Monday, August 30, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO DECIR (49)

Mi VIDA Y SUS INFIERNOS

  En el año 1994  intenté    crear una ASOCIACIÓN DE ENFERMEROS.   Me  torpedearon  de tantos  lados que no me quedó otra que abandonar el barco.

Dos años y algunos meses permanecí  en el servicio de Obstetricia.  Era un buen profesional más que todo en el trato con las pacientes. Muchas de ellas  me contaban lo insensible que eran muchas de mis colegas de  los  otros turnos. Se podían morir de dolor que nadie las venía  a ayudar. Se pasaban encerradas en el office  fumando, tomando mate  o intrigando.

Mi excesiva  responsabilidad me llevaba a tener algunos roces con otras enfermeras.

Cuando tomaba el  Servicio   pasaba por cada una de las habitaciones para ver en qué estado se encontraban las hospitalizadas. Siempre había alguna que me reclamaba un calmante, otra me contaba que su marido no la había venido a visitar, o  aquella otra  que sospechaba que su  hombre le era infiel. En ese trámite de tratar personalmente a cada paciente, evité que una de ellas se muriera.   

Sus compañeras de habitación me alertaron que hacía un par de horas que estaba adormecida.  No dudé en llamar a los médicos   de guardia, quienes de inmediato ordenaron su traslado al Hospital   General de AGUDOS.

La paciente  había sufrido una alteración en su sensorio a causa de una eclampsia (hipertensión que durante el embarazo se caracteriza por presentar convulsiones y estados de coma). Afortunadamente,  la madre y el bebé sobrevivieron al caos.

Los cuatro enfermeros del turno noche recibíamos   conceptos laudatorios tanto de pacientes como de familiares lo que provocaba que las otras enfermeras nos tuvieran   una envidia malsana. Todo concluyó  con la separación de nuestro cuarteto.

Típica decisión de gente mediocre.

Yo fui a parar a  Moderados  B. Aquí se internaban   chicos que sufrian patologías que no exigian de  mayor complejidad.    

 Fue a partir del  RENACIMIENTO (Siglos XV y XVI), cuando comenzaron  a considerarse las enfermedades de los niños como una actividad médica.                                    

Los tres Moderados estaban casi juntos  y esto posibilitaba una estrecha relación y la ayuda mutua cuando uno se veía  sobrepasado de trabajo.

 Me vida útil en Moderados B terminó   ocho meses después. Todo porque  insulté a una enfermera  del turno mañana cuando la vi maltratando a una madre que  tenía internado a su bebé en nuestro servicio.  

La que tomó la decisión de fletarme fue una Supervisora que era una  corrupta consagrada: autorizaba el pago de  horas   extras  a aquellas Enfermeras que estaban  dispuestas a darle una tajada de su plus salarial.     

Fui a parar a Oncología, un área terrible. No se soportaba  por mucho tiempo el   padecimiento de los  pequeños pacientes.  

Las patologías más comunes que se tratan aquí eran : la Leucemia,  VIH  Sida (contagiados en el canal de parto),  y el Linfoma de Hodgkin.

Una vez me avisaron  que había que tener una cama preparada para una  nena de siete años. Fue su  maestra la que  notó  que la chiquita no estaba bien.  Pruebas  de laboratorio dieron que tenía  leucemia.    

A la madre se le indicó que comenzara las gestiones  para conseguir del Estado provincial los sesenta mil dólares que era lo que demandaba  un trasplante.

Los trámites cayeron en la red burocrática y el polvo los terminó cubriendo.

Los padres en vez de presionar, se dejaron estar y  la chiquita se murió.  Horas antes de irse  de este  mundo la niña pidió  pasear en una  limusina por la ciudad.  

A los que ella le había tomado cariño les hizo un regalo:   a mí me dejó un tupperware que yo utilicé para guardar fideos secos.

Al año siguiente me encontré con la madre del ángel caído: estaba embarazada.

Una niña de unos ocho años   padecía de un  tumor cerebral.  Por efecto de la presión intracraneal  uno de sus ojos había multiplicado su tamaño. Su  madre era una persona mayor, a quien su marido la había abandonado y   sola lidiaba con su criatura enferma.

Era Nochebuena.  Todos  estábamos alterados por la muerte del marido de  una de nuestras compañeras en un accidente de tránsito,  De pronto se oye  un grito desgarrador. Era la voz de la madre  de la exoftálmica.   Como nadie se animaba a entrar a su habitación fui yo quien se encargó de preparar   a la pequeña  difunta para  su traslado a la morgue. El ojo colgaba  de su mejilla.  

HODGKIN.    Es un tipo de de cáncer que se origina en el tejido linfático. Fue reconocida por primera vez en 1832 por el médico británico Thomas Hodgkin (n.1798.)  

TUPPERWARE.  El estadounidense Earl Silas Tupper (n. 1907), fue el creador de estos    productos hechos de plástico destinados a  conservar alimentos.   

TENTACIÓN Y  NUEVA DEBACLE. Una  mañana, dos periodistas conocidos míos que estaban desocupados, me ofrecieron un proyecto por demás tentador: sumarme a la creación de un nuevo diario en la ciudad.    Mi entusiasmo inconsciente  me llevó a renunciar  al Hospital.  Iba  a ganar en un solo mes más del triple de lo que obtenía como becario.

El diario comenzó  a editarse a partir de enero de de 1995.  Las perspectivas comerciales del nuevo producto eran buenas. Se podía conseguir  mucha publicidad de los partidos políticos teniendo en cuenta que era un año electoral y,  además en Mar del Plata se iban  a disputar  los   Juegos  Panamericanos.  

Empujado     por mi  arrebato adolescente  cometí el imperdonable pecado de  no averiguar  quiénes    estaban  metidos en este proyecto. Cuando me enteré  ya era  tarde para lágrimas.   El  dueño era un  tunante de doble apellido. Y el Director, un borracho de larga data.

El Doble Apellido  pertenecía a la rancia sociedad argentina, con mucha   bosta encima. Le gustaba jugar al polo porque le daba lo mismo montar a un caballo que a  un empleado.  Se daba el gran dique y le debía  a cada santo una vela.  No se mosqueaba cuando sus empleados paraban  por falta de pago.

 Desde hacía  una década que el tipo  tenía la concesión  del Hotel Provincial, el establecimiento con más historia en la ciudad: todo un símbolo y que, desde su inauguración,   sufría de  continuas depredaciones por parte de sus gerenciadores, sin que el Gobierno bonaerense, propietario del inmueble,  no se molestara  en enjuiciarlos. Había una multiplicidad de factores que para esto ocurriera.  

En defensa de El  Doble Apellido debo decir que durante   el  año le caían   funcionarios y políticos quienes utilizaban  sus instalaciones sin  dejarle  una mísera moneda.  Esto  lo vi con mis propios ojos.

El Gran Mar  se presentó  en sociedad durante una reunión social  realizada en el Hotel Provincial al que concurrió la crema   lugareña.  Mar del Plata se presta para todo tipo de chantadas y esta era una más.

Desde su primer número  el diario  fue una verdadera cochinada periodística. Nunca supe qué intereses espurios dieron lugar a esta fantochada. No solamente  Doble Apellido  estafó a los   periodistas,  sino que también a muchos de los proveedores. Típicamente argentino.

La Redacción  funcionaba en una dependencia del hotel.  Lo peor de todo   que la impresión  se hacía a doscientos kilómetros de Mar del Plata. No existía posibilidad alguna de redactar una  noticia de último momento.  

La camioneta  que llevaba los originales y  traía los diarios  más de una vez se descompuso   y nuestro producto no se distribuía.

El Director era un  devoto de los  tragos largos.  Lo habían echado del   gran diario de la ciudad   porque estaba senil y en la joda total. Ahora se pasaba todo el día en un café que estaba al lado de las oficinas   chupando güisqui  y fumando  cigarrillos de tabaco negro, uno tras otro. Y cuando alguien le iba a hacer una consulta se enfadaba.

El personal contratado  era, en su gran mayoría, gente inservible,  tan incapaz, que  para escribir veinte líneas necesitaba todo el día.

En mi desesperación  por  tratar de reflotar el mamotreto,  me ofrecí   hacer un   suplemento dominical, por la misma paga,  que fuera diferente y del agrado de nuestros exiguos lectores. Fue un esfuerzo inútil: esto no tenía marcha atrás.       

en mi última  semana en el gran mar  entrevisté al  actor  HÉCTOR  PELLEGRINi, (n.1931), quien estaba condenado a una vida miserable a causa de un avanzado    Alzheimer.  

Vivía con una hermana suya en Mar del Plata. Durante un  tiempo  pudo dar clases de teatro  en una institución que estaba en el  Puerto.                     

Yo lo había tratado personalmente durante uno de los últimos  Festivales de Cine  que se organizaron en Mar del Plata en los años sesenta del siglo XX.

Su cuarto de hora lo tuvo con dos películas emblemáticas: Alias Gardelito (1961) y Pajarito  Gómez (1965.)

El Doble Apellido durante  los Juegos Panamericanos  regaló  los  diarios. Y después de las elecciones cerró el curro. De inmediato le cayó un embargo sobre lo poco y nada que quedaba del diario.

Después de putear al devoto de los tragos largos,  me fui a mi casa. Por suerte pude cobrar el sueldo y  la parte proporcional del aguinaldo.  Las vacaciones  las cobró Matusalém (primogénito de Caín.)         

El Sindicato de Prensa, no movió un dedo por nosotros;   estaba acostumbrado a acordar con la patronal  antes que  defender al trabajador.      

En 1998  la bosta de guantes blancos abandonó el hotel, dejando un choclo  en su huida.

El Gobierno provincial no se dio por enterado. Tenía arreglado su gerenciamiento con alguien que ya había estado al frente del Provincial, dejando un triste recuerdo.

Este nefasto personaje nunca fue investigado cuando dejó la administración del lugar.  

Se alzaron algunas voces críticas y hasta hubo denuncias contra el sátrapa de la ciudad.  Pero todo quedó en la nada. Tenia arreglado a politicos y a la prensa.

La vida es una fotocopia.

OTRA VEZ  LA MALARIA.  La  economía familiar  se  había vuelto    caótica.   Mi Hijo,  El Mediano,  había vuelto a Mar del Plata después de seguirle los pasos a una brasileña de quien se había enamorado.  La había conocido en Madrid. Era mucho mayor que él, divorciada y  con una hija adolescente. La mujer era oriunda  de San Pablo.

 Al poco tiempo ella  lo rajó de su lado. Y él se quedó empantanado en Brasil. 

Mi Hijo llegó  a la Argentina un poco caminando y otro tanto  haciendo autostop.

En casa permaneció un año y medio sin  conseguir una ocupación que le diera la posibilidad de mantenerse sin nuestra asistencia.

Creyó que  en la Argentina podía hacer lo mismo que en España.  Enseguida se enfrentó a una cruda   realidad: la mafia marplatense le pedía que pagara un  peaje para poder  vender posters  en una calle   medianamente comercial.

La presencia  de otra boca hizo que nuestra olla se desfondara. El único ingreso fijo   era el de Mi Mujer. Mi relación con Mi Hijo era  de mucha hostilidad. Él estaba acostumbrado a vivir sólo, a no compartir nada  con nadie. Y  ahora tenía que respetar los límites de convivencia con otras dos personas.     

Para que no perdiera el tiempo  le pedí que hiciera algún curso: se anotó en teatro. Su entusiasmo se debilitó rápidamente.   

Mi Mujer  había estudiado guitarra. Por una tendinitis tuvo que dejar de tocar. Mi Segundogénito  encontró en ese instrumento un pretexto para no buscar  trabajo

Se dedicaba a rascar  todo el día.     

En casa las cosas iban de mal en peor. Yo no sabía hacia  dónde agarrar viaje: las changas se me  habían terminado. Israel volvió a presentarse como  la única salida. Tal cual me había sucedido en 1962, en 1972 y  en 1989, volvía a ser  febrero el mes de mi  fuga.  

Mi Mujer,  se quedó  a vender el pequeño y depreciado departamento.  Lo largó al primer interesado que apareció por lo que le quiso pagar.

 Una parte del  dinero  fue para  Nuestro Hijo, quien viajó a   Chicago donde vivía  un supuesto  amigo suyo, que había conocido en España. El yanqui  resultó ser tan chanta como el pirado de Alcobendas: no le ayudó un carajo.

 CHICAGO.   Sus primeros habitantes los  indios  Potawatomis   llamaron a este territorio  "Chicaugou",   que significa poderoso, fuerte o grande.

(Todos los textos: en el rincondelosimpios.blogspot.com/ (elhombre de la cortamemoria)

Saturday, August 14, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO DECIR (48)


Mi VIDA Y SUS INFIERNOS

 

MIS HIJOS.  Regresé al país con la cola entre las patas, después de mi resonante fracaso. Habia que decidir una salida económica.

Mi  Primogénito fue el primero en cerrar la puerta del lado de afuera. Se mudó al departamento de un amigo.

Desde chico había demostrado  una  inclinación hacia  las materias técnicas.  

Cuando  el Primogénito  era todavía un niño a su madre le  pareció que tenía un buen oído para la música. Lo envió  a estudiar guitarra con  uno de los grandes compositores de la canción popular israelí, Yosef Adar,  quien se  había radicado en Arad. Cuando regresamos a la Argentina su supuesto  talento quedó al margen.

Al ser un chico de  buena estatura   lo  alenté a que jugara al básquetbol. Empezó  en Beit Hashitá. Su entrenador era un voluntario estadounidense que se había  casado con una chica del kibutz.         

En Arad su historia deportiva ya fue distinta. Con chicos más grandes me   daba la sensación que arrugaba. Para salvar las papas utilizaba los lanzamientos de larga distancia.  

En Mar del Plata, lo anoté en un club.  Lo  desilusionó el desorden imperante. Dejó

el deporte por el estudio.

 Después se puso de novio con quien sería su esposa. La había conocido en la Secundaria.            

Cuando se planteó el tema de la boda Mi Primogénito decidió darle el gusto a su novia y se casó por el culto católico. El cura preparó  el  ritual como para que las dos partes quedaran conformes.  Inició la ceremonia diciendo: “Todos somos judíos”. La expresión me resultó bien cínica teniendo en cuenta el pasado antisemita de la Iglesia católica.

Cuando le  pregunté a  Mi Primogénito  por qué no había invitado a un  rabino a compartir la ceremonia, me contestó que  en SUIM  le habían  pedido un dinero que él no tenía. Yo creo que me mintió.                   

No concurrieron al casamiento en señal de protesta  el Ogro y  Mi Hermano, el mediano. No me importó  la ausencia de estos dos  bicharracos.  En cambio  vino La Hipocondriaca.

PARADOJAS DEL DESTINO: Mi Cuñado, el menor, se casó con una católica y mi suegro no abrió el pico.  

Uno de los hijos de  Mi Hermano, el farsante,   se casó  con una joven evangélica.    El acto religioso se realizó de acuerdo al culto de la nuera. No fui por razones económicas. No por venganza.

 A Mi Hijo  el mediano,  la experiencia de Beit Hashitá le resultó nefasta: hasta le  modificó su carácter. De ser un nene sumamente alegre se volvió   irascible: no solamente se peleaba con sus compañeritos del jardín de infantes, también se había tomado la costumbre de escaparse. Esta aversión al encierro terminó por ser el factor determinante el resto de su vida.

En una de sus tantas fugas lo encontré sentado en la puerta de casa.  Lo arrastré de un brazo de vuelta al gan, y encima cobró. Por un tiempo  no reincidió.

El Mediano  después de completar la Primaria, entró en la  Escuela Industrial. A

mitad de camino reculó y se pasó a un Nacional, que tenía  menos  años de estudio.       
 Después de irse de Israel anduvo por Londres hasta que recaló en Madrid.

 Inició dos carreras universitarias en la Complutense  y a ambas   las abandonó.

Estudió luthería en EEUU, un par de años trabajó en su profesión.  Todo lo bueno que podía ser profesionalmente  lo  malogró con  su impuntualidad.  

Se radicó   en Barcelona. A los cincuenta años sigue siendo un  soltero convencido.  

 Las mujeres son para él un touch and go.

Su actividad laboral se circunscribe a rascar  la guitarra por las calles de  la ciudad condal.

En el año 2011 nos reencontramos con él. Sigue siendo un enemigo acérrimo del materialismo clásico.  Vive como okupa y come con lo que gana guitarreando.

MI HIJO, El Menor,   después de terminar la Primaria ingresó al Industrial. En   la ENET Número Uno, hizo historia, el ser el primer alumno  en    saltearse dos   años. Estudiando sin profesor.

Cuando  terminó sus estudios viajó a  Israel.

El día que  fui a buscarle el analítico, una de las secretarias me felicitó. Yo no sabía si  estar orgulloso por  el cumplido o pensar  que el nivel de enseñanza  se había venido abajo.

Con los años El Menor, demostró tener pasta de estudiante. Sin su familia, sin   ayuda económica de nuestra parte, se la apechugó para sacar adelante una carrera y recibirse de Ingeniero electrónico, en un exigente establecimiento como la Universidad Tecnológica de Haifa (Tejnión). Y como israelí,  tampoco eludió el servicio militar.

El Menor era  sentimentalmente más pudoroso que El Mediano. No se enamoraba con tanta facilidad, a  pesar de compartir  el signo zodiacal. Ahora tiene  su media naranja en una joven alemana. Muy bella

  A EMPEZAR DE NUEVO.  Avergonzado como estaba  de  haber defraudado a Mi Familia.  Tuve  que salir a buscar trabajo.  La ciudad estaba más oscura que nunca. Los cortes de luz se reiteraban noche a noche. Los empleados de la empresa de    Energía Eléctrica, ponían lo suyo como para que nadie extrañara  al gobierno de Alfonsín, que ya  había anunciado su

retirada.

El Depredador de La Rioja, Carlos Menem (n. 1930) se estaba probando la banda presidencial.

Mi Mujer, como toda ama de casa responsable,   estaba muy nerviosa por la caída de la economía doméstica.    Hasta los dos perros que habitaban nuestro rancho, se habían puesto en mi contra.

Mi vuelta a la ciudad de mis infiernos, me significó estar aislado de todo y de todos. Mis  viejos conocidos  hacían como que no me veían.

Yo  no sabía hacia dónde  arrancar.  La solución me llegó cuando me encontré con un excompañero de El Atlántico, quien me propuso  que enseñara Deportes en su  Academia de Periodismo.  

En febrero de 1990  abrí un pequeño curso introductorio, que me sirvió para  preparar el  programa de estudio.  

Yo  iba a enseñar  la historia y las características de cada juego. El Dueño de la Academia se encargaría de la parte  escrita.

Yo pensaba que cada curso tenía que ser anual, para evitarnos deserciones. Y así se hizo.  Esta  carrera   daba para ilusionar al alumnado, con la promesa de un trabajo seguro.   

En Mar del Plata las dos empresas periodísticas  requerían de poco personal. Para muchos una salida laboral fue la  aparición de las radios de  frecuencia modulada.  Con unos pocos avisos publicitarios se conseguían espacios en horarios centrales.

En el mes de abril de 1990 inicié mis clases con una buena cantidad de inscriptos, superando mi expectativa inicial: los tuve que dividir en   dos turnos.  

Por cada estudiante yo recibía el  cincuenta por ciento de la cuota. Nada mal para alguien  que no tenía otros ingresos.

Cuando creí que tenía la vaca atada, que iba a poder vivir de la enseñanza,  el dueño de la academia me demostró ser  un miserable.  

Envidioso por lo bien que me iba descubrí que   manoteaba  de mis ganancias.  

Cuando le recriminé su actitud le  echó la culpa a un empleado administrativo. 

El Dueño de la Academia,  era hijo de  un belga que había luchado  en la SGM.

Dicho sea de paso los belgas no me simpatizan. Son antisemitas de pura cepa.

El Dueño de la Academia tenía treinta y cinco años y se  encaminaba a morir  soltero.  Hasta que se metió con una exalumna a quien hizo socia en el negocio. Cuando ella se dio cuenta que el imbécil la esquilmaba  fue y lo enfrentó.   

El tipo para tapar el asunto simuló un brote sicótico y amenazó con suicidarse. Yo  tenía que haberlo ayudado a matarse.  Me puse del lado equivocado.  Repitió varias veces estos simulacros, siempre  para  esconder sus desbarajustes.

Su vida se encarriló cuando se casó  con otra  exalumna a quien en poco tiempo le hizo tres hijos. No la dejó descansar por temor a perder la puntería.

Mi situación en el Instituto empeoró   cuando puso en la administración de los mangos a una cuñada  quien  enseguida aprendió a robar para la corona.

Mi relación con la cuñada  fue   buena hasta que tuvo la mala idea de enamorarse de uno de los alumnos,   flor de sabandija.

El pendejo, después  de remar bastante,  la convenció para que perdiera la virginidad.   Le dijo que era  un trastorno para ella   y nada  más.   La piba  aceptó quitarse la molestia.

El sabandija una vez satisfecho  desapareció de Mar del Plata.

La seducida y abandonada se convirtió en una tipa intratable.  La desilusión afectiva  sacó a la superficie todo lo mierda que era.

A mediados de 1996 me di cuenta que no tenía sentido seguir con la enseñanza.  

Al  Dueño de la Academia  podía haberlo demandado  por haberme  tenido  en negro cinco largos años. Pero yo no podía  ser un desagradecido con alguien, que mal que mal,  me había dado la oportunidad de ganarme unos pesos, cuando me estaba ahogando en la mishiadura.  

Cuando la mente está  hueca, la inteligencia es un desperdicio.

OTRO ENFERMERO EN LA FAMILIA. Un día me planteé qué hacer de mi vida. Entonces fue cuando  decidí estudiar Enfermería, en una edad que    estaba   para cuidar nietos. De todos modos comencé el curso que duraba dos años y medio.

Tuve la suerte de recibir un pequeño estipendio, una ayuda que daba

mensualmente  el Ministerio de Salud provincial.   

Mi Mujer, en su tiempo de estudiante no tuvo mi misma suerte.     

La carrera se inició con unas sesenta mujeres y dos varones.  Doce fuimos los que nos recibimos.

A pesar de mis titubeos iniciales,  me enderecé y pude obtener el título de Enfermero Profesional con notas relativamente buenas.

De mi época de estudiante tuve tres  experiencias que me resultaron inolvidables. La primera, cuando  fuimos al solario del Hospital de adultos.

Teníamos que realizar higiene y confort en cama. Unas chicas tomaron a su cargo a un hombre que estaba como adormecido. Padecía de cirrosis hepática. Mientras lo lavaban lo iban destapando. Cuando llegaron a la parte inferior del cuerpo se encontraron que  le faltaban las piernas. Esa misma tarde    la mitad de las estudiantes abandonaron la carrera.

Yo había  terminado  de higienizar a un chico que había recibido un tiro en el abdomen durante una riña ocurrida en un centro comercial, cuando noté  que se estaba defecando. No lo dudé: preferí agarrar la mierda con la mano, antes de tenerlo que limpiar de nuevo.

Un grupo de alumnos habíamos entrado  a la Unidad de Cuidados Especiales Obstétricos (UCEO).  Me acerqué a un médico que  estaba   revisando a una paciente. Me dejó mirar a través del espéculo: era visible la presencia  de un chancro sifilítico. La mujer estaba  llorando. No entendí por qué.  Es  un mal que tiene cura. El problema era otro: su suegro la había contagiado.

Durante mis estudios y la enseñanza encontré un espacio para un part- time en la  Liga Marplatense de Fútbol; me tenía que encargar de la parte administrativa del Colegio de  Árbitros: participaba del sorteo, confeccionaba  y distribuía  las planillas detallando  partidos, categorías y horarios.

Yo sabía que necesitaba de una buena palanca para poder entrar en el hospital pediátrico donde  estaba trabajando Mi Mujer.  Estaba pasado de edad y falto de experiencia.   De todos modos presenté  mi documentación a la espera que alguien moviera mi legajo.

Cuando  parecía que estaba destinado a guardar el título en el ropero, se me apareció un hada madrina: una enfermera que tenía un cargo político. Ella consiguió que mis papeles salieran a la luz.

A mediados de 1993 ingresé  en condición de becario, sin tener ningún beneficio: el Estado también esclavizaba  a pesar de sus reiteradas peroratas de estar combatiendo el trabajo informal. Cinco años duró mi agonía de becario.

Con los años  el Hospital Público se fue convirtiendo en una cueva de punteros y protegidos políticos, Muchos de estos acomodados se jubilaron sin haber pisado su lugar de trabajo. Otros iniciaron su actividad gremial.

Algo parecido lo presencié en Sindicato de Prensa, cuyos dirigentes, nunca conocieron una máquina de escribir.

Entre los médicos también se cocinaban algunas matufias: como cobrar horas extras sin haber atendido a un solo  paciente o llevarse  elementos del Hospital para sus actividades privadas.

El Ministerio de Salud  era  cómplice por administrar el despilfarro y no tomar medida alguna para evitarlo.            

La vida es una fotocopia.

Yo cumplía el turno noche en el   servicio obstétrico conocido como “ALTO RIESGO.”

Aquí  se internaban  mujeres  cuya  gestación venía   complicada y necesitaban  un mayor control.  

No era común que un hombre trabajara con parturientas.  Conmigo estaban tres  jóvenes, con quienes me llevaba muy bien, a pesar que el primer día tuve una complicación: dos se ellas se habían tomado  franco. La tercera me dejó pagando.    Le metió un cuento a la Supervisora, diciéndole que su madre no se sentía bien. La verdad era otra:   se había ido a coger  con su novio. Al día siguiente  le di   semejante sermón que nunca más me dejó colgado.

El trabajo nunca es  difícil siempre y cuando se logra conformar  un grupo que sea unido. Nosotros lo logramos, a pesar de que cada una de  mis compañeras tenía su propio mambo.   

En los lugares  donde las  mujeres son mayoría, sus vidas privadas  alteran la tranquilidad del trabajo.

No tuvo que pasar mucho tiempo para   darme cuenta que la Enfermería es una profesión maltratada y jaqueada por dentro y por fuera.

No era  posible  que gente que se pasaba  la vida  limpiando culos alentara   la discordia y  promoviera  el caos.

El mal mayor se originaba a partir de aquellos que tenían  cargos jerárquicos. Además,  por ser deprimidos  intelectuales, no se comprometían en nada.    Solamente buscaban  un mejor ingreso en una función  que no cumplían.

 La otra pata de la mesa descuajeringada era   el  Ministerio que,  con  su indiferencia, marginaba a los enfermeros.  

 (continuará)(todos los  capítulos en elrincondelosimpios blogspot.com/ el hombre de la memoria corta)