Mi VIDA Y SUS INFIERNOS
EL CICLOTIMICO, era un mal bicho, aunque relegado a un segundo lugar por Nquien era el Secretario general de la edición matutina. El Rengo era un dechado de perversidad.
A mí me demostraba abiertamente su antisemitismo. Yo lo ignoraba olímpicamente: no me valía la pena perder mi trabajo por semejante excremento humano. Lo habían echado del diario más importante de la ciudad, por presión de sus propios colegas. Llegó a nuestro pasquín por su relación con el Director convirtiéndose en su mano derecha.
El TIPO no tardó en mostrar la hilacha: en su afán de trepar terminó mordiendo la mano que le daba de comer.
Durante la Guerra de Malvinas, escribió una nota dando cuenta del paradero de un buque carguero marplatense que llevaba alimentos y pertrechos para las fuerzas destacadas en la zona del conflicto. El barco fue torpedeado y hundido.
La Marina quiso clausurar el diario. Un socio de El Gallego, el asesinado Ricardo Gangeme, utilizó sus influencias para evitar el cierre.
Gangeme después de separarse del Gallego García, se trasladó a la provincia de Chubut, donde abrió un nuevo diario: El Informador Chubutense. El experiodista al parecer, había tocado ciertos intereses, lo que le costó la vida.
No creo que el servicio de inteligencia inglés leyera nuestro pasquín. Fue una trágica casualidad. Lo que no fue casualidad fue la nota en sí, y la intención de inculpar su autoría al Ciclotímico y provocar su despido, para que él pudiera ocupar su puesto. Todo el personal del diario se entrevistó con el Director, pidiendo la expulsión del autor de la nota. El Ciclotímico dudó en un principio, finalmente se dejó llevar por nuestra presión.
El Cabezón era oriundo de Santiago del Estero. Llegó a Mar del Plata en busca de trabajo. Se empleó en una heladería. Por un cliente se enteró que en El Atlántico se necesitaban periodistas.
Cuando lo conocí creí estar frente a un consagrado escriba del New York Times. Según él, entre otras virtudes, había viajado por toda Europa, siguiendo la Fórmula Uno del automovilismo mundial.
No necesité demasiado tiempo para dar cuenta que era la primera vez que salía de su provincia. Jamás había estado en el exterior.
En mayo de 1981 fue asesinado el MATRIMONIO SCHOKLENDER. Ella había tenido veleidades de artista, y su esposo un empresario con ciertos contactos en las altas esferas.
A los dos hijos varones se les imputó el parricidio. La hija quedó margen del crimen.
Uno de los inculpados se había escondido cerca de Mar del Plata. Cuando se lo aprehendió El Atlántico cubrió la noticia con el Director y el Santiagueño. Entre ellos se inició una profunda amistad.
Con Ciclotímico no se embromaba cuando de dinero se trataba. El Cabezón pensó que tenía la vaca atada, cuando se descubrió que se había quedado con unos dineros de una publicidad. El boncha terminó en la callel .
Ciclotímico le tenía mucho aprecio a la manga de acahuetes que salían a buscar publicidad porque del todo mordía una porción. Esto generó una enorme
En dentro de la empresa. No se sabia si eramos periodistas o publicistas.
Uno de los dos diagramadores del matutino era el hijo de un reconocido periodista cesanteado del diario de mayor difusión, por haberse quedado con un cheque que no era suyo. Su hijo, corrió su misma suerte, por idéntico motivo.
Este Diagramador estafador estuvo a punto de abrocharme con una deuda cuando le salí de garantía porque a su mujer la iban a operar de cáncer de mamas.
Un día me llegó una orden de embargo. El ben zona (hdp), no había pagado el préstamo. Me salvó Ciclotímico al ordenar a la Tesorería que al estafador se le descontara del sueldo la deuda que tenía con el banco hasta su cancelación,
Nunca averigüé si a la mujer del tramposo realmente la operaron. Lo que si supe que cuando se fue del pasquín abandonó a su esposa y se fue a vivir a la Capital Federal.
INFLANDO GLOBOS. La mayoría de nuestros lectores eran grandes consumidores de las actividades deportivas. Para que el interés no decayera, yo me desvivía buscando notas que tuvieran un cierto impacto, aunque se aproximaran al bolazo.
Y en este sentido escribí muchos artículos que en su momento hicieron mucho ruido.
Una mañana de febrero 1982 llego a la Redacción y me encuentro con un Rascapalmas nervioso. Sin darme tiempo para saludarlo, me envía a buscar precisiones sobre un intento de suicidio de una vedette que estaba actuando en un espectáculo revisteril. Se hallaba internada en la misma clínica donde había nacido MI PRIMOGÉNITO.
Con el fotógrafo elegimos subir por una escalera lateral para no ser vistos por los miembros de la seguridad interna del nosocomio.
En la habitación de la artista me encontré con una joven de unos veintisiete años, muy producida como para creer que había tenido intenciones de quitarse la vida. Lynn una inglesa con algunos años en el país, tenía puesto un baby doll celeste que dejaba traslucir sus tetas siliconadas.
Con ella estaba una chica que se identificó como su secretaria. Fue ella la que notó que al frasco de pastillas para dormir le faltaba la mitad de su contenido.
Yo puse cara de crédulo. Pero no tenía ninguna duda de que todo era una parodia para conseguir un impacto periodístico teniendo en cuenta que su espectáculo venía penando en la boletería. La producción era muy cara. Al frente del espectáculo estaban dos impresionantes vedettes: Violeta Montenegro y Zulma Faiad.
Lynn se mostró satisfecha con la nota, y me hizo llegar dos entradas. A la función fui con Mi Mujer. Las localidades se habían agotado.
En la definición de una de las competencias de fútbol que se hacían en el verano marplatense, el equipo profesional de RIVER PLATE, uno de los finalistas, se negaba a jugar si los dirigentes no se ponían al día con los premios adeudados. El rival de los millonarios era Peñarol de Montevideo. Yo me enteré del entredicho por un recepcionista del hotel donde se alojaba la delegación riverplatense.
En horas del mediodía me encontré con un jugador que en vez de descansar estaba chamuyándose a una jovencita. Y él me confirmó la noticia. El vespertino tuvo su adelanto. Esa tarde se vendieron más diarios que nunca.
No fui a casa a almorzar. Monté guardia esperando la llegada del presidente riverplatense, el hotelero Aragón Cabrera, para ver sin se zanjaban las diferencias.
Yo me sumé a la reunión. Cuando se dieron cuenta que me había colado me sacaron volando.
El capitán de la banda roja, DANIEL PASSARELLA (n. 1955) anunció oficialmente que esa noche no se iba a jugar la final de la Copa de Oro.
Peñarol se consagró campeón de oficio. En el matutino hice un refrito de lo que
había publicado en la edición vespertino. Se agregaron algunas fotos donde Aragón Cabrera y otros altos dirigentes de la entidad,
En el camino de regreso al diario me encontré con el arquero de Peñarol, FERNANDO ALVEZ MOSQUERA (n. 1959) y lo aproveché para hacerle una nota.
Con Passarella mantuve un trato especial. En sus primeras vacaciones en la Argentina, después de ser transferido a la Fiorentina de Italia, estuvo en Mar del Plata con su mujer. Me encontré con él en su hotel. Fue la última vez que lo vi personalmente. Aunque, cada vez que se prestaba la ocasión, me mandaba saludos.
En el verano de 1983 mi jefe Patita Veloz perdió el apoyo del Director por sus reiteradas borratinas. Nunca estaba cuando había que decir qué publicar y cómo diagramar las páginas de Deportes. Uno de los motivos de sus reiteradas ausencias era una mujer, veinte años menor, que lo volvía loco. La amante era casada. Su marido trabajaba fuera de Mar del Plata.
El grupo me propuso como el reemplazante de Patita Veloz. Ciclotímico me aceptó de mala gana. Pero no tenía una mejor opción.
Yo sabía no iba a ser para nada fácil: estaba rodeado de una sarta de inútiles confesos. El único que se salvaba de esta tribu era un chico apasionado del relato, y escribiendo se defendía muy bien. Lo que al tipo lo arruinaba era su carácter difícil. En la jerga común: era un tipo mal llevado. Lo echaron del pasquín después de protagonizar un confuso episodio: uno de sus colegas lo denunció de haberlo amenazado con un arma de fuego. Y Ciclotímico se puso de parte del denunciante.
En la tónica de no bajar los brazos y buscar permanentemente la primicia, armé una nota realmente increíble. Yendo al trabajo habitualmente pasaba por un quiosco de diarios y revistas. Una tarde me llamó la atención la tapa de la francesa PARIS MATCH. En la misma estaba el tenista capitalino, marplatense por adopción, GUILLERMO VILAS (n. 1950), en compañía de la princesa de Mónaco, Carolina (n. 1957.)
No había que ser un experto en la materia para no darse cuenta que era un fotomontaje. A mí no me importó. Había decidido darle manija al asunto.
Un compañero de trabajo conocía a la familia del tenista. De a poco fui tejiendo una historia de amor, que permaneció, durante seis meses en las primeras planas del diario. No fue una tarea fácil. Había que buscar diariamente nuevos elementos para que el relato no decayera.
Me hice asiduo concurrente al café donde acostumbraba ir el padre de Guillermo, el escribano Roque. Él era quien me proporcionaba detalles de los movimientos de su hijo. Me los contaba con toda naturalidad sin imaginar que luego trascendían a mis lectores. Él no leía El Atlántico.
Una periodista alemana que trabajaba para la revista española Hola me llamó por teléfono, desde ciudad alemana de Frankfurt. Quería novedades sobre el
affaire. No lo podía creer. Ella estaba en Europa y pretendía que yo le suministrara información desde el traste del mundo.
La profesión que tanto me gustaba, muchos la rascaban de oídas. Como fue el caso de varios corresponsales yanquis quienes durante la segunda Guerra del Golfo, emitían noticias desde el frente… de sus casas.
Pienso que a mí me asiste el honor de haber sido uno de los primeros, quizá el primero en macanear sobre un supuesto romance entre una joven de la nobleza y un plebeyo, sentado en una redacción a miles de kilómetros de donde se desarrollaban mis imaginados acontecimientos.
Cuando me cansé de correr detrás de los supuestos novios, busqué el momento oportuno para terminar con esta relación. Me iluminó una foto aparecida en la misma Hola: estaba Vilas disfrutando de un crucero por el Canal de la Mancha y sin Carolina.
Cuando se casó la hermana del tenista EL ATLÁNTICO no fue autorizado a fotografiar la boda. El diario no podía estar ausente de semejante acontecimiento social, no por la novia sino por tener un hermano famoso. Se pidieron algunas fotos al diario de mayor difusión de la ciudad.
Yo hice las notas de la ceremonia religiosa escondido en un lugar próximo al atrio. No me iba a resultar nada agradable que alguien me identificara y me rajara a los sopapos, lo que sería para mi, un quemo total.
Otro lío colosal que armé de la nada involucró a futbolistas de River Plate y un turista. Según mi informante el turista le había tocado el culo a la mujer de un futbolista. Una reconocida exmodelo y, en una ocasión, acusada de cleptómana, por una tienda londinense.
La pregunta que surgió de inmediato: ¿Qué hacían los jugadores millonarios en Mar del Plata? Se suponía que debían estar concentrados en la Capital Federal.
Evidentemente se habían escapado para tirarse unas fichitas en el Casino. Cuando llegué al Hotel Hermitage escenario de la trifulca, lo primero que hice fue encarar al conserje, quien se lavó las manos diciéndome que no sabía nada del asunto. De todos modos, había un elemento que probaría que algo había pasado: a
una de las alas de la puerta giratoria le faltaba el vidrio.
Volví a la carga. Esta vez con el encargado de la confitería quien me confirmó, por lo que escuchó de su colega del turno anterior, la existencia de una batahola que se
había extendido desde la confitería al hall del hotel y fue cuando se rompió el vidrio.
En la Guardia de la estación policial, que estaba enfrente al hotel, me negaron todo tipo de información. Quizá protegían a los jugadores para evitarles un mal mayor si el asunto llegaba a oídos de los dirigentes.
Con los pocos elementos que tenía armé un tremendo follón. Rascapalmas, fiel a su estilo, me largó las dos páginas centrales y me dijo: “arréglatelas.”
Dos fotos intrascendentes me sirvieron para rellenar los espacios. Me maté tecleando.
Los corresponsales de los diarios capitalinos en Mar del Plata, levantaron mi nota. Me llamaron periodistas de varias radios del Interior para que les diera mayores precisiones de lo que había salido publicado en el vespertino.
A todos les fui totalmente sinceros: mi versión era una aproximación a la verdad. Porque en vez de nombres hablaba de los puestos que tenían en el primer equipo, los jugadores que habían venido de incógnito a Mar del Plata.
Tuve algunos aciertos entrevistando a personalidades tanto de la política como del deporte, consideradas figuritas difíciles, lo que hizo que el pasquín me tuviera de pichi. Y yo me imponía la obligación de conseguir las notas a cualquier precio.
La única vez que fracasé fue cuando el Director se le ocurrió que MARADONA se pusiera la camiseta de Boca, en el momento que firmaba su pase de Argentinos Juniors a la entidad de la Ribera
Fue una misión imposible porque su apoderado ya había vendido la exclusividad a un pool de revistas.
Yo con Diego tenía una buena llegada mientras estuvo concentrado con la selección en Mar del Plata previo al Mundial de España.
Una tarde me dijeron que se había ido con su novia a un hotel en el centro de Mar del Plata. Me fui tras él porque quería reportearlo sin que nadie me molestara. Golpeé la puerta de la habitación. Maradona abrió, Estaba en calzoncillos. Cuando me vio no lo podía creer. A su espalda, apenas tapada con una sábana, estaba
Claudia Villafañe, quien sería su esposa. Me fui antes que al Diego lo condenaran por haber matado a un periodista. El esfuerzo se redujo a una apostilla.
El extécnico de la selección argentina de fútbol, el rosarino César Luis Menotti (n. 1938) no quería aparecer en las páginas de El Atlántico. Convencerlo no era moco de pavo. Él le tenía un odio visceral a todo lo que estuviera relacionado con Crónica y con su dueño: El Gallego (Héctor Ricardo García, n.1932.)
Yo al Flaco, lo corría por su lado sensiblero en mi condición de asalariado y el estar obligado a entrevistarlo, porque era una orden de la patronal. Finalmente aceptaba reunirse conmigo no sin antes darme una pequeña charla ideológica: me hablaba de su padre ferroviario, de haber mamado el peronismo desde chico y de otras vituallas filosóficas más.
Una vez me dejó clavado en la calle hasta las dos de la madrugada, fruncido de hambre y de frío mientras él cenaba en una conocida parrilla marplatense. Apenas si me tuvo paciencia. Me mató con unos monosílabos y se fue.
Y desde ese día planté bandera. Tampoco me pidieron que lo volviera entrevistar.
LA INJUSTICIA TAMBIÉN HACE POLÍTICA. En los casi diez años que estuve en El Atlántico pude comprobar de cómo la política se vale del deporte para engatusar a la gente.
La organización de los torneos de fútbol de de verano en Mar del Plata ha sido siempre un emprendimiento privado, desde que el empresario Oscar Martínez hiciera rodar la pelota en el desaparecido estadio General San Martín en 1968.
Después de la trágica muerte de su creador, pasó a ser monopolio de la Editorial Atlántida, de buenos contactos con los influyentes personajes de la Dictadura militar instalada en 1976. ![]()
En el verano de 1982 un grupo empresarial tuvo la afiebrada idea de moverle el piso a quien montaba el caballo del comisario.
PRIMERA FILA estaba integrada por Maradona, a través de su manager Jorge Cysterpiller, el púgil Carlos Monzón y un controvertido importador de autos, Cacho Steimberg. Esta gente tenía un as en la manga: el contrato firmado de Boca Juniors, lo que garantizaba el éxito económico y deportivo de cualquier certamen.
Fue cuando intervino el hombre fuerte del fútbol argentino y vicepresidente de la FIFA el contraalmirante Carlos Alberto Lacoste, quien ordenó al municipio marplatense ignorar las ofertas de Primera Fila y entregar la organización del certamen a Editorial Atlántida.
Con el advenimiento de la Democracia varios concejales peronistas marplatenses me vinieron a ver al diario para decirme que iban a investigar a fondo ese ignominioso fraude administrativo y que no iban a parar hasta llevar a los estrados de la Justicia al factótum de Editorial Atlántica, el empresario Constancio Vigil.
Ningún curul tuvo las bolas suficientes como para avanzar en el tema. Alguien los obligó a callar, para que no saliera a la luz la existencia de una intrincada red de favores.
El exapoderado y amigo de la infancia de Maradona, Jorge Cysterpiller se distanció del crack, cuando a nombre de Maradona Producciones invirtió unos buenos dinerillos en un bingo en Asunción del Paraguay. La jugada terminó en un rotundo fracaso.
CYSTERPILLER Intentó abrirse camino como empresario deportivo. Hizo su presentación en Mar del Plata con un partido entre Argentinos Juniors y un equipo brasileño.
En el mes de julio de 1984 organizó dos cuadrangulares; uno con sede en Posadas y el otro en Rosario.
Lo que Cysterpiller no tomó en cuenta que la Mafia de la Pelota no le iba permitir crecer, y haría todo lo posible por fundirlo.
Cysterpiller me invitó al torneo misionero. En el partido inaugural una mano negra cortó el cable coaxial, y no se lo pudo ver por televisión.
En Rosario el cuadrangular no pudo definirse, porque se robaron todos los balones al término del primer tiempo.
Cysterpiller se rehízo económicamente cuando se convirtió en agente FIFA. Fue representante, entre otros: Julio Cruz, Gabriel Milito, Martín Demichelis, José Sosa, Guillermo Franco, Ezequiel Lavezzi y Leandro Gracián.
UN NUEVO FRACASO. Un don nadie tiene vedado el acceso al mundo de los exitosos, salvo que sea un idiota útil. Estaba cansado de la mediocridad periodística. El Atlántico se estaba cayendo a pedazos. Me escapé para no quedar atrapado entre los escombros.
Elegí Madrid, para hacerme la América. En un principio yo había pensado tentar la suerte en los EEUU. Era mejor ganar dólares que pesetas. Pero temí que me negaran la visa.
Un excompañero del diario que estaba viviendo en la capital española, me engatusó ( o me dejé), diciéndome que en España había muchas posibilidades de encontrar trabajo en algún medio gráfico. Hasta me habló de una vacante en un diario zonal. Y agarré viaje.
A medida que llegaba el día de mi partida me angustiaba la posibilidad del fracaso, porque me iba con una mano atrás y la otra también.
MI MADRE, a quien yo la había rescatado de su miserable vida en Concordia, cuando le dije que me marchaba me maldijo. Sus improperios fueron en idish. Para ella yo no iba en busca de una nueva oportunidad de vida sino que la estaba abandonando.
Cuando fui a despedirme de la madre de Eduardo, aquel que gestiono mi llegada a Mar del Plata para conducir la juventud judia, ella me dijo que no esperara ayuda alguna de su hijo porque estaba tratando de salvar su matrimonio.
El último mazazo lo recibí de una excompañera de El Atlántico quien me anticipó que había estado con los padres de quien me había convencido viajar a España. Le contaron que su hijo estaba perdido, que no trabajaba, que se pasaba todo el día durmiendo, y que ellos lo tenían que mantener para que no se muriera de hambre. Se me estrujó el corazón. Creí que me iba a desmayar. La mala noticia se la oculté a Mi Familia. Yo no quería que mi gente sufriera, antes que yo chocara de frente con la nueva realidad.
Los padres del mentiroso compulsivo, habían tenido un bar en el centro de Madrid. Ni él ni su hermana nunca quisieron involucrarse en el curro. Ante la falta de colaboración de sus hijos y cansados de pasarse tantas horas detrás de un mostrador, vendieron el fondo de comercio y consiguieron la administración de la mansión de un importante empresario en el exclusivo barrio de La Moraleja.
Si a mi llegada hubiesen estado en Madrid, me habrían echado una mano, pero habían decidido pasarse varios meses en Mar del Plata, donde habían vivido tantos años antes de emigrar.
(continuara)(todos los capítulos en el rincondelosimpios/ el hombre de la memoria corta)
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