Sunday, April 18, 2021

NO SOY FAMOSO, PERO TENGO ALGO QUE DECIR (36)

                                     

MI VIDA Y SUS INFIERNOS.

LOS DEMÓCRATAS NECESITABAN  de  un candidato de fuste que les garantizara  la continuidad al frente del Poder Ejecutivo. Todas las encuestas favorecían a BOBBY K. para las elecciones de 1968.  Una bala le torció el destino.   El 5 de junio de ese año, el  palestino Sirhan Bishara Sirhan (n. 1944), lo asesinó, cuando se hallaba en el interior de un hotel neoyorquino.  

El menor de los K., EDWARD (n. 1932), fue  tentado varias veces para que se postulara a la Presidencia de los EEUU., pero se negó sistemáticamente.

Se lo  había prometido a su madre Rose Fitzgerald (n. 1890.)

Ted se conformó con ser senador vitalicio por el estado de Massachusetts.     

EK estuvo a un tris de perecer  ahogado   mientras circulaba por la isla de Chappaquiddic, en el estado de Massachusetts, perdió el control de su automóvil  rompiendo  las barreras de un puente y cayendo en aguas  pantanosas  Él se salvó, pero pereció su acompañante una joven de veintiún años, Mary Jo Kopechne,   identificada como su secretaria.

El signo trágico de los Kennedy comenzó cuando el  mayor de los nueve hermanos,  Joseph Joe Patrick (n. 1915), perdió la vida mientras realizaba  una misión secreta durante la SGM, que era   destruir  un arsenal alemán.  

Su  avión    se transformó en una gigantesca bola de fuego al explotar  accidentalmente en pleno vuelo sobre Gran Bretaña. Tenía veintinueve años de edad.

Una de las hermanas, ROSEMARY (n.1918),  tenía un leve atraso mental.  Cuando creció resultó ser una  ninfómana. Sus padres para evitar que se embarazara  le hicieron practicar una  lobotomía. El   tratamiento fracasó y su tara se agudizó. Murió a los ochenta y seis años.  

Kathleen Agnes (n.1928), falleció a los veintiocho años de edad, cuando   la avioneta que la transportaba se estrelló contra los Alpes franceses. Iba a visitar a su hermano John.

Patricia Helen (n.1924),   murió de vieja en el año 2006.        

Edward falleció de cáncer  en el año 2009. La única que aún permanece entre los vivos es   Jean Ann (n. 1928.)   

El hijo mayor de JFK y de  Jacqueline   Bouvier (n. 1929), John John (n. 1960) pereció junto a su flamante esposa, al precipitarse al mar la avioneta que él mismo tripulaba.

La viuda de JFK, se volvió a casar con el multimillonario griego Aristóteles Sócrates Onassis (n. 1906).  Ella trajo consigo al  nuevo matrimonio  la fatalidad de los Kennedy: el hijo de su marido y heredero de la  fortuna familiar, Alexander (n. 1948) se mató   en un accidente de aviación.

Onassis ya no figuraba  entre los mortales cuando su hija Cristina (n. 1950), murió de una sobredosis, mientras visitaba  a una  amiga argentina en la localidad bonaerense de Tortuguitas.   

Después de muertos, JOHN Y ROBERT,  fueron prácticamente triturados  al publicarse   varios libros donde quedaba   al descubierto  la  estrecha relación que mantuvieron con la mafia.

 Se los señaló como los que urdieron  la muerte de la actriz estadounidense MARILYN MONROE (n. 1926), porque ella los había amenazado  con revelar secretos de Estado, si JFK no se casaba con ella como se lo había prometido en uno  de  sus encuentros  sexuales.

JFK  padecía de una jaqueca crónica y que  la única forma que tenía para reducir  los  dolores de cabeza era manteniendo una activa vida sexual: necesitaba coger tres veces por día para sentirse bien. Como su  esposa no estaba en condiciones de complacerlo,  se había rodeado de un harén.

Yo me quité las jaquecas tomando un vasito diario de  azafrán disuelto en agua hervida. Por supuesto que no era una cura tan entretenida como la practicada por el expresidente estadounidense.

El patriarca   Joseph Joe Patrick (n. 1888), fue un hombre que no ocultó su admiración por el régimen nazi.  Era  embajador  en el Reino Unido en los primeros años de la SGM.  Llevaba  una vida disipada, rodeado de lindas mujeres, sin importarle que el mundo estuviera envuelto en llamas.  

Se enriqueció dolosamente  durante la Ley Seca (entendida como la prohibición de vender bebidas alcohólicas entre los años 1919 a 1933.)

FÁCILMENTE NOS DEJAMOS ENGAÑAR POR AQUELLOS QUE AMAMOS. “ Moliere.

 En  toda discusión con  Mi Lolita,  yo era el que terminaba cediendo por más que me asistiera la razón. Esto hacía  que su   ego manipulador estuviera de parabienes. Ella era una celosa intratable y en  todas nuestras  batallas  salía victoriosa porque  enfrentaba a un timorato que la amaba y  que  no la  quería perder.   El primer gran quilombo que me armó fue porque no le pude avisar que iba acompañar a Liliana, patas de tero,  a su fiesta de Graduación.

La  chica me había comprado una entrada sin que yo lo supiera.  Y no estaba  en mi ánimo  defraudarla: era su líder, en el grupo.  Al día siguiente me encontré con una  adolescente incapaz de entrar en razones. Cuando toqué el timbre del portero eléctrico desde su departamento que estaba  en un cuarto piso  me arrojó todas las cosas que yo le había regalado  en  los meses que llevaba nuestro noviazgo.

Los transeúntes se detenían a mirar el show,  pensando que era parte de un espectáculo  programado por la secretaria de Turismo marplatense ante la proximidad de la temporada estival.

En un intento para que reviera su actitud, me crucé de vereda esperando que si se asomaba al balcón yo podría  convencerla a dialogar.  Fue inútil.

En cambio,  me comí un flor de garrón cuando un  tipo que se identificó como custodio del banco que estaba en la misma cuadra, haciéndose el guapo, me  llevó de prepo  a una oficina donde me retuvo por el espacio de   una hora.

El tarado quería saber si yo pensaba asaltar el banco. Si lo haría  solo o si tenía cómplices.  Repodrido de darle explicaciones  me llamé a silencio. Fue cuando el fulano  me liberó.

Veinticuatro horas después Mi Lolita me llamó por teléfono a la pensión.  Se la notaba serena, decidida a platicar.

Cuando nos casamos, Mi Lolita se la pasaba poniendo minas camufladas en mi camino, para ver si tropezaba con alguna de ellas. Era su manera de tratar de detectar si yo le era infiel.

Cuando estaba convencida de mi lealtad me gratificaba con un polvo magistral, que también le servía para constatar si  mi libido no se había visto afectado.                                               

 Diciembre  nos estaba regalando unos  días realmente fantásticos. Mar del Plata presentaba un colorido prometedor para  lo que sería  la temporada estival que en esos años se extendía  durante  cuatro meses.

Mi  Lolita,   me llamó por teléfono a la pensión para preguntarme si quería  acompañarla a la   casa de una  costurera. Le iba a llevar unas  telas  para que confeccionara unas  camperas  de polyester  a pedido de unos  clientes.

Nelly, la costurera,   era una  asmática crónica.  Como estaba  medio pirucha  le llevó sus cuitas a un  psicólogo quien, muy suelto de cuerpo,  pontificó: “Debe separarse de su marido, si desea librarse de sus problemas respiratorios”. Todo un hallazgo en la materia.   

La  paciente tomó en cuenta el consejo del  profesional  y  arrojó a su marido  del lecho matrimonial e introdujo en su lugar a un hombre  más joven que ella de origen boliviano.

La mujer  no se curó del asma, pero su nueva pareja   la hacía gozar como jamás lo había conseguido su ex. De sus  continuos orgasmos se enteraban todos  los  vecinos.  

Esa  misma tuvimos  nuestra primera experiencia sexual. Con una diferencia: ella tenía quince años y yo veintidós.   Ese día yo también dejé de ser virgen. Increíble para estos tiempos.

A partir de ese miércoles 18 de diciembre 1963, el sexo se convirtió una parte fundamental de nuestra relación.     

Diez meses después,  en el día de su cumpleaños,  una traición de Velo rosado, quedó embarazada.

Fue el final de una etapa.

El Año Viejo de 1963 se despidió lloviendo.  Yo me quedé en la pensión. Después de la medianoche acepté reunirme con el grupo mayor en la casa de una de las pendejas.

Me acosté al alba. No me podía  dormir: la  diarrea  me tenía a maltraer. Cuando no  pude más  me  fui hasta la Asistencia Pública, no distante   de la pensión.  

En la Guardia me inyectaron un calmante y me ordenaron una dieta estricta: arroz blanco con queso de rallar, bebida cola sin gas y puré de manzana.  

Eran las tres de la tarde cuando Mi Lolita llegó a la pensión.  Habíamos quedado en  ir al cine.  Me vio hecho una piltrafa.  Trató de convencerme para  que guardara cama. Yo tenía que estar  muerto  para  perderme de ir al cine. Fuimos a ver   Gigante,   en  la última aparición del ídolo de la juventud sesentista, JAMES DEAN (n. 1931), quien se había hecho bolsa  con su Porsche Spyder 550, al chocar contra un poste de luz  después de una violenta maniobra para no  embestir a una camioneta. Tenía veinticuatro años de edad. Se necesitó de un doble para concluir el film.  

De Dean  se decía que era bisexual. Se le adjudicaron varios romances pero su verdadero amor fue la joven actriz italiana ANA MARÍA PIERÁNGELI (n. 1932.)

Cuando estaban a punto de casarse, la madre de la novia  no lo permitió porque consideraba que el  novio   no tenía   una firme creencia católica. Él  quedó anímicamente mal.  Pierángeli, se suicidó unos años después.

Dean  cautivó  a las multitudes con  su actuación  en: AL ESTE DEL PARAÍSO. Y Pierángeli se reveló en EL ESTIGMA DEL ARROYO, compartiendo el  rol estelar  con el estadounidense Paul Newman (n. 1925.)

El film contaba la vida del púgil neoyorquino Rocky Graciano (Thomas Rocco Barbella n.1922.)

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Un día  después de  Reyes, viajé a Sierra de la Ventana (localidad bonaerense fundada el  17 de enero de 1908), para iniciar uno de los dos campamentos programados por el Movimiento Apartidario, para el verano de 1964.  

Mi Lolita y yo estaríamos separados durante dos meses. Una dura prueba  para  dos personas que  recién transitaban   el camino del amor.

En Sierra yo tenía a mi cargo un grupo de chicos y chicas cuyas edades oscilaban entre los  trece y  quince años y procedían   de Bahía Blanca, de Coronel Suárez (fundada en 1883),  y de Mendoza.  

De  Mar del Plata  no vino nadie. Es que en la ciudad balnearia el  verano era sagrado: todo el mundo  estaba abocado a sacarle el jugo a la actividad turística.

El campamento estuvo bien organizado. Los chicos pudieron aprovechar los días al máximo.  El calor era tolerable.  Había un pequeño arroyo a metros del majané, lo que nos permitía bañarnos sin correr ningún  riesgo.

Finalizado el campamento, viajé en ómnibus hasta   Bahía Blanca, para luego tomar el   tren a  Mendoza. Y desde  el aeropuerto Gobernador Francisco Gabrielli (más conocido como “El Plumerillo”), volé a   Santiago de Chile.

En un transporte alquilado llegué a mi nuevo destino, Villa Alemana fundada en 1894 y cuyos  primeros pobladores fueron  inmigrantes   de origen germánico,  Participaban de este campamento  jóvenes de las comunidades de Mendoza y Chile.   Eduardo, que gestionó mi llegada a su ciudad  fue el único marplatense.   Con él se hizo una excepción: la colonia era para mayores.de dieciséis años de edad y  él tenía quince.

Era la primera experiencia internacional  del  Movimiento Apartidario.      

Las carpas se levantaron cerca  de un estero.  Lo primero que me llamó la atención fue que las carpas no tenían  canaletas de desagüe. La explicación  era  muy simple: no  llovía en verano.

Yo tenía  a mi cargo un grupo sencillamente fantástico.  Enseguida entré en sintonía tanto con los pendejos como con las pendejas. Yo era  más chiquilín que ellos.  Muchos de mis colegas  me envidiaban. Y también lo máximos dirigentes del Movimiento porque hubo  chicos de otras kvutzot,  que  se querían  venir conmigo.

Yo estaba con la masa y no con quien la amasa.

El asma volvió a cagarme la  existencia y de qué manera.   En un momento dado  pensé en abandonar el campamento.  No  lo hice para no dejar a mis janijim en  banda.  De todos modos,   no participé en   varias actividades que me exigían un cierto esfuerzo: como las largas caminatas y ascensos a unos cerros. En cambio visité  Viña del Mar  y el Valle de Limache, porque fuimos en bus.                                                                

Días antes de finalizar el campamento, los  capos del Movimiento me dijeron que me tenía que quedar otras dos semanas, para  dirigir a un grupo de mayores que estaba en una etapa decisiva: o se iban a Israel o  dejaba  el Movimiento.    

 

Yo  a  causa del asma   no estaba dispuesto a quedarme  un segundo más.  Se enojaron conmigo como si hubiese cometido el mayor de los pecados. No me preocupó: yo sabía que era el final de mi trayectoria como madrij. Un mes, después renuncié.  Intentaron convencerme, casi como al pasar, para que aceptara trabajar en Chile. Había una jugosa propuesta en dólares. Rechacé el ofrecimiento porque me habían ninguneado cuando les vine a decir que gente de la colectividad de Santiago me  había ofrecido  ocuparme de la juventud apolítica  trasandina.

La verdad era que yo no  me quería alejar de Mi Lolita.

 En el campamento hubo  varias pendejas que trataban  de conquistarme. Las más obstinadas eran dos a las que no  les importaba que yo tuviera  novia. Nunca me vi un seductor por  eso nunca entendí  qué vio   Mi Lolita en mí.  Quizá algo que mi espejo no reflejaba.

Una chilena y una mendocina literalmente se me  tiraron encima.  Yo,  utilizando  un discurso bien estudiado conseguí  aventar el peligro. Aceptaron a regañadientes a ser mis  buenas   amigas.    

 Cuando terminó le campamento fui invitado a alojarme a sus respectivos domicilios en mi regreso a Mar del Plata.

GLORIA,  la chilena, era hija única de una familia adinerada de origen  checo. Vivía en  una mansión en  el exclusivo barrio   Las Condes, de  la bellísima capital trasandina.   

El primer día que almorcé con mis anfitriones no sabía cómo arreglármelas con tantas copas, platos y cubiertos. La cabra, al verme   contrariado, vino en mi ayuda.

Gloria,  era mi  guía. Le costaba disimular el camote, pero se contenía para no enojarme. Un domingo sus padres me llevaron a Valparaíso. El paseo se complicó a causa de   una pertinaz llovizna.   

  Una noche unos amigos de Gloria  me llevaron al estadio Nacional de fútbol para  un  cuadrangular del que tomaban parte  las dos  U locales: Universidades de Chile (fundada en 1927) y  la  Católica (fundada en 1937); el  brasileño  Vasco Da Gama de Brasil (fundado en 1898),  e  Independiente de Avellaneda (fundado en 1905). ¡Cuántos talentos había en ese campo de juego!

Fue en Santiago donde vi tantos borrachos  madrugadores:   preferían el vino antes que el café con leche.    

Continuará)    

                     

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