Tuesday, June 15, 2021

NO SOY FAMOSO, PERO TENGO ALGO QUE DECIR (43).


MI VIDA Y SUS INFIERNOS

 

Después de haber sido descartado para el curso de asistente social, me quedé expuesto al deseo de la familia para regresar a la Argentina.     Me dolió en el alma dejar Arad.  Era un lugar ideal para los niños. Aquí gozaban  de la  libertad más absoluta.  Aquí mis  tres críos y yo, éramos muy felices.  El asma me veía tan contento  que dejó de molestarme.

Cuando se presentaron las elecciones generales  de 1977 para sentirme  totalmente israelí  adherí a un nuevo movimiento político atraído por quienes eran sus dirigentes. 

 CAMBIO --Shinui,   era de carácter  secular, liberal y tenía  una estrategia motivadora.   Sus máximos dirigentes eran personas de conductas intachables: el arqueólogo y militar  Yigal Yadin (n. 1917); y el abogado Amnon  Rubinstein (n. 1931.)

El flamante partido, con pocos medios económicos disponibles y mucho esfuerzo individual y colectivo consiguió  quince bancas en  el Parlamento—Knesset ,   sin embargo,  esto no  alcanzó  para evitar   que la derecha triunfante     transara con los partidos religiosos a  la hora de  conformar un Gobierno medianamente sólido.

Como  sucedió en   la Argentina con   la Alianza,  varias décadas después,   SHINUI se partió lo que produjo una enorme  desilusión, entre los jóvenes,  Sus máximos dirigentes optaron por algún cargo electivo, en el partido victorioso,   antes que conservar   las ideas. 

En ese acto comicial se produjo un  hecho que a mí  me asqueó.  El   cuasi mafioso francés  SAMUEL FLATTO-SHARON (n. 1930), logró una banca con el apoyo de los votantes provenientes de los barrios marginales, en su mayoría   gente que se dejó seducir por el dinero del candidato. 

Lo caricaturesco que el flamante   legislador, en el Parlamento hablaba en idish  porque no sabía  hebreo.   

La Justicia se tomó su tiempo y cuando tuvo todas las pruebas de sus actos de corrupción lo  encarceló.  

Las naciones que se son parte del llamado  “Tercer Mundo” son coincidentes en sus defectos. Nuestro edificio en Arad, al año de ser habilitado,  comenzó   a agrietarse. Mucho más grave era  la situación de una construcción vecina  cuyo derrumbe  era inminente. Sus locatarios fueron rápidamente evacuados y reubicados en un edificio de mejor calidad.

Arquitectos, verdaderamente  inútiles,  construyeron los dos edificios  sobre  un río seco—wadi, sin darle a sus pilotes la debida  profundidad. Rápidamente ambas construcciones sintieron el cimbronazo. 

Yo pensaba que merecíamos un  trato igualatorio. Hablé con algunos de mis vecinos y   conseguí que se movilizaran.   Denunciamos a la empresa que administraba nuestro  inmueble y a la constructora. 

Una periodista de un medio gráfico nacional vino a  Arad para entrevistarnos.  Publicó varias fotos donde se veían claramente las grietas.

La Justicia  no  aceptó nuestros reclamos, en cambio, dio conformidad a la postura   de la  constructora  que se comprometió    a reparar las fallas estructurales reforzando la base del edificio. 

Las fisuras se rellenaron con cemento:  se veían  como  heridas que no terminaban de  cicatrizar.  En noviembre de 1979 vendimos nuestro departamento a un precio mucho  menor  de su valor real.  

En 1981,  ya de regreso  en Mar del Plata,   recibí  una  vivienda en un complejo habitacional destinado a quienes nunca habían sido propietarios en la ciudad. Al poco a tiempo aparecieron fisuras en sus paredes.

La constructora no había tomado en cuenta que en ese terreno había funcionado un matadero municipal. La situación no se agravó  porque  cada monobloque   era de tres pisos.

LA VIDA ES UNA FOTOCOPIA.

 UN MINI TOUR EUROPEO.  En  marzo de 1979 El Ogro y su mujer  reaparecieron en  Arad.   Recuerdo que me trajeron un reloj pulsera y un traje  sport. Tanta  franela no era gratuita.  El Ogro  vino a repatriar  a su hija. Empezó a hablar de lo  bien que se vivía en  la Argentina. 

Mostró   recortes de notas aparecidos en el  diario La Capital, donde se ensalzaban los avances  económicos producidos por la Dictadura militar. Mi Mujer terminó involucrándose en esa promesa de tener una mejor vida de la que llevaba en Israel.

EL PARAÍSO argentino se sustentaba en la especulación  bursátil, lo que auguraba un final harto conocido: los  ahorristas   despojados de sus dinerillos. 

Yo sabía perfectamente que  esos artículos eran  payasadas propias de un medio gráfico acostumbrado a servir al Gobierno de turno.

MI PADRE,  que se había acostumbrado a visitarnos todos  los fines de semana, se sintió muy dolido por nuestra decisión.   Estaba a gusto con nosotros. Mi Mujer lo trataba a cuerpo de rey.

Prometió ayudarnos económicamente con tal que nos quedáramos.  Mi Mujer estaba hecha una tapia no quería escuchar a nadie. 

 Cuando Mi Padre falleció,  Mis Hermanos  me quitaron del medio. Según ellos,  me había   desheredado  por haberme ido del país lo que equivalía haberlo abandonado.        

Mi Padre se había comprado  un pequeño departamento    en   Beer Sheva.  Mis dos hermanos se quedaron con él.  Lo alquilaban y la guita de la renta  se la repartían entre ellos.

Con una parte del dinero obtenido  por la venta de nuestro inmueble,   El Ogro nos organizó un tour europeo. En los primeros días de diciembre de 1979 aterrizamos en el aeropuerto parisino de Orly. 

Los Suegros estaban en la casa de su hija la médica  tratando de agregarla a la lista de viajeros.  No solamente  se había separado de su marido sino que había tenido un par de entradas a un instituto psiquiátrico.

En la  Ciudad Luz, nos alojamos en un pequeño hotel no lejos del  Barrio Latino.  Durante diez días   pateamos la capital francesa.  Armé un itinerario que incluyera los lugares    más  atractivos para un  turista que viene por pocos días. Yo tenía  la certeza que no volvería   a París, por eso no le daba  tregua  a mis pies.

Con Mi Mujer, después de cenar y de acostar a los Hijos, nos  íbamos a un piringundín  que no estaba lejos de nuestro hotel, para tomar unos tragos y de paso escuchar  a una banda en vivo. 

Después de visitar el Sacre Coeur  bajo  una  pertinaz llovizna nos fuimos a un   parque de diversiones que estaba cerca de la catedral. Para Mis Hijos era estar en el paraíso.  Querían montarse a todos los juegos mecánicos que había en el lugar.

Eran niños normales. En las proximidades del  Sagrado  Corazón vi  una cara conocida: era el  solterón francés que había vivido en Los Campos de Najúm, Se había vuelto para  cuidar a su anciana madre, que estaba muy  enferma. Me dio a entender que ya  no volvería a Israel

 PARIS.  “Los parisios, pueblo galo, del que  deriva el nombre de la capital francesa,    la fundaron  entre los años 250 adC., y 200 ad C.”

A LONDRES volamos  en un avión   de carga.  Por momentos  me pareció   que la nave rozaba las aguas del Canal de la Mancha.

En  el aeropuerto inglés  Heathrow  tomamos un tren hasta la Estación Victoria (veinticuatro kilómetros de distancia), en el corazón de la ciudad.   

 Alquilamos  un modestísimo hotel  en un  barrio de  hindúes. En el precio  estaba incluido   el desayuno.

La habitación, el era amplia, sus paredes de yeso y  tenía  una especie de ventiluz, desde donde  se podían ver las piernas de los transeúntes.   Dormíamos en unas cuchetas. El  baño era compartido. Menos mal que los pasillos estaban calefaccionados. Estábamos en pleno invierno europeo.

El  dueño de casa vestía a la usanza de su país como un   maharajá (título aplicado a los príncipes indios.)

En la capital inglesa repetí la   receta  parisina: matarnos caminando.    El tiempo mayormente   desapacible no nos impedía pasear.   Me movía con un  mapa en  la mano y así  llegábamos a todos lados.  

Una tarde  que volvíamos de la Torre de Londres decidimos tomar un colectivo cuya  parada  estaba en el   puente  de  Waterloo en el mismo lugar donde el opositor al régimen comunista, el búlgaro GEORGI MARKOV,   fuera  envenenado.  

El 7 de septiembre de 1978    el escritor y dramaturgo disidente  estaba   esperando un transporte de pasajeros  cuando  alguien  que pasó a su lado, le golpeó en una pierna con su paraguas. Markov  lo tomó como algo fortuito. Sin embargo, en el extremo de la umbrela  había un  dispositivo que al contacto con la piel soltaba un veneno.  Markov murió cuatro días después,   sin que los médicos  encontraran el antídoto para neutralizar la toxina que después se descubrió, estaba preparada en base a la planta del ricino.

Mi Madre, cuando estábamos constipados,  nos suministraba  aceite de ricino que, dicho sea de paso, tenía un gusto asqueroso, por más que lo mezclábamos  con jugo de naranja. Eso sí, cagábamos hasta las tripas.

MIS HIJOS aceptaban a regañadientes el paseo londinense  porque les había prometido  que íbamos a ir a conocer el   gran emporio de los  juguetes   Hamleys.    El primer local fue inaugurado en 1760 conocido  inicialmente, “Arca de Noé.”      Decidí llevar a mis críos  al local que estaba  en Regent Street que data  de 1881.  Mis Hijos se pasaron tres horas maravillosas  jugando con todo lo que era posible tocar.  Algo ligaron. Una pequeña porción de todo lo que ellos hubiesen querido tener.

Antes de irnos de Londres, Mi Mujer y Mis Hijos se tuvieron que comprar zapatos. A los viejos timbos no  les quedaron   ni siquiera  los cordones.

Llegamos al aeropuerto  inglés con el tiempo  suficiente como   para despachar  nuestro   equipaje.  Y fue el comienzo de una inesperada odisea: la  British Airways nos informó que nuestro equipaje tenía un peso superior al permitido. Habíamos venido   sin contratiempo desde   Tel Aviv, y ahora me veía impedido a seguir viaje con todos mis bártulos.   De nada  valieron mis protestas.    

Mi Familia tuvo que viajar  primero.  Yo me quedé  para rehacer los bultos. Mandé el  excedente   por correo y sin seguro.  Fue un esfuerzo inútil: los  cleptómanos de la Aduana argentina   se quedaron con mis suvenires,  mi ropa de cama, mis libros y    discos.

LA VIDA ES UNA FOTOCOPIA.

Mi Familia  viajó y yo la seguí tres días después.  Mi dormitorio  era un sillón del aeropuerto de Heathrow.  Me higienizaba   en los baños públicos.  

Capitalicé el tiempo muerto yéndome a pasear por el centro londinense.  Hasta me subí   a un bus de doble piso y me dejé llevar de una punta a otra de su recorrido. Fue  otra manera económica  de hacer turismo.       

En una de mis  idas a Londres, en la salida de la   Estación Victoria  me encontré con una banda  perteneciente al Ejército de Salvación, una  entidad  evangélica  caracterizada por la asistencia social a los sectores desprotegidos.  Esta obra de beneficencia fue creada en  1865  por el pastor metodista William Booth. Sus miembros se identifican por sus uniformes, banderas y rangos.

En Concordia había una filial del Ejército de Salvación.  Mi Madre colaboraba llevando ropa nuestra y de la que juntaba en el vecindario. 

Lo que me maravillaba de Londres era  la atmosfera navideña que se respiraba en calles y vidrieras.  Todo se vendía a precios   rebajados para que toda la gente  pudiera tener  una linda Nochebuena.   Igualito que en la Argentina, que es cuando   los comerciantes  más  se aprovechan del consumidor cautivo.

En  el aeropuerto me encontré  con menores de edad trabajando  en aéreas de servicio. 

Le pregunté a uno de esos chiquillos  si eso era legal y él  me explicó que solamente se permitía  durante el mes  de   diciembre, para que  las familias de escasos recursos pudieran tener una  digna  Navidad.

El 20 de diciembre de 1979, no me moví del Aeropuerto.  Mi vuelo salía a la hora veinte.

Pasado el mediodía me senté en un bar  para darle el gusto  a mi estómago protestón. Tomé un café con leche y me comí un sándwich. No quería meterme en gastos: mi presupuesto no me daba para grandes menús. Cenaría en el avión.  Estaba leyendo un diario cuando me llamó la atención un grupo de jóvenes  uruguayos que estaban  planificando    la manera de evitar los controles aduaneros. Por lo visto habían comprado artículos que debían tener un alto valor impositivo.

Recordé mi  mala experiencia con  esos  pilotines que traté de pasar por  el puerto montevideano.        

Yo no era el único que seguía la conversación de los charrúas; noté que también  lo hacía  una muchacha rubia, con un cierto parecido  a la actriz estadounidense Laura Dern (n. 1967.)

En una actitud impropia de  mí, me levanté y me fui a sentar a la mesa de la   desconocida.  Enseguida entramos en confianza como si hubiésemos sido viejos amigos. 

Era estadounidense,  tenía veintinueve  años,  y  hablaba el  castellano porque había estado casada, y ahora separada, de  un colombiano. 

Residía   en San Francisco,  California.  Volvía a su casa  para  terminar de  solucionar  algunos asuntos particulares  porque   se marchaba por dos años a  Arabia Saudita, donde iba a hacerse cargo de la imagen institucional de un hotel top en Riad.   

Yo le conté mi historia  de los últimos años. Al final m preguntó: “¿Cómo te podés volver  a un  país que siempre está en problemas?”

 Se me hizo un nudo en las tripas.  La Californiana me ofreció su casa.   Ella conocía gente que  me podría conseguir  algún conchabo y la residencia temporal.   Rechacé su propuesta de puro cagón. 

Como no sabía dónde iba a vivir le di la dirección de Mis Suegros para que me escribiera. Mi error fue no haberle pedido el suyo.

A la única carta que recibí de la californiana   El Ogro le había  arrancado el remitente.  No quería que   me llevara a su hija nuevamente.   

En el año 2002 visité San Francisco siguiendo los pasos de Mi Hijo el menor. La joven que había conocido en Londres, era un   vago recuerdo.

LONDRES. Situada a orillas del río Támesis, fue fundada alrededor del año 43 por los romanos con el nombre de “Londinium.”

RETROCEDIENDO EN EL TIEMPO Cuando  aterricé en el aeropuerto internacional de Ezeiza, Mi Esposa me estaba esperando. En Mar del Plata la temporada  turística había comenzado. El Ogro nos había alquilado  una casa medio derruida  en una zona alejada del centro. Sería algo provisorio  hasta que pasara el furor del verano.

Yo tenía que buscarme un trabajo. No había que tener mucha imaginación para  no darme cuenta  que  no íbamos a poder vivir de los  intereses   bancarios.  

El Ogro no tardó en hacerse el desentendido  como si no tuviera nada que ver con nuestra vuelta a la Argentina. Nos dejó   en banda.

“Lo que natura no da, Salamanca non presta.” 

Yo con mis  treinta y ocho años de edad y sin una profesión, tuve que empezar de nuevo en un terreno que se me había vuelto distante, desconocido, y hasta hostil. 

EL  OGRO estaba  distanciado de su  hijo favorito  por la  traición de Sin Cogote. Y como no tenía nada que hacer nos presionó    para que abriéramos una heladería. Me opuse terminantemente.  Armar un negocio de apuro, en un lugar inadecuado y  con una mercadería que no se fabricaba, era comprarse el fracaso de antemano.   Nadie me escuchó. Era   mucho mas redituable  pasarnos  panza arriba.

El suicidio comercial  nos  costó  diez mil dólares que se derritieron dentro de una cantidad enorme de  baldes helados que no se vendieron.

En marzo de 1980  nos mudamos a un nuevo departamento en un edificio a estrenar   en pleno centro marplatense.  El alquiler no era barato y  las expensas    sencillamente escandalosas.  

Los piratas financieros replegaron sus banderas y a emprender la retirada   hacia otros paraísos fiscales.  Fueron miles los damnificados de esta chorrada bursátil.

En   junio de 1980 nuestros ahorros se habían licuado. Nos quedaban   unas chirolas de los dólares que habíamos traído de Israel. 

Una empleada de la financiera nos aconsejó cerrar nuestra cuenta porque su quiebra era   inminente.  Lo único positivo de esta desventura fue que AL  OGRO me lo saqué de encima para siempre.

La relación entre el Ogro y su hijo preferido se rompió   para  siempre cuando Mi Cuñado se enteró que la cirugía para extirparle un  tumor cerebral había fracasado.

Mis Suegros y la amada nuera se habían juramentado no decirle la verdad para que viviera en  la creencia que la operación había sido un éxito.

Un día Sin Cogote, en una demostración de suprema hijaputez fue y le dijo a su marido toda la verdad y nada más que la verdad.

Mi Cuñado corrió hasta la casa de sus padres y les gritó de todo menos bonito. Hasta los trató de nazis.

Fue la hecatombe familiar tanto en lo económico como en lo afectivo. Los nietos del Trepador dejaron de visitar a sus abuelos. Mis Suegros vendieron el departamento que tenían en el mismo edificio, dejándole al hijo lo que quedaba de los prósperos negocios. 

Una noche el Trepador no despertó.  Sin Cogote  abrió su propia tienda creyéndose que era muy hábil para los negocios. Al poco tiempo se fundió. Se fue del país rumbo a los EEUU.        

UN BARRIO DE MALANDRAS. El nuevo departamento al que nos mudamos después de la temporada estival,  al poco tiempo nos comenzó a comer los pocos ahorros. Alquiler y expensas iban en constante incremento.

Había que encontrar una solución. Y esta llegó cuando me anoté en un plan municipal  de viviendas destinado  a quienes nunca habían sido propietarios.  Nosotros encajábamos perfectamente.  Tuve  la suerte de salir  sorteado    en la primera tanda.

La nueva casa estaba en planta baja, en  un complejo habitacional   de escasa  calidad como todo lo que hace el Estado y no controla. 

La  empresa constructora había quebrado, antes de entregar la obra,  y el Gobierno provincial se tuvo que hacer  cargo del  muerto.

Lo importante que el  alquiler no pesaba en el presupuesto familiar  y con los años se podía adquirir el  inmueble que tenía dos pequeñas habitaciones y una cocina comedor.   Sabíamos  que  íbamos a vivir hacinados. Cuando pedí uno  más grande,  el entonces intendente nombrado por  la Dictadura, el médico  CARLOS RAÚL MARTÍN, me lo  negó rotundamente al culparme  de ser el autor de un artículo periodístico donde se explicitaban todas las deficiencias edilicias  que tenía el  complejo habitacional.

Si bien yo trabajaba en el diario en cuestión mi actividad se circunscribía a los deportes.

Con los años leí una nota que  identificaba al funcionario municipal   como a un notorio antisemita y a una hija suya como exmiembro del extremista y derechista Concentración Nacional Universitaria (CNU.)

Como  en la Argentina  no imperan ni  la Ley ni  el Orden, muchos de los adjudicatarios de este plan de viviendas  ya eran propietarios de otros inmuebles. Y al poco tiempo   vendieron la vivienda adjudicada,   a pesar de estar terminantemente prohibido. 

Para Mis Hijos el nuevo hogar  era   como  vivir en una tapera. En contadas  oportunidades invitaron a sus amiguitos del colegio a nuestra casa. Y  nunca se relacionaron con los chicos del  barrio,

(Continuará) (Todas mis notas figuran en el rincondelosimpios.blogspot.com/ (EL HOMBRE DE LA MEMORIA CORTA)

 

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