Contaré
mi vida antes que la parca se anticipe
(Todos
los capítulos en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)
UN CONDUCTOR FRUSTRADO.
De tanto hincharle a Mi Padre,
una tarde regresando de la
quinta, me permitió que tomara el
volante de la voituré, una chata todo terreno\: para llevar a la familia, de
vez en cuando, y para el reparto de mercadería de mi padre.
Todo el manejo iba
bien hasta que vi a una compañera del
colegio. La saludé como para que se
diera cuenta que yo era el que estaba conduciendo. Perdí el control del auto: estuve a punto de subirme a una
vereda. Mi Padre, con su experiencia de años, logró estabilizar la máquina. Nunca más me dejó
poner una mano en el volante.
Unos treinta años después
en Mar del Plata, había comprado
un Ami 8, de segunda o tercera mano, con un dinero que Mi Padre le había regalado a Mi
Primogénito quien, como si fuera un mecánico avezado, desmontó el motor y lo afinó para las
altas competencias.
Una tarde salí con Mi
Mujer a realizar una serie de diligencias.
En una esquina me adelanté creyendo que el conductor de un jeep que se
estaba acercando me iba a dejar pasar. El hijo de puta aceleró aún sabiendo que
me iba a hacer moco. Destrozó la parte
delantera del coche. Lo mandé a arreglar
pero ya no era lo mismo: había quedado
bastante averiado.
El coche terminó siendo tan
oneroso que hubo que venderlo. Lo compró un mecánico para transformarlo en un Meharis.
Mi historia como conductor tuvo mucho de ilegal y poco de aprendizaje.
A fines de 1971, un funcionario municipal, de Mar del Plata,
conocido mío, me regaló un carnet de
conducir sabiendo que yo me iba del país. Lo cambié por el
Internacional y después por el israelí. Al año siguiente me
fui a vivir a un kibutz. Tomé unas clases
en una Escuela de
Conductores para aprender a manejar.
Después de dos meses me di por aprobado
a pesar de las dificultades que
tenía para estacionar.
Un jeep fue el primer coche que utilicé para recorrer unos
ocho kilómetros. Cuando me cambié de
colonia, me decidí por uno de cuatro
puertas con el que salí a dar unas vueltas por el campo. Mi Primogénito viajaba conmigo.
De pronto me
salí del camino y enfilé directamente hacia
unos caños de riego. No sé cuántos de ellos destrocé hasta que
pude detener el rodado. Mi Hijo estaba
tan asustado que se puso a llorar, como
aquella noche que nos subimos a
una hamaca mecánica. Cuando cobró
altura, me sentí mareado. Terminé sentado debajo del asiento y el pobre
chico se angustió por mi medrosa actitud.
Desde aquel dio, preferí quedarme en tierra firme.
Yo me aventuré a viajar con Mi Familia por las rutas de
Israel. Era más arriesgado que ir a la guerra. Sin embargo siempre salí airoso
En 1974 me radiqué en Arad,
un poblado ubicado en el Sur de Israel.
Trabajaba en el
municipio local. Conducía un utilitario para hacer las compras fuera de
la ciudad. Nunca lo choqué. Y vine a arruinarlo todo en Mar del Plata.
Cuando uno conduce un rodado no debe olvidarse en qué sociedad vive.
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AUTOMOVIL En 1816, un noble
alemán, “Karl Christian Ludwig Drais von Sauerbronn, diseñó el primer vehículo
de dos ruedas con dispositivo de dirección.
El invento le correspondió al
alemán Karl Benz en 1886. Pocos
después otros pioneros, como Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach armaron sus
propios modelos.
MEHARIS. El nombre “fue tomado de los beduinos hilabios que llamaban Meharis, a los camellos, dadas
las especiales virtudes que tenían para viajar en condiciones extremas.”
Desde muy pequeño me
enamoré de la RADIO,. cuyo invento que
se le adjudicó al ingeniero y
físico italiano Guillermo Marconi (n.
1874), aunque están aquellos que dicen que el pionero fue el
serbio Nikola Tesla (n. 1856) quien, como todos los genios, se olvidó de
patentar su creación.
La
radio me enseñó a imaginarme la vida, a escuchar lo que me
enriquecía y desechar aquellas
cosas que me empobrecían. Me ha sido
más beneficiosa que las
personas. Cuando apareció la portátil, me la llevé conmigo
a la cama. Me
duermo con mayor facilidad.
El silencio me hace mal.
La primera vez que vi
un TELEVISOR funcionando fue el 14 de
mayo de 1953.
La gente se había amontonado frente a la vidriera de
Casa Furer para ver a la Selección argentina de fútbol vencer a la de
Inglaterra por tres a uno en un
encuentro amistoso, con dos goles del crack de Independiente de Avellaneda,
Ernesto Grillo (n. 1929.)
A Grillo lo vi jugar
en Mendoza, vistiendo la casaca de Boca
en un amistoso frente
Independiente Rivadavia.
Cuando niño en mi casa teníamos dos radios eléctricas: una era para toda la familia y la otra para uso
exclusivo de Mi Padre. De día escuchábamos la única emisora que
tenía la ciudad: LT15. Para escaparle a la censura peronista sintonizábamos
radios uruguayas especialmente de la vecina ciudad de Salto.
De noche Mi Padre
se conectaba con
las radios porteñas: Splendid, Belgrano y
el Mundo, que eran las que
monopolizaban las audiencias de todo el país.
Entre sus programas preferidos figuraban: Los Pérez García, Los Cinco
Grandes del Buen Humor, Lluvia de
Estrellas y El Glostora Tango Club.
Yo, compartía su gusto por el
inigualable Luis Sandrini (n. 1905),
que hizo célebre a su personaje
Felipe; por Juan Carlos Thorry
(n. 1908), quien popularizó a su Cándido
Pérez; por el uruguayo Tincho Zabala (n. 1923), en ese programa
imperdible que era La craneoteca
de los genios ; el capocómico
Pepe Arias (n. 1900); por el dúo Buono–Striano; por el
inimitable Pepe Iglesia (a) El Zorro (n. 1915); por la actriz y rapsoda rusa Berta Singerman, (n. 1903);
por la comediante española Amalia Sánchez Aliño, (n. 1883); por la increíble humorista Niní Marshall (Marina Esther Traverso, n. 1903);
por la excelsa periodista, Blackie, (Paloma Efron n. 1912); y por el
recitador gauchesco, el platense
Fernando Ochoa (n. 1905.)
En esos tiempos el
disenso político no existía, como ocurre en cualquier Gobierno
peronista. De todos modos a Mi
Padre le gustaba Américo Barrios (Luis María Albamonte n.1912,), quien
acompañó a su líder al exilio.
También admiraba a mi
coterráneo el periodista Juan José de Soiza Reilly (n. 1880), por su buen
decir claro y preciso.
Eran de mi exclusiva sintonía: La Pandilla
Marilyn, Tarzán de la Selva, Poncho Negro, Tatín (el muñeco que
manejaba magistralmente el ventrílocuo,
Tato Cifuentes), La Revista Dislocada y la Gran Pensión el Campeonato.
Con el tiempo me hice adicto a los
radioteatros. Era un tremendo grandulón y seguía gimoteando cuando las
historias distinguían aquel hombre bueno del malo.
MI MADRE prefería la lectura
del Idische Zeitung, antes que aturdirse con la radio.
Hubo algunos hechos puntuales que juntó a la Mi Familia en torno a la radio: cuando se votó en la ONU la creación del
Estado de Israel; en la ejecución
del matrimonio Rosenberg (Ethel
Greenglass n. 1915) y Julius (n. 1918), acusados de espiar en favor de la Unión
Soviética; el fallecimiento
de Evita, y la caída de
Perón.
Nosotros teníamos la esperanza que el mandatario yanqui,
general Dwight Eisenhower (n.1890), indultara a los Rosenberg. No lo hizo. Se escudó en el hecho que su antecesor, Harry
Truman, siendo un civil no los había perdonado;
él, como militar no lo podía
hacer.
En el año 1984 vi la película Daniel, DIRIGIDA por Sídney Lumet (n.1924), Sentí la
misma sensación asfixiante de treinta un años antes. Relata la historia
familiar desde la óptica de Michael, el hijo mayor de los Rosenberg.
En el mes de setiembre de
1961 unos conocidos míos me invitaron a participar de un programa destinado a la colectividad
hebrea de Concordia. El director de Programación ordenó que se me quitara del micrófono: mi voz le resultaba poco radiofónica
por mi manera de respirar propia
de un asmático.
En Mar del Plata hice
un par de intentos por colar en la radio: en todos los casos fracasé.
“El cine es la vida
sin sus partes aburridas”. Alfred
Hitchcock.
DÍAS DE CINE Y DE CIRCO.
Creo que mi fascinación por el
llamado “Séptimo Arte” nació en el mismo
momento que me quitaron los pañales.
A través del cine me involucré en la vida de otras personas, como un protagonista más. Quizá porque mi vida
ha carecido siempre de grandes emociones.
Conocer la intimidad
de los actores ha sido siempre una de
mis grandes debilidades.
Me encantaban los comentarios de quien era considerado un
pionero del periodismo cinematográfico: Israel Chas de Cruz (n. 1904). En
1968 se mandó
con su coche a las
aguas del Río de la Plata, porque le habían levantado su programa de radio.
Si todos los
periodistas se quisieran matar cada vez que son
despedidos habría que
construir varias necrópolis.
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RADIO BELGRANO. Su
primera transmisión fue en 1924 como LOY
Radio Nacional. En 1927 la adquirió el empresario búlgaro de origen
hebreo, Jaime Yanquilevich quien
revolucionó los medios audiovisuales del país. Fue dueño del primer canal de
aire.
TELEVISIÓN. “En julio
de 1951, Yanquilevich, junto con su hijo Samuel viajaron a los EE.UU. para
traer desde allí los primeros equipos. Acordó
con Perón para realizar la
primera transmisión televisiva el día 17 de Octubre de ese año.”
Radio El Mundo. Fue
fundado por Harry Wesley Smith, dueño de
la Editorial Haynes en 1935. Muchos de sus programas alcanzaron una enorme
popularidad.
SALTO. Su nombre se debe a los múltiples y pintorescos saltos
de agua provocados por el Río Uruguay. Y sus orígenes “se remontan a fines del siglo XVII. Se
reconoce la fecha de su fundación, el 8
de noviembre de 1756.”
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Mi Tío Israel, el colorado,
fue quien involuntariamente me permitió
conocer a las grandes estrellas
del cine mundial, cuando me regaló, supongo para no tirarlas, unas figuritas que una tabacalera utilizaba para promocionar
sus puchos.
De un lado tenía el
rostro del artista y en su reverso una pequeña
biografía. Encabezaba la
colección el norteamericano FRANCHOT
TONE (n. 1905.)
Nunca me iba a olvidar
de él, quizá porque lo asociaba al término ‘choto’ (el órgano eréctil de los mamíferos.)
Antes, como
ahora, me podía
pasar el día entero mirando películas.
Hasta los catorce años
cuando me fui de casa tenía prohibido
ir al cine en invierno. Mi
Madre decía que era un lugar donde me
podía agarrar cualquier peste estacional.
Las pocas veces que Mis Padres me llevaron a ver una
película fue porque Mi nana Ángela, no me podía cuidar y ellos no se lo querían
perder.
Una noche me envolvieron
en una frazada para ir al Odeón.
Cuanto más me cuidaban yo peor me sentía. Esa sobreprotección me quitaba seguridad.
El primer film que vi en mi vida fue una biografía de la investigadora polaca
Madame Curie (Marja Sklodowska n. 1867), que interpretó la irlandesa Eileen
Evelyn Greer Garson (n.1905,), me impresionó la escena donde su
marido, Pierre
Curie (n. 1859) moría
aplastado por un carruaje
cuando se disponía a cruzar la calle.
Después vi una
película sobre el científico francés Louis Pasteur (n. 1822),
descubridor de la vacuna contra la rabia, cuyo
personaje lo interpretaba el coterráneo de Mi Padre,
Paul Muni (Meshilem Meier
Weisenfreund n. 1895; y
por último El Malabarista (The juggler 1953), en un rol jugado por el norteamericano de origen hebreo, Kirk
Douglas (Issur Danielovich Demsky
n. 1916). La historia se centraba
en Hans Muller, quien
llega a Israel junto a un contingente de sobrevivientes de la SGM. Y se dedica a entretener a un grupo de
inmigrantes que viven en Haifa.
Fui con el colegio a ver la que fue mi primera película argentina: Su mejor
alumno, que era la vida del hijo natural de Sarmiento, Dominguito.
Eran sus protagonistas Enrique Muiño (n. 1881)
y Ángel Magaña (n. 1915).
Un
sábado de primavera cuando a Mi Madre le agarró la buena y me permitió
que fuera a ver La Niña del Gato, que
marcó el debut cinematográfico de Adrianita (Adriana Caputi Bianco), siendo su
partenaire un personaje de la revista
porteña Adolfo Stray (Straijer n.
1915),
A pocos
kilómetros de Concordia se estaba
filmando EL CAMINO DEL GAUCHO.
Le pedí a Mi Padre que me llevara hasta el lugar de filmación. Me dijo que no
podía, que estaba muy ocupado. Durante
muchos días no pude quitarme la bronca.
Me perdí la
oportunidad de conocer personalmente a la bellísima neoyorquina Gene Tierney
(n. 1920) y a su coequipero el californiano
Rory Calhoun (Francis Timothy McCown
n.1922.)
Con los años tuve que admitir que mis ídolos de la pantalla
grande eran seres de carne y hueso con todas sus
virtudes y todas sus debilidades, como
cualquier ser humano.
Me conmovió el asesinato cometido por la hija
de la actriz Lana Turner, (Julia Jean Mildred Frances Turner, n.
1921). Cheryl Crane mató al amante de su progenitora, el mafioso
Johnny Stampanato, porque el tipo
golpeaba a la pobre Lana.
Yo estaba convencido que los actores se morían de amor,
solo en las películas. La actriz checoeslovaca, Miroslava Sternova Beka, (n. 1925), se suicidó al enterarse que el hombre que amaba, el torero español Dominguín (Luis Miguel González Lucas, n. 1926), se iba a casar con
la actriz italiana Lucía Bosé (Borloni n.1931.)
El ítalo
norteamericano Rodolfo Valentino (Rodolfo Pietro Filiberto Raffaelo Guglielmi
di Valentina n. 1895), no superó
una cirugía causa de una peritonitis. Tenía entonces, treinta y un años de edad. Su deceso desató un estado de locura entre
sus fans. Se constataron varios
suicidios. Hubo quienes se sintieron viudas y por años le ponían flores
en su tumba.
El cine más importante de Concordia, el Odeón,
estaba a pocas cuadras de casa.
Toda vez que podía, habitualmente a la salida de la escuela, me hacía
una escapada para ver los afiches y las fotografías de las películas que estaban en cartel y de aquellas
que se iban a estrenar.
El primer film musical que vi fue la
producción española Violetas Imperiales. MI TÍA, la menor, me llevó
a un cine de Santos Lugares para ver
la historia de la popular vendedora
de violetas quien predijo a la condesa Eugenia de Montijo (n.1826) que
algún día sería coronada emperatriz. Y así fue cuando se casó con Napoleón III
(Carlos Luis Napoleón Bonaparte n.1808.)
Actuaban el tenor y
cantante de operetas Luis Mariano (Mariano Eusebio González y Garcían, n.1914) quien
fue una notoria figura del canto clásico y la
sevillana Carmen Sevilla (María del Carmen García Galisteo n.1930.)
No fui muy afecto a los filmes musicales, aunque en mi adolescencia hubo algunas excepciones: Frenesí de
primavera con Pat Boone (n. 1934); y El
pequeño ruiseñor, con el niño prodigio
español Joselito (José Jiménez Fernández
n. 1943.)
Las bandas de sonidos me cautivaban. Recuerdo al
formidable ítalo americano
Frankie Lane (Francesco Paolo Lo Vecchio
n. 1913), en Duelo de Titanes; y a la insuperable peruana Yma Sumac (Zoila Augusta Emperatriz Chávarry del Castellón.
1922), en El camino del Inca.
Era tan impresionante el registro
de esta mujer que era capaz de romper una copa
de cristal.
Cuando me fui a vivir a Mendoza empecé a
darme verdaderas duchas de cine. Me
había liberado del asma y
no estaba Mi Madre para que me lo prohibiera.
Como siempre andaba corto de
plata, iba al cine LA BOLSA. El precio de la entrada era muy accesible.
Los alumnos de todos los colegios secundarios lo utilizábamos
como escondrijo para hacerse la rabona.
La Bolsa era para hombres solamente. Las funciones
comenzaban a las ocho de la mañana y
terminaban a las de cuatro de la madrugada. En la sala
se podía hablar, gritar y comer. Cuando las películas eran habladas castellano, al espectador le parecía estar
frente a una película muda.
La otra incomodidad
que a uno le tocara un vecino
marica. Había muchos que venían a
buscar pareja. Más de una vez sentí una
mano recorriéndome la pierna. Era cuestión de ponerse firme y desalentar al afeminado para que se enterara que uno no
era del mismo palo.
En 1958, por un problema de documentación me quedé un año sin
estudiar. El tiempo libre lo ocupé yendo al cine. Me gustaba ir al trasnoche de
los sábados, porque podía ver algunas de esas producciones que figuraban como prohibidas para menores de dieciocho años a pesar de tener yo
dieciséis
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