Mi VIDA Y SUS INFIERNOS
En el año 1994 intenté crear una ASOCIACIÓN DE ENFERMEROS. Me torpedearon de tantos lados que no me quedó otra que abandonar el barco.
Dos años y algunos meses permanecí en el servicio de Obstetricia. Era un buen profesional más que todo en el trato con las pacientes. Muchas de ellas me contaban lo insensible que eran muchas de mis colegas de los otros turnos. Se podían morir de dolor que nadie las venía a ayudar. Se pasaban encerradas en el office fumando, tomando mate o intrigando.
Mi excesiva responsabilidad me llevaba a tener algunos roces con otras enfermeras.
Cuando tomaba el Servicio pasaba por cada una de las habitaciones para ver en qué estado se encontraban las hospitalizadas. Siempre había alguna que me reclamaba un calmante, otra me contaba que su marido no la había venido a visitar, o aquella otra que sospechaba que su hombre le era infiel. En ese trámite de tratar personalmente a cada paciente, evité que una de ellas se muriera.
Sus compañeras de habitación me alertaron que hacía un par de horas que estaba adormecida. No dudé en llamar a los médicos de guardia, quienes de inmediato ordenaron su traslado al Hospital General de AGUDOS.
La paciente había sufrido una alteración en su sensorio a causa de una eclampsia (hipertensión que durante el embarazo se caracteriza por presentar convulsiones y estados de coma). Afortunadamente, la madre y el bebé sobrevivieron al caos.
Los cuatro enfermeros del turno noche recibíamos conceptos laudatorios tanto de pacientes como de familiares lo que provocaba que las otras enfermeras nos tuvieran una envidia malsana. Todo concluyó con la separación de nuestro cuarteto.
Típica decisión de gente mediocre.
Yo fui a parar a Moderados B. Aquí se internaban chicos que sufrian patologías que no exigian de mayor complejidad.
Fue a partir del RENACIMIENTO (Siglos XV y XVI), cuando comenzaron a considerarse las enfermedades de los niños como una actividad médica.
Los tres Moderados estaban casi juntos y esto posibilitaba una estrecha relación y la ayuda mutua cuando uno se veía sobrepasado de trabajo.
Me vida útil en Moderados B terminó ocho meses después. Todo porque insulté a una enfermera del turno mañana cuando la vi maltratando a una madre que tenía internado a su bebé en nuestro servicio.
La que tomó la decisión de fletarme fue una Supervisora que era una corrupta consagrada: autorizaba el pago de horas extras a aquellas Enfermeras que estaban dispuestas a darle una tajada de su plus salarial.
Fui a parar a Oncología, un área terrible. No se soportaba por mucho tiempo el padecimiento de los pequeños pacientes.
Las patologías más comunes que se tratan aquí eran : la Leucemia, VIH Sida (contagiados en el canal de parto), y el Linfoma de Hodgkin.
Una vez me avisaron que había que tener una cama preparada para una nena de siete años. Fue su maestra la que notó que la chiquita no estaba bien. Pruebas de laboratorio dieron que tenía leucemia.
A la madre se le indicó que comenzara las gestiones para conseguir del Estado provincial los sesenta mil dólares que era lo que demandaba un trasplante.
Los trámites cayeron en la red burocrática y el polvo los terminó cubriendo.
Los padres en vez de presionar, se dejaron estar y la chiquita se murió. Horas antes de irse de este mundo la niña pidió pasear en una limusina por la ciudad.
A los que ella le había tomado cariño les hizo un regalo: a mí me dejó un tupperware que yo utilicé para guardar fideos secos.
Al año siguiente me encontré con la madre del ángel caído: estaba embarazada.
Una niña de unos ocho años padecía de un tumor cerebral. Por efecto de la presión intracraneal uno de sus ojos había multiplicado su tamaño. Su madre era una persona mayor, a quien su marido la había abandonado y sola lidiaba con su criatura enferma.
Era Nochebuena. Todos estábamos alterados por la muerte del marido de una de nuestras compañeras en un accidente de tránsito, De pronto se oye un grito desgarrador. Era la voz de la madre de la exoftálmica. Como nadie se animaba a entrar a su habitación fui yo quien se encargó de preparar a la pequeña difunta para su traslado a la morgue. El ojo colgaba de su mejilla.
HODGKIN. Es un tipo de de cáncer que se origina en el tejido linfático. Fue reconocida por primera vez en 1832 por el médico británico Thomas Hodgkin (n.1798.)
TUPPERWARE. El estadounidense Earl Silas Tupper (n. 1907), fue el creador de estos productos hechos de plástico destinados a conservar alimentos.
TENTACIÓN Y NUEVA DEBACLE. Una mañana, dos periodistas conocidos míos que estaban desocupados, me ofrecieron un proyecto por demás tentador: sumarme a la creación de un nuevo diario en la ciudad. Mi entusiasmo inconsciente me llevó a renunciar al Hospital. Iba a ganar en un solo mes más del triple de lo que obtenía como becario.
El diario comenzó a editarse a partir de enero de de 1995. Las perspectivas comerciales del nuevo producto eran buenas. Se podía conseguir mucha publicidad de los partidos políticos teniendo en cuenta que era un año electoral y, además en Mar del Plata se iban a disputar los Juegos Panamericanos.
Empujado por mi arrebato adolescente cometí el imperdonable pecado de no averiguar quiénes estaban metidos en este proyecto. Cuando me enteré ya era tarde para lágrimas. El dueño era un tunante de doble apellido. Y el Director, un borracho de larga data.
El Doble Apellido pertenecía a la rancia sociedad argentina, con mucha bosta encima. Le gustaba jugar al polo porque le daba lo mismo montar a un caballo que a un empleado. Se daba el gran dique y le debía a cada santo una vela. No se mosqueaba cuando sus empleados paraban por falta de pago.
Desde hacía una década que el tipo tenía la concesión del Hotel Provincial, el establecimiento con más historia en la ciudad: todo un símbolo y que, desde su inauguración, sufría de continuas depredaciones por parte de sus gerenciadores, sin que el Gobierno bonaerense, propietario del inmueble, no se molestara en enjuiciarlos. Había una multiplicidad de factores que para esto ocurriera.
En defensa de El Doble Apellido debo decir que durante el año le caían funcionarios y políticos quienes utilizaban sus instalaciones sin dejarle una mísera moneda. Esto lo vi con mis propios ojos.
El Gran Mar se presentó en sociedad durante una reunión social realizada en el Hotel Provincial al que concurrió la crema lugareña. Mar del Plata se presta para todo tipo de chantadas y esta era una más.
Desde su primer número el diario fue una verdadera cochinada periodística. Nunca supe qué intereses espurios dieron lugar a esta fantochada. No solamente Doble Apellido estafó a los periodistas, sino que también a muchos de los proveedores. Típicamente argentino.
La Redacción funcionaba en una dependencia del hotel. Lo peor de todo que la impresión se hacía a doscientos kilómetros de Mar del Plata. No existía posibilidad alguna de redactar una noticia de último momento.
La camioneta que llevaba los originales y traía los diarios más de una vez se descompuso y nuestro producto no se distribuía.
El Director era un devoto de los tragos largos. Lo habían echado del gran diario de la ciudad porque estaba senil y en la joda total. Ahora se pasaba todo el día en un café que estaba al lado de las oficinas chupando güisqui y fumando cigarrillos de tabaco negro, uno tras otro. Y cuando alguien le iba a hacer una consulta se enfadaba.
El personal contratado era, en su gran mayoría, gente inservible, tan incapaz, que para escribir veinte líneas necesitaba todo el día.
En mi desesperación por tratar de reflotar el mamotreto, me ofrecí hacer un suplemento dominical, por la misma paga, que fuera diferente y del agrado de nuestros exiguos lectores. Fue un esfuerzo inútil: esto no tenía marcha atrás.
en mi última semana en el gran mar entrevisté al actor HÉCTOR PELLEGRINi, (n.1931), quien estaba condenado a una vida miserable a causa de un avanzado Alzheimer.
Vivía con una hermana suya en Mar del Plata. Durante un tiempo pudo dar clases de teatro en una institución que estaba en el Puerto.
Yo lo había tratado personalmente durante uno de los últimos Festivales de Cine que se organizaron en Mar del Plata en los años sesenta del siglo XX.
Su cuarto de hora lo tuvo con dos películas emblemáticas: Alias Gardelito (1961) y Pajarito Gómez (1965.)
El Doble Apellido durante los Juegos Panamericanos regaló los diarios. Y después de las elecciones cerró el curro. De inmediato le cayó un embargo sobre lo poco y nada que quedaba del diario.
Después de putear al devoto de los tragos largos, me fui a mi casa. Por suerte pude cobrar el sueldo y la parte proporcional del aguinaldo. Las vacaciones las cobró Matusalém (primogénito de Caín.)
El Sindicato de Prensa, no movió un dedo por nosotros; estaba acostumbrado a acordar con la patronal antes que defender al trabajador.
En 1998 la bosta de guantes blancos abandonó el hotel, dejando un choclo en su huida.
El Gobierno provincial no se dio por enterado. Tenía arreglado su gerenciamiento con alguien que ya había estado al frente del Provincial, dejando un triste recuerdo.
Este nefasto personaje nunca fue investigado cuando dejó la administración del lugar.
Se alzaron algunas voces críticas y hasta hubo denuncias contra el sátrapa de la ciudad. Pero todo quedó en la nada. Tenia arreglado a politicos y a la prensa.
La vida es una fotocopia.
OTRA VEZ LA MALARIA. La economía familiar se había vuelto caótica. Mi Hijo, El Mediano, había vuelto a Mar del Plata después de seguirle los pasos a una brasileña de quien se había enamorado. La había conocido en Madrid. Era mucho mayor que él, divorciada y con una hija adolescente. La mujer era oriunda de San Pablo.
Al poco tiempo ella lo rajó de su lado. Y él se quedó empantanado en Brasil.
Mi Hijo llegó a la Argentina un poco caminando y otro tanto haciendo autostop.
En casa permaneció un año y medio sin conseguir una ocupación que le diera la posibilidad de mantenerse sin nuestra asistencia.
Creyó que en la Argentina podía hacer lo mismo que en España. Enseguida se enfrentó a una cruda realidad: la mafia marplatense le pedía que pagara un peaje para poder vender posters en una calle medianamente comercial.
La presencia de otra boca hizo que nuestra olla se desfondara. El único ingreso fijo era el de Mi Mujer. Mi relación con Mi Hijo era de mucha hostilidad. Él estaba acostumbrado a vivir sólo, a no compartir nada con nadie. Y ahora tenía que respetar los límites de convivencia con otras dos personas.
Para que no perdiera el tiempo le pedí que hiciera algún curso: se anotó en teatro. Su entusiasmo se debilitó rápidamente.
Mi Mujer había estudiado guitarra. Por una tendinitis tuvo que dejar de tocar. Mi Segundogénito encontró en ese instrumento un pretexto para no buscar trabajo
Se dedicaba a rascar todo el día.
En casa las cosas iban de mal en peor. Yo no sabía hacia dónde agarrar viaje: las changas se me habían terminado. Israel volvió a presentarse como la única salida. Tal cual me había sucedido en 1962, en 1972 y en 1989, volvía a ser febrero el mes de mi fuga.
Mi Mujer, se quedó a vender el pequeño y depreciado departamento. Lo largó al primer interesado que apareció por lo que le quiso pagar.
Una parte del dinero fue para Nuestro Hijo, quien viajó a Chicago donde vivía un supuesto amigo suyo, que había conocido en España. El yanqui resultó ser tan chanta como el pirado de Alcobendas: no le ayudó un carajo.
CHICAGO. Sus primeros habitantes los indios Potawatomis llamaron a este territorio "Chicaugou", que significa poderoso, fuerte o grande.
(Todos los textos: en el rincondelosimpios.blogspot.com/ (elhombre de la cortamemoria)
No comments:
Post a Comment