Monday, February 15, 2021

NO SOY FAMOSO, PERO TENGO ALGO QUE DECIR (32)

 

MI VIDA Y SUS INFIERNOS.

 

UNA DESPEDIDA RUIDOSA. Días antes de irme del país me fui a Jerusalém para  recibir  el analítico y el titulo del curso  y  retirar el resto de mi  equipaje. Me despedí  lagrimeando de la gobernanta del Majón.

TOBA era  un ser excepcional que se había ganado todo  mi cariño. Ella también estaba emocionada. Un mes más y se jubilaba. Fui uno de sus  últimos hijos.   

En el tiempo que me demandaba terminar con todos los trámites, me alojé  en un instituto para maestros-morim  que en ese momento  estaba a medio ocupar.

 La última noche me  sumé a aquellos que no tenían sueño y nos fuimos  a caminar  por la bulliciosa arteria jerosolimitana Ben Yehuda. Hacía tanto frío que terminamos todos metidos en una confitería de medio pelo. Yo me comí  un  falafel y me tomé un café con leche.

Regresamos al maón entrada la madrugada.  De pronto a alguien  se le encendió el bichito de la maldad: diseñó un plan para  arruinarles  el sueño a los que se habían quedado a apoliyar.  Enseguida sumó adeptos.

Con pasta  dentífrica y lápiz labial entramos  a marcar caras y embadurnar cabellos. Todo iba bien hasta que uno decidió extremar la joda. Tomó un balde  extinguidor que  colgaba de una pared y que se suponía estaba lleno de arena. Lo que había  era   barro  mezclado con la orina de aquellos que no deseaban ir a los baños que estaban lejos de las habitaciones.

La batahola que se armó fue de tal magnitud que gente  del vecindario llamó a la policía. Estaba  convencida que el Instituto había sido copado por terroristas árabes.

MIS PARIENTES ITALIANOS.  Todos los becarios  habían contratado antes de viajar un tour por Europa. Sabían que había un mes de espera antes de regresar a la Argentina.

Lea Y Débora  me habían dado   unos dólares como para que no tuviera que quedarme encerrado todo el tiempo en el hotel napolitano.

De pronto a Mi Tía (Debora) se le encendió la lamparita: “Ve  a visitar  a mi primo que vive en   Milán.”

Ni bien pisé suelo italiano  me  tomé   el primer tren que se dirigía a la ciudad más importante de la Península.  Estaba nevando de lo lindo. Un colchón blanco  se extendía a ambos lados de las vías. 

Compartí el asiento con  un joven milanés quien me fue de mucha utilidad: me llevó hasta la casa de los parientes en el coche de su novia, que lo había venido a esperar.

  El encuentro con el primo de Mi Padre (Yaacov)  fue inolvidable. Me encontré con un ser humano excepcional.  Físicamente era un calco de  Aarón. Él estaba casado  con una católica,  hermana de un compañero suyo de la Universidad.

 En esta boda había algo de gratitud (la mujer era muy fea), porque su familia  lo había protegido durante la SGM, llevándolo a un refugio montañoso.

Tenían  una hija, que cursaba el profesorado de Matemáticas.  La giovinetta fue mi guía e hizo que mi estadía fuera placentera.

Haia medía un  metro sesenta. Era delgada lo que no impedía que su cuerpo tuviera ciertos encantos. Para mi gusto, le fallaba la trucha. No tenía un rostro atractivo. En cambio, era muy simpática. Congeniamos desde un  primer momento.  

La familia    vivía en el avenida-corso Buenos Aires, que es una de las arterias más largas de Europa: une  Porta Venezia con Piazzale Loreto.  Aquí  fueron expuestos los cuerpos del Duce de y su amante, CLARA PETACCI el 29 de abril de 1945.

Para ingresar en  la  vivienda había que cruzar un portal que daba a un patio enorme y en donde se alineaban varias casas. Me parecía ingresar  en el  túnel del tiempo.

Por fuera todo se veía antiquísimo, y por dentro   eran muy  confortables.

El primo de Mi Padre era dermatólogo y  trabajaba full time en un dispensario municipal. Nunca  tuvo su propio consultorio.

Yaacov  salió de Ucrania para estudiar Medicina. Cada vez que yo le preguntaba quién le había bancado la carrera, hacía como que no me oía. Pienso que fue becado por el régimen fascista de Mussolini. 

En Milán  la comunidad hebrea se repartía entre religiosos y aquellos que habían constituido matrimonios mixtos.  Me costaba distinguir  entre quien era hebreo y quien no,  por la naturaleza de los apellidos.

En Italia se ocultaron   los perseguidos por la Inquisición española y portuguesa. Con  el tiempo aquí también la pasaron mal. 

Yo sabía que nunca más   volvería a ver al  primo de Mi Padre porque era un hombre de mucha edad por eso trataba  de estar con él   el mayor  tiempo posible.

Con él y con Haia hablábamos en  hebreo.  Con la esposa de Yaacov  no tenía mucha onda. Era una mujer que demostraba ser una amargada crónica.

Algunas noches, después de la cena yo   salía con Haia a caminar por el barrio y a conversar de nuestras vidas y   de nuestros mundos tan distintos.

 Los sábados yo compartía la cena  con la familia. La sobremesa era  sentarse frente al televisor para ver  un  programa musical  donde  se presentaban  artistas europeos consagrados. En uno de los shows estuvo la bailarina francesa Zizí Jeanmarie (Renée Marcelle n. 1924). Y en otra ocasión estuvo   la cantante y actriz gala Juliette Gréco,  (n. 1927), a quien yo  la recordaba  por su actuación en la película Raíces del cielo (1958.)

En la Argentina había comenzado a emitirse un programa parecido: Sábados Circulares de   Nicolás Pipo Mancera (n. 1930), que se mantuvo en el aire   durante doce años.

Una noche me enganché con un debate político. Uno de los  panelistas  hablaba de las desigualdades que existían en su país. Me sorprendió cuando dijo: “NO TENEMOS POR QUÉ PARECERNOS A LA ARGENTINA: UN PAÍS DE CABEZA GRANDE Y  CUERPO CHICO.”

En la casa de Yaacov me quedé una semana.  Después él    me alquiló una habitación en un pequeño hotel que había en  la vecindad. Quería que  estuviéramos  cómodos tanto su familia como  yo.

Haia me obligaba a madrugar para que pudiera aprovechar el día. Ella pasaba por el hotel antes ir a la Facultad. El conserje, que se había acostumbrado a verla, le permitía subir directamente a mi habitación que estaba en el primer piso. Yo no cerraba la puerta con llave y ella entraba sin golpear. No le molestaba verme en calzoncillos y con el pájaro inhiesto. Hubo momentos  en los que tenía  la sensación que, de haberla apurado quizá me hubiese dado cama. Esto lo digo porque una vez  que fuimos juntos al cine me permitió que le acariciara una gamba.  Era poca la distancia que mediaba entre mis manos y su sexo. Me frené pensando que si le llegaba a molestar se rompería una bellísima relación. 

Me despedí de mi familia italiana, llorando desconsoladamente.  A Haia la volví a ver una sola vez y  por un par de horas.  Me vino a visitar al kibutz  donde vivía con mi familia.  Después  supe  que  se había separado y  que de ese fallido matrimonio le había quedado un hijo.

(Continuará. ///Todos los capítulos, en: el hombredelamemoriacorta,blogspot.com)

 

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