CContaré mi vida antes que la parca se
anticipe
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SOLO ENTRE CUATRO
PAREDES. Mi única salida en los meses de
invierno era ir al Colegio, que estaba a menos de tres cuadras de casa.
Forzado
por las circunstancias aprendí a entretenerme solo. Mis Hermanos no querían clavarse por mi culpa. Yo era de leer mucho. También
me entretenía con juegos como El Cerebro Mágico y El Mecano.
Los
libros me proporcionaban amigos
invisibles. Hasta los catorce años me entretuve conversando, entre otros, con el
sacerdote independentista mexicano Miguel Hidalgo y
Costilla, (n. 1753); con el escritor
José Mármol (n. 1818), quien me enseñó a odiar al caudillo Juan Manuel
de Rosas (n. 1795); con la excantante y bailarina negra Josephine Baker (n. 1906), que se dedicaba a
albergar niños desvalidos; con el padre
del Naturalismo literario, el francés Émile Zolá (n.1840); con el médico alemán Albert
Schweitzer (n. 1875), Nobel de la Paz
1952, quien pasó la mayor parte de su
vida en Lambaréné, la actual Gabón, atendiendo gratuitamente a
millares de pacientes.
La hermana de Schweitzer, Anne-Marie, fue la
madre del conocido escritor y filósofo existencialista Jean-Paul Sartre (n.
1905.)
EN
UN MUNDO TURBIO. Como Mi Madre compraba
Selecciones. Yo me aficioné a su lectura. No sé
porque
me gustaban las historias truculentas. Así fue como tomé conocimiento que en el año
1932 fue secuestrado y después
asesinado el primogénito de
diecinueve meses del héroe de la
aeronavegación mundial, el estadounidense Charles Lindbergh
(n.1902).
Fue
acusado y ejecutado el carpintero alemán de origen hebreo, Bruno Hauptmann
(n. 1899.), a pesar de existir débiles evidencias en su contra.
Lindbergh,
reconocido antisemita, adhería
abiertamente al nazismo y era partidario
de los partos selectivos. Sus reiterados
vuelos a Alemania, no tenían nada que ver con su
admiración a Hitler sino
“porque había formado un nuevo
hogar con la fabricante de sombreros, Brigitte
Hesshaimer con quien tenía tres hijos. Y
esto no fue todo: de paso le bajó la caña a
una hermana de su amante. Con Marietta tuvo otros dos hijos. Y con los seis
que le dio su esposa Anne Morrow, podía
haber formado un equipo de fútbol.”
“Todo delito que no se
convierte en escándalo no existe para la sociedad.” Heinrich Heine.
Su
vida extramatrimonial solo se conoció
después de su muerte, porque en ese entonces no había twitter ni facebook. Si no,
hubiese sido incinerado en vida. Contemporáneamente, en la Argentina,
hizo mucho ruido el secuestro
seguido de muerte de un joven de veinticuatro
años, Abel Ayerza,
perteneciente a una familia de alcurnia
ligada a grupos nacionalistas y con amistades cercanas al Poder. Si bien se pagó el
rescate, una desinteligencia entre
quienes lo tenían secuestrado y aquellos que recibieron el dinero hizo que
Ayerza fuera ejecutado.
La
Honorable Sociedad de la mafia italiana que tenía su guarida en Rosario,
fue la responsable de este
crimen. Esta organización no prosperó en
este país, después de convencerse
que los delincuentes criollos quienes
tenían un mayor ingenio y más agresividad
que los mismos tanos.
Para
mí, el
sinónimo de Mafia era el gánster
ítalo norteamericano Alphonse Gabriel Capone (n. 1899) quien entre los años veinte y treinta del
siglo XX, tuvo de rodillas a la ciudad
de Chicago. “Fue encarcelado al ser
acusado de evadir impuestos y puesto en
prisión en Alcatraz, construida en 1947
en la Bahía de San Francisco.
El
11 de junio de 1962 tres reclusos lograron huir de este centro de máxima
seguridad y sus autoridades decidieron
su cierre definitivo.”
Hoy
el lugar se ha convertido en un centro comercial y turístico.
En
1999 estuve en Miami. Un viernes a la noche fui a escuchar a la Reina del Blues,
la cantante negra Koko Taylor (n. 1928),
en un boliche semiderruido
donde alguna vez fue guarida de Al Capone.
En el año 1953
la “veinteañera Vilma
Montesi murió de sobredosis, después de participar en una orgía
de alcohol, droga y sexo.
El
principal sospechoso era el hijo de un
alto dirigente de la Democracia Cristiana,
con quien la ragazza mantenía un
affaire.”
Su muerte quedó impune.
El
trágico final de la Montesi tuvo un
enorme parecido con lo ocurrido a
la joven argentina Soledad Morales (n. 1973), de diecisiete años
de edad, quien durante una festichola fue drogada hasta morir por los llamados hijos del poder.
La
vida es una fotocopia.
Un
personaje que ilustró diarios, revistas y libros fue el norteamericano Caryl Chessman esperó doce
años hasta su ejecución en la cámara de gas de San Quintín, el 2 de
mayo de 1960.
Chessman
conoció el delito desde joven. “Tenía quince
años cuando su padre intentó
suicidarse y él empezó a robar para
alimentar a su familia. Se lo apodó ‘El bandido de la luz roja’,
por su modus operandi. Se hacía pasar por policía y entraba en las Villas
Cariño en las afueras de San
Francisco y atacaba a las parejas utilizando para ello una luz roja en el techo
de su automóvil, a la usanza policial.”
Años
después vi una película basada en su
libro autobiográfico: Celda 2455, pabellón de la muerte. Otro protagonista de exportación, que aún hoy no
tiene identidad propia, es Jack, el Destripador, a quien se le han adjudicado las muertes de no menos de una media docena de prostitutas londinenses.
Su
primer crimen lo cometió “el 31 de agosto
de 1888. Mary Ann Nicholls fue encontrada con la tráquea cortada; el esófago, la medula espinal y su vientre
abiertos.” Sigue apareciendo gente que dice tener la posta sobre la identidad de este asesino serial.
Después
de leer su biografía le tomé bronca a
quien se considera el fundador
del espionaje moderno, el torturador francés Joseph Fouché (n. 1759),
a quien lo tenía ubicado entre
los seres indignos de la Humanidad,
junto al inquisidor español Torquemada (n.1420) al alemán Adolf Hitler
y al italiano Benito Mussolini. Hablando
del Duce: un excompañero de quinto grado
quería que yo conociera a su abuelo,
un exintegrante de la resistencia
italiana. El nono Fittipaldi me mostró una serie de fotos que tomó
cuando Mussolini y su
amante, la hermosa romana Claretta
Petacci, (n. 1912), fueron colgados de los pies después de ser ejecutados.
Yo
debía tener once años de edad cuando
leí una historia que me impactó y me hizo dudar en cuanto a mi
deseo de tener un mono en mi casa.
Un
matrimonio que no tenía hijos había adoptado
a un primate al que le dieron tanto afecto que pasó a ser uno más de la
familia.
La
mujer que pensó que nunca iba a ser
mamá quedó embarazada. Familiares y
conocidos festejaron la novedad; menos el mono.
Cuando
el anhelado hijo tenía tres meses de edad desapareció de su cuna.
La madre inició una búsqueda
frenética para hallar a su bebé.
De
pronto percibió un olor extraño que
provenía de la cocina y que no
coincidía con lo que estaba guisando. Cuando abrió el horno se
encontró con su niño muerto. El mono celoso había decidido
terminar con la vida del crío.
UNA
SUMA DE MENTIRAS. A través de los años y
en base a mis propias experiencias he llegado a la conclusión que el trabajo dignifica a muy pocas personas en
el mundo. Es una mentira que se repite a diario, como cuando se dice que Dios
castiga a los malos.
En
distintos momentos de mi infancia llegaron a mis manos lecturas relacionadas
con los anarquistas, verdaderos
paladines de esa lucha infructuosa de terminar con la explotación del hombre
por el hombre mismo.
El
inmigrante italiano Severino Di Giovanni (n. 1901), desde muy joven se entregó a defender la
dignidad del obrero. Fue fusilado por delitos que no cometió por orden
del presidente de facto José Uriburu.
“El
teniente primero Juan Carlos Franco designado por el Ejército para defender
a Severino, se impresionó por el
valor de su defendido. Planteó la
incompetencia del tribunal militar para juzgarlo apelando al principio cristiano contra la pena de
muerte.
Franco
fue envenenado en una cena de camaradería.”
El
compañero de Severino, y hermano de su amante,
Paulino Scarfó (n. 1909), corrió su misma suerte.
U n
personaje increíble fue el anarquista ucraniano
de origen hebreo. “Simón Radowitzky (n.
1891): mató al jefe de policía metropolitano Ramón Lorenzo Falcón, por
considerarlo responsable de la brutal
represión policial ocurrida el 1 de Mayo 1909, cuando doce laburantes fueron ultimados durante
una multitudinaria manifestación en conmemoración del Día del
Trabajador.
Radowitzky fue encerrado en la cárcel de máxima
seguridad en Ushuaia (construida en 1904), donde permaneció durante dos
décadas hasta que el presidente
radical Hipólito Yrigoyen (n. 1852) lo
indultó.
Radowitzky
viajó a España para integrarse a las
fuerzas republicanas que combatían al franquismo. Cuando cayó la República se radicó en México, donde falleció.”
También
en los EEUU, muchos de aquellos que quisieron terminar con
la sumisión obrera fueron asesinados.
El rastrero republicano Calvin Coolige
(n.1872), hizo muy poco para
evitar que dos inocentes fueran a la
silla eléctrica: los italianos
Nicola Sacco (n. 1891) y Bartolomé Vanzetti (n.
1888.) Vanzetti antes de morir dijo: “Yo muero dichoso de añadir mi nombre
oscuro a la lista gloriosa de los mártires que han creído en la revolución
social y en la redención humana.”
El “1° de mayo de 1886, doscientos mil trabajadores estadounidenses iniciaron
una huelga por la reivindicación de las ocho horas de trabajo.
En
Chicago las condiciones laborales
eran peores que en otras ciudades del país. El día 2 la policía disolvió violentamente una manifestación de más de
cincuenta mil personas.
El 21
de junio fueron enjuiciados treinta y un activistas acusados de ser
responsables de producir desmanes. Finalmente quedaron ocho: tres anarquistas Yo muy pocas veces participé de actividades sociales y políticas porque
era incapaz de fueron condenados a prisión y otros cinco ahorcados.” Contemporizar con aquellos que
prometían cosas sabiendo que no iban a cumplir. Para esto había que estar hecho
de una madera que no era la mía.
DÍAS DE FIESTA. Mis Padres mantenían en sus corazones
un duelo permanente por sus seres
queridos asesinados durante la SGM.
A
mí nunca me festejaron un cumpleaños. No
es una queja porque nunca me gustó soplar las velitas por el solo hecho de
tener un año más y trescientos sesenta y cinco días menos de vida.
El
envejecimiento no merece un agasajo. Sin
embargo, a los trece años tuve
que tomar la comunión. Mi Padre
no temía un castigo Divino, solo que no
quería ser mal visto entre sus paisanos. No podía ser que un hijo
de Aarón Rabín no hiciera el Bar Mitzvá.
Un
conocido de la familia me preparó en la liturgia. Zelig, era un tipo del que muchos se burlaban por su
apariencia de boludo. Sin
embargo, era un hombre muy servicial y
se había ganado el afecto de Mi Familia. A él se le compraba el pan ácimo---matzá
en Pesaj.
Zelig
que parecía condenado a morir soltero,
conoció a una mujer que
vivía en una zona rural próxima a
Concordia. La campesina con tal de no pasarse el resto de sus días metida entre los surcos
aceptó casarse con Zelig. Después de un año y medio de convivencia la
paisana le anunció a su esposo que estaba embarazada. El
hombre empalideció: el era infértil. De vergüenza, no le había dicho a
su mujer que tenía su pito de adorno.
En definitiva Su mujer lo había
engañado.
La
aldeana se había acostado con un antiguo
pretendiente suyo que no lo había
aceptado por ser goi. Cada vez que ella iba a visitar a sus padres, el tipo le daba
un toquecito reparador. Algo falló porque ella regresó con un
esperma brotado.
La separación fue automática. Zelig no quiso seguir viviendo en Concordia; le parecía que sus conocidos lo
miraban con ojos burlones. Un día armó sus petates y se marchó a Israel.
El
sábado 23 de octubre de 1954, tomé la
comunión. Hubo problemas para
integrar el minian (diez personas
mayores). Mi Tío Israel y su familia no concurrieron: no querían gastarse en
hacerme un regalo. Los colorados prefirieron irse al campo.
Después
de una corta espera se pudo iniciar el acto religioso. Utilicé los tfilim y el tallit que eran de Mi Padre. Recibí de regalo un reloj, algo que cualquier
niño se moría por tener. Después de la sinagoga
hubo en casa un almuerzo mucho más rico que de costumbre. Ese día Mi Padre no salió a trabajar.
De
mis tres hijos, el Primogénito fue el
único que hizo el Bar Mitzvá. En ese
momento estábamos viviendo en Israel.
Cuando yo
tenía once años Mi Padre
me había regalado un
reloj que era un recuerdo de familia. Un chico que vivía no lejos de casa, me lo pidió prestado. Yo no me imaginaba que
estaba frente a un delincuente precoz.
Una vez que lo tuvo en sus manos salió corriendo. Yo no atiné a perseguirlo. Mi Padre,
no se molestó en ir a la casa del ladronzuelo. Temía que su familia
defendiera al crío y que él resultara
agredido.
Ya
de chico demostré estar desfasado en este mundo al no
priorizar lo material por sobre lo espiritual y la violencia por sobre la reflexión.