Wednesday, May 12, 2021

NO SOY FAMOSO, PERO TENGO ALGO QUE DECIR (39)


 

MI VIDA Y SUS INFIERNOS

“La independencia siempre fue mi deseo, la dependencia siempre fue mi destino”. Paul Verlaine.

Mis intentos de fuga. 

 Desde siempre supe que el comercio no era lo mío.  Era como  hipotecar mi vida diariamente.  Me afectaba   emocionalmente. 

En  el otoño de 1966  mientras escuchaba la única  radio que tenía Mar del Plata,  me enteré  que uno de los informativistas era el jefe de la sección Deportes del  diario más importante de la ciudad.

La emisora marplatense    estaba  en una calle    peatonal  y  a pocos metros del local donde yo trabajaba o mejor dicho donde veía transcurrir las horas. 

Fui a conocerlo. Me encontré con un hombre de unos cuarenta años, mediana estatura,  bien alimentado,   sonriente  y afable. Su rostro tenía un cierto parecido al de  un chanchito.  Me invitó a tomar un café. Le pedí que me diera  una oportunidad en el  Periodismo. Le dije que quería dejar de hacer algo que no iba conmigo.

Mi  sinceridad, desnudó mi lado flaco  y esto  obró como  un boomerang: el tipo terminó aprovechándose de mí, todo  lo que más pudo.  Y todo lo que yo le permití.

Una mañana El Chanchito  me vino a ver al negocio para decirme que   me daba la oportunidad de ser un colaborador  de su Sección (Deportes). Sentí tocar el cielo con la mano.

Durante dos años escribí  sin ver un solo peso. Mis notas las firmaba él como si fueran propias. No  me importaba.

Eso si: yo estaba metido en un  terrible estrés. Tenía que repartirme entre  hacer los comentarios, especialmente de fútbol,  los fines de semana,   e ir al negocio que era, en definitiva, el que me daba de comer. Terminaba el día  hecho bolsa. No me importaba: estaba ilusionado con que la taba algún día caería de mi lado. Hacía  cualquier cosa  con tal de cumplir con las obligaciones  asumidas.  Una vez  esperé  seis horas, en las peores condiciones climáticas,   a  un técnico  de fútbol para que  me diera una entrevista.

Mientras yo estaba aterido de frío y bajo una lluvia terrible el tipo,  casi   suspende la nota  porque  yo no tenía   un   grabador. Al día siguiente   me lo compré. Medio siglo después  sigue funcionando.

Cuando en el diario se produjo una vacante    PORKY  no me tomó en cuenta.  Me fui  al diario que era del Partido Socialista. Presidía su directorio  un hijo de quien era considerado el mejor  intendente que había  tenido Mar del Plata: TEODORO BRONZINI (n. 1888.)

Este  mamotreto se vio encumbrado cuando el gran diario de la ciudad se quedó sin publicidad por un conflicto de intereses (porcentajes) entre las agencias y la Dirección.

 En el tiempo que estuve con lo socialistas  me di cuenta  que  no  son más  que buenas personas. No están hechos para los negocios.  Se creían los  dueños del mercado periodístico marplatense  y empezaron a tirar manteca al techo. 

Sus  directivos se fijaron sueldos que no se justificaban.  Y tampoco había necesidad   alguna de    construir  un nuevo edificio.   

La felicidad les duró muy poco.  Cuando el gran diario de la ciudad solucionó sus diferencias con los publicistas, el mamotreto socialista  se quedó sin el pan y sin la torta. Y  finalmente desapareció.

Hice   un  intento de  colarme  en el periodismo metropolitano. Viajé a una entrevista en la revista Gente con una recomendación en mano, que me demostró tener   menos valor que   un papel higiénico pasado por el culo. 

Me recibió un tipo que se notaba que no tenía la menor intención  de escucharme.   Me hizo redactar unas líneas y  sin leerlas, me fletó. Me amargué. Y  en un acto de total imprudencia empecé  a fumar.

Fueron veinte años  pitando como un escuerzo y con continuas promesas de largar hasta que un día dejé de prometer y abandoné el vicio.

Como me gustaban las  columnas periodísticas que publicaba en La Nación, le  escribí   a Mirador Olímpico (Alberto Laya n. 1914). Me contestó. Con una sinceridad meridiana me anticipó  que yo iba a tener que recorrer muchos caminos empedrados  antes de encontrarme con aquellos senderos  libres de  obstáculos. Dependía de mí si estaba dispuesto a correr ese riesgo. Seguí apostando a mi vocación y a caminar sobre los riscos.

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EL TABACO.    Usado por los mayas para celebraciones rituales y religiosas.   Conocido por los occidentales en 1492 con el Descubrimiento de América.

Se extensión por el continente europeo fue gracias al embajador francés en Portugal Jean Nicot de Villemain (n. 1530.)

A mediados de  1970  un  tejedor que trabajaba para el  Ogro y  que conocía de mis deseos de independizarme laboralmente me comentó   que había una vacante en la Secretaria de Educación del municipio, y  me  señaló cuál era  la persona que se iba ocupar de mi asunto. 

PEDRO era un  comunista sincero y una bellísima persona. Llevaba siempre  en su mano una pipa como un sello distintivo de su personalidad: trataba de aspirar la esencia de la vida a través del humo. 

Pedro  era amigo del folclorista jujeño Jorge Cafrune  (n. 1937), asesinado por la Dictadura militar que asumió  en  1976. 

Algo que tenía que salir de un día para el otro, se fue  demorando. La explicación: Pedro le había contado al Ogro, con toda su inocencia, que me había conseguido un puesto en la Municipalidad. Mi Suegro lo amenazó con dejarle sin  trabajo si no  detenía mi nombramiento. Y me quedé sin un excelente curro. Mi Suegro no quería mi liberación, para que Mi Mujer no se diera cuenta de que yo era capaz de mantenerla.

EL GRAN ESCAPE. Después de varias idas y vueltas, por falta de dilatación,  en la madrugada del 9 de agosto de 1971 nacía nuestro Segundo hijo. Mi Mujer   tenía veintidós años y yo veintinueve.  

Era el primer nacimiento que se producía en el flamante  Hospital  de la Comunidad  construido con aportes privados y cuyo  director  era el padre, de por entonces mi amigo Eduardo.

La fiesta bautismal fue hecha  a todo trapo: El Ogro quería demostrarle a los familiares de su mujer, de quienes sentía una envidia enfermiza, que se había recuperado económicamente,   

El rabino que le rebanó  el pito a mi hijo era un ortodoxo que vivía en la metrópoli. Se hizo pagar el pasaje en avión y por su tarea cobró como si  el prepucio fuera de oro.  La reunión se hizo en el amplio departamento de Mis Suegros.  La   Hipocondríaca  sacó a relucir sus vajillas de porcelana de  Limoges y cubiertos de alpaca, que los utilizaba en muy contadas ocasiones.  El Ogro contrató un servicio de catering  de primera categoría.

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PORCELANA.   El  mercader veneciano Marco Polo (n. 1254),  introdujo la  cerámica china y    en Europa

   La familia de Sin Cogote, verdaderos mamíferos humanos,  se comieron hasta los manteles. Ellos lastraban  hasta en los velorios.

Cuando el abuelo de  Sin Cogote  se murió, después del entierro, toda su parentela se vino a consolar  a la casa de Mis Suegros. Lloraban sobre los platos y  las fuentes llenas de comida.   

El  Collie, perro pastor escocés de Mis Suegros,  estaba furioso.  Sabía que esa gente  le comía hasta los huesos. Y al pobre animal  no le quedaba otra que  comerse  su odiado alimento para perros.

 Mis Padres,  no se interesaban de mi vida   ni la de sus  nietos. Naturalmente, El  Ogro  volvió a decidir quiénes iban a ser   a los  padrinos.

Mi Mujer,  a pesar de haber tenido un parto normal  se sentía débil. Su madre se apiadó de ella y  le pidió a su hija que se quedara unos cuantos días en  su  casa  hasta que se recuperara  físicamente.  

Nos fuimos cuarenta y ocho horas después, en medio de un escándalo.   

Al día siguiente al bautismo, como quien no quiere la cosa, le pregunté al Ogro si había tenido  algo que ver con mi frustrado ingreso  en  la Municipalidad.

Mi Suegro estaba  cebado  sabiendo que manejaba mi economía y mis tiempos  empezó a los gritos, como si yo le hubiese preguntado si él mató a su madre.

Poco  faltó para que nos fuéramos a las manos.  Se interpuso  El Trepador quien,  unos minutos antes,    había venido a buscar  las  llaves de  uno de los locales.          

Ya  la cosa  no daba para más. La salida era irnos a Israel. Sabíamos que nos   iríamos más secos que pasas de uvas. No nos importaba, siempre nos habían marginado. 

El Ogro y   el Trepador  se habían  comprado  sendos   departamentos a estrenar en el mismo edificio,   Nosotros nunca  entramos en ninguna repartija.

 En octubre de 1971 teníamos todo arreglado  para nuestra aliá, que se concretaría  el martes 15 de febrero de 1972, justo a diez años  de mi primer viaje a Israel.  Y sería en  el  Augustus,  el mismo barco que a principios de  1963 me trajo de vuelta a la Argentina.       Para hacernos de unos pesos    pusimos a la venta  los  pocos enseres que tenían  un cierto valor. 

Los dos últimos meses trabajé en un local que estaba en la entrada de una galería. El Ogro me evitaba.  El Trepador  solo   venía a retirar el dinero de la venta diaria.

 Una vez Mi Cuñado  encontró a  Mi Primogenitico  jugando con un amiguito al poliladron.  Habían  dañado   algunos envoltorios.

El Trepador  fue  y se lo  alcahueteó a su  padre quien, sin embargo,  se quedó mosca, rumiando la bronca. Sabía que yo  no me le iba a achicar, menos ahora que iba a   abandonar el cenáculo familiar.          

 EL CLIMA POLÍTICO DEL PAÍS   SE HABÍA ENRARECIDO y Mar del Plata no era  la excepción.

Una mañana del 7 diciembre yo  estaba parado en el ingreso a la galería   cuando oigo gritos.  La policía montada venía persiguiendo a un grupo de   estudiantes quienes   estaban reclamando  por el esclarecimiento del asesinato de una alumna  de Arquitectura, de origen hebreo, Silvia Filler (n. 1953), ocurrido el día anterior (el 6 de diciembre.)

El crimen había sido  perpetrado por un  tal Héctor Corres integrante del antisemita  Tacuara.

Entre estos  facinerosos estaba el  despreciable  Juan Carlos Gómez,  quien había sido sindicado como el asesino de un joven  empleado  de Mi Suegro, a quien le robó el mísero sueldo que había  cobrado horas antes. El homicida por este delito nunca fue preso.

Como asociado al  Círculo de Periodistas Deportivos fui  a la fiesta de camaradería para despedir el año (1971).  En un momento dado   se me acercó un tipo a quien lo tenía distante porque me resultaba abominable    y me dijo: “Andate a tu patria, acá no nos haces falta.”

Cara de Lechuza,   estaba  señalado  como quien se habría  encargado  de entregar un dinero---coima,  a los ediles que se oponían   a la construcción  de una mole de departamentos en un terreno  cercano a la costa, cuando existía  una Ordenanza que lo prohibía.

Pese a las denuncias en su contra nunca fue investigado e inclusive siguió siendo el corresponsal de la importante empresa periodística de la Capital Federal

En 1995, ya de vuelta a Mar del Plata,  coincidí con este personaje  en una conferencia de prensa. Me contó como si la noticia me iba a alegrar: “Mi hijo se casó con una judía”.  Me hice el desentendido.  Se merecía que le dijera: “estiércol, aléjate de mí”. No lo hice. Tampoco se merecía que yo reaccionara.

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Unas empleadas de mi confianza me bocinaron   que el  Ogro, cuando  se convenció  que no había marcha atrás y nos marchábamos a Israel ,  tenía ganas  de venir a  pelearme  en mi propia  madriguera. Si bien lo sabía incapaz, haciendo uso de aquello que prevenido vale por dos, me refugié en la casa de Salvador,  quien fuera mi compañero en el campamento de la Laguna de los Padres  en 1950, quien se  hizo cargo  del envío de  nuestros equipajes  a Buenos Aires, para que la empresa  naviera israelí ZIM   las transportara a Haifa.

Un tachero amigo   nos llevó hasta la Estación de Trenes.  De todos modos miré cuidadosamente por si   El  Ogro había enviado  algún sicario suyo dispuesto a limpiarme.

En Buenos Aires permanecimos cinco días.  Nos alojamos en un hotel contratado por la Agencia de la Inmigración israelí.   Paseamos por algunos lugares característicos de la ciudad a modo de despedida.

Como buen bostero   fui a la Bombonera para un Boca- Rosario Central.

Un primo de Mi Mujer nos llevó a conocer   al lugar donde se iba a levantar  la futura Ciudad Deportiva de Boca Juniors.  Fue el sueño inconcluso de un dirigente ambicioso: el  santafesino  Alberto Jacinto Armando (n.  1910).  Su quimera se   la fagocitaron las sucesivas   inflaciones que hubieron en el  país.

Armando fue el creador de los torneos de futbol de verano de Mar del Plata. 

Lo conocí  personalmente en  una cena de amigos  en el año 1985. 

La Hipocondríaca y el menor de sus hijos nos vinieron a despedir.  También estuvieron en el Puerto primos y tíos de Mi Mujer, y algunos de mis janijim marplatenses que estaban estudiando en la universidades de  la UBA  y de  La Plata.

Trepador y Sin Cogote se quedaron  a consolar al Ogro y, de paso,  le recordaban que  mientras  nosotros huíamos ellos mantenían su fidelidad a la familia y a la empresa.  Esto  los convertía  en los herederos directos de todo aquello que pudiera existir cuando el Ogro decidiera dar un paso al costado.  

El destino les tenía reservado  un final muy distinto.

 AIRES DE LIBERTAD Cuando la ciudad de  Buenos Aires  era un punto a la distancia, respiré aliviado.

Volvía ser libre.  Suponía que sería  para siempre.

En el viaje, nos hicimos amigos de un joven  matrimonio   que tenía una  beba  de la edad  de nuestro hijo menor.   El hombre era ingeniero químico y su mujer, docente. Se iban a vivir a Tel Aviv.

En Montevideo se nos sumaron dos chicas solteronas  que tenían  como destino,  vaya casualidad,   nuestro mismo  kibutz. 

Limitados económicamente no nos podíamos dar grandes lujos, así que en las escalas nos dedicábamos a  caminar. La única excepción fue en Santos. Aquí   nos sumamos a un  grupo que había alquilado una combi  para conocer San Pablo, la ciudad más industriosa de América Latina.

El paisaje justificó el paseo: la cinta asfáltica se metía en el corazón de una floresta  que, con su verde intenso,  producía un efecto fascinante.     

 Recorrimos el centro de la ciudad pero sin perder de vista el lugar  donde nos teníamos que reunir.

Siempre me deslumbró la facilidad que tienen los brasileños para moverse al ritmo de la música.  Frente a una disquería estaba una crianza, que físicamente daba la sensación que comía salteado,   pero  se balanceaba con una gracia increíble, al mejor estilo del  cantante pop norteamericano Michael Jackson (n. 1959.)

Cuando el personal del muelle de Santos  retiraba  los amarres  reconocí a un excompañero mío de la  Secundaria de Concordia. A los gritos traté de saber algo de él, pero fue  inútil.  

Me quedé con su recuerdo: rubio,  nariz voluminosa, ojos pequeños, y  labios  carnosos, parecido al marplatense Sergio el jetón.  Sus  padres estaban separados.   Vivía con su madre.  Gastaba plata  como si fuera un magnate.  A pesar de ostentar su  opulencia no tenía éxito con las gurisas.  

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SAN PABLO. Surge como una misión jesuita, el 25 de enero de 1554. Habitan su   territorio  gente de origen  europeo  y aborígenes.

En  Río  caminamos por las bellísimas playas  de Copacabana y  algunas cuadras de  la avenida Río Branco,  Aquí    intentamos    subir al mirador de un rascacielos  pero los ascensores  nos dejaron a mitad de camino. 

En ningún momento se me ocurrió volver al Pan de Azúcar.  

En un tramo de la caminata pasamos  por una  discoteca  donde un enorme  afiche anunciaba  la presentación de   la primera transexual mediática,  cantante y estrella de revistas: la francesa COCCINELLE (Jacqueline-Charlotte Dufresnoy, n. 1931), quien, a los veintisiete años,   había viajado  a Marruecos para someterse a una vaginoplastia.

Años después,  fundaría   la asociación  Devenir Femme para ayudar a las personas que deseaban reasignarse el  sexo.

Apenas el barco dejó las aguas territoriales brasileñas   sorprendió la presencia de dos jóvenes argentinos  quienes,  después de eludir   el control portuario   se escondieron en   un  bote salvavidas. De inmediato fueron alojados en una celda cercana a la sala de máquinas.

Un argentino residente en Suiza  convenció a muchos pasajeros  para que aportaran el dinero   necesario para pagarles el pasaje  a los polizontes.

En todo el trayecto los  desconocidos, cuyas   edades oscilaban entre los veintitrés y veinticinco años, se mantuvieron alejados de la gente. Ni se molestaron en agradecer a quienes  los  habían  ayudado para que no se pasaran en gayola todo el viaje. Se  bajaron en  Lisboa.

 Mi   Primogénito fue quien más gozó  del   viaje. Si no estaba en la pileta se entretenía en el Kindermädchen (un espacio dedicado a los niños.)

(Continuará)

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