MI VIDA Y SUS
INFIERNOS.
SUFRIDOS TORTOLITOS. Mi Lolita era una
adolescente y yo un tipo mayor. No nos iba a ser fácil convencer a sus padres
que estábamos sinceramente enamorados.
Tan auténticos eran esos sentimientos que ya llevamos más de medio siglo de vida en común.
Nuestro amor clandestino explotó cuando MI LOLITA quedó
embarazada.
Los años me enseñaron que al mundo lo manejan los malos y que
la bondad no es una virtud sino un acto de cobardía. Así me fue por confiar en
los humanos.
Mis futuros suegros me trataron como a un bastardo sin importarles que en toda esta
historia estuviera involucrada la propia
hija.
El Ogro era un tipo
prepotente, egoísta, ramplón, con aires de intelectual de mostrador. Fanático
del trabajo hasta la extenuación, porque era la forma que tenía de
ahuyentar todos fantasmas que lo
acunaron en su infancia, donde tuvo más carencias que días de abundancia.
Era un abogado frustrado: dejó la carrera en tercer año para
poder mantener a su incipiente familia. .
El Ogro no era un hombre feo: tenía rasgos interesantes. Su
cuerpo se había desfigurado con los años: quedó con los hombros caídos y
portaba un abdomen voluminoso, por la ingesta desmedida de hidratos de carbono.
A veces, yo iba a cenar a la casa de Mi Lolita. No sé si era
la casualidad, pero siempre me tocaban:
fideos con manteca, un colchón
de arvejas y una ensalada incompleta. Rara vez vi un postre en esa mesa. Cuando
la economía mejoró, la comida se transformó
la justificación por tantas horas de trabajo.
El Ogro tenía una hermana solterona. Físicamente abultada,
con pocos atractivos femeninos. Nunca le conocí un hombre, en cambio se repetía
con una amiga que era docente: daba clases de Dibujo.
La Madre de Mi Lolita era un mal bicho. Vivía amargada y
amargando a los demás. Cuando abría la boca era para tragar algún medicamento o
para quejarse. Solamente se sonreía
cuando las ventas del negocio que tenían de camperas y pulloveres superaban sus
expectativas. Era mofletuda, pechugona, culo chato y piernas de garza. Tenía
casi la altura de su marido.
No podía seducir ni siquiera a un condenado a muerte, aún sabiendo
que no tendría otra oportunidad de fornicar. No sé cómo hizo para cazar al
Ogro.
La Hipocondríaca tenía dos hermanos: el mayor fabricaba
marcos de aluminio destinados a la construcción. Se hacía pasar por ingeniero
civil, sin serlo. Tuvo un gran golpe de suerte cuando hizo un
trabajo de envergadura para el Estado, que era la única teta que siempre enriqueció
a los mediocres y fraudulentos empresarios argentinos. El Ogro le envidiaba.
El menor tenía
una joyería en el Once. Vendía artículos importados, algunos de dudosa
procedencia. Para no tener que padecer visitas
inoportunas tenía arreglos con
unos canas amigos quienes le avisaban cuando se
realizaba alguna inspección. De todos modos no le evitaba el estrés. Fumaba compulsivamente. Murió joven.
Cada uno de los tíos de Mi Lolita tenía tres hijos: dos varones y una chancleta. Esos
seis críos fracasaron en sus primeros matrimonios. Los varones tuvieron suerte
con sus nuevas parejas. Las primas, en cambio, transitaron caminos llenos de
frustraciones hasta que terminaron agarrando lo que venía. Una de ellas murió
relativamente joven.
MI LOLITA, tenía una muy buena relación con sus primos.
Cuando se vino a vivir a Mar del Plata, se empezaron a distanciar. La
separación fue definitiva cuando ella se casó conmigo. Nuestro estatus no
estaba al nivel de vida que ellos llevaban. Y es harto sabido que los pobres
espantan. En escasas ocasiones nos
encontramos con ellos.
LOS TORTOLITOS
DETENIDOS Era el viernes 30 de agosto siempre de 1963, después del Kabalat
Shabat, con Mi Lolita, su hermano
mayor y un grupo de chicos, nos fuimos
a tomar café a una confitería que
estaba abierta hasta altas horas de la
noche. Mientras unos divagaban de cómo
hacer del planeta un lugar más habitable, llevé a Mi Lolita a la calle para
poder mimarnos libremente. Nos
estábamos besando cuando un agente de
calle se nos vino al humo. Nos pidió los documentos: no los teníamos. El cana
nos hizo patear diez cuadras hasta
una Comisaría. Menos mal que en
todo el trayecto no había un alma.
Cuando llegamos a la Comisaría nos hicieron esperar hasta
tanto fuéramos recibidos por el Oficial de Guardia. Nos chupamos un plantón de
casi una hora.
Mi mente se me llenó de imágenes catastróficas: veía al Ogro
sacando a su hija de la Comisaria y
pidiendo para mí la pena de muerte. Y a
la Hipocondríaca aplaudiendo a rabiar
durante mi ejecución.
Cuando entró el oficial me calmé. Se veía que venía a darnos una filípica a
manera de escarmiento y nada más. Nos dijo: “Les hablo como el padre que
soy”. Hizo hincapié en los peligros de
la noche y que no volviéramos a salir sin el documento de identidad.
Nos dejó ir no sin antes arrancarnos la promesa que seríamos
ciudadanos ejemplares.
Cuando regresamos a la confitería nuestra gente seguía metida
en la discusión, sin haberse percatado de nuestra ausencia. Menos mal que no había sido un secuestro.
A la semana de este
incidente volví a pisar la misma
Comisaría. Había tomado un colectivo para ir a la Sociedad Israelita, y a poco de andar, un pasajero denunció el robo
de su billetera.
El chofer no dejó bajar a nadie y enfiló derechito a la
Seccional. A mí me hicieron un par de
preguntas y me liberaron. Esta vez, llevaba conmigo el DNI.
MI LOLITA Y YO nos veíamos a escondidas. Su
hermano mayor nos hacía el aguante. A
pesar de ser un tipo parco, mi futuro cuñado me daba confianza. Un día me confesó
que estaba enamorado de una de las
chicas del grupo. Me contó algo que nadie sabía: que se le había tirado
y que había rebotado de lo lindo. La
elegida de su corazón era Sin
Cogote. Yo no podía creer que esa gurisa se hubiese hecho la exquisita con él. Justo ella, a quien
los varones de SUIM le negaban
hasta la hora.
Sin Cogote
había tenido un affaire con un chico católico, pero la cosa no
prosperó por su temor a que su familia se enterara.
Jamás le hubiesen permitido casarse con
un goi por más que fuese un buen
candidato.
Sin Cogote era una rubia desabrida, la cabeza pegada al
cuerpo, cabello tipo viruta, y un físico similar a la de la Hipocondríaca: un
barril sostenido por dos mondadientes.
Cuando la conocí, vi en ella a una joven acomplejada. La traté de ayudar. Con ella hice una excepción: iba a su casa a
enseñarle hebreo sin cobrarle un peso.
Sin Cogote había perdido a su padre cuando era una niñita. Su
madre no se volvió a casar, y sola lidió para mantener a sus tres hijos (ella y dos varones.)
Rosa, la madre de Sin
Cogote, era un camión sin acoplado. Cada pierna era el doble
de mi cuerpo.
Trabajaba en un negocio textil y estaba todo el día fuera de su casa.
Tenía una chica de campo con cama
adentro que le ayudaba en los quehaceres domésticos. Los cinco vivían con el abuelo materno, en un
enorme caserón que estaba a pocos metros de SUIM.
En esa enorme calesita que es la vida, Sin Cogote enviudó siendo muy joven. Su única
hija se enamoró de un policía. Ella se
opuso a esta relación. La alejó del foco
maligno, mudándose a los EEUU,
donde la casó con
un primo lejano. Muchos años después a su yerno se le detectó un tumor cerebral, el mismo mal que mató a mi cuñado. Hasta donde supe, el tipo zafó.
Después de unas cuantas idas y vueltas, Sin Cogote aceptó salir con el hermano de Mi
Lolita. No pasó mucho tiempo que la tipa sacó a relucir todo lo basura que era.
Se ganó el aprecio del Ogro y de la Hipocondríaca, hablando mal de mí y
conformando un frente común con mis enemigos, para presionar a Mi Lolita a
que me dejara.
Sin Cogote, de tener un par de zapatos y un solo vestido, se compraba
toda la ropa que quería con la plata mis suegros. Y de mosquita
muerta pasó a sentirse una lady. Y
completó su macabra tarea alejando a su boyfriend de SUIM. Y juntos comenzaron
a recorrer el camino que conducía al dinero.
El hermano mayor de Mi Lolita, no completó la Secundaria. Se
entregó de lleno a la tarea empresarial.
Su novia terminó quinto año pero no siguió estudiando.
Mi Lolita y yo, estábamos
al margen de todo. A nosotros
solamente nos importaba insuflar más amor a nuestro amor.
A mí me costó darme cuenta que los hebreos no son una
excepción en el mundo real. Mi futuro cuñado se olvidó de nuestra
antigua amistad, de todo lo que había hecho por él para que Sin Cogote lo aceptara. Y de chico bueno mutó
a Trepador.
La vida es una fotocopia.
EL ASESINATO DE JFK. La tarde del 22 de noviembre convocaba a escapar de
cualquier
encierro. Era un día precioso. Alargué
mi habitual caminata a SUIM, yendo por la avenida Colón hasta la Costa;
para luego retomar por Rivadavia hasta la Sociedad.
Como siempre iba escuchando radio. De pronto la programación se interrumpió para dar paso a un flash
informativo que me paralizó: el
presidente de los EEUU., John Fitzgerald Kennedy (n. 1917), el primer católico en ocupar la primera
magistratura de su país, había sido asesinado
Creí que se
terminaba el mundo. Yo a JFK lo admiraba, sin analizar en profundidad la
naturaleza de mis sentimientos.
Fue un crimen por encargo. Nunca se pudo o no se quiso
investigar el trágico suceso, porque la Comisión Warren no entró en
la ratonera donde se ocultaban los verdaderos culpables. Por el crimen le pasaron factura a un perejil porque había estado viviendo
en la Unión Soviética de donde
era oriunda su esposa Marina Prusakova (n. 1941.)
LEE HARVEY OSWALD (n.
1939), fue puesto a disposición de la Justicia. El
presunto reo no tuvo tiempo de abrir la boca. Se la cerró
el propietario de un cabaret tejano: el
gánster Jack Ruby (Jacob Rubenstein n. 1911) quien entró al lugar de detención como si fuera de su
propiedad y lo acribilló. Al poco tiempo Ruby
fallecía de cáncer.
La mafia norteamericana, tuvo
algunas joyitas de origen hebreo
tales como el polaco Meir Lansky (n. 1902)
y el estadounidense Benjamín Siegel (n. 1906), quien impulsó el turismo y el juego en Las Vegas. Las versiones
que circularon como posibles
causales de este magnicidio fueron:
que JFK
se olvidó de las promesas que le hizo a la Mafia después de
conseguir de
ella un importante aporte para su campaña proselitista; que hubo complicidad
entre el vicepresidente Lyndon Johnson
(n. 1908), la CIA y el FBI, para eliminar al Presidente; o que fue obra del poderoso sindicalista de los camioneros,
el delincuente JAMES RIDDLE JIMMY HOFFA (n. 1913), porque el hermano de JFK., Robert (n. 1925), que era ministro de
Justicia, lo estaba investigando por una
supuesta malversación de fondos.
(Continuará)
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