Asociarme a INDEPENDIENTE RIVADAVIA de Mendoza, fue un hecho fortuito. Practicamente tenia acceso a todas las instalaciones por cifra simbólica. Tenia quince años. El asma me habia llevdo a la capital cuyana
RAIMUNDO ORSI tenía entonces cuatro años. Había nacido en Argentina pero sus padres eran italianos, por lo que cuando en 1927 recibió la oferta de la Juventus, pensó que, después de haber triunfado durante diez temporadas vistiendo la camiseta del equipo de sus amores, Independiente, había llegado la hora de brillar en el país de sus padres.
Su ingreso en el calcio encontró muchos obstáculos, pues la Carta de Viareggio, promulgada en 1926, cerraba las puertas del fútbol italiano a todos los extranjeros. Sólo los oriundos podían encontrar una pequeña grieta por la que deslizarse hasta los terrenos de juego sin violar ninguna ley. Hasta entonces, en Italia jugaban unos ochenta futbolistas foráneos, la mayoría austríacos y húngaros, que tuvieron que marcharse a otro sitio a buscarse la vida después del decreto que promulgó el régimen fascista. Orsi, por su parte, tuvo que esperar a tener su pasaporte listo, por lo que se pasó un año entero sin jugar. Finalmente pudo debutar en 1928.
EL DELANTERO FUE FELIZ EN LA JUVENTUS. Vistió de bianconero durante siete temporadas y se convirtió en el goleador del primer equipo que consiguió cinco scudetti consecutivos. Por las noches se engominaba y disfrutaba acompañando con la guitarra el acordeón de su compañero en la Juve, Renato Cesarini. Pasó poco tiempo hasta que se convirtió en un italiano más. Almenos es lo que se podría pensar de alguien que fue protagonista destacado de la Copa del Mundo de 1934 que culminó con la azzurra levantando su primera Jules Rimet después de derrotar a Checoslovaquia. Pero resultó que Orsi y los también oriundos Enrique Guaita y Luis Monti nunca serían italianos de derecho pleno. Fueron los únicos tres integrantes de la selección que no recibieron la medalla de oro que les acreditaba como campeones.
Esta decisión no habría sido tan grave si los futbolistas no hubieran sido repudiados en sus países de origen. Los tres se convirtieron en traidores en su patria natal, Orsi y Monti en Argentina, y Guaita en Brasil, y fueron amenazados con no volver a vestir la albiceleste y la canarinha a menos que abandonaran Italia. Pero era en Italia donde todos ellos habían echado raíces. Al final, las circunstancias precipitaron los acontecimientos. Y ninguno de ellos tuvo que decidir nada.
En octubre de 1935 las tropas de Mussolini entraron en Etiopía y el ejército reclamó la presencia de los oriundos pero no la del resto de futbolistas que sí habían nacido y crecido en Italia. Fue entonces cuando Orsi y los futbolistas en su misma situación TOMARON LA DECISIÓN DE LARGARSE. El primero en huir fue Enrique Guaita, acompañado por los también romanistas Alejandro Scopelli y Andrés Stagnari, que se refugiaron en París. Pocas semanas después, se les uniría el propio Orsi.
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