Saturday, September 18, 2021

NO SOY FAMOSO PERO TENGO ALGO QUE DECIR (51)

 MI VIDA Y SUS INFIERNOS

En  la HUMILLACIÓN( el geriátrico en Israel) no había  estabilidad laboral. Continuamente se renovaban los planteles. El patrón prefería echar a un determinado número de trabajadores y después volverlos  a tomar y en  caso de despido  no  indemnizarlos.  Pedir un aumento era un imposible.  En un principio cualquier trabajador podía almorzar. Después se dijo que podían hacerlo aquellos que cumplían doble turno. L a comida no siempre alcanzaba: había que conformarse  con las sobras.  

Yo me  podía jactar de ser distinto al resto de los asistentes, si me guiaba por los regalos que me hacían los familiares de la gente que yo atendía. Esto terminó molestando al encargado del personal,  quien  un buen día  decidió pasearme por los otros dos  pisos.   

A   los gerontes no los bañábamos todos los días. Con la práctica íbamos seleccionando aquellos que veíamos que apestaban a orina o que se habían cagado hasta la coronilla.  

Para trasladarlos hasta las duchas  utilizábamos unas sillas plásticas.  el asiento era hueco en su  parte central. y había una bacinilla para que las deposiciones cayeran en su interior  mientras los lavábamos.    

Los asistentes no teníamos una  ropa adecuada para entrar  a  las duchas.  por más que  yo me cuidaba  salía empapado.   Un hongo me afectó el dedo gordo del pie derecho. casi pierdo la uña.

A todos los pacientes   les  poníamos  pantalones, lo que nos El problema que había algunas que eran muy gordas y difíciles de sostener.  Más de una  se nos cayó. Curados de espanto  los cargábamos  entre dos.

Yo tenía una buena relación con todos los trabajadores. Siempre estaba dispuesto a ayudar, especialmente a las chicas árabes—israelíes, porque   los varones de su comunidad se aprovechaban de ellas, recargándolas de tareas, mientras ellos se rascaban.

Estaban las filipinas quienes venían  a trabajar  a Israel para poder  ayudar a  sus familias. Con  lo poco que ganaban en el geriátrico era una fortuna en su país.

Muchas de ellas  se enteraban que sus maridos  le habían  dilapidado  todo  en tragos y juergas.  Sus historias eran parecidas a la prostituta mendocina,    cuyo cafiolo le malgastó en una amante, el dinero que su mujer había  ganado en Curazao, donde había viajado para hacer una diferencia y con lo ahorrado pensaba largar el curro.

Como yo   respetaba tanto   a las árabes israelíes  como a la filipinas,  no solamente se habían encariñado conmigo sino que me contaban sus cuitas. Una de ellas, estudiante de sociología, antes que me fuera del geriátrico  me regaló un libro del escritor de origen húngaro Efraím Kishón, (n. 1928.)

La responsable del lavadero   era una adolescente árabe--israelí. físicamente parecía mucho más a sus declarados  dieciocho años.  Fue hospitalizada un par de veces por intoxicación: su lugar de trabajo no tenía la ventilación adecuada.  

Yo hablè con  la enfermera jefe y después con el encargado del personal. Nadie movió un dedo por esta chica. También es cierto  que ella nunca me  ayudó  en mis reclamos. no es que tomara el trabajo  a la chacota sino que el dinero que ganaba lo utilizaba para sus escapadas a los boliches de Tel Aviv.

En  noviembre  de 1997  ingresaron en el  geriátrico diez nuevos asistentes, todos  ellos libaneses cristianos,  gente muy respetuosa. Cobraban poco porque comían y dormían en el lugar. Lo que ahorraban  lo enviaban a sus familias, para que mejoraran   sus viviendas.

Uno de ellos   tenía mucho éxito con las mujeres. Farid, no hacía mucho que se había casado. Su mujer se había quedado en la aldea. Tenía toda la libertad del mundo: no solamente se cogía a  algunas mujeres del barrio, sino también aquellas que venían a visitar a sus familiares. Rara vez dormía en su cama.

Con él  tuve un entredicho porque el muy vago se aprovechaba abiertamente tanto de  las  árabes como de la filipinas.   Hicimos  las paces antes que yo me marchara.   Me regaló una camisa.

El  encargado  del personal era un tipo carismático, alto, de  buen físico. tenía  mucha experiencia en el cargo. Con  cuarenta y cinco años edad  había reincidido en el matrimonio con una mujer mucho menor que él y con quien tenía tres hijos de corta edad.  

Algunas asistentas se mostraban dispuestas a mantener algún flirt con él, pero el tipo se mantenía al margen de todo esto: no quería complicarse con estas mujeres, quizá porque las consideraba   inferiores,  no merecedoras ni siquiera de un polvo sin pretensiones. En cambio, se perdió por  la joven que enseñaba  manualidades. La acosaba de tal manera que la mujer, que era casada, renunció al laburo. Como era una buena docente, el patrón obligó al acosador  a disculparse y pedirle  que la joven retomara  su tarea.

La acosada   era hija de iraquíes. a pesar de haber nacido en israel hablaba a la perfección el idioma de sus mayores. fanática de la música árabe, ponía el pasacasete a full,  a punto  de aturdir.  había que rogarle que bajara el volumen.  

Por ella supe de la existencia de la cantante egipcia UMM KALZUM (n. 1904), una de las más veneradas en el mundo musical  árabe, quien  desde niña  demostró tener un gran talento para el canto.  a los  doce años, su padre la vistió como  un chico para que pudiera  actuar en su orquesta.

A fines de 1997 a la enfermera jefe, la  echaron por gorda y fea. en su lugar vino una pendeja físicamente  potable, y profesionalmente solvente. A pesar de estar casada estaba decidida a pecar con el encargado  del personal. Este se mantuvo a la defensiva. pienso, que aún estaba fresca en su memoria  la  mala experiencia que había tenido con la profesora de  manualidades.  

La nueva enfermera jefe, me tenía mucho aprecio y fue   la que más  lamentó   mi partida.  

JAMES PARKINSON.  médico clínico, sociólogo, botánico, geólogo, y paleontólogo británico (n. 1755). en  1817  describió  la enfermedad que  lleva su nombre.

ALOYSIUS ALZHEIMER.  psiquiatra y neurólogo alemán (n. 1864).  identificó por primera vez los síntomas de la enfermedad  en una paciente que trató en 1901.

EL CIRCO RELIGIOSO. Yo no tengo  duda alguna   que la religión es la cosa   más perversa y  que mayor daño le ha provocado al hombre a lo largo de los tiempos.

El catolicismo    alentó   el  odio  entre los hombres especialmente contra los hebreos. Fue el artífice   del crimen organizado   a través de  las cruzadas y la inquisición, entre otras  linduras sacrosantas.

El judaísmo con todos sus defectos nunca se nutrió del clientelismo  religioso. al contrario, siempre le puso escollos a quien  se quería  convertir.  De todos modos, tenía sus mambos con aquellos que osaban tener un pensamiento crítico con respecto a la fe.

LA HUMILLACIÓN se vendía como una institución ideal para el  religioso. Sin embargo, todo estaba montado en una vil patraña.  Hasta se toleraba la agresión física a  los ancianos, quienes  se  callaban por temor a las represalias.  

Un árabe israelí  y un ruso se pasaron de la raya: una asistente  los denunció, para no verse comprometida.  Varios abuelos presentaban  hematomas en distintas partes del cuerpo. Los imbéciles fueron despedidos,  y unos meses  después,  reincorporados. Eran mano de obra barata. Yo también lo era pero no pegaba.  

Ell  maltrato no era exclusivo de  la Humillación.  En uno de los geriátricos de la CGTHistadrut,  una  joven árabe quemó con agua hirviendo a una  anciana a  la que estaba bañando. Quizá lo hizo porque en su propia casa le dijeron que  los israelíes eran culpables de sus desgracias.  

Cuando yo llegué a la Humillación había dos jóvenes rabinos   que se encargaban en   controlar el kashrut  y darle   apoyo espiritual a la gente del lugar.   Uno de los religiosos era un gordito jovial, tenía muy buena onda con todos. El otro era alto, delgado, callado y especulador. éste le ayudaba al boss a ponerse los tfilim.

Una vez que el negocio se hubo  afianzado, el dueño de la humillación decidió rajar a uno de los  zánganos.   

el  gordito macanudo, que se llamaba saúl como yo, le sirvió en bandeja al iraquí la oportunidad de despedirlo.

El gordito jovial se había calentado  con una asistente. Como  la chica le daba bola una noche se vino al geriátrico y se la trincó en la sección ropería.

La seducida  había nacido en  Bujara, Uzbekistán, donde nuestros   orígenes datan de  los tiempos del  imperio romano.  

La  asiática, que era tartamuda, cubría el tercer turno: de veintidós a seis de la mañana. Se   corria la bolilla que  era  ninfómana.

La chica, a sus veintidós años,  tenía un lindo físico. Una vez la vi

calentando a un geronte: mientras ella le ponía el pañal, el pobre tipo  le acariciaba una teta. La tartamuda se reía feliz: le daba un poco de alegría a quien ya manoteaba el más allá.

Era tan buena  samaritana como la changuita que conoci en  Capilla del Monte.  

Una  noche,    los jadeos del rabino y la tartamuda, llegaron a  oídos de  un asistente árabe israelí, a quien la gurisa  lo había rechazado un par de veces.  

Ella no quería complicarse la vida porque el tipo estaba en pareja con una israelí que también trabajaba en la Humillación.  

El celoso  encontró la forma de vengarse deschavándolos  ante el encargado del personal. El rabino y la ninfómana fueron a parar  a la calle.

El rabino  sobreviviente   se convirtió  definitivamente  en el  alcahuete del patrón.Se cuidaba de no  disgustarlo.  Dejó de cuestionar cualquier irregularidad, inclusive la no observancia del kashrut.

A mediodía se daba una vuelta por el hogar. Bajaba a la cocina y se ahorraba el almuerzo.Y  a fin de mes venía a buscar  su sueldo. no tenía problemas de conciencia.

Varias veces me pidió que pusiera el ojo en la distribución de los platos y los cubiertos, para que no se mezclaran los destinados a los lácteos con los cárnicos. yo me hacía  el desentendido: no era esa mi función.  tampoco era un tema de mi  interés.

Yo tuve que trabajar para las  pascuas--  pesaj de 1998. Uno de mis compañeros, un ruso que vivió muchos años en Australia,  tuvo la infeliz idea de hacer emigrar cuando ya era un sesentón.

El me reprendió cuando vio que yo comía pan común que me había convidado un asistente árabe,  y  no pan ácimo—matzá. No  le respondí para no entrar en disquisiciones filosóficas-religiosas.

A la hora de la cena no se pudo juntar el número  suficiente de hombres para la oración.   Hubo que recurrir  a los  cristianos libaneses   para poder legalizar el circo.

El  ruso – australiano--israelí,  se dio cuenta tardíamente,  que entre los que invocan a dios sobran los hijos de puta: lo despidieron mientras se estaba  restableciendo de una apendicetomía.    

BNEI BRAK.  fundada en 1924 está  situada en la periferia sur de tel aviv. forma parte de la zona metropolitana conocida como gush dan.

PETAJ TIKVA. fundada en 1878 se halla en el centro del país y tiene una gran actividad tanto industrial como comercial.

la vida es una fotocopia.

  LA MUERTE EN EL INODORO. La Humillación era, como la mayoría de los geriátricos, una verdadera  yacija   donde se amontonaban   ancianos,  no  tan viejos pero  incapaces de movilizarse por sus propios medios;  y los que estaban totalmente idos.    aquí  no se hacían diferencias entre los que pagaban la internación, de aquellos que estaban a cargo de la seguridad social. todos tenían el mismo destrato.

Había una asistente  grandota y de una fortalece increíble, la  ucraniana  era bruta y capaz de matar de una palmada. No sabía una palabra de hebreo. la tenían porque era barata.  Su hija estaba muy bien conceptuada.  ambas mujeres vivían solas. El marido de la ucraniana no quiso hacer aliá. se divorciaron antes del viaje.

Yo  compartía con la ucraniana bruta  el cuidado de los ancianos  a la hora de las manualidades.

Un día, lo recuerdo como si fuera hoy, una de las mujeres le pidió a  mi compañera que la llevara hasta el baño.  La sentó en el inodoro y se fue  a tomarse su  descanso.

En eso, se me dio por mirar en dirección al baño y vi que la silla de ruedas permanecía  en el mismo lugar.  Disimuladamente me acerqué hasta la entrada del baño .La anciana estaba  recostada sobre una de las paredes del beit shimush, que era más largo que ancho.  No me hizo falta tomarle el pulso para darme cuenta que estaba muerta.  

Yo seguí con   mi rutina. Nno estaba para complicarme la vida, menos en un ámbito como éste,  donde todo se tapaba con tal de resguardar el negocio.  

Ni bien  la ucraniana bruta volvió al salón,  yo me fui al descanso de treinta minutos.  

Uuna hija de la fallecida que no estaba  satisfecha con las  explicaciones  que había recibido  sobre la muerte de su madre,  empezó a  indagar al personal. Todos  

habíamos sido instruidos lo que debíamos contestarle.  finalmente la mujer  se dio por vencida y  nunca más  se la vio  por la humillación.

Recordé al tío   que se había muerto sentado en el inodoro de su casa.    

En  la Humillación se contrataba  personal sin tomar en cuenta sus antecedentes,  y casi no se observaba su conducta, salvo que cometiera una falta muy grave, o no fuera del agrado del encargado del personal.

Había una  moscovita desprendida del rebaño comunista que había llegado al país en 1995. Tenía menos sensibilidad que un guardián de  un campo de concentración.  

La moscovita insensible  tenía treinta  años de edad,  ojos saltones e inexpresivos y un pasado de bailarina clásica, que ya no se  le notaba: se había ensanchado de todos lados. Estaba casada en segundas  nupcias con un compatriota suyo, médico de profesión,  que estaba revalidando su título para poder ejercer la medicina en israel.

En un principio ella se mostró abierta conmigo y me contó que su primer marido había sido un musulmán con quien no había tenido hijos. ahora tenía  una nena.  

Su mayor frustración era haberse visto forzada a  dejar la danza  por una lesión en un pie.

La buena relación entre nosotros, duró  muy poco.  Ella hacía el segundo turno y un día que yo me había quedado a hacer horas extras,  la  mandé a pasear con familia y todo  cuando vi cómo maltrataba   a los ancianos que estaban  a su cargo.Era capaz de negarles hasta un vaso de agua. La denuncié  a la patronal por abandono de persona.     

Yo me fui de la Humillación y ella seguía en el mismo puesto y manteniendo idéntica tesitura. ¿por qué la iban a echar si la mina era barata? 

La moscovita insensible se había hecho muy amiga  del ambulanciero, un muchacho árabe-- israelí, que  estaba casado y tenía tres hijos. Su familia vivía en un kfar cercano a Haifa. La visitaba  una vez por mes. El trabajo se lo consiguió un hermano suyo, que era enfermero profesional en un hospital en un hospital de Tel Aviv, Por las tardes cumplía un turno en la Humillación.

Un día corrió el rumor que a la moscovita insensible y al ambulanciero los habían encontraron cogiendo  en una de las habitaciones aprovechando la ausencia de sus inquilinos.  

Era comprensible: la mina era muy joven y  su  marido  se  pasaba todas las semanas fuera de su casa, cumpliendo residencias hospitalarias.

 

No comments:

Post a Comment