Monday, August 30, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO DECIR (49)

Mi VIDA Y SUS INFIERNOS

  En el año 1994  intenté    crear una ASOCIACIÓN DE ENFERMEROS.   Me  torpedearon  de tantos  lados que no me quedó otra que abandonar el barco.

Dos años y algunos meses permanecí  en el servicio de Obstetricia.  Era un buen profesional más que todo en el trato con las pacientes. Muchas de ellas  me contaban lo insensible que eran muchas de mis colegas de  los  otros turnos. Se podían morir de dolor que nadie las venía  a ayudar. Se pasaban encerradas en el office  fumando, tomando mate  o intrigando.

Mi excesiva  responsabilidad me llevaba a tener algunos roces con otras enfermeras.

Cuando tomaba el  Servicio   pasaba por cada una de las habitaciones para ver en qué estado se encontraban las hospitalizadas. Siempre había alguna que me reclamaba un calmante, otra me contaba que su marido no la había venido a visitar, o  aquella otra  que sospechaba que su  hombre le era infiel. En ese trámite de tratar personalmente a cada paciente, evité que una de ellas se muriera.   

Sus compañeras de habitación me alertaron que hacía un par de horas que estaba adormecida.  No dudé en llamar a los médicos   de guardia, quienes de inmediato ordenaron su traslado al Hospital   General de AGUDOS.

La paciente  había sufrido una alteración en su sensorio a causa de una eclampsia (hipertensión que durante el embarazo se caracteriza por presentar convulsiones y estados de coma). Afortunadamente,  la madre y el bebé sobrevivieron al caos.

Los cuatro enfermeros del turno noche recibíamos   conceptos laudatorios tanto de pacientes como de familiares lo que provocaba que las otras enfermeras nos tuvieran   una envidia malsana. Todo concluyó  con la separación de nuestro cuarteto.

Típica decisión de gente mediocre.

Yo fui a parar a  Moderados  B. Aquí se internaban   chicos que sufrian patologías que no exigian de  mayor complejidad.    

 Fue a partir del  RENACIMIENTO (Siglos XV y XVI), cuando comenzaron  a considerarse las enfermedades de los niños como una actividad médica.                                    

Los tres Moderados estaban casi juntos  y esto posibilitaba una estrecha relación y la ayuda mutua cuando uno se veía  sobrepasado de trabajo.

 Me vida útil en Moderados B terminó   ocho meses después. Todo porque  insulté a una enfermera  del turno mañana cuando la vi maltratando a una madre que  tenía internado a su bebé en nuestro servicio.  

La que tomó la decisión de fletarme fue una Supervisora que era una  corrupta consagrada: autorizaba el pago de  horas   extras  a aquellas Enfermeras que estaban  dispuestas a darle una tajada de su plus salarial.     

Fui a parar a Oncología, un área terrible. No se soportaba  por mucho tiempo el   padecimiento de los  pequeños pacientes.  

Las patologías más comunes que se tratan aquí eran : la Leucemia,  VIH  Sida (contagiados en el canal de parto),  y el Linfoma de Hodgkin.

Una vez me avisaron  que había que tener una cama preparada para una  nena de siete años. Fue su  maestra la que  notó  que la chiquita no estaba bien.  Pruebas  de laboratorio dieron que tenía  leucemia.    

A la madre se le indicó que comenzara las gestiones  para conseguir del Estado provincial los sesenta mil dólares que era lo que demandaba  un trasplante.

Los trámites cayeron en la red burocrática y el polvo los terminó cubriendo.

Los padres en vez de presionar, se dejaron estar y  la chiquita se murió.  Horas antes de irse  de este  mundo la niña pidió  pasear en una  limusina por la ciudad.  

A los que ella le había tomado cariño les hizo un regalo:   a mí me dejó un tupperware que yo utilicé para guardar fideos secos.

Al año siguiente me encontré con la madre del ángel caído: estaba embarazada.

Una niña de unos ocho años   padecía de un  tumor cerebral.  Por efecto de la presión intracraneal  uno de sus ojos había multiplicado su tamaño. Su  madre era una persona mayor, a quien su marido la había abandonado y   sola lidiaba con su criatura enferma.

Era Nochebuena.  Todos  estábamos alterados por la muerte del marido de  una de nuestras compañeras en un accidente de tránsito,  De pronto se oye  un grito desgarrador. Era la voz de la madre  de la exoftálmica.   Como nadie se animaba a entrar a su habitación fui yo quien se encargó de preparar   a la pequeña  difunta para  su traslado a la morgue. El ojo colgaba  de su mejilla.  

HODGKIN.    Es un tipo de de cáncer que se origina en el tejido linfático. Fue reconocida por primera vez en 1832 por el médico británico Thomas Hodgkin (n.1798.)  

TUPPERWARE.  El estadounidense Earl Silas Tupper (n. 1907), fue el creador de estos    productos hechos de plástico destinados a  conservar alimentos.   

TENTACIÓN Y  NUEVA DEBACLE. Una  mañana, dos periodistas conocidos míos que estaban desocupados, me ofrecieron un proyecto por demás tentador: sumarme a la creación de un nuevo diario en la ciudad.    Mi entusiasmo inconsciente  me llevó a renunciar  al Hospital.  Iba  a ganar en un solo mes más del triple de lo que obtenía como becario.

El diario comenzó  a editarse a partir de enero de de 1995.  Las perspectivas comerciales del nuevo producto eran buenas. Se podía conseguir  mucha publicidad de los partidos políticos teniendo en cuenta que era un año electoral y,  además en Mar del Plata se iban  a disputar  los   Juegos  Panamericanos.  

Empujado     por mi  arrebato adolescente  cometí el imperdonable pecado de  no averiguar  quiénes    estaban  metidos en este proyecto. Cuando me enteré  ya era  tarde para lágrimas.   El  dueño era un  tunante de doble apellido. Y el Director, un borracho de larga data.

El Doble Apellido  pertenecía a la rancia sociedad argentina, con mucha   bosta encima. Le gustaba jugar al polo porque le daba lo mismo montar a un caballo que a  un empleado.  Se daba el gran dique y le debía  a cada santo una vela.  No se mosqueaba cuando sus empleados paraban  por falta de pago.

 Desde hacía  una década que el tipo  tenía la concesión  del Hotel Provincial, el establecimiento con más historia en la ciudad: todo un símbolo y que, desde su inauguración,   sufría de  continuas depredaciones por parte de sus gerenciadores, sin que el Gobierno bonaerense, propietario del inmueble,  no se molestara  en enjuiciarlos. Había una multiplicidad de factores que para esto ocurriera.  

En defensa de El  Doble Apellido debo decir que durante   el  año le caían   funcionarios y políticos quienes utilizaban  sus instalaciones sin  dejarle  una mísera moneda.  Esto  lo vi con mis propios ojos.

El Gran Mar  se presentó  en sociedad durante una reunión social  realizada en el Hotel Provincial al que concurrió la crema   lugareña.  Mar del Plata se presta para todo tipo de chantadas y esta era una más.

Desde su primer número  el diario  fue una verdadera cochinada periodística. Nunca supe qué intereses espurios dieron lugar a esta fantochada. No solamente  Doble Apellido  estafó a los   periodistas,  sino que también a muchos de los proveedores. Típicamente argentino.

La Redacción  funcionaba en una dependencia del hotel.  Lo peor de todo   que la impresión  se hacía a doscientos kilómetros de Mar del Plata. No existía posibilidad alguna de redactar una  noticia de último momento.  

La camioneta  que llevaba los originales y  traía los diarios  más de una vez se descompuso   y nuestro producto no se distribuía.

El Director era un  devoto de los  tragos largos.  Lo habían echado del   gran diario de la ciudad   porque estaba senil y en la joda total. Ahora se pasaba todo el día en un café que estaba al lado de las oficinas   chupando güisqui  y fumando  cigarrillos de tabaco negro, uno tras otro. Y cuando alguien le iba a hacer una consulta se enfadaba.

El personal contratado  era, en su gran mayoría, gente inservible,  tan incapaz, que  para escribir veinte líneas necesitaba todo el día.

En mi desesperación  por  tratar de reflotar el mamotreto,  me ofrecí   hacer un   suplemento dominical, por la misma paga,  que fuera diferente y del agrado de nuestros exiguos lectores. Fue un esfuerzo inútil: esto no tenía marcha atrás.       

en mi última  semana en el gran mar  entrevisté al  actor  HÉCTOR  PELLEGRINi, (n.1931), quien estaba condenado a una vida miserable a causa de un avanzado    Alzheimer.  

Vivía con una hermana suya en Mar del Plata. Durante un  tiempo  pudo dar clases de teatro  en una institución que estaba en el  Puerto.                     

Yo lo había tratado personalmente durante uno de los últimos  Festivales de Cine  que se organizaron en Mar del Plata en los años sesenta del siglo XX.

Su cuarto de hora lo tuvo con dos películas emblemáticas: Alias Gardelito (1961) y Pajarito  Gómez (1965.)

El Doble Apellido durante  los Juegos Panamericanos  regaló  los  diarios. Y después de las elecciones cerró el curro. De inmediato le cayó un embargo sobre lo poco y nada que quedaba del diario.

Después de putear al devoto de los tragos largos,  me fui a mi casa. Por suerte pude cobrar el sueldo y  la parte proporcional del aguinaldo.  Las vacaciones  las cobró Matusalém (primogénito de Caín.)         

El Sindicato de Prensa, no movió un dedo por nosotros;   estaba acostumbrado a acordar con la patronal  antes que  defender al trabajador.      

En 1998  la bosta de guantes blancos abandonó el hotel, dejando un choclo  en su huida.

El Gobierno provincial no se dio por enterado. Tenía arreglado su gerenciamiento con alguien que ya había estado al frente del Provincial, dejando un triste recuerdo.

Este nefasto personaje nunca fue investigado cuando dejó la administración del lugar.  

Se alzaron algunas voces críticas y hasta hubo denuncias contra el sátrapa de la ciudad.  Pero todo quedó en la nada. Tenia arreglado a politicos y a la prensa.

La vida es una fotocopia.

OTRA VEZ  LA MALARIA.  La  economía familiar  se  había vuelto    caótica.   Mi Hijo,  El Mediano,  había vuelto a Mar del Plata después de seguirle los pasos a una brasileña de quien se había enamorado.  La había conocido en Madrid. Era mucho mayor que él, divorciada y  con una hija adolescente. La mujer era oriunda  de San Pablo.

 Al poco tiempo ella  lo rajó de su lado. Y él se quedó empantanado en Brasil. 

Mi Hijo llegó  a la Argentina un poco caminando y otro tanto  haciendo autostop.

En casa permaneció un año y medio sin  conseguir una ocupación que le diera la posibilidad de mantenerse sin nuestra asistencia.

Creyó que  en la Argentina podía hacer lo mismo que en España.  Enseguida se enfrentó a una cruda   realidad: la mafia marplatense le pedía que pagara un  peaje para poder  vender posters  en una calle   medianamente comercial.

La presencia  de otra boca hizo que nuestra olla se desfondara. El único ingreso fijo   era el de Mi Mujer. Mi relación con Mi Hijo era  de mucha hostilidad. Él estaba acostumbrado a vivir sólo, a no compartir nada  con nadie. Y  ahora tenía que respetar los límites de convivencia con otras dos personas.     

Para que no perdiera el tiempo  le pedí que hiciera algún curso: se anotó en teatro. Su entusiasmo se debilitó rápidamente.   

Mi Mujer  había estudiado guitarra. Por una tendinitis tuvo que dejar de tocar. Mi Segundogénito  encontró en ese instrumento un pretexto para no buscar  trabajo

Se dedicaba a rascar  todo el día.     

En casa las cosas iban de mal en peor. Yo no sabía hacia  dónde agarrar viaje: las changas se me  habían terminado. Israel volvió a presentarse como  la única salida. Tal cual me había sucedido en 1962, en 1972 y  en 1989, volvía a ser  febrero el mes de mi  fuga.  

Mi Mujer,  se quedó  a vender el pequeño y depreciado departamento.  Lo largó al primer interesado que apareció por lo que le quiso pagar.

 Una parte del  dinero  fue para  Nuestro Hijo, quien viajó a   Chicago donde vivía  un supuesto  amigo suyo, que había conocido en España. El yanqui  resultó ser tan chanta como el pirado de Alcobendas: no le ayudó un carajo.

 CHICAGO.   Sus primeros habitantes los  indios  Potawatomis   llamaron a este territorio  "Chicaugou",   que significa poderoso, fuerte o grande.

(Todos los textos: en el rincondelosimpios.blogspot.com/ (elhombre de la cortamemoria)

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