Tuesday, March 3, 2020

NO SOY FAMOSO PERO TENGO COSAS QUE DECIR (15)




Contaré mi vida antes que la parca se anticipe

(Todos los capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)


UN CONDUCTOR FRUSTRADO.   De tanto hincharle a Mi Padre,  una tarde  regresando de la quinta,  me permitió que tomara el volante de la voituré, una chata todo terreno\: para llevar a la familia, de vez en cuando, y para el reparto de mercadería de mi padre.
Todo el manejo   iba bien hasta que vi a una compañera  del colegio.  La saludé como para que se diera cuenta que yo era el que estaba conduciendo.  Perdí el control  del auto: estuve a punto de subirme a una vereda. Mi Padre, con su experiencia de años, logró  estabilizar la máquina. Nunca más me dejó poner una mano en el volante.
Unos treinta años después  en Mar del Plata, había  comprado un Ami 8, de segunda o tercera mano, con un dinero  que Mi Padre le había regalado a Mi Primogénito quien,  como  si fuera un mecánico avezado,  desmontó el motor y lo afinó   para las  altas competencias.
Una tarde salí con  Mi Mujer a realizar una serie de diligencias.  En una esquina me adelanté creyendo que el conductor de un jeep que se estaba acercando me iba a dejar pasar. El hijo de puta aceleró aún sabiendo que me iba a hacer moco.  Destrozó la parte delantera del coche.  Lo mandé a arreglar pero ya no era lo  mismo: había quedado bastante averiado.
El coche terminó siendo tan   oneroso que hubo que venderlo. Lo compró un mecánico  para transformarlo en un Meharis.
Mi historia como conductor tuvo  mucho de ilegal y poco de aprendizaje.
A fines de 1971, un funcionario municipal, de Mar del Plata, conocido mío,  me regaló un carnet de conducir sabiendo que yo me iba del país. Lo cambié por el
Internacional y después por el israelí. Al año siguiente me fui a vivir a un kibutz.  Tomé unas  clases  en una  Escuela de Conductores   para aprender a manejar. Después de dos meses me di por aprobado  a pesar de las  dificultades que tenía para estacionar.
Un jeep fue el primer coche que utilicé para recorrer unos ocho kilómetros.   Cuando me cambié de colonia, me decidí por  uno de cuatro puertas con el que salí a dar unas vueltas por el campo.  Mi Primogénito viajaba  conmigo.  De pronto  me
salí del camino y enfilé directamente  hacia  unos caños de riego. No sé cuántos de ellos destrocé hasta que pude detener el rodado.   Mi Hijo estaba tan asustado que se puso a llorar, como  aquella noche que nos subimos  a una   hamaca mecánica.  Cuando cobró   altura, me sentí mareado. Terminé sentado debajo del asiento y el pobre chico se angustió por mi medrosa actitud.
 Desde aquel dio,  preferí quedarme  en tierra firme.  
Yo me aventuré a viajar con Mi Familia por las rutas de Israel. Era más arriesgado que ir a la guerra.    Sin embargo siempre salí airoso
En 1974 me radiqué en Arad,  un poblado ubicado en el Sur de Israel. 
Trabajaba  en el municipio local.  Conducía  un utilitario para hacer las compras fuera de la ciudad.  Nunca lo choqué.  Y vine a arruinarlo todo en Mar del Plata. Cuando uno conduce un rodado no debe olvidarse en qué sociedad vive.
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AUTOMOVIL En 1816, un noble alemán, “Karl Christian Ludwig Drais von Sauerbronn, diseñó el primer vehículo de dos ruedas con dispositivo de dirección. 
El invento le correspondió al  alemán  Karl Benz en 1886. Pocos después otros pioneros, como Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach armaron sus propios modelos.
MEHARIS. El nombre “fue tomado de los beduinos hilabios  que llamaban Meharis, a los camellos, dadas las especiales virtudes que tenían para viajar en condiciones extremas.”
******Días de radio []Días
          Desde muy pequeño me enamoré   de la RADIO,. cuyo invento que se le adjudicó al  ingeniero y físico  italiano Guillermo Marconi (n. 1874),  aunque están  aquellos que dicen que el pionero fue el serbio Nikola Tesla (n. 1856) quien, como todos los genios, se olvidó de patentar su creación.
   La radio  me enseñó  a imaginarme la vida, a escuchar lo que me enriquecía y  desechar aquellas cosas  que me empobrecían.  Me ha sido  más beneficiosa  que las personas.     Cuando apareció  la portátil, me la  llevé conmigo  a la cama. Me
duermo con mayor facilidad.  El silencio me hace mal.
La primera vez   que vi un TELEVISOR funcionando   fue el 14 de mayo de 1953.
La gente se había amontonado frente a la vidriera de Casa  Furer para ver a la   Selección argentina de fútbol vencer a la de Inglaterra  por tres a uno en un encuentro amistoso, con dos goles del crack de Independiente de Avellaneda, Ernesto Grillo (n. 1929.)
A Grillo lo  vi   jugar  en Mendoza, vistiendo la casaca de Boca  en un amistoso frente  Independiente Rivadavia.
Cuando niño en mi casa teníamos dos  radios eléctricas: una era  para toda la familia y la otra  para uso   exclusivo  de Mi Padre.  De día escuchábamos la única emisora que tenía la ciudad: LT15. Para escaparle a la censura peronista sintonizábamos radios uruguayas especialmente de la vecina ciudad de Salto.
De noche  Mi Padre se  conectaba  con  las radios porteñas:  Splendid,  Belgrano y  el Mundo, que eran  las que monopolizaban  las  audiencias de todo el país. 
Entre  sus  programas preferidos  figuraban: Los Pérez García,   Los Cinco Grandes del Buen Humor,   Lluvia de Estrellas y  El Glostora Tango Club.
Yo, compartía su gusto por el  inigualable Luis Sandrini (n. 1905),  que hizo célebre a su personaje   Felipe;  por Juan Carlos Thorry (n. 1908), quien popularizó a su  Cándido Pérez;  por el uruguayo   Tincho Zabala (n. 1923), en ese programa imperdible que era  La craneoteca de los genios ;  el  capocómico  Pepe Arias (n. 1900);  por el  dúo Buono–Striano;  por el  inimitable Pepe Iglesia (a) El Zorro (n. 1915); por   la actriz y rapsoda rusa Berta Singerman, (n. 1903);  por  la comediante  española Amalia Sánchez Aliño, (n. 1883); por  la increíble humorista Niní  Marshall (Marina Esther Traverso, n. 1903); por   la excelsa periodista,  Blackie, (Paloma Efron n. 1912); y por el recitador gauchesco, el platense   Fernando Ochoa (n. 1905.)
En esos tiempos el  disenso político no existía, como ocurre en cualquier   Gobierno  peronista.  De todos modos a Mi Padre le gustaba  Américo Barrios (Luis María Albamonte n.1912,), quien acompañó a su líder al exilio.
También  admiraba a mi coterráneo el periodista Juan José de Soiza Reilly (n. 1880), por su buen decir  claro y preciso. 
Eran de mi exclusiva sintonía: La Pandilla Marilyn,  Tarzán de la Selva,  Poncho Negro, Tatín (el muñeco que manejaba  magistralmente el ventrílocuo, Tato Cifuentes), La Revista Dislocada y la Gran Pensión el Campeonato.
Con el tiempo me hice adicto a  los   radioteatros. Era un tremendo grandulón y seguía gimoteando cuando las historias  distinguían  aquel hombre bueno del malo. 
MI MADRE prefería la lectura  del  Idische Zeitung,  antes que aturdirse con la radio.
Hubo algunos hechos puntuales que juntó  a la Mi Familia en torno a la radio:    cuando se votó en la ONU la creación del Estado de Israel;  en la ejecución del   matrimonio Rosenberg (Ethel Greenglass n. 1915) y Julius (n. 1918), acusados de espiar en favor de la Unión Soviética;  el  fallecimiento  de Evita,  y la caída de Perón. 
Nosotros teníamos la esperanza que el mandatario yanqui, general Dwight Eisenhower  (n.1890),   indultara a los Rosenberg. No lo hizo.  Se escudó en el hecho que su antecesor, Harry Truman, siendo un civil no los había perdonado;  él,  como militar no lo podía hacer. 
En el año 1984 vi la película Daniel,  DIRIGIDA por Sídney Lumet (n.1924), Sentí la misma sensación asfixiante  de  treinta un años antes. Relata la historia familiar  desde la  óptica de Michael, el hijo  mayor de los Rosenberg.
En el mes de setiembre de  1961 unos conocidos míos me invitaron a participar de  un programa destinado a la colectividad hebrea de Concordia. El director de Programación ordenó  que se me quitara  del micrófono: mi voz  le resultaba poco  radiofónica  por  mi manera de respirar  propia  de un asmático.
En Mar del Plata hice  un par de intentos por colar en la radio: en todos los casos fracasé.
“El  cine es la vida sin sus  partes aburridas”.  Alfred  Hitchcock.  
DÍAS DE CINE Y DE CIRCO.   Creo que mi  fascinación por el llamado “Séptimo Arte”   nació en el mismo momento que me quitaron los pañales.
A través del cine me involucré  en la vida de otras personas, como   un protagonista más. Quizá porque   mi vida  ha carecido siempre   de   grandes emociones.
Conocer la  intimidad de los actores ha sido siempre una  de mis grandes debilidades.
Me encantaban los comentarios de quien era considerado un pionero del periodismo cinematográfico: Israel Chas de Cruz (n. 1904).  En  1968 se mandó
con su coche  a las aguas del Río de la Plata, porque le habían levantado su  programa de radio. 
Si  todos los periodistas se quisieran matar cada vez que son  despedidos  habría que construir  varias necrópolis.
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RADIO  BELGRANO. Su primera transmisión fue  en 1924 como LOY Radio Nacional. En 1927 la adquirió el empresario búlgaro de origen hebreo,  Jaime Yanquilevich quien revolucionó los medios audiovisuales del país. Fue dueño del primer canal de aire.
TELEVISIÓN.  “En julio de 1951, Yanquilevich,  junto con  su hijo Samuel viajaron a los EE.UU. para traer desde allí los primeros equipos. Acordó  con Perón para  realizar la primera transmisión televisiva el día 17 de Octubre de ese año.”
Radio El Mundo.  Fue fundado  por Harry Wesley Smith, dueño de la Editorial Haynes en 1935. Muchos de sus programas alcanzaron una enorme popularidad.
SALTO. Su nombre  se debe a los múltiples y pintorescos saltos de agua provocados por el Río Uruguay. Y sus orígenes  “se remontan a fines del siglo XVII. Se reconoce la fecha de su  fundación, el 8 de noviembre de 1756.”
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Mi Tío Israel, el colorado,  fue quien  involuntariamente  me permitió  conocer  a las grandes estrellas del cine mundial, cuando me regaló, supongo para no tirarlas,  unas figuritas  que una tabacalera utilizaba para promocionar sus puchos.
De  un lado tenía el rostro del artista  y en su reverso  una pequeña  biografía. Encabezaba    la colección  el norteamericano  FRANCHOT  TONE (n. 1905.)
Nunca me iba a olvidar de él, quizá porque lo asociaba al término ‘choto’  (el órgano eréctil de los mamíferos.)        
Antes,  como ahora,  me  podía  pasar el día entero  mirando películas. 
Hasta los catorce años  cuando me fui de casa tenía prohibido  ir al cine en invierno.    Mi Madre decía que era un lugar donde  me podía agarrar cualquier peste estacional.         
Las pocas veces que Mis Padres me llevaron a ver una película  fue porque Mi nana Ángela,  no me podía cuidar y ellos no se lo querían perder.  
Una noche me envolvieron  en una frazada para ir al  Odeón. Cuanto más me cuidaban yo peor me sentía. Esa sobreprotección me quitaba  seguridad.
El primer film que vi en mi vida fue  una biografía de la investigadora polaca Madame Curie (Marja Sklodowska n. 1867), que interpretó  la irlandesa Eileen Evelyn Greer Garson (n.1905,), me impresionó la escena donde   su  marido, Pierre
Curie (n. 1859) moría   aplastado por  un carruaje cuando  se disponía a cruzar la  calle.      
Después  vi una película   sobre el  científico francés Louis Pasteur (n. 1822), descubridor de la vacuna contra la rabia, cuyo  personaje lo interpretaba  el coterráneo de Mi Padre, Paul  Muni (Meshilem Meier Weisenfreund  n. 1895;  y    por último El Malabarista (The juggler 1953), en un rol jugado por  el norteamericano de origen hebreo,  Kirk Douglas (Issur Danielovich Demsky  n. 1916). La historia se centraba  en   Hans Muller,  quien  llega a Israel junto a un contingente de sobrevivientes de la SGM.  Y se dedica a entretener a un grupo de inmigrantes que viven   en   Haifa.    
Fui con el colegio a ver la que fue mi   primera película argentina: Su mejor alumno,  que era  la vida  del hijo natural de Sarmiento,  Dominguito. Eran sus protagonistas Enrique Muiño  (n. 1881)  y Ángel Magaña (n. 1915). 
Un  sábado de primavera cuando   a Mi Madre le agarró la buena y me permitió que fuera a ver  La Niña del Gato, que marcó el debut cinematográfico   de   Adrianita (Adriana Caputi Bianco), siendo su partenaire   un personaje de la revista porteña    Adolfo Stray (Straijer n. 1915),
 A  pocos kilómetros de Concordia se estaba  filmando   EL CAMINO DEL GAUCHO. Le pedí a Mi Padre que me llevara hasta el lugar de filmación. Me dijo que no podía, que  estaba muy ocupado. Durante muchos días no pude quitarme  la bronca.
Me perdí   la oportunidad de conocer personalmente a la bellísima neoyorquina Gene Tierney (n. 1920) y a su coequipero el californiano  Rory Calhoun  (Francis Timothy McCown  n.1922.)
Con los años tuve que admitir que mis ídolos de la pantalla grande eran  seres de carne y hueso  con todas sus  virtudes y todas sus debilidades, como  cualquier  ser humano.
Me conmovió el asesinato cometido por la  hija  de la actriz Lana Turner, (Julia Jean Mildred Frances Turner, n. 1921).  Cheryl Crane mató  al amante de su progenitora, el mafioso Johnny Stampanato, porque el  tipo golpeaba a la pobre Lana.
Yo  estaba  convencido que los actores se morían de amor, solo  en las películas. La actriz  checoeslovaca,  Miroslava Sternova Beka, (n.  1925), se suicidó al enterarse  que el hombre que amaba, el  torero español Dominguín (Luis Miguel González Lucas, n. 1926), se iba a  casar con   la actriz italiana Lucía Bosé (Borloni n.1931.)
El   ítalo norteamericano Rodolfo Valentino (Rodolfo Pietro Filiberto Raffaelo Guglielmi di Valentina n. 1895), no superó   una cirugía causa de una peritonitis. Tenía  entonces, treinta y un años de edad.  Su deceso desató un estado de locura entre sus  fans. Se constataron varios suicidios. Hubo quienes  se  sintieron viudas y por años le ponían flores en su tumba.
El cine más importante de Concordia,  el Odeón,   estaba a pocas cuadras de casa.  Toda vez que podía, habitualmente a la salida de la escuela, me hacía una escapada para ver los afiches y las fotografías de las  películas que estaban en cartel y de aquellas que se iban a estrenar.
Actuaban     el tenor y cantante de operetas Luis Mariano (Mariano Eusebio González y Garcían, n.1914) quien  fue una notoria figura del canto clásico y la sevillana Carmen Sevilla (María del Carmen García Galisteo n.1930.)
No fui muy afecto a los filmes  musicales, aunque en mi adolescencia  hubo algunas excepciones: Frenesí de primavera  con Pat Boone (n. 1934); y El pequeño ruiseñor, con el  niño prodigio español  Joselito (José Jiménez Fernández n. 1943.)  
Las bandas de sonidos me cautivaban.  Recuerdo al   formidable    ítalo americano Frankie Lane (Francesco Paolo Lo  Vecchio n. 1913), en  Duelo de Titanes; y a  la insuperable  peruana Yma Sumac (Zoila Augusta Emperatriz Chávarry del Castellón. 1922),  en El camino del  Inca.  Era tan impresionante el  registro de esta mujer que era capaz de romper una copa  de cristal.
Cuando me fui a vivir a Mendoza empecé a darme  verdaderas duchas de cine. Me
había liberado del asma y  no estaba Mi Madre para que me lo prohibiera.  
Como siempre andaba corto de plata, iba al  cine  LA BOLSA. El precio de la entrada era  muy accesible. 
Los alumnos de todos los colegios secundarios lo utilizábamos como  escondrijo para   hacerse la rabona.  
La Bolsa era para hombres solamente.  Las funciones  comenzaban a las ocho de la mañana y   terminaban a las de cuatro de la madrugada. En  la sala  se podía hablar, gritar y comer. Cuando las películas eran habladas  castellano, al espectador le parecía estar frente a  una película muda.
La otra incomodidad  que a uno le tocara  un  vecino  marica. Había muchos que venían  a buscar  pareja. Más de una vez sentí una mano recorriéndome la pierna. Era cuestión de ponerse firme y desalentar  al afeminado para que se enterara que uno no era del  mismo palo.
En 1958, por un problema de documentación me quedé un año sin estudiar.   El tiempo libre lo ocupé  yendo al cine. Me gustaba ir al trasnoche de los sábados, porque podía ver algunas de esas producciones  que figuraban como prohibidas para  menores de dieciocho años a pesar de tener yo dieciséis