Thursday, July 1, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO DECIR (45)


Mi VIDA Y SUS INFIERNOS

EL CICLOTIMICO,  era un mal bicho, aunque  relegado a un segundo lugar por  Nquien era el  Secretario  general   de la edición  matutina. El Rengo era un dechado de perversidad.  

A mí me demostraba abiertamente su antisemitismo. Yo lo ignoraba olímpicamente: no me valía la pena perder mi trabajo por semejante excremento humano. Lo habían echado del diario más importante de la ciudad,  por presión de sus propios colegas. Llegó a nuestro pasquín por su relación con el Director convirtiéndose en su mano derecha.

El TIPO  no tardó en mostrar la hilacha: en su afán de trepar terminó mordiendo   la mano que le daba  de comer.

Durante la Guerra de Malvinas,   escribió una nota dando cuenta del paradero de un buque carguero marplatense que  llevaba  alimentos y pertrechos para las fuerzas destacadas en la zona del conflicto. El  barco fue torpedeado  y  hundido.   

La Marina quiso   clausurar el diario. Un socio de El Gallego, el asesinado Ricardo Gangeme, utilizó sus influencias para evitar el cierre.  

Gangeme después de separarse del Gallego García, se trasladó a   la provincia de Chubut, donde abrió un nuevo diario: El Informador Chubutense. El experiodista al parecer,  había tocado ciertos   intereses, lo que le costó la vida.

No creo que el servicio de inteligencia inglés leyera  nuestro pasquín. Fue una trágica  casualidad.  Lo que no fue casualidad  fue la nota en sí, y  la intención de inculpar su autoría  al Ciclotímico y provocar su despido, para que él pudiera  ocupar su  puesto. Todo el personal del diario se entrevistó con el  Director, pidiendo la expulsión del autor de la nota. El Ciclotímico dudó en un principio, finalmente se dejó llevar por  nuestra presión.     

El Cabezón   era oriundo de Santiago del Estero. Llegó a Mar del Plata en busca de trabajo. Se empleó en una heladería. Por un cliente se enteró que en El Atlántico se necesitaban periodistas.       

Cuando lo conocí creí estar frente a un consagrado escriba del New York Times. Según él, entre otras virtudes,  había viajado  por toda Europa, siguiendo la Fórmula Uno del automovilismo mundial.

 No necesité demasiado tiempo para dar cuenta   que era la primera vez que salía de su provincia.    Jamás había estado en el exterior.

En mayo de 1981 fue asesinado  el MATRIMONIO SCHOKLENDER. Ella había tenido veleidades de artista, y su esposo un empresario con ciertos contactos en las altas esferas.

A los  dos  hijos varones se les imputó el parricidio. La hija  quedó  margen del crimen.  

Uno de los inculpados se había escondido cerca de Mar del Plata. Cuando se lo aprehendió  El Atlántico cubrió la noticia con   el  Director  y el  Santiagueño.  Entre ellos se inició una profunda amistad.   

Con Ciclotímico no se embromaba cuando de dinero se trataba. El Cabezón  pensó que tenía la vaca atada, cuando se descubrió que se había quedado con unos dineros  de una publicidad. El boncha  terminó en la callel .

Ciclotímico le tenía mucho  aprecio a la manga de acahuetes que salían a buscar publicidad porque del  todo mordía una porción.  Esto generó una enorme 

 En  dentro de la empresa.  No se sabia si eramos periodistas o publicistas.

Uno de los dos diagramadores del matutino era el hijo de un reconocido periodista   cesanteado del diario de mayor difusión, por haberse quedado  con un cheque que no era suyo. Su hijo, corrió su misma suerte, por idéntico motivo.

Este  Diagramador  estafador estuvo a punto de abrocharme con una deuda cuando le  salí de garantía porque a su mujer la iban a operar  de  cáncer de mamas.

Un día  me llegó  una orden de embargo.  El ben zona (hdp), no había pagado el préstamo.  Me salvó  Ciclotímico al  ordenar   a la  Tesorería  que al estafador se le descontara del sueldo la deuda que tenía con el banco  hasta su cancelación,  

Nunca averigüé si a la  mujer del tramposo realmente la operaron. Lo que si supe que cuando se fue del pasquín abandonó a su esposa y   se fue a vivir a la Capital Federal.    

INFLANDO GLOBOS. La mayoría de nuestros lectores   eran  grandes consumidores de las actividades deportivas.  Para que el interés no decayera, yo me desvivía buscando notas  que tuvieran un cierto impacto, aunque se aproximaran al bolazo.

Y en este sentido escribí muchos  artículos  que en su momento  hicieron mucho ruido.

Una mañana de febrero 1982  llego  a la Redacción  y me encuentro con un  Rascapalmas  nervioso.  Sin darme tiempo para saludarlo, me envía a   buscar precisiones sobre un intento de suicidio de una  vedette que estaba actuando en un espectáculo   revisteril.  Se hallaba internada  en la misma  clínica donde  había nacido  MI PRIMOGÉNITO.   

Con el  fotógrafo elegimos subir por una  escalera lateral  para no ser vistos por los  miembros de la seguridad interna del nosocomio.

En  la  habitación de la artista me  encontré con una joven de unos veintisiete años, muy producida como para creer que había tenido intenciones de quitarse   la vida. Lynn una inglesa con algunos años en el país, tenía puesto  un  baby doll celeste que dejaba traslucir  sus tetas siliconadas.

Con ella estaba una chica que  se identificó como su secretaria. Fue ella la que   notó que al frasco  de pastillas para dormir le faltaba la mitad de su contenido.

Yo puse  cara de crédulo. Pero no  tenía ninguna duda de que todo era   una parodia para conseguir  un impacto periodístico teniendo en cuenta que su espectáculo venía penando en la boletería. La producción era muy cara. Al frente del espectáculo estaban dos impresionantes vedettes: Violeta Montenegro y Zulma Faiad.

Lynn se mostró   satisfecha con la nota,  y  me hizo llegar dos entradas.  A la función  fui con Mi Mujer.  Las localidades se habían agotado.  

En la definición de una de las competencias de fútbol que se hacían en el verano marplatense, el equipo  profesional de RIVER PLATE, uno de los finalistas, se negaba a jugar si los dirigentes no se ponían al día con  los premios adeudados. El rival de los millonarios era Peñarol de Montevideo. Yo me enteré del entredicho   por un  recepcionista del hotel donde se alojaba la delegación riverplatense.  

En horas del mediodía me encontré con un jugador que en vez de  descansar  estaba    chamuyándose a una jovencita. Y él  me confirmó la noticia. El vespertino tuvo su adelanto. Esa tarde se vendieron más diarios que  nunca.

No fui a casa a  almorzar. Monté guardia esperando la llegada del presidente riverplatense, el hotelero Aragón Cabrera, para ver sin se zanjaban las diferencias.

Yo me sumé a la reunión. Cuando se dieron cuenta que me había colado   me sacaron volando.  

El capitán de la banda roja,  DANIEL PASSARELLA (n. 1955)  anunció oficialmente que esa noche no se iba a jugar la final de la Copa de Oro.

Peñarol se  consagró  campeón de oficio.  En el matutino hice un refrito de lo que  

había publicado en la edición vespertino. Se agregaron  algunas fotos donde Aragón Cabrera  y otros altos dirigentes de la entidad,   

En el camino de regreso al diario  me encontré con el arquero de Peñarol, FERNANDO ALVEZ MOSQUERA (n. 1959) y lo aproveché para hacerle una nota.

Con Passarella mantuve un trato especial.  En sus primeras vacaciones en la Argentina, después de ser transferido a la Fiorentina de Italia, estuvo en Mar del Plata con su mujer.  Me encontré con él en su hotel. Fue la última vez que lo vi personalmente. Aunque, cada vez que se prestaba la ocasión, me mandaba saludos.

En el verano de 1983 mi jefe Patita Veloz perdió el apoyo del Director por  sus reiteradas borratinas. Nunca estaba cuando había que decir qué publicar y cómo  diagramar las páginas de Deportes.  Uno de los  motivos de sus reiteradas ausencias era una mujer, veinte años menor,  que lo volvía  loco. La amante  era casada.  Su marido trabajaba fuera de Mar del Plata.

El grupo me  propuso como el reemplazante de Patita Veloz. Ciclotímico me aceptó de mala gana. Pero no tenía una mejor opción.

Yo sabía no iba a ser para nada fácil: estaba rodeado de una sarta de inútiles confesos. El único que se salvaba de esta tribu era un chico apasionado del relato, y escribiendo se defendía muy bien. Lo que al tipo  lo arruinaba era su carácter difícil. En la jerga común: era un tipo mal llevado. Lo  echaron del pasquín después de protagonizar un confuso episodio: uno de sus colegas lo denunció de haberlo amenazado con un arma de fuego. Y Ciclotímico se puso de parte del denunciante.

En la tónica de no bajar los brazos y buscar permanentemente  la primicia, armé una nota realmente increíble. Yendo al trabajo habitualmente pasaba  por un quiosco de diarios y revistas. Una tarde   me llamó la atención   la tapa de la   francesa PARIS MATCH.  En la misma estaba el  tenista capitalino, marplatense por adopción,  GUILLERMO VILAS (n. 1950), en compañía de  la princesa de   Mónaco,  Carolina (n. 1957.)

No había que ser  un experto en la materia para no darse cuenta que era un fotomontaje.  A  mí no me importó. Había decidido darle manija al asunto.  

Un compañero de trabajo  conocía a la familia del tenista.  De a  poco fui tejiendo  una historia de amor, que permaneció, durante seis meses en las primeras planas   del diario.   No fue una tarea  fácil. Había que buscar diariamente nuevos elementos para que el relato no decayera.

Me hice asiduo concurrente al café donde acostumbraba ir el padre de Guillermo, el escribano Roque. Él era quien me proporcionaba detalles de los movimientos de su hijo. Me los  contaba   con toda naturalidad sin imaginar que luego  trascendían  a mis lectores. Él  no leía El Atlántico.

Una periodista alemana que trabajaba para   la revista española Hola   me llamó por teléfono, desde  ciudad alemana de Frankfurt. Quería novedades sobre el

affaire. No lo podía creer.  Ella estaba en Europa y  pretendía que yo le suministrara información desde el traste del mundo.  

La profesión que tanto me gustaba, muchos  la rascaban de oídas.  Como fue el  caso de varios corresponsales yanquis  quienes  durante la segunda Guerra del Golfo,   emitían noticias desde el frente… de sus casas.

Pienso que a mí me asiste el honor  de haber sido uno de los primeros, quizá el primero  en macanear  sobre un supuesto  romance entre una joven de la nobleza y un plebeyo,   sentado en una redacción  a miles de kilómetros de donde se desarrollaban mis  imaginados acontecimientos.

Cuando me cansé de correr detrás  de los supuestos  novios, busqué el momento oportuno para terminar con esta relación. Me iluminó una foto aparecida  en  la misma  Hola: estaba Vilas disfrutando de un crucero por el Canal de la Mancha y sin Carolina.

Cuando se casó la hermana  del tenista EL ATLÁNTICO  no fue autorizado a fotografiar la boda. El diario no podía estar ausente de semejante acontecimiento social, no por la novia  sino por tener un  hermano famoso.   Se pidieron algunas fotos  al diario de mayor difusión de la ciudad.

Yo hice las notas de la  ceremonia religiosa  escondido en un lugar próximo al atrio. No me iba a resultar nada agradable que alguien me identificara y me rajara a los sopapos, lo que  sería  para mi, un quemo total.

Otro lío colosal que armé de la nada involucró a futbolistas de  River Plate y un turista.  Según mi  informante  el turista  le había tocado el culo a la mujer de un futbolista.  Una reconocida exmodelo y, en una ocasión, acusada de cleptómana,  por una tienda londinense.

La pregunta que surgió de inmediato: ¿Qué hacían los jugadores millonarios en Mar del Plata?  Se suponía que debían estar concentrados en la Capital Federal.

Evidentemente se habían escapado para tirarse unas fichitas en el Casino. Cuando llegué al Hotel Hermitage escenario de la trifulca, lo primero que hice fue encarar al conserje, quien se lavó las manos diciéndome que  no  sabía nada del asunto.  De todos modos, había un elemento que probaría  que algo había pasado: a

una de las alas de la puerta giratoria le faltaba el vidrio.

Volví a la carga. Esta vez con el encargado de la confitería  quien me confirmó, por lo que escuchó  de su colega del turno anterior, la existencia de una  batahola que se

había extendido desde la confitería al hall del hotel y fue cuando se rompió el vidrio.    

En la Guardia de  la estación policial, que estaba enfrente al hotel, me negaron todo tipo de información. Quizá protegían  a los jugadores para evitarles un mal mayor  si el asunto  llegaba a oídos de los dirigentes.   

 Con los pocos elementos que tenía armé un tremendo  follón.    Rascapalmas,  fiel a su estilo, me largó las dos páginas centrales y   me dijo: “arréglatelas.”

Dos fotos intrascendentes me sirvieron para rellenar los espacios. Me maté tecleando.

Los corresponsales de los diarios  capitalinos  en Mar del Plata,  levantaron mi nota. Me llamaron periodistas de varias radios del Interior para que les diera mayores precisiones de lo que había salido  publicado en el vespertino.

A todos les fui totalmente sinceros: mi versión era una aproximación a  la verdad. Porque en vez de nombres hablaba de los puestos que tenían en el primer equipo, los  jugadores que habían venido de incógnito  a Mar del Plata.  

Tuve algunos  aciertos  entrevistando a personalidades tanto de la política como del deporte, consideradas figuritas difíciles, lo que  hizo que  el pasquín me tuviera  de pichi.  Y yo me imponía la obligación de conseguir las notas a cualquier precio.  

La única vez que fracasé fue cuando el Director se le ocurrió que MARADONA se pusiera la camiseta de Boca, en el momento que firmaba  su pase de Argentinos Juniors a la entidad de la Ribera

Fue una misión imposible porque su apoderado ya había vendido la exclusividad a un pool de revistas.

Yo con   Diego  tenía una buena llegada mientras estuvo  concentrado con la selección en Mar del Plata previo al  Mundial de España.

Una tarde me dijeron que se había ido con su novia a un hotel en el centro de Mar del Plata. Me fui tras él porque quería reportearlo sin que nadie me molestara.   Golpeé la puerta de la habitación. Maradona abrió, Estaba en calzoncillos. Cuando me vio no lo podía creer. A su espalda,  apenas tapada con una sábana, estaba

Claudia Villafañe,  quien sería su esposa. Me fui antes que al Diego lo condenaran  por haber matado   a un periodista. El esfuerzo se redujo a una apostilla.

El extécnico de la selección argentina de fútbol,  el rosarino César Luis Menotti (n. 1938) no quería aparecer en las páginas de El Atlántico. Convencerlo no era moco de pavo. Él le tenía un odio visceral a todo lo que estuviera relacionado con Crónica y con su dueño: El Gallego (Héctor Ricardo García, n.1932.)

Yo al Flaco,  lo corría por   su lado sensiblero en mi condición de asalariado y el estar obligado a entrevistarlo, porque era una orden de la patronal. Finalmente aceptaba reunirse conmigo no sin antes darme una pequeña charla ideológica: me hablaba de su padre ferroviario, de haber mamado el peronismo desde chico  y de otras  vituallas filosóficas más.

Una vez me dejó clavado en la calle hasta las dos de la madrugada, fruncido de hambre y  de frío   mientras él  cenaba en una conocida parrilla marplatense. Apenas si me tuvo paciencia. Me mató con unos monosílabos y se fue.

Y desde ese  día planté bandera. Tampoco me pidieron que lo volviera entrevistar.    

 LA INJUSTICIA TAMBIÉN  HACE  POLÍTICA.  En los casi diez años que estuve en El Atlántico pude comprobar  de cómo la política se vale del deporte para engatusar a la gente.   

La organización de los torneos de fútbol de  de verano en Mar del Plata ha sido siempre  un emprendimiento privado, desde que el empresario  Oscar Martínez hiciera rodar la pelota en el desaparecido estadio General San Martín en 1968.  

Después de la trágica muerte de su creador, pasó a ser monopolio de la Editorial Atlántida,  de  buenos contactos con los influyentes  personajes de la Dictadura militar instalada en 1976.  

En el  verano de 1982 un grupo empresarial  tuvo la afiebrada idea de moverle el piso a quien montaba el  caballo del comisario.  

PRIMERA FILA  estaba integrada por Maradona,  a través de su manager Jorge Cysterpiller, el púgil Carlos  Monzón y un controvertido importador de autos, Cacho Steimberg.  Esta gente   tenía  un as en la manga: el contrato  firmado  de Boca Juniors, lo que  garantizaba el  éxito económico y deportivo  de cualquier certamen.    

Fue cuando intervino el hombre fuerte del fútbol argentino y vicepresidente de la FIFA  el contraalmirante Carlos Alberto Lacoste, quien ordenó  al municipio marplatense ignorar  las ofertas de Primera Fila y  entregar la organización del certamen a   Editorial Atlántida.   

Con el advenimiento de la Democracia varios  concejales peronistas marplatenses  me vinieron a ver al diario para decirme  que iban a investigar  a fondo  ese ignominioso fraude   administrativo y que no iban a parar hasta llevar a los estrados de la Justicia al factótum de Editorial Atlántica, el empresario Constancio Vigil.   

Ningún  curul  tuvo las bolas suficientes como para avanzar  en  el tema.  Alguien  los obligó a callar, para que no saliera a la luz la existencia de  una intrincada  red de favores.

El exapoderado y amigo de la infancia de Maradona, Jorge Cysterpiller   se distanció del crack,  cuando a nombre de Maradona Producciones invirtió unos buenos dinerillos en un bingo en Asunción del Paraguay. La jugada terminó en un rotundo fracaso.

CYSTERPILLER  Intentó abrirse camino como empresario deportivo. Hizo su presentación en Mar del Plata con un partido entre Argentinos Juniors y un equipo brasileño.

En el mes de julio   de 1984 organizó dos cuadrangulares; uno con sede en Posadas y el otro en Rosario.

Lo que Cysterpiller no tomó en cuenta que la Mafia de la Pelota no le iba permitir crecer,  y   haría todo lo posible por fundirlo.

Cysterpiller me invitó al torneo misionero.  En el partido inaugural una mano negra cortó el cable coaxial, y no se lo pudo ver  por televisión.

En Rosario  el cuadrangular no pudo definirse, porque se robaron todos los balones al término del  primer tiempo.

Cysterpiller  se rehízo económicamente cuando se convirtió en   agente FIFA. Fue representante,  entre otros: Julio Cruz, Gabriel Milito, Martín Demichelis, José Sosa, Guillermo Franco, Ezequiel Lavezzi y Leandro Gracián.

 UN NUEVO FRACASO. Un don nadie  tiene vedado  el acceso al mundo de los exitosos, salvo que sea un idiota útil. Estaba cansado de la mediocridad periodística.   El Atlántico se estaba cayendo a  pedazos. Me escapé para no quedar atrapado  entre   los escombros.

Elegí Madrid, para hacerme la América.  En un principio yo había pensado tentar la  suerte en los EEUU. Era mejor ganar dólares que pesetas. Pero temí que   me negaran la visa.

Un excompañero del diario que  estaba viviendo en la capital española, me engatusó ( o me dejé),  diciéndome que en España había muchas posibilidades de encontrar trabajo en algún medio gráfico. Hasta me habló de una vacante en un diario zonal. Y agarré viaje.

A medida que llegaba el día de mi  partida me angustiaba la posibilidad del fracaso, porque me iba con una mano atrás y la otra también.          

MI MADRE, a quien yo la había rescatado   de su miserable vida en Concordia, cuando le dije que me marchaba   me maldijo.  Sus  improperios fueron   en  idish. Para ella  yo no iba en busca de una nueva  oportunidad de vida sino que la estaba abandonando.

Cuando fui a despedirme de  la madre de Eduardo, aquel que gestiono mi llegada a Mar del Plata para conducir la juventud judia,    ella  me dijo que no esperara ayuda alguna de  su hijo porque  estaba tratando de salvar su  matrimonio.  

El último mazazo lo recibí de una excompañera de El Atlántico quien me  anticipó que había estado con  los padres de quien me había convencido  viajar a España. Le contaron   que su hijo estaba perdido, que no trabajaba, que se pasaba todo el día durmiendo, y que ellos lo tenían que mantener para que no se muriera de hambre.  Se  me estrujó el  corazón. Creí que me iba a desmayar.  La mala noticia se la  oculté a  Mi Familia. Yo no quería que mi gente sufriera, antes que  yo chocara de frente con la  nueva realidad.    

Los padres del mentiroso compulsivo,  habían tenido un bar  en el centro de Madrid.  Ni él ni su hermana  nunca quisieron involucrarse en el curro. Ante la falta de colaboración  de sus hijos y cansados  de pasarse tantas horas detrás de un mostrador, vendieron   el fondo de comercio y consiguieron la administración de la mansión de un importante empresario  en el exclusivo barrio de La Moraleja.

Si a mi llegada hubiesen estado en Madrid, me habrían   echado  una mano, pero habían decidido pasarse varios meses en Mar del Plata, donde habían vivido tantos años antes de emigrar.

(continuara)(todos los  capítulos en el rincondelosimpios/ el hombre de la memoria corta)

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