo un gran número de víctimas fatales. A pesar de esto muchas familias volvieron al barrio hasta su expulsión, un siglo después, por orden de los Reyes Católico.

 (continuará)(todos los  capítulos en elrincondelosimpios blogspot.com/ el hombre de la memoria corta)

Sunday, July 18, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO DECIR (46)

 

Mi VIDA Y SUS INFIERNOS

 EN ENERO DE 1989 EL EXPRESIDENTE ALFONSÍN  RECIBÍA EL último cachetazo de  su enclenque gestión de Gobierno.  Unos civiles delirantes a quienes  alguien les tiró carne podrida, coparon  el cuartel de  La Tablada, en una acción suicida, lo que terminó por desdibujar al al mandatario que hacía rato era un gnomo político,   incapaz de sortear las zancadillas que le ponía el peronismo traicionero.  Volví a sentir ese miedo inexplicable como me ocurrió en  el año 1972 cuando la política vernácula comenzaba a transitar  un camino sin retorno y  que  terminaría llevándose  puesta   a toda una generación.  

El diario me  pagó la renuncia con unas cuantas migajas. No  estuvo  en mi ánimo discutir esta actitud miserable con quienes eran afectos de abusarse del trabajador.  Con ese dinero y la venta de un plan de viviendas que  estaba pagando para poder rajarme del   barrio Centenario, me compré un pasaje bastante económico que ofrecía la empresa rusa  aeronavegación   Aeroflot. El viaje incluía una estadía  de cinco días  en Moscú, antes de tomar la combinación que me llevaría a Madrid.  

Dejé  Mi Familia ilusionada y con la promesa de reunirnos muy pronto para poder  iniciar una vida sin tantos baches   económicos.

De Buenos Aires a Moscú volé en  un  caza bombardero   transformado en un avión de  pasajeros.  Sus cabinas no estaban lo suficientemente presurizadas. Cada vez que tomaba altura yo tenía la sensación que  mis oídos me iban a explotar.  

Después de la  escala  en la  isla Cabo Verde cuando el avión despegó yo   no pude soportar el dolor de oídos  y me puse a llorar.  

 Entre los pasajeros había un contingente de pescadores rusos que regresaban a su país después de depredar las riquezas ictícolas argentinas. Casi todos  vestían  camisas de nylon de manga corta y despedían un olor a chivo imposible de tolerar. Yo respiraba por la boca para evitar las náuseas. Asco y dolor resultaban  una mala combinación.

Las azafatas eran  unos  tremendos mastodontes. Tenían un increíble pelambre    en las piernas y en las axilas.   Mi Mujer era una obsesiva: se depilaba ni bien asomaba el primer vello.

Aterrizamos en  el  aeropuerto Internacional de Moscú-Domodedovo situado treinta y cinco  km. de la ciudad. Mis documentos fueron controlados por un joven que se encargó de torturarme, a pesar que yo tenía la visa correspondiente.  Fue porque  en la foto del pasaporte  yo aparecía  sin barba y en ese momento me la había dejado crecer.  Mi verdugo solamente hablaba ruso. Al menos conmigo.

Yo había hecho un pequeño curso de  ruso en un instituto privado pero lo tuve que  abandonar  por cuestiones laborales.

En Moscú  me  alojé en un hotel de medio pelo  que estaba  un  tanto  alejado del centro. La única comida que me  daban, sin cargo, era el desayuno,  tipo continental que bien se podía considerar un almuerzo.

Moscú me maravilló por su magnificencia. Políticamente había otro clima gracias al  glasnost (apertura, transparencia o franqueza), impulsado por su primer ministro MIJAÍL GORBACHOV (n. 1931). Lástima que en este país su gente es genéticamente  corrupta e incapaz de modificar su destino.

Los jóvenes pervertidos por el comunismo, se morían por un jeans importado que solamente los  podían conseguir en las tiendas que eran exclusivas para turistas, siempre y cuando tuvieran   dólares. Por eso buscaban hasta la desesperación  la moneda norteamericana.  

Esta imagen se me repitió durante un viaje que hice a  Cuba: Fidel Castro quiso copiarle a los rusos. Y así le fue  a su gente.

En el viaje a Moscú  había hecho amigo de un joven arquitecto rosarino quien, después de conseguir la residencia,  volvía a España para trabajar con unos familiares.  Estaba divorciado. Su ex era la hermana de quien sería un destacado centrodelantero de  Newell’s Old Boys: Iván Gabrich (n. 1972.)

Yo no me despegaba  del Arquitecto rosarino. Él era mi cicerone.  Me llevaba a conocer   lugares que por las mías nunca los hubiese podido encontrar.

Del hotel al centro nos movilizábamos  en trolebús.  Los trabajadores no pagaban el boleto. Nosotros nos incluíamos en la categoría de laburantes avivados.  

Quizá presintiendo que las cosas no me irían bien en España, entré  en uno de esos monumentales hipermercados  que estaba al servicio de la población local y que, para el argentino todo era una bicoca.

 Por monedas compré regalos para toda la familia. Yo me hice de  un traje y un sobretodo  que en la Argentina  me hubiesen resultado imposibles de comprar. Muchas cosas  que se vendían ahí  eran fabricadas en los países satélites de la ya   herrumbrada Cortina de Hierro.    

Muchas moscovitas rajaban la tierra.  Una vendedora del hipermercado   estaba dispuesta a entregarse al  Arquitecto  por amor al sexo. Él era un tipo pintón y la  joven mucho más mona, por lejos, que sus compatriotas las tenistas  Anna Kournikova (n. 1981)  o la siberiana María Sharapova (n. 1987.)

Ellos se regalaron un montón de  sonrisas, pero  cuando llegó el momento de fijar una  cita no se pudieron entender.  Al final mi compañero de ruta desistió de salir con  esa kresavetz.  

Para no dejar ese  día en blanco nos fuimos al teatro BOLSHÓI (“grande”  en ruso), construido en 1825. Es  el mayor escenario  de Europa después de la Scala de Milán Aquí  se concentran el teatro, la danza y la ópera.

Compramos las entradas a un revendedor, porque en la boletería nos habían dicho que no quedaban localidades. No era cierto. Querían un dinero bajo cuerda.

En Moscú la gente se negaba a hablar  en otro idioma que no fuera el propio. Aquellos que estaban en  contacto con los  turistas se volvían plurilingües.

Cuando ingresé al teatro me encontré en un recinto cargado de luces y colores. Estaba   en un sitio que nunca pensé que lo podía llegar a conocer.

Esa noche se ofrecía la ópera Don Giovanni (1787)  del compositor austriaco,  Wolfgang   Amadeus Mozart (n. 1756). A mitad de la obra  me quedé dormido. Estaba molido de caminar todo el día.  

A la salida   nos unimos a un grupo de compatriotas y juntos  fuimos bordeando  parte del río Moscova,  y rodeando  un sector  del Kremlin.  

Después  nos arrimamos hasta un hotel.  Había luz en la cocina. El Arquitecto entró y convenció al personal de limpieza que le vendieran dos botellones  de champagne. Los vaciamos en contados minutos, tomando directamente de los picos. Nadie se molestó por la falta de vasos.

En Rusia estaba prohibida  la venta de bebidas alcohólicas en la vía pública. Durante la caminata  vi a más de un moscovita  tambalearse, y no porque se le hubiese bajado la presión.  

En horas de la mañana habíamos visitado   la  Plaza  Roja e hicimos una larga cola  para entrar en el  mausoleo del héroe de la revolución bolchevique, Lenin (Vladimir Ilich Uliánov n. 1870). Su  cuerpo embalsamado   tenía una iluminación que producía un efecto sorprendente sobre su  rostro: parecía  dormido.  

Uno de los  guardias apostados en el lugar, no le gustó que yo me apartara   de la fila;  blandiendo su  fusil,  me hizo entrar en razones.

La Plaza Roja, la tercera más grande del mundo, originalmente se llamaba    “Bonita”.  En su perímetro, además del Kremlin,  se destaca la Catedral de San Basilio (por el santo conocido como “loco por Cristo”, n. 1468),  construida en el siglo  XVI por el   zar Iván, el Terrible,  para conmemorar la conquista del estado (janato) de Kazán.

Entré en  la Catedral, caminé unos pocos metros. Nada del lugar me atrajo como

para seguir avanzando. Volví   a la Plaza  para reencontrarme con el Arquitecto, que no me habìa querido acompañar.  

El desayuno ya había cubierto su recorrido. Teníamos   hambre. El  Arquitecto conocía  un restaurante de categoría, al que solamente podían ingresar extranjeros,  ricos y funcionarios.  Las sillas estaban tapizadas de una  pana roja y  la mantelería era de primera, lo mismo que las vajillas.  

Los mozos mimaban a los comensales  a cambio de una buena propina.       Después del almuerzo tomamos un taxi  y nos fuimos hasta  el  GORKI  PARK. Yo fantaseaba con patinar en su famosa pista de hielo. Estaba influenciado por una película que  yo creí  que se había  filmado en ese lugar.       

El chofer del taxi  hablaba alemán.  Yo me entendía  con él en idish. El tipo para no perderse  el viaje no nos dijo que en invierno  el parque estaba cerrado.  Me adentré unos   metros como para decir: “Estuve”, y pegué la vuelta.

Después de cenar en un sitio de comidas rápidas me   fui con  el Arquitecto a tomar  un café a  uno de los mejores hoteles moscovitas: el Intourist.

En la puerta nos encontramos con mujeres, no muy jóvenes, que intentaban convencer a los turistas de que eran capaces de dar un placer sexual único e irrepetible.

A mí me encaró una chica  que bien pudo  haber sido  una excelente jugadora de básquetbol, por su notable estatura. Me habló en inglés. Me contó que era ingeniera civil, que estaba separada, que tenía   dos hijos a su cargo  y que estaba desocupada.    Le fui franco: le dije que conmigo perdía   el tiempo, que se buscara alguien que  le pudiera pagar lo que ella quería.   

No se rindió, hizo  un último intento: se  ofreció a llevarme a su casa por el mismo precio: cincuenta dólares.

El Arquitecto  tampoco se prendió. Ninguno de los dos estaba  para tener sexo tarifado, ni de ningún otro.

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MOSCÚ. Está  a  orilla del río Moscova y fue fundada en 1147 por el príncipe Yuri Dolgoruki (n. 1099), cuando pasó el poder político de Kiev hacia aquí.

KREMLIN. Es un conjunto de fortificaciones situadas en el corazón de Moscú, que comenzaron a construirse en el año 1156.

EL METRO. Su construcción comenzó en 1932 y duró tres años.  

Hay estaciones que poseen verdaderas  obras artísticas, creaciones de  maestros checos,   italianos, y de pintores letones.

MORIR EN MADRID Anochecía  cuando aterricé  en el aeropuerto internacional  de Barajas.   Me atacó  el miedo cuando vi que  a varios argentinos los mandaban de vuelta, entre ellos a   una  mujer embarazada que entró en una histeria tal que temí por la salud del bebé.

Yo vestía   el traje y el  abrigo comprados  en Moscú. Ningún funcionario del aeropuerto se fijó en mí, como si supiera que mi  estadía sería breve.     

 Cuando vi que mi excompañero de El Atlántico no me había venido a buscar como se había comprometido a hacerlo, sentí una enorme desazón.  

Esto me marcó de tal manera  que nunca más pude reagrupar mis ideas.

Fue el fin  de todos mis proyectos. No sé cómo no me infarté a causa de los nervios y de la enorme cantidad de puchos que me fumaba a diario.

Mi excompañero del diario se había quedado dormido. Yo no  podía entender como alguien que no trabajaba necesitaba de la siesta. Y mucho menos en invierno. Se

apareció en  el coche  familiar, aprovechando que sus padres estaban en Mar del Plata.

Me bastaron unas pocas palabras para darme cuenta que el fulano estaba totalmente pirado.  

Vivía en una casucha en un barrio pobre de la comunidad de Alcobendas. No me invitó a su casa sino que me llevó a la oficina  donde funcionaba la administración del  diario atrasados de la publicación que, según  El Pirado, me permitiría ganar mis primeras pesetas.

Me quedé   turuleco: era un tabloide de  dieciséis  páginas  con pocos avisos y una diagramación propia de un aprendiz. Peor que aquella improvisada publicación que hicimos  los estudiantes de Periodismo del Museo Social Argentino.

Totalmente abatido me puse a llorar. Temblaba  como si tuviera convulsiones. Pensaba en los míos y  de cómo salir  de este embrollo.

Si genéticamente hubiese estado programado para ser un asesino,  al Pirado  lo hubiese borrado de este mundo.

Al día siguiente, era sábado, telefoneé  a otro  excompañero mío del pasquín.

Le conté a H. B.,  que su  entrevista  a   Alfonsín antes que él dejara la Argentina, había enojado al expresidente. Nunca supe las razones.

También le dije que quien era la secretaria privada de Alfonsín, en su momento,  me había pedido  algunos ejemplares del diario donde había   aparecido la cuestionada nota. Yo me negué. Era una cabronada incomprensible dado que ella podía conseguir los diarios que quisiera sin mi intermediación. Y para mi resultaría ser un alcahuete que no tenía goyete.

H. B., vino con su mujer y su bebé y me sacó a ventilar.  Fuimos a almorzar.  Mis manos temblorosas apenas si podían sostener los cubiertos.   En menos de veinticuatro horas quedé hecho una piltrafa.

I. H. B.,  se dedicaba a la venta de computadoras y su mujer trabajaba en una distribuidora mayorista de videos.   

H.B., y su mujer fueron   sinceros  conmigo.  Me pintaron  una realidad imposible de ignorar: que  me llevaría mucho tiempo hasta que pudiera encontrar un trabajo, teniendo en cuenta que estaba indocumentado y que  no calificaba para ninguna chamba.

Tuve suerte que  el asma se apiadara de mí. En cambio  comencé a perder mi pelambre.  

El domingo, en horas de la tarde, fui a la casa de Eduardo, quien intermedió para que viniera a Mar del Plata, para trabajar con la juventud judía. Un tío, hermano de su madre,   estaba de visita.  El clima familiar era harto pesado, a causa del   cortocircuito existente entre él y su mujer. Las que más sufrían eran las tres nenas, las que después de la separación se quedaron con  la madre.  

Volví a visitarlos unos días después. Al verme,  la esposa de Eduardo  dejó la casa. No quería saber nada de su marido y de sus  amigos.  Y pensar que cuando vivían  en Israel  y nos visitaban, a ella  la agasajábamos como la dama que no era.   

Una de las hijas de Eduardo, la mediana, me pidió que me fuera porque quería que su madre volviera. Me fui   silbando bajito.

El día lunes conocí al dueño de la publicación. Era un uruguayo   sesentón, corpulento, ojos gastados de tanto leer y mirar las pantallas de las computadoras. Una larga barba blanca le confería un aspecto patriarcal. Era divorciado y se había juntado con una enfermera española.  Tenía un hijo que estudiaba Periodismo, es decir seguía los pasos de su padre. Y como éste  pertenecía al  staff de la agencia  de noticias EFE, su hijo tenía el  conchabo asegurado.

El charrúa sacaba su publicación  una vez por semana. Escribía sobre temas comunales de Alcobendas y sus alrededores. Era de distribución  gratuita.  En el pueblo  había otros medios similares pero  con notoria captación de la torta    publicitaria y, por ende, con una mayor aceptación entre la gente.

El Uruguayo  me contó que al   Pirado lo había rajado por vago. El tipo se compadeció de mí situación y se propuso darme una mano: me iba a pagar   unas cuarenta mil pesetas a cambio que yo lo ayudara con su mamotreto. Lo que no me aseguraba era una cama y que era lo que yo  más   necesitaba.    

La única pensión  que había en la ciudad, y cuya renta estaba  al alcance de mi bolsillo, tenía todas las habitaciones ocupadas hasta fin de año.  

Para demostrarle al Uruguayo mi  buena voluntad   salí a buscar publicidad.  Una

gran mayoría  de los comerciantes no sabían  de la existencia de su publicación.

En mi desesperación  llamé por teléfono  a Milán, pidiéndole  ayuda  a Jaia,  la hija del primo de Mi Padre.  Me dijo que le era imposible darme una mano, porque se estaba divorciando.   

Pensé en Maradona que estaba en Nápoles. Yo sabía de gente que él había ayudado.  No me animé. Quizá por la presencia de su apoderado, Guillermo Cóppola  a quien yo no conocía.

En un momento pensé en los míos y en el sentimiento de frustración que les iba provocar mi fracaso.  El  suicidio, es  un sentimiento dominante en muchos inmigrantes. Yo nunca fui tan corajudo como para animarme a cortar el hilo de mi vida.  

Lo dijo el escritor  argelino, Albert Camus (n. 1913): “Todos los hombres sanos han pensado en su propio su suicido alguna vez.”

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ALCOBENDAS.  La primera referencia histórica   proviene de los albores del siglo XIII en un documento escrito en latín y fechado en Burgos el 5 de agosto de 1208, conservado en el Archivo Municipal de Segovia.

AGENCIA EFE. Es una empresa informativa multimedia, con más de tres mil profesionales de sesenta  nacionalidades, que cubre todos los ámbitos de la información en los diferentes soportes informativos.

 

(Continuará)(todos los  capítulos en rincondelosimpios/ el hombre de la memoria corta)

 

 

Thursday, July 1, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO DECIR (45)


Mi VIDA Y SUS INFIERNOS

EL CICLOTIMICO,  era un mal bicho, aunque  relegado a un segundo lugar por  Nquien era el  Secretario  general   de la edición  matutina. El Rengo era un dechado de perversidad.  

A mí me demostraba abiertamente su antisemitismo. Yo lo ignoraba olímpicamente: no me valía la pena perder mi trabajo por semejante excremento humano. Lo habían echado del diario más importante de la ciudad,  por presión de sus propios colegas. Llegó a nuestro pasquín por su relación con el Director convirtiéndose en su mano derecha.

El TIPO  no tardó en mostrar la hilacha: en su afán de trepar terminó mordiendo   la mano que le daba  de comer.

Durante la Guerra de Malvinas,   escribió una nota dando cuenta del paradero de un buque carguero marplatense que  llevaba  alimentos y pertrechos para las fuerzas destacadas en la zona del conflicto. El  barco fue torpedeado  y  hundido.   

La Marina quiso   clausurar el diario. Un socio de El Gallego, el asesinado Ricardo Gangeme, utilizó sus influencias para evitar el cierre.  

Gangeme después de separarse del Gallego García, se trasladó a   la provincia de Chubut, donde abrió un nuevo diario: El Informador Chubutense. El experiodista al parecer,  había tocado ciertos   intereses, lo que le costó la vida.

No creo que el servicio de inteligencia inglés leyera  nuestro pasquín. Fue una trágica  casualidad.  Lo que no fue casualidad  fue la nota en sí, y  la intención de inculpar su autoría  al Ciclotímico y provocar su despido, para que él pudiera  ocupar su  puesto. Todo el personal del diario se entrevistó con el  Director, pidiendo la expulsión del autor de la nota. El Ciclotímico dudó en un principio, finalmente se dejó llevar por  nuestra presión.     

El Cabezón   era oriundo de Santiago del Estero. Llegó a Mar del Plata en busca de trabajo. Se empleó en una heladería. Por un cliente se enteró que en El Atlántico se necesitaban periodistas.       

Cuando lo conocí creí estar frente a un consagrado escriba del New York Times. Según él, entre otras virtudes,  había viajado  por toda Europa, siguiendo la Fórmula Uno del automovilismo mundial.

 No necesité demasiado tiempo para dar cuenta   que era la primera vez que salía de su provincia.    Jamás había estado en el exterior.

En mayo de 1981 fue asesinado  el MATRIMONIO SCHOKLENDER. Ella había tenido veleidades de artista, y su esposo un empresario con ciertos contactos en las altas esferas.

A los  dos  hijos varones se les imputó el parricidio. La hija  quedó  margen del crimen.  

Uno de los inculpados se había escondido cerca de Mar del Plata. Cuando se lo aprehendió  El Atlántico cubrió la noticia con   el  Director  y el  Santiagueño.  Entre ellos se inició una profunda amistad.   

Con Ciclotímico no se embromaba cuando de dinero se trataba. El Cabezón  pensó que tenía la vaca atada, cuando se descubrió que se había quedado con unos dineros  de una publicidad. El boncha  terminó en la callel .

Ciclotímico le tenía mucho  aprecio a la manga de acahuetes que salían a buscar publicidad porque del  todo mordía una porción.  Esto generó una enorme 

 En  dentro de la empresa.  No se sabia si eramos periodistas o publicistas.

Uno de los dos diagramadores del matutino era el hijo de un reconocido periodista   cesanteado del diario de mayor difusión, por haberse quedado  con un cheque que no era suyo. Su hijo, corrió su misma suerte, por idéntico motivo.

Este  Diagramador  estafador estuvo a punto de abrocharme con una deuda cuando le  salí de garantía porque a su mujer la iban a operar  de  cáncer de mamas.

Un día  me llegó  una orden de embargo.  El ben zona (hdp), no había pagado el préstamo.  Me salvó  Ciclotímico al  ordenar   a la  Tesorería  que al estafador se le descontara del sueldo la deuda que tenía con el banco  hasta su cancelación,  

Nunca averigüé si a la  mujer del tramposo realmente la operaron. Lo que si supe que cuando se fue del pasquín abandonó a su esposa y   se fue a vivir a la Capital Federal.    

INFLANDO GLOBOS. La mayoría de nuestros lectores   eran  grandes consumidores de las actividades deportivas.  Para que el interés no decayera, yo me desvivía buscando notas  que tuvieran un cierto impacto, aunque se aproximaran al bolazo.

Y en este sentido escribí muchos  artículos  que en su momento  hicieron mucho ruido.

Una mañana de febrero 1982  llego  a la Redacción  y me encuentro con un  Rascapalmas  nervioso.  Sin darme tiempo para saludarlo, me envía a   buscar precisiones sobre un intento de suicidio de una  vedette que estaba actuando en un espectáculo   revisteril.  Se hallaba internada  en la misma  clínica donde  había nacido  MI PRIMOGÉNITO.   

Con el  fotógrafo elegimos subir por una  escalera lateral  para no ser vistos por los  miembros de la seguridad interna del nosocomio.

En  la  habitación de la artista me  encontré con una joven de unos veintisiete años, muy producida como para creer que había tenido intenciones de quitarse   la vida. Lynn una inglesa con algunos años en el país, tenía puesto  un  baby doll celeste que dejaba traslucir  sus tetas siliconadas.

Con ella estaba una chica que  se identificó como su secretaria. Fue ella la que   notó que al frasco  de pastillas para dormir le faltaba la mitad de su contenido.

Yo puse  cara de crédulo. Pero no  tenía ninguna duda de que todo era   una parodia para conseguir  un impacto periodístico teniendo en cuenta que su espectáculo venía penando en la boletería. La producción era muy cara. Al frente del espectáculo estaban dos impresionantes vedettes: Violeta Montenegro y Zulma Faiad.

Lynn se mostró   satisfecha con la nota,  y  me hizo llegar dos entradas.  A la función  fui con Mi Mujer.  Las localidades se habían agotado.  

En la definición de una de las competencias de fútbol que se hacían en el verano marplatense, el equipo  profesional de RIVER PLATE, uno de los finalistas, se negaba a jugar si los dirigentes no se ponían al día con  los premios adeudados. El rival de los millonarios era Peñarol de Montevideo. Yo me enteré del entredicho   por un  recepcionista del hotel donde se alojaba la delegación riverplatense.  

En horas del mediodía me encontré con un jugador que en vez de  descansar  estaba    chamuyándose a una jovencita. Y él  me confirmó la noticia. El vespertino tuvo su adelanto. Esa tarde se vendieron más diarios que  nunca.

No fui a casa a  almorzar. Monté guardia esperando la llegada del presidente riverplatense, el hotelero Aragón Cabrera, para ver sin se zanjaban las diferencias.

Yo me sumé a la reunión. Cuando se dieron cuenta que me había colado   me sacaron volando.  

El capitán de la banda roja,  DANIEL PASSARELLA (n. 1955)  anunció oficialmente que esa noche no se iba a jugar la final de la Copa de Oro.

Peñarol se  consagró  campeón de oficio.  En el matutino hice un refrito de lo que  

había publicado en la edición vespertino. Se agregaron  algunas fotos donde Aragón Cabrera  y otros altos dirigentes de la entidad,   

En el camino de regreso al diario  me encontré con el arquero de Peñarol, FERNANDO ALVEZ MOSQUERA (n. 1959) y lo aproveché para hacerle una nota.

Con Passarella mantuve un trato especial.  En sus primeras vacaciones en la Argentina, después de ser transferido a la Fiorentina de Italia, estuvo en Mar del Plata con su mujer.  Me encontré con él en su hotel. Fue la última vez que lo vi personalmente. Aunque, cada vez que se prestaba la ocasión, me mandaba saludos.

En el verano de 1983 mi jefe Patita Veloz perdió el apoyo del Director por  sus reiteradas borratinas. Nunca estaba cuando había que decir qué publicar y cómo  diagramar las páginas de Deportes.  Uno de los  motivos de sus reiteradas ausencias era una mujer, veinte años menor,  que lo volvía  loco. La amante  era casada.  Su marido trabajaba fuera de Mar del Plata.

El grupo me  propuso como el reemplazante de Patita Veloz. Ciclotímico me aceptó de mala gana. Pero no tenía una mejor opción.

Yo sabía no iba a ser para nada fácil: estaba rodeado de una sarta de inútiles confesos. El único que se salvaba de esta tribu era un chico apasionado del relato, y escribiendo se defendía muy bien. Lo que al tipo  lo arruinaba era su carácter difícil. En la jerga común: era un tipo mal llevado. Lo  echaron del pasquín después de protagonizar un confuso episodio: uno de sus colegas lo denunció de haberlo amenazado con un arma de fuego. Y Ciclotímico se puso de parte del denunciante.

En la tónica de no bajar los brazos y buscar permanentemente  la primicia, armé una nota realmente increíble. Yendo al trabajo habitualmente pasaba  por un quiosco de diarios y revistas. Una tarde   me llamó la atención   la tapa de la   francesa PARIS MATCH.  En la misma estaba el  tenista capitalino, marplatense por adopción,  GUILLERMO VILAS (n. 1950), en compañía de  la princesa de   Mónaco,  Carolina (n. 1957.)

No había que ser  un experto en la materia para no darse cuenta que era un fotomontaje.  A  mí no me importó. Había decidido darle manija al asunto.  

Un compañero de trabajo  conocía a la familia del tenista.  De a  poco fui tejiendo  una historia de amor, que permaneció, durante seis meses en las primeras planas   del diario.   No fue una tarea  fácil. Había que buscar diariamente nuevos elementos para que el relato no decayera.

Me hice asiduo concurrente al café donde acostumbraba ir el padre de Guillermo, el escribano Roque. Él era quien me proporcionaba detalles de los movimientos de su hijo. Me los  contaba   con toda naturalidad sin imaginar que luego  trascendían  a mis lectores. Él  no leía El Atlántico.

Una periodista alemana que trabajaba para   la revista española Hola   me llamó por teléfono, desde  ciudad alemana de Frankfurt. Quería novedades sobre el

affaire. No lo podía creer.  Ella estaba en Europa y  pretendía que yo le suministrara información desde el traste del mundo.  

La profesión que tanto me gustaba, muchos  la rascaban de oídas.  Como fue el  caso de varios corresponsales yanquis  quienes  durante la segunda Guerra del Golfo,   emitían noticias desde el frente… de sus casas.

Pienso que a mí me asiste el honor  de haber sido uno de los primeros, quizá el primero  en macanear  sobre un supuesto  romance entre una joven de la nobleza y un plebeyo,   sentado en una redacción  a miles de kilómetros de donde se desarrollaban mis  imaginados acontecimientos.

Cuando me cansé de correr detrás  de los supuestos  novios, busqué el momento oportuno para terminar con esta relación. Me iluminó una foto aparecida  en  la misma  Hola: estaba Vilas disfrutando de un crucero por el Canal de la Mancha y sin Carolina.

Cuando se casó la hermana  del tenista EL ATLÁNTICO  no fue autorizado a fotografiar la boda. El diario no podía estar ausente de semejante acontecimiento social, no por la novia  sino por tener un  hermano famoso.   Se pidieron algunas fotos  al diario de mayor difusión de la ciudad.

Yo hice las notas de la  ceremonia religiosa  escondido en un lugar próximo al atrio. No me iba a resultar nada agradable que alguien me identificara y me rajara a los sopapos, lo que  sería  para mi, un quemo total.

Otro lío colosal que armé de la nada involucró a futbolistas de  River Plate y un turista.  Según mi  informante  el turista  le había tocado el culo a la mujer de un futbolista.  Una reconocida exmodelo y, en una ocasión, acusada de cleptómana,  por una tienda londinense.

La pregunta que surgió de inmediato: ¿Qué hacían los jugadores millonarios en Mar del Plata?  Se suponía que debían estar concentrados en la Capital Federal.

Evidentemente se habían escapado para tirarse unas fichitas en el Casino. Cuando llegué al Hotel Hermitage escenario de la trifulca, lo primero que hice fue encarar al conserje, quien se lavó las manos diciéndome que  no  sabía nada del asunto.  De todos modos, había un elemento que probaría  que algo había pasado: a

una de las alas de la puerta giratoria le faltaba el vidrio.

Volví a la carga. Esta vez con el encargado de la confitería  quien me confirmó, por lo que escuchó  de su colega del turno anterior, la existencia de una  batahola que se

había extendido desde la confitería al hall del hotel y fue cuando se rompió el vidrio.    

En la Guardia de  la estación policial, que estaba enfrente al hotel, me negaron todo tipo de información. Quizá protegían  a los jugadores para evitarles un mal mayor  si el asunto  llegaba a oídos de los dirigentes.   

 Con los pocos elementos que tenía armé un tremendo  follón.    Rascapalmas,  fiel a su estilo, me largó las dos páginas centrales y   me dijo: “arréglatelas.”

Dos fotos intrascendentes me sirvieron para rellenar los espacios. Me maté tecleando.

Los corresponsales de los diarios  capitalinos  en Mar del Plata,  levantaron mi nota. Me llamaron periodistas de varias radios del Interior para que les diera mayores precisiones de lo que había salido  publicado en el vespertino.

A todos les fui totalmente sinceros: mi versión era una aproximación a  la verdad. Porque en vez de nombres hablaba de los puestos que tenían en el primer equipo, los  jugadores que habían venido de incógnito  a Mar del Plata.  

Tuve algunos  aciertos  entrevistando a personalidades tanto de la política como del deporte, consideradas figuritas difíciles, lo que  hizo que  el pasquín me tuviera  de pichi.  Y yo me imponía la obligación de conseguir las notas a cualquier precio.  

La única vez que fracasé fue cuando el Director se le ocurrió que MARADONA se pusiera la camiseta de Boca, en el momento que firmaba  su pase de Argentinos Juniors a la entidad de la Ribera

Fue una misión imposible porque su apoderado ya había vendido la exclusividad a un pool de revistas.

Yo con   Diego  tenía una buena llegada mientras estuvo  concentrado con la selección en Mar del Plata previo al  Mundial de España.

Una tarde me dijeron que se había ido con su novia a un hotel en el centro de Mar del Plata. Me fui tras él porque quería reportearlo sin que nadie me molestara.   Golpeé la puerta de la habitación. Maradona abrió, Estaba en calzoncillos. Cuando me vio no lo podía creer. A su espalda,  apenas tapada con una sábana, estaba

Claudia Villafañe,  quien sería su esposa. Me fui antes que al Diego lo condenaran  por haber matado   a un periodista. El esfuerzo se redujo a una apostilla.

El extécnico de la selección argentina de fútbol,  el rosarino César Luis Menotti (n. 1938) no quería aparecer en las páginas de El Atlántico. Convencerlo no era moco de pavo. Él le tenía un odio visceral a todo lo que estuviera relacionado con Crónica y con su dueño: El Gallego (Héctor Ricardo García, n.1932.)

Yo al Flaco,  lo corría por   su lado sensiblero en mi condición de asalariado y el estar obligado a entrevistarlo, porque era una orden de la patronal. Finalmente aceptaba reunirse conmigo no sin antes darme una pequeña charla ideológica: me hablaba de su padre ferroviario, de haber mamado el peronismo desde chico  y de otras  vituallas filosóficas más.

Una vez me dejó clavado en la calle hasta las dos de la madrugada, fruncido de hambre y  de frío   mientras él  cenaba en una conocida parrilla marplatense. Apenas si me tuvo paciencia. Me mató con unos monosílabos y se fue.

Y desde ese  día planté bandera. Tampoco me pidieron que lo volviera entrevistar.    

 LA INJUSTICIA TAMBIÉN  HACE  POLÍTICA.  En los casi diez años que estuve en El Atlántico pude comprobar  de cómo la política se vale del deporte para engatusar a la gente.   

La organización de los torneos de fútbol de  de verano en Mar del Plata ha sido siempre  un emprendimiento privado, desde que el empresario  Oscar Martínez hiciera rodar la pelota en el desaparecido estadio General San Martín en 1968.  

Después de la trágica muerte de su creador, pasó a ser monopolio de la Editorial Atlántida,  de  buenos contactos con los influyentes  personajes de la Dictadura militar instalada en 1976.  

En el  verano de 1982 un grupo empresarial  tuvo la afiebrada idea de moverle el piso a quien montaba el  caballo del comisario.  

PRIMERA FILA  estaba integrada por Maradona,  a través de su manager Jorge Cysterpiller, el púgil Carlos  Monzón y un controvertido importador de autos, Cacho Steimberg.  Esta gente   tenía  un as en la manga: el contrato  firmado  de Boca Juniors, lo que  garantizaba el  éxito económico y deportivo  de cualquier certamen.    

Fue cuando intervino el hombre fuerte del fútbol argentino y vicepresidente de la FIFA  el contraalmirante Carlos Alberto Lacoste, quien ordenó  al municipio marplatense ignorar  las ofertas de Primera Fila y  entregar la organización del certamen a   Editorial Atlántida.   

Con el advenimiento de la Democracia varios  concejales peronistas marplatenses  me vinieron a ver al diario para decirme  que iban a investigar  a fondo  ese ignominioso fraude   administrativo y que no iban a parar hasta llevar a los estrados de la Justicia al factótum de Editorial Atlántica, el empresario Constancio Vigil.   

Ningún  curul  tuvo las bolas suficientes como para avanzar  en  el tema.  Alguien  los obligó a callar, para que no saliera a la luz la existencia de  una intrincada  red de favores.

El exapoderado y amigo de la infancia de Maradona, Jorge Cysterpiller   se distanció del crack,  cuando a nombre de Maradona Producciones invirtió unos buenos dinerillos en un bingo en Asunción del Paraguay. La jugada terminó en un rotundo fracaso.

CYSTERPILLER  Intentó abrirse camino como empresario deportivo. Hizo su presentación en Mar del Plata con un partido entre Argentinos Juniors y un equipo brasileño.

En el mes de julio   de 1984 organizó dos cuadrangulares; uno con sede en Posadas y el otro en Rosario.

Lo que Cysterpiller no tomó en cuenta que la Mafia de la Pelota no le iba permitir crecer,  y   haría todo lo posible por fundirlo.

Cysterpiller me invitó al torneo misionero.  En el partido inaugural una mano negra cortó el cable coaxial, y no se lo pudo ver  por televisión.

En Rosario  el cuadrangular no pudo definirse, porque se robaron todos los balones al término del  primer tiempo.

Cysterpiller  se rehízo económicamente cuando se convirtió en   agente FIFA. Fue representante,  entre otros: Julio Cruz, Gabriel Milito, Martín Demichelis, José Sosa, Guillermo Franco, Ezequiel Lavezzi y Leandro Gracián.

 UN NUEVO FRACASO. Un don nadie  tiene vedado  el acceso al mundo de los exitosos, salvo que sea un idiota útil. Estaba cansado de la mediocridad periodística.   El Atlántico se estaba cayendo a  pedazos. Me escapé para no quedar atrapado  entre   los escombros.

Elegí Madrid, para hacerme la América.  En un principio yo había pensado tentar la  suerte en los EEUU. Era mejor ganar dólares que pesetas. Pero temí que   me negaran la visa.

Un excompañero del diario que  estaba viviendo en la capital española, me engatusó ( o me dejé),  diciéndome que en España había muchas posibilidades de encontrar trabajo en algún medio gráfico. Hasta me habló de una vacante en un diario zonal. Y agarré viaje.

A medida que llegaba el día de mi  partida me angustiaba la posibilidad del fracaso, porque me iba con una mano atrás y la otra también.          

MI MADRE, a quien yo la había rescatado   de su miserable vida en Concordia, cuando le dije que me marchaba   me maldijo.  Sus  improperios fueron   en  idish. Para ella  yo no iba en busca de una nueva  oportunidad de vida sino que la estaba abandonando.

Cuando fui a despedirme de  la madre de Eduardo, aquel que gestiono mi llegada a Mar del Plata para conducir la juventud judia,    ella  me dijo que no esperara ayuda alguna de  su hijo porque  estaba tratando de salvar su  matrimonio.  

El último mazazo lo recibí de una excompañera de El Atlántico quien me  anticipó que había estado con  los padres de quien me había convencido  viajar a España. Le contaron   que su hijo estaba perdido, que no trabajaba, que se pasaba todo el día durmiendo, y que ellos lo tenían que mantener para que no se muriera de hambre.  Se  me estrujó el  corazón. Creí que me iba a desmayar.  La mala noticia se la  oculté a  Mi Familia. Yo no quería que mi gente sufriera, antes que  yo chocara de frente con la  nueva realidad.    

Los padres del mentiroso compulsivo,  habían tenido un bar  en el centro de Madrid.  Ni él ni su hermana  nunca quisieron involucrarse en el curro. Ante la falta de colaboración  de sus hijos y cansados  de pasarse tantas horas detrás de un mostrador, vendieron   el fondo de comercio y consiguieron la administración de la mansión de un importante empresario  en el exclusivo barrio de La Moraleja.

Si a mi llegada hubiesen estado en Madrid, me habrían   echado  una mano, pero habían decidido pasarse varios meses en Mar del Plata, donde habían vivido tantos años antes de emigrar.

(continuara)(todos los  capítulos en el rincondelosimpios/ el hombre de la memoria corta)