Saturday, December 12, 2020

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE DECIR (28)

  

·    MI VIDA Y SUS INFIERNOS.

 

CONTINUANDO CON MI VIAJE A ROMA. En el tren a la capital italiana  hubo un problema con una joven de Bahía Blanca a quien una mano traviesa le tocó sus abultadas nalgas.  Para calmar su histeria  le cedí mi asiento.  Los vagones iban hasta el tope  lo que se hacía más que difícil descubrir al culpable. De todos modos sigo pensando que hay mujeres  desagradecidas.

Un becario porteño    se quedó dormido y un ratero le robó su máquina fotográfica. Eso sí: tuvo la   amabilidad de dejarle el estuche.  Se demostró que no  siempre el descanso  resulta  saludable.   

EN ROMA me sumé a otros  cuatro becarios tan ratones como yo. Nos  alquilamos una habitación en un hotelucho  cercano a la  Estación de Trenes. El conserje se mostró comprensivo con nosotros y  nos  permitió que los cinco nos metiéramos en una pieza que tenía  capacidad   para tres pasajeros.

En los cuatro días que estuvimos en la capital italiana, nos íbamos rotando para ocupar  las tres camas. Los restantes  dormían en el piso.    Por suerte la pieza estaba bien calefaccionada. 

La ducha tenía   un medidor que dejaba pasar el chorro de agua si se  le ponía unas    monedas. Nos  bañábamos en yunta.  Nunca   el quinteto  se higienizaba el mismo día.   

·         Nuestras panzas se abastecían de  sándwiches   que nosotros mismos  preparábamos. Nos calentábamos las tripas con café y   té. En 1962 no se conocía la sopa instantánea.

·         El último día en  Roma decidimos ir a un restaurante. Nos llevamos flor de chasco: la sopa era agua  en la que flotaba   un hueso descarnado. Los tallarines  no se despegaban del plato y las pizzas eran  un pegote caliente y con menos  sabor que una    comida de   hipertenso.

·         Nos fuimos del  comedero  muertos de hambre y lamentándonos  después,   lo que tuvimos que pagar.

El mismo día de nuestra llegada  6 de marzo  tratamos de  visitar el  VATICANO. No lo logramos: estábamos en el horario de cierre.   Decidimos volver al día siguiente, bien temprano,  para  no  estar apremiados por el tiempo.

·         Fue cuando se nos acercó   un  sacerdote  argentino  quien  nos reconoció por nuestra manera de  hablar gritando. Nos explicó cómo acceder al recinto  contiguo a la habitación del Sumo Pontífice.  Lo podíamos  ver de cerca  en el momento que marchara a reunirse con los  feligreses  en el auditórium pontificio.

·         Dicho y hecho: a las nueve de la mañana nos ubicamos  en  primera   fila.

El italiano JUAN XXIII EL PAPA BUENO, (Giuseppe Roncalli  n. 1881),  me preguntó de dónde  era y qué hacía en Roma.  Después  bendijo a todos los presentes y se marchó acompañado por  la famosa Guardia Suiza.

·         Yo sentía  una   especial estima por  este Papa. Él  trató de terminar  con las desavenencias entre CATÓLICOS Y HEBREOS.  Además, durante la SGM;  estando en Francia,   simuló multitudinarios bautismos  para salvar a unos  veinticuatro mil  hebreos. Otras fuentes católicas   afirman  que se habían dispensado unos ochenta mil certificados.

·         De los Papas que tuve conocimientos de ellos, es el único que mereció su beatificación. Tuvo una vida de santo.

Con la ayuda del Asmopul insuflándome adrenalina para poder respirar, subí porlas estrechas escaleras hasta la cúpula vaticana.  A pesar de tenerle  fobia a las alturas  me las  aguanté.

·         Pude apreciar la magnificencia de la metrópoli de las Siete Colinas (al Este del río Tiber,  con cuatrocientos cinco kilómetros de recorrido.)      

·         Sentí vergüenza ajena cuando vi  a  un grupo de   becarios robar postales de  unos exhibidores, aprovechándose del amontonamiento de  la gente  y la distracción  de las monjas que cuidaban el lugar.  El argentino es hijo del rigor: no  sabe valorar    la libertad.

·         HABLANDO DE ROBOS: en el centro de la nave vaticana se encuentran  los  balcones que fueron arrancados del  Templo de Jerusalém--- Beit Hamidrasch  por  los beneméritos asesinos  de  la   Primera Cruzada. 

      No entré en la sala donde se hallan   los tesoros papales.  Era    traicionar  mis convicciones:       o   No me  podía imaginar que alguien pudiera gozar de las riquezas obtenidas hambreando a sus   congéneres.  Preferí  recorrer la  Capilla Sixtina. 

·          “EL VATICANO  POSEE LA  SEGUNDA COLECCIÓN  DE ORO DEL MUNDO.”

·         El Estado papal,  dueño de un enorme  poder económico,  tuvo su propio banco: el    AMBROSIANO, fundado en 1896. Su derrumbe se produjo en 1982.  En el centro  de la debacle    estaba su presidente, Roberto Calvi quien pertenecía a la logia masónica Propaganda Dos (conocida más comúnmente como P. Due), que en la Argentina supo tener una enorme cantidad de adeptos: Perón,  funcionarios de su tercer gobierno  y  hasta  integrantes de la  sangrienta    Dictadura militar que tomó el poder en 1976.

·         CALVI apareció colgado en un puente londinense sobre el Támesis, el 18 de junio de 1982. No fue un suicidio. Se constató que fue asesinado. Idéntico suerte le cupo al papa JUAN PABLO I (Albino Luciani n. 1912),  quien fue envenenado. Su muerte estuvo ligada al escándalo del Ambrosiano.

·         Es más que revelador el libro La sotana roja del escritor e historiador francés Roger Peyrefitte (n.1907.)

La vida es una fotocopia.

Durante mi permanencia en Roma, con el grupo, elegí  visitar aquellos lugares

·         considerados  prioritarios para todo aquel que venía por pocos días: el Coliseo, (en

·         sus inmediaciones me encontré con un hebreo   vendiendo  estampitas);   la Columna de Trajano y la Vía Apia. Me salí  del circuito para conocer   la  SINAGOGA, que fuera construida entre 1901 a 1904 a orillas del Tiber y cercana al antiguo gueto romano.

·         Un religioso integrante de la administración me contó su  historia y su vínculo con la comunidad. 

·         Cuando regresamos  a Nápoles  propuse a mis compañeros de ruta  que siguiéramos viaje   hasta Pompeya, la ciudad fantasma,  sepultada por una lava volcánica.

·         Nos  alquilamos una combi. Todo el trayecto estuve  absorto mirando el azul del mar Tirreno. Parecía un espejo sobre el cual rebotaban los rayos solares. 

·         Ya en Pompeya me uní a  un grupo de visitantes  que pugnaba  por entrar en  la sala donde había funcionado  un famoso prostíbulo.

·         Había   una habitación donde se exponían unas pequeñas estatuillas  con los

·         nombres de aquellos  que habían sido reconocidos  por el tamaño de sus penes. Yo

·         no hubiese podido figurar en esa lista.

·         En 1962  las mujeres no podían entrar en  ese recinto. Decisión ridícula que se eliminó diez años después.  Hay pequeñas cosas que con el tiempo cambian para bien.

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