Friday, January 8, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE CONTAR. (30)

  MI VIDA Y SUS INFIERNOS.

 

 LAS BALAS NO  ERAN DE FOGUEO. Un  fin de semana del mes de  julio,  viajé  al kibutz  DEGANIA BET, donde vivían  varios  conocidos míos de Concordia.  Llegué  en  el  último  autobús del viernes.  Por  presión de los grupos religiosos el transporte interurbano dejaba de funcionar al salir la primera estrella y volvía a su normalidad veinticuatro horas después. Solamente en Haifa y  Tel Aviv, el transporte urbano circulaba normalmente.       

Me alojé en una casa   prefabricada que estaba desocupada, en un sector donde vivían   solteros y  los  jóvenes que estaban cumpliendo el  servicio militar. 

Los fines de semana la colonia acrecentaba  su población estable (tenía unas  dos mil quinientas personas), con la visita de familiares y amigos.  Ni que decir en los días    feriados  o durante las vacaciones estivales.

El gran problema se planteaba durante  las comidas: por  las escasas  dimensiones  del salón  comedor se establecían turnos.

 Mucha gente mayor prefería comer en su habitación-jeder. Y los chicos hasta los  dieciséis  años tenían sus propios comedores.

La cena de los viernes era todo un espectáculo: las mujeres  venían vestidas como  para ir a un  importante acontecimiento social. Y hasta competían  entre ellas   quien lucía mejor.  

Los hombres no tenían  tantos mambos: con  una camisa blanca y un pantalón azul o negro, era más que suficiente.  El calzado era el   mocasín en invierno, y  la tradicional  sandalia en verano. 

La comilona  tenía dos ingredientes fundamentales que la hacía diferente al resto de la semana: había un menú festivo  y  a los comensales se les servía en su mesa. Los días restantes  era por sistema de  autoservicio. 

Yo   venía de un país donde  uno no podía acercarse a los políticos,  salvo para ofrecerles   algún negociado. Por eso  me sorprendió ver al presidente del  Parlamento, KADISH LUZ (Luzinski n. 1895 en Belarus), atendiendo mi mesa. 

Él estaba   toda la semana  cumpliendo  sus funciones parlamentarias en Jerusalém. 

Los fines de semana y los días  feriados   venía a la colonia, y  tenía la obligación de  cumplir  con tareas comunitarias.

El sueldo que recibía del  Estado lo entregaba   íntegramente al kibutz,  salvo aquellas asignaciones destinadas a cumplir con sus actividades protocolares.

Todos los viernes y sábados,  el Departamento  de Cultura del kibutz  preparaba alguna actividad. No existía un fin de semana  en blanco. Algunas veces se  viajaba a otra colonia  con la que se compartían los gastos cuando  el espectáculo  era  oneroso   para que lo solventara un sólo kibutz.

Ese viernes 7 de julio de 1962  se iba presentar una de las divas de la canción popular israelí:   YAFFA YARKONI  (n. 1925). Me pareció algo fantástico: no iba a tener otra oportunidad semejante.

Yo, particularmente, admiraba a   la yemenita  Soshana Damari (n. 1923), considerada   la Mercedes Sosa israelí.

 Estaba saboreando mi plato preferido, (arroz con pollo cubierto de una  salsa de vegetales), cuando  un joven se  acercó a la   mesa que yo compartía con  mis conocidos de Concordia para comunicarnos   que  se había suspendido  la actividad cultural programada: el Ejército israelí iba atacar  posiciones  sirias   en  las ALTURAS DEL GOLÁN  para silenciar  las baterías enemigas  que  tenían a maltraer a los que  pescaban  en el lago  Kineret.

No pude seguir comiendo. Los  únicos tiros que yo había oído en mi vida  habían sido  las que producían  unas  motas de pólvora cuando las hacia estallar con un revolver de juguete;  los  petardos  que la gente hacía estallar  en  Navidad y  Año Nuevo; y  los cohetes que se  colocaban a los muñecos durante la quema, recordando a   los santos   Pedro y  Pablo y las bombas que utilizaba Ejército para ponerle un clima festivo a los acontecimientos patrios.

Traté de no dejarme llevar por un  pensamiento pesimista.

Era  medianoche cuando llegué al tzrif. Previamente estuve   en la  cafetería de los solteros. Me acosté vestido. Solamente me quité los zapatos. Tenía los pies hinchados. No había descansado. Me  había ido del  Majón, después del desayuno. Cabeceé un par de veces.  Soñé  recibiendo una condecoración por mi heroísmo. Después me vi  cadáver,  perforado por  decenas de disparos.

A las dos de la mañana el encargado de la cuadra me avisó que tenía que ir a ocupar mi lugar en la zanja destinada a la gente  de mi sector. 

El pozo tenía un metro de profundidad y estaba protegido con bolsas de arena.  Me pareció hallarme en la LÍNEA MAGINOT, que a los franceses les  fue muy útil durante  la PGM.   En  la SGM la trinchera  no resistió el avance de los  panzers   alemanes. 

Me hice un par de veces el   Asmopul porque estaba disneico. Era de los nervios.

 Al cuarto de hora de  estar en la madriguera me vinieron  ganas de defecar. Cuando tomaba frío se me aflojaban los esfínteres.  Me aguanté todo lo que pude, que fue muy poco. 

Corrí hasta  un baño químico que no  estaba lejos del bunker.  Apenas me bajé    los pantalones  la materia fecal salió  hecha una tromba salpicando todo lo que encontró a su paso: los cachetes de mi  culo, mis  zapatos y  el piso. Estaba limpiando el  zafarrancho de mierda   cuando se produjo   una  tremenda explosión que  hizo vibrar la tierra. Pensé que el baño se desplomaba y me aplastaba.  No era, que digamos,  una manera  digna de morir.

Hubiese sido un precursor en la familia de   perder la vida atascado  en un inodoro, como le iba a ocurrir, un año después  al tío de Mi Prima, la mayor. 

Traté de escapar de la trampa mortal, pero  no logré abrir la puerta: se había atorado a causa del movimiento telúrico, algo que yo había conocido durante el tiempo que viví  en Mendoza.  Aguardé un tiempo prudencial  y al fin, pude regresar a la  trinchera.  

Mis compañeros de senda me explicaron que un  obús  había estallado. Su destino era   un campamento militar que estaba a pocos kilómetros del kibutz.    Afortunadamente el enemigo no acertó y el proyectil se estrelló  en un terreno baldío.    

A las cuatro  de la mañana las fuerzas israelíes dieron por finalizado el operativo, con un número importante de  pérdidas humanas, de ambos lados.

Cinco años más tarde, durante la Guerra de los Seis Días, los sirios fueron  desalojados  de las alturas del Golán.  Y el Kineret  se transformó  en un lugar  apacible  para los pescadores.   

 Asmático crónico y por ende coleccionista de  amaneceres,  estuve entre los primeros en ir a desayunar. Después me fui a  caminar por los alrededores de Degania. 

Yo no dejaba de pensar   en esas familias que estaban velando a sus hijos  adolescentes que habían muerto durante los combates, para que los  salames como yo pudieran pasearse tranquilos   por uno de los lugares más bellos del país.

En horas del mediodía  hubo una invasión de turistas extranjeros  e israelíes  que  venían a fotografiar algo  que pudieran demostrar que habían estado cerca de donde se habían desarrollado  los   combates.

En horas del mediodía, mis amigos de Concordia  me dijeron  que a la noche   iban  a viajar  al  kibutz vecino de EIN GUEV, donde   se iba a presentar con su orquesta  el compositor    griego, MIKI THEODORAKIS (n. 1925). Quería homenajear   a la gente del lugar  que había sufrido un duro  castigo    de la artillería siria.

No dudé en postergar mi regreso a Jerusalém.  Fue algo inolvidable y de mucha emoción especialmente cuando ejecutó   su monumental creación: MAUTHAUSEN, (nombre de un campo de concentración), realzada por la increíble voz de MARÍA FARANTOÚRI  (n. 1947.)  

 Todo el auditorio  moqueó. Había que ser muy insensible para no verse involucrado.

Con el correr de  los años, Theodorakis dejó de amarnos  y cambió de vereda.

 

JUZGAN A UNA   BESTIA HUMANA.  Lo vi  a través de una mampara.  ADOLF  EICHMANN,  uno de los tantos   nazis  que  supo envalentonarse matando  civiles indefensos era juzgado por el pueblo que quiso exterminar.

Los Aliados no pudieron  llevarlo a juicio porque se había escapado a   Chile con la ayuda de la Iglesia Católica.  Después se cruzó a la Argentina del inmaculado Perón.

Eichmann fue secuestrado por un   comando israelí encabezado por quien era el jefe del servicio de espionaje   ISER HAREL (n. 1912.)

Conocido su paradero,  se lo siguió hasta que pudo ser detenido y después sacado de la  Argentina.

Los antisemitas criollos enloquecieron: culparon al entonces presidente Arturo Frondizi de estar en connivencia con el Gobierno israelí. 

Esta operación,   ordenada por el primer ministro David Ben Gurión, tenía como objetivo hacer  conocer  a las nuevas generaciones lo que había sido el  HOLOCAUSTO a través de los distintos testimonios que se presentaron durante el juicio.

 HAREL estuvo a punto de  aprehender al patibulario médico  nazi  Joseph Menguele  a quien localizó en Bariloche. Falló la operación por el exceso de confianza de  la joven que lo vigilaba.

La descubrieron  allegados al exjerarca nazi, quienes la arrojaron desde un teleférico simulando   un accidente.

MENGUELE se  fue a Brasil, donde  llevó  una vida tranquila y sin sobresaltos hasta su muerte.

Lo que Harel no sabía que en Bariloche también se ocultaba el SS ERICH PRIEBKE, acusado de ordenar la masacre de trescientos treinta y cinco  italianos que luego serían enterrados en las Fosas Ardeatinas.  

 “El 23 de marzo de 1944, miembros de la resistencia italiana mataron a treinta y tres soldados alemanes pertenecientes a la policía militar.  Al día siguiente, tanto Priebke, junto a su colega el SS Karl Hass, eligieron al azar a las  víctimas de la venganza para después trasladarlas a una mina abandonada en el extrarradio de Roma, donde fueron ejecutadas con disparos  en la nuca.   

La entrada de la mina fue dinamitada para ocultar la masacre.”

  PRIEBKE era presidente del Instituto Cultural Germano Argentino,  y director de un  colegio  cuando fue  extraditado a Italia.  La sociedad barilochense  no podía creer

que ese vecino simpático y amable  fuera un asesino. Un periódico local realizó una campaña a  su favor para que no fuera deportado.

Uno de los ingresos  de  Priebke  provenía de la EXPORTACIÓN DE   ESTUPEFACIENTES al mercado europeo.

 

UNA TRÁGICA LEYENDA. Antes de finalizar el periodo teórico el Instituto organizó una caminata de tres días por el desértico Neguev hasta llegar al Mar Muerto--- Yam Hamelaj.  Nos acompañaba un grupo de soldados fuertemente armados, Estábamos en una zona donde muchas veces se infiltraban  terroristas provenientes de Jordania.    

Cuando  pasamos por un cañadón nuestro guía nos dijo que  el mismo  conducía a la ciudad jordana de PETRA, donde se suponía  se hallaba oculto, debajo de una roca roja, uno de los  tesoros pertenecientes al  rey Salomón. 

Muchos israelíes se aventuraron a ir en busca de las  supuestas riquezas. Ninguno de ellos regresó: fueron asesinados por los custodios de ese enclave arqueológico. 

Hay una canción popular, HASELA ADOM, (letra del escritor Jaim Heffer y música de Yohanan Zarai), en la que se resalta la  audacia,  la temeridad y la desventura de todos  aquellos que se quedaron sin el pan y sin la torta.

PETRA. (Piedra en latín). Fue la capital del “reino de los nabateos, (pueblo que vivió  entre el mar Rojo y el río Éufrates)”. Está entre las siete maravillas del mundo.

*****

En todo el trayecto el único vergel que encontramos fue el kibutz EIN GUEDI, fundado en 1956 por un grupo de jóvenes intelectuales sionistas y miembros del Najal (se combinaba el servicio militar con actividades agrícolas.).Tiene un Jardín Botánico  que es muy visitado tanto por  israelíes como por extranjeros. Después de refrescarnos en un manantial,  reiniciamos la marcha hacia el  Mar Muerto.

Cuando llegamos tuve la infeliz idea de sacarme los borceguíes y meter  mis pies en

el   agua salobre. Fue como echar un kilo de sal sobre una herida abierta.  Salí corriendo en  busca de agua dulce para poder  quitarme el ardor. Esto no fue todo: las bocamangas de mi vaquero quedaron más duras que la mujer de Lot (quedó convertida en sal por contravenir una indicación de Jehová.) 

No me quedó otra que convertir al jean en bermuda.

  MAR MUERTO. Tiene un ancho de novecientos metros, y es la mayor depresión de la Tierra: cuatrocientos metros,  bajo el nivel del mar. Es mundialmente recomendado, por sus propiedades curativas, para los enfermos de soriasis, (enfermedad que se manifiesta por costras, manchas, granos u otra forma de erupción.)

EL JEANS.  Creación  de  Levi Strauss, que, según sus biógrafos, lo    patentó  como algo suyo cuando se sabía muy bien que era propiedad de un sastre hebreo de Reno, Jacob Davis, que no lo pudo registrar  por  no contar con sesenta y ocho  dólares, que era lo que valía la licencia.

*****

 

Pasamos la noche en un albergue juvenil. Madrugamos para poder ascender a las alturas de MASADA ( Aquí  el pueblo hebreo resistió la invasión romana.)

Había que evitar que el sol nos cocinara. La máxima canícula anunciada sería  de cuarenta grados centígrados, antes del mediodía.

Arrancamos a las cuatro de la mañana y  seis horas después estábamos de vuelta.

Yo estuve  aquí en otras dos oportunidades: la última fue en 1978, cuando Mi Primogénito, junto con otros chicos, tomó la Comunión—BAR MITZVÁ  en la antigua sinagoga existente en el lugar. Esto responde a una  tradición milenaria.

(Continuará)

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