Contaré mi vida antes que la parca se anticipe
(Todos los capítulos
en: elhombredelamemoriacorta.blogspot.com)
Mi condición de boquense fanático, me
llevó a vivir una experiencia
singular. A principios de 1963 estuve un
mes en Milán. Y tuve la oportunidad de
darme cuenta cuán grande es BOCA JUNIORS.
Yo había llegado esta ciudad para conocer a un primo de Mi
Padre. Un mañana, caminando por el
centro de la gran ciudad,
me llamó la atención ver
unos afiches que promocionaban el clásico
de la ciudad.
Entré en
un bar y le pregunté al
camarero dónde podía adquirir una entrada para el
Derby. El tipo me miró entre asombrado e
incrédulo, como si yo me hubiese
descolgado con una rareza. Cuando se
dio cuenta de mi acento cocoliche, mezcla de español e italiano, se
mostró indulgente.
Me
explicó que las entradas ya se habían agotado. La única chance que tenía era caer en
manos de los revendedores. No
podía: pedían cifras siderales por una popular.
Durante la cena del día sábado le comenté
al primo de Mi Padre, que me dolería en
el alma perderme el clásico. No hizo falta estrujarme la sesera para darme
cuenta que el hombre no cazaba una. No le interesaba el Calcio, igual que a Mi Padre.
El domingo del
superclásico le pedí a la hija
única del primo de Mi Padre
que me indicara cómo llegar hasta el
Estadio. Estaba decidido a
mandarme una patriada.
Yo estaba en la explanada del San Siro (hoy Giuseppe Meazza),
cuando un grito ensordecedor
conmovió el cemento hasta sus bases: el
Inter había madrugado a su rival. El gol lo había convertido su
cannoniere SANDRO
MAZZOLA (N. 1942.)
Su padre
fue un mítico jugador del Torino.
Murió en un accidente aéreo, con
el resto del plantel en SUPERGA.
Me había perdido un gol, no quería
perderme otro. Me entró la desesperación: corrí hacia uno de los puntos de
ingreso al estadio. Un portero me preguntó (muy amablemente), qué deseaba. Le dije que quería hablar con
alguna autoridad. A los pocos minutos yo
estaba ante un señor, impecablemente
trajeado, que se identificó como el
director del complejo deportivo. No me achiqué, raro en mí: le conté que yo
estaba de paso por la ciudad, que era fanático de Boca Juniors, y quería ver el partido, aunque fuera por algunos minutos. Deseaba reencontrarme con exbosteros que ahora
militaban en ambos equipos.
No lo
podía creer cuando el funcionario municipal me autorizó a pasar con la condición que me
fuera, una vez terminado el primer tiempo porque estaba prohibido permanecer de
pie. Las gradas estaban todas completas.
Al buen hombre le fallé: me quedé hasta
la finalización del partido.
No festejé el empate del Milán porque yo
quería que ganara la escuadra que conducía el argentino HELENIO HERRERA (n. 1910), quien
se había hecho famoso por crear un
sistema defensivo, conocido como “El
cerrojo-- catenaccio.”
En la escuadra interista jugaban HUMBERTO MASCHIO (EX RÁCING N. 1933), Y ANTONIO ANGELILLO (EX BOCA N. 1937). UNA DE LAS FIGURAS DEL INTER ERA UN ESPAÑOL: LUIS SUAREZ (N.
1935), QUIEN DURANTE UNA DÉCADA PARTICIPÓ
DE LOS MAYORES HALAGOS
FUTBOLÍSTICOS DE LA INSTITUCIÓN.
Entre los milanistas estaban
dos exboquenses: el brasileño DINO SANI (AUTOR
DEL GOL DEL EMPATE N. 1932) Y EL PERUANO
VÍCTOR BENÍTEZ
MORALES (N. 1932.)
SU FIGURA ESTELAR
ERA GIANNI RIVERA (N. 1943), CONOCIDO
COMO EL “BAMBINO DE ORO.”
Abandoné el
estadio sin sentir culpa y enormemente
feliz.
Llegué a la casa del primo de Mi Padre justo a
tiempo para cenar.
Conté una y mil veces cómo había logrado entrar al estadio y el espectáculo que había presenciado. Los habitantes de la casa no comprendían por qué
tanto alboroto de mi parte si sólo se
trataba de un partido de fútbol.
En
1958 me hice socio del club
mendocino INDEPENDIENTE RIVADAVIA (fundado en 1913.)
A mí me
tocó vivir una época de expansión
institucional y la remodelación de su estadio, con la construcción de nuevas
tribunas, gracias a la gestión de ese
gran dirigente que fue Salvador Iúdica.
Él me permitió pagar una cuota mensual mínima que me posibilitaba
tener libre acceso a todas sus
instalaciones y a los partidos cuando
los azules eran locales. De visitante me colaba con los jugadores.
En esta etapa de mi vida, lejos de mi
casa, el fútbol era un sentimiento de
pertenencia, era huir de la soledad y
compartir con otros miles de ojos un espectáculo deportivo. Era la revancha de tantos años de no haber podido
ir una cancha como lo hacían muchos chicos de mi edad.
Yo iba a los entrenamientos de
Independiente y fraternizaba con los jugadores. Sabía de antemano cómo iba a formar el equipo para
su próximo compromiso.
Andaba metido en el vestuario, como si
fuera parte del cuerpo técnico.
El director técnico leproso era el mítico
RAIMUNDO BIBIAN MUMO ORSI (n. 1901), a
quien recuerdo vistiendo un jogging
azul el que no se lo quitaba ni siquiera para dormir. Su blanca cabellera, la
raya partida al medio, su rostro patriarcal, le concedía una autoridad
natural sobre sus dirigidos.
Con él di la vuelta olímpica en aquel
inolvidable 1960 después de una larga sequía.
ORSI tocaba el violín
en una orquesta de tango cuando el fútbol lo atrapó para hacer de él un
autentico crack.
En el año 1920 debutó en la primera
división de Independiente de Avellaneda. Fue medalla de plata
en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam de 1928. Después se marchó a Italia
contratado por la Juventus, integrando
la escuadra azurra, campeona mundial de 1934.
El clásico rival de Independiente era
Gimnasia y Esgrima (fundado en 1908), que también tenía su estadio en el Parque
Gral. San Martín. Yo era un leproso de ley pero sabía reconocer la calidad de los jugadores de la contra. Yo
admiraba al tripero, VÍCTOR LEGROTTAGLIE, dueño de una zurda incomparable, un futbolista de otro
planeta.
En
1959 jugó una corta temporada primera de
Chacarita Juniors, pero no se adaptó.
No
aceptó ofertas del Inter (Italia), del Real Madrid, del Cosmos (Estados
Unidos), de Perú y de Chile. Era un mens sana de alma, en una época en el que muchos jugadores se mantenían
fieles a sus orígenes.
Mi locura futbolera se exteriorizó cuando
le aposté a un residente de la pensión que yo era de capaz de tomarme un litro de aceite hígado de bacalao.
Necesitaba plata para presenciar
la apertura del Campeonato Argentino de fútbol de selecciones provinciales.
El
encuentro inaugural lo vi
entrecortado por mis continuas corridas al baño.
El inodoro pasó a ser parte
de la tribuna.
Cuando terminó la competencia, Independiente compró el pase
del defensor entrerriano Amadeo Gándola,
con quien tuve una especial relación por
ser coprovinciano. Era alto y flaco.
Comenzó jugando al hockey sobre patines hasta que lo sedujo la número cinco.
Puso fin a su vida arrojándose de un
quinto piso. Tenía setenta y ocho años de edad.
BOCA JUNIORS. “Fue fundado en 1905. La reunión
constitutiva tuvo lugar en la casa del
joven l Esteban Baglietto, quien
fue su primer presidente.
Los colores azul y amarillo
se tomaron de la bandera sueca
que enarbolaba un barco amarrado en el puerto de la Boca.
MILÁN. La ciudad fue fundada por los celtas y quienes le dieron su actual nombre (600
adC). Fue conquistada por los romanos alrededor del año 222
adC.
INTER. Fundado en 1908 por disidentes del Milán
y del Cricket Club.
AC Milán. Se fundó en el año 1899,
impulsado por la alta burguesía italiana que dominaba el panorama social a
finales del siglo XIX. Su presidente
Piero Pirelli, mandó a construir el San
Siro (en homenaje a un santo), inaugurándolo el 19 de septiembre de 1926.
EL ACCIDENTE DE SUPERGA. El 4 de mayo de 1949, el
plantel de “Torino regresaba de Lisboa, donde había disputado un amistoso con
el Benfica. La neblina y la lluvia se
complotaron para que el vuelo se trocara
en el peor infierno. La nave chocó contra la colina de Superga.
River fue el único equipo del mundo que se ofreció para jugar
un amistoso a beneficio de los familiares de las víctimas.”
El club turinés utilizó la casaca de la banda roja cuando cumplió los cien años de vida.
A
MI PADRE le gustaba el automovilismo. Cinchaba por Ford. Un par
veces lo acompañé a las competencias que se desarrollaban en el autódromo de Camba
Paso. En este escenario vi ganar a BENEDICTO CAMPOS quien, con su Betty, hizo historia en la
Mecánica Limitada.
Cuando a causa de mi asma me fui a vivir a Mendoza, me volví fan de Juan Gálvez (n. 1916),
uno de los grandes animadores del Turismo de Carretera. Un domingo madrugué para verlo pasar por la
capital cuyana, en uno de los tramos de
la Vuelta de la República.
Mi ídolo se mató en Olavarría en 1963, y
con él se me terminó la pasión por este deporte.
Mi Primo Marcos era un apasionado del mundo tuerca. Él
seguía la trayectoria deportiva de su
tocayo Marcos Ciani (n. 1923), quien
corría con un Chevrolet.
A
Marcos nunca le interesó el fútbol.
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